Pilar, una de las primas del
novelista Truman Capote, recuerda su visita a TiffanyIs
con el autor de 'A sangre fría'
Cuando todos nuestros sueños
eran rubios y el cine sabía arroparnos las películas fumaban
tabaco mentolado.
Es menuda, femenina. Tiene el
gesto viajero, decidido y elegante de las gentes que uno se
encuentra en el Waldorf Astoria, ese hotel de Nueva York que
aún ofrece argumentos de cine y un reloj histórico. Viste
traje blanco, calza zapatos de piel de serpiente y escribe
poemas secretos que hablan de la mar y la noche. También
aparece la serpiente en su pequeño bolso de
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Pilar
Capote afirma que su apellido es sinónimo de carácter.
Foto: JULIO CARBÓ |
charol. Y como
aquellos argumentos en tecnicolor, la canaria Pilar Capote
fuma Gold Coast, tabaco mentolado que sirve para recordar las
avenidas y escaparates caros neoyorquinos que paseó con su
prima Yola y con otro de sus primos, con el más famoso: el
novelista estadounidense Truman Capote.
"Truman, que nació en 1924 en
Nueva Orleans, era simpático y muy afectuoso. Alguien escribió
de él que vivía tan intensamente que acabaría por quemarse. Y
tal vez no se equivocó. Sufría mucho. Solía decir que se había
anticipado a su propia obra. Con Truman, siempre muy generoso,
recorrimos tiendas y compramos muchos vestidos. Y, cómo no, le
pedimos que nos llevara a TiffanyIs. Truman conocía bien los
establecimientos de Nueva York en los que servían café de
verdad".
Pilar ha vuelto posteriormente a
Nueva York, pero sin la presencia de su pariente Truman todo
es ya otra cosa. "La Quinta Avenida sigue siendo hermosa,
pero es que Truman la engrandecía. Todo lo hacía más ameno. A
él le encantaban las cosas bonitas".
Mermelada de fresa, tostadas,
mantequilla, jugo de lima y té de flores. Ese fue el desayuno
que compartimos con Pilar Capote. "Mientras visitábamos la
joyería TiffanyIs yo veía que las dependientas y dependientes
lo reconocían. Al final casi todos acabaron pidiéndole un
autógrafo. A Truman le encantaba decir que mi prima Yola se
parecía a Audrey Hepburn. ¿La recuerda usted tañendo la
guitarra y cantando?" Holly Goligthly canta que no quiere
morir ni dormir. Sólo quiere recorrer las celestes praderas.
Quizá Truman Capote pensaba lo mismo.
El abuelo de Pilar, el primer
médico que ejerció en la isla de La Palma, Canarias, era primo
hermano de Joe García Capote, el padrastro del escritor y de
quien éste tomó su segundo apellido. "Los Capote son tipos
de gran carácter. El apellido Capote es sinónimo de genio, y
eso que venimos de los franceses Capeto. Ya sabe: reyes,
generales, etcétera. El problema es que nosotros descendemos,
por así decirlo, de un Capeto bastante tonto, un general
francés que llegó a Canarias. Somos una familia muy unida. Por
eso dicen que somos un clan". Hay un pasado tabaquero en
la historia de algunos Capote que, pese a los yanquis, siguen
en el negocio.
Oriundos de La Palma, los Capote
llegaron a Cuba cuando ésta era colonia española. El padre de
Joe García Capote era un coronel del Ejército español que
acabó convertido en terrateniente. Se casó en Barcelona, pero
siempre vivió en la isla caribeña.
"Joe García Capote conoció a
la madre de Truman en Nueva Orleans. En una de sus biografías
se cuenta que el hermano de su madre decía de Joe que era el
hombre más aseado que había conocido. Se bañaba y cambiaba de
ropa interior y camisa varias veces al día".
Cuenta Pilar Capote que Truman
adoraba a su madre, Lillie Mae. "Admiraba mucho a la mujer
y siempre decía que si hubiese nacido para casarse lo habría
hecho con una mujer canaria. Solía elogiar mucho las papitas
arrugadas, el mojo picón y el cherne, que es un pescado que se
somete a salazón. Truman era encantador, pero su condición de
homosexual le hacía sufrir mucho. Y fíjese usted lo valiente
que fue. Nadie salía a la palestra en aquellos tiempos. Nos
decía que él no tenía enemigos pero sí muchos
depredadores".
A Pilar y a su hermano Carlos la
obra de Truman que más les gusta es A sangre fría, cuya
primera edición en inglés aparece fotografiada al final de
este texto. "También me gustan sus retratos. Hay uno
precioso. Me refiero al que le hizo a Marylin Monroe. Si no
recuerdo mal, la retrata durante el funeral de una actriz.
¿Puede ser Constance Collier?" Es. Collier fue corista
antes que actriz shakesperiana y dio clases de arte dramático
a Katharine Hepburn y Audrey Hepburn. "En ese retrato hay
un momento delicioso. Es cuando Marylin se levanta el pañuelo
dejando al descubierto una raya oscura en su cabello. Cuando
Truman repara en ese detalle y le dice que siempre había
pensado que era rubia natural, Marylin le responde: 'Nadie es
así de natural, querido'".
Una llamada telefónica hecha
desde Venezuela devuelve a Pilar Capote a una realidad llamada
Hugo Chávez. "Yo fui durante tres años la agregada cultural
en la Embajada de España en Venezuela. Qué pena de país. Qué
gobernantes. Recuerdo cuando llegué la primera vez a Caracas.
En la noche, la iluminaria de las montañas que rodean la
ciudad me pareció maravillosa. Qué hermosura. Pero, ay, a la
mañana siguiente descubrí que aquellas luces eran los llamados
ranchitos: chabolas improvisadas con latas y cartones.
Una cosa es la pobreza, y otra muy distinta, la miseria".
Pilar Capote habla de una de las
biografías de Truman: la que escribió Gerald Clarke.
"Parece ser que, cuando era niño, a Truman le regalaron un
avión con pedales muy bonito. Se montaba en ese avioncito,
comenzaba a pedalear y les decía a sus amigos que volaría
hasta China. Curiosamente, momentos antes de morir Truman dijo
que había decidido volar a China".
Truman Capote murió en Los
Ángeles en 1984 hablando de China, de su madre y de su libro Plegarias atendidas.
Estaba a punto de cumplir 60 años.
Lo mataron el alcohol y los barbitúricos. Pilar Capote, como
algunos autores, opina que su pariente siempre buscó el amor y
nunca lo encontró. "Decía que no era frívolo, que sólo
intentó desafiar a la muerte".
Al novelista le gustaba escuchar
esa canción canaria que empieza así: "Alto y rubio mi niño.
Cómo le quiero".
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