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Luis Cernuda:
La voz de la soledad
Francisco
Arias Solís
“Por ti, mi
soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.”
Luis Cernuda.
La voz
de la soledad.
Leer y releer a Luis
Cernuda provoca una mezcla de entusiasmo e indignación: Luis Cernuda es sin
lugar a dudas un poeta cuya trascendencia en la literatura contemporánea,
adscrito a la generación que sea, o a la que no sea, no ha tenido en España el
reflejo que merece. Habrá que esperar, sí, habrá que esperar a esos actos de
justicia que impone el tiempo sobre las circunstancias de una época, cuando se
barre la basura, llueve fuerte y sale el sol.
En su abrumadora
soledad, rodeado de silencio e incomprensión, este extraordinario poeta muere
en solitario en la casa de Concha Méndez en México y sólo tiene al final la
compañía de un joven poeta que le admira. Para Luis Cernuda, la soledad era
una forma del verdadero ver y del verdadero contemplar y saber. Pero hay otra
soledad en Cernuda que le remite a sus propias soledades para que de su alma
surjan ideas, surjan imágenes.
El
21 de septiembre de 1902, nace Luis Cernuda en Sevilla, en el seno de una
familia burguesa. Uno de sus primeros encuentros con la poesía fue con ocasión
del traslado de los restos de Bécquer, desde Madrid a la capilla de la
Universidad de Sevilla, en 1911. La lectura de la poesía de Bécquer le provocó
una honda impresión.
La
soledad acompañó a Cernuda desde sus años iniciales. Hacia los catorce años
hace su primera tentativa de escribir versos, tentativa que según confiesa el
poeta: “suscitaba en mí rubor incontrolable”.
Fue alumno de Pedro Salinas en la Universidad hispalense, donde se licenció en
Derecho. En 1924, Cernuda vivía en la calle del Aire. En esa calle, surgirá su
Perfil del Aire que publicarían Emilio Prados y Manuel Altolaguirre en la
revista “Litoral”. Bergamín escribió: “La personalidad poética de Luis
Cernuda se afirma con su librito: Perfil del Aire, joven y perfecta; idealmente
andaluza, su poesía tiene, sobre todo, la gracia, el angélico don andaluz
-sevillano- de la gracia, tiene ángel (auténtico, no mixtificado, por ningún
sobrenaturalismo literario), y tiene arquitectura ideal viva, ligera, erguida, nítida,
como una Giralda”.
En
1925 conoce Cernuda a Juan Ramón Jiménez. El año 1927 es una fecha importante
para la afianzación poética de Cernuda. El poeta conoce a Lorca y a Vicente
Aleixandre. En el célebre homenaje a Góngora que tuvo lugar en Sevilla, se
leyeron poemas de Cernuda. Alberti evoca su encuentro con él en esa ocasión:
“Y Luis Cernuda. Moreno, delgado, finísimo, cuidadísimo, pocas palabras
aquel día... Poeta más andaluz y universal -como quería Juan Ramón Jiménez-
nunca lo hubo en Sevilla”. En 1928, Cernuda marcha a Toulouse en cuya
Universidad fue lector de español, pero vuelve a Madrid, al año siguiente.
Trabaja en las Misiones pedagógicas creadas por la República; durante varios años
recorrió con ellas distintos pueblos de las regiones españolas. En 1933 Manuel
Altolaguirre publicó en sus ediciones de “La tentativa poética”, una
antología de poemas de Cernuda bajo el título La invitación a la poesía.
Otro libro de Cernuda aparece en 1934, Donde habite el olvido, de signo neorromántico,
y queda inédito otro libro anterior, Los placeres prohibidos, escrito en 1931.
En
1936, se publica en la revista Cruz y Raya todos los libros escritos por Cernuda
hasta entonces, bajo el conocido título de La realidad y el deseo. Pedro
Salinas escribió que La realidad y el deseo constituye la depuración más
perfecta, el más fino, el último posible grado de reducción a su pura esencia
del lirismo romántico español. Y Lorca nos dijo: “La realidad y el deseo me
ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada,
con su ira y sus piedras de sobra. Libro delicado y terrible al mismo tiempo
como un clavel pálido que manara hilos de sangre por el temblor de cada cuerda.
No habrá escritor en España, de la clase que sea, si es realmente escritor,
manejador de palabras, que no quede admirado del encanto y refinamiento con que
Luis Cernuda une los vocablos para crear un mundo poético propio”. Entre 1936
y 1938 escribe su nuevo libro; Las nubes, cuyos poemas son reflejo de la
preocupación del poeta por el dramático destino de España en aquellos años
de guerra. El tono elegíaco se acentúa en la poesía de Cernuda a partir de
este libro; la consideración desengañada del amor y de la vida y la nostalgia
de la juventud vivida en su tierra andaluza están presentes en esta última
obra.
Durante
la guerra civil Cernuda se exilió a Inglaterra, enseñando español en la
Universidad de Glasgow y más tarde en la de Cambridge. En 1947 se traslada a
Estados Unidos para enseñar como profesor en Mount Holyoke College, trasladándose
en 1952 a México, de cuya Universidad Nacional Autónoma fue profesor. En México
vive en casa de Concha Méndez, separada ya del que fue su esposo Manuel
Altolaguirre, que en el homenaje a Luis Cernuda en 1936, dijo de él: “No
conozco poesía más clara que la suya”. Desilusionado y solo, solo como
siempre lo había estado, Luis Cernuda murió inesperadamente, el día 5 de
noviembre de 1963, había cumplido 61 años.
Entre
los títulos de su obra en el exilio señalamos: Como quien espera el alba,
Vivir sin estar viviendo, Con las horas contadas y Desolación de la quimera.
Como prosista debe destacarse Ocnos, delicada evocación de su infancia y
adolescencia sevillanas, Variaciones sobre un tema mexicano y Poesía y
literatura. Como traductor publicó una versión de los Poemas de Höderlin y
otra de la tragedia de Shakespeare Troilo y Crésida.
En
ningún poeta como en Cernuda se dan las constantes de ruptura con la tradición
poética española y el intento de una renovación radical; en ninguno, tampoco,
la aceptación de las contradicciones que tal ruptura supone. En Historial de un
libro, texto en prosa fechado en 1959, el poeta expone con sinceridad, y no sin
cierto orgullo, la evolución interior que le conducirá a mantenerse en la
actitud rebelde de la que siempre alardeó. La rebeldía cernudiana encontrará
en los últimos poemas su más violenta y hermosa exposición.
El
burgués educacional que configuró su nacimiento, luchaba de continuo con su
rebeldía social, con su innato descontento con unas fórmulas ambientales, que
habían de producir un radicalismo antiburgués.
La
poesía de Cernuda tiene una insólita combinación de fuerzas que la mantienen
en un estado de perpetua tensión. Su actitud ante el mundo circundante y su
idea del lugar que el poeta ocupa en él han sido la causa de que muchos
lectores le considerasen como un auténtico romántico, y en este sentido
recuerda a Bécquer de un modo realmente notable, pero Cernuda no es solamente
esto.
Su heterodoxia aparece hasta en las relaciones amorosas. Aceptadas las
inclinaciones homosexuales su rebelión deja el plano teórico para incidir en
el plano real. A diferencia de Federico García Lorca (que utiliza el
instrumento poético para liberarse y confesar y asumir literariamente un acto
vital), Cernuda se inclina hacia el aislamiento. Su carácter retraído y tímido,
se torna más cáustico, aunque no carece de entusiasmo.
La
perfección es el signo que preside la obra del gran poeta de la soledad, hasta
el punto de que, de humanismo contenido, sugiere haya sido trabajada por algún
elemento: aire, sutil fuego. Hay en ella algo de intocable y aún de intangible.
Y por ello, de raíz romántica, entra en el clima de lo clásico. Su poesía se
hace ella misma, ella a solas. Cadencia que el aire arranca de la realidad
inalcanzable. Gemido y llanto que se resuelven al fin en palabra. Canto del
deseo; el canto más antiguo, enigmático, de la vida en su permanente alborear.
Su lucha íntima entre la realidad y el deseo se le transparentaba en medio de
un becquerianismo que le trasminaba desde su niñez sevillana y del que nunca él
renegó. Y como dijo el poeta sevillano: “Tú, verdad solitaria, /
transparente pasión, mi soledad de siempre, / eres inmenso abrazo; / el sol, el
mar, / la oscuridad, la estepa, / el hombre y su deseo, / la airada muchedumbre,
/ ¿qué son sino tú misma? / Por ti, mi soledad, los busqué un día; / en ti,
mi soledad, los amo ahora”.
Francisco Arias Solís
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