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Truman Capote sólo tenía 23 años cuando fue
aclamado como una de las jóvenes promesas de la literatura. Desde entonces
hasta pasada la cincuentena fue un observador polémico, provocador y
genial de la vida estadounidense, desde los barrios bajos de Manhattan
hasta la Casa Blanca de los Kennedy.Llegó a convertirse, al tiempo que en
escritor, en una figura de la jet-set y en una de las caras
imprescindibles de los grandes shows televisivos. Histriónico y malicioso,
inestable, exquisito, Truman Capote fue todo un personaje por si mismo y
ya en vida consiguió convertirse en un mito. Truman Capote es de esas
personalidades, tan habituales en la vida cultural estadounidense, cuya
vida es su mejor obra. En el caso de Capote eso es evidente pues, a pesar
de sus méritos literarios, su obra es escasa y, aunque de calidad, quizá
no merecedora de la fama que arrastra el escritor. Posiblemente si Capote
no hubiera sido quien era y, sobre todo, cómo era, su obra no tendría hoy
la relevancia que ha tenido.
"A sangre fría" es su
obra más conocida. Es un estremecedor relato periodístico sobre un crimen
que conmocionó a los EEUU. Un crimen muy americano en el que dos jóvenes
entraron en una casa aislada y, sin ningún motivo, asesinan "a sangre
fría" a la familia que la habitaba. Todo lo que sucedió después es un
retrato de la América de entonces que sigue siendo la de hoy. La del "ojo
por ojo y diente por diente", la de la venganza y la silla eléctrica. El
libro se ha convertido también en un alegato contra la pena de muerte. En
esta novela Capote y el preso condenado a muerte entablaron una relación
que iba más allá de lo profesional y que llegó a convertirse en un
enamoramiento, lo que quizá la haga tan auténtica. Autor también de
"Desayuno en Tiffany's", la película protagonizada por George
Peppard y Audry Hepburn llegó a convertirse en la película de culto de
toda una generación.
"El Elvis Presley de las letras
norteamericanas"
Muchos
consideran a Truman Capote el Elvis Presley de la literatura
norteamericana. Lo mismo que el rey del rock and roll nació en el Sur
profundo de su país y fue un chico delgado que enterró su buena pinta bajo
la grasa. También se convirtió en una especie de zombi debido a su consumo
incontinente de fármacos. Y, en definitiva, terminó traicionando el
evidente genio que en un principio poseía. La vida de Truman Capote como
la de Elvis, suele interpretarse de modo convencional como la de un
artista al que el éxito echó a perder, algo que el propio escritor aceptó
algunas veces. Nacido en Nueva Orleans, en 1924, pasó sus primeros años en
un pequeño pueblo de Alabama al cuidado de unas parientes solteronas y
raras. Su madre, que le tuvo a los 17 años, se volvió a casar con un tal
Joseph Capote, de quien el escritor tomó el apellido, y se trasladó a
Nueva York. Fue allí donde empezó a publicar relatos en revistas que
atrajeron la atención de los críticos. Pero sería su primera novela sobre
un adolescente que descubre su homosexualidad, Otras voces, otros ámbitos,
aparecida en 1948, la que le haría famoso con su mundo poblado por unos
personajes excéntricos, desamparados y dignos de cariño debido a su lírica
generosidad.
En principio, fue un libro de culto entre los
universitarios estetas de la época, y a pesar de sus excesos estilísticos
no tardó en convertirse en un clásico moderno muy celebrado por la
crítica. Este alentador comienzo contrastaba con su vida familiar. Su
madre se suicidó a los tres años de la publicación de la novela, y a su
padre adoptivo lo encerraron en un penal.
Tras el éxito de su primera novela y de los
relatos siguientes, Truman Capote se hizo amigo de personas ricas y
famosas que lo pasaban muy bien en compañía de aquel escritor ingenioso y
maldiciente, bajito y de voz chillona, que engordó de modo insoportable y
bebía sin parar. Unos amigos -sobre todo amigas- que terminarían
apartándose de él cuando en 1975 aparecieron los primeros capítulos de la
que sería su última obra, Plegarias atendidas. Con ella pretendía -o eso
declaró- hacer una revelación proustiana de la vida de las personas que él
trataba y que tenían dinero suficiente para hacer todo lo que les
apetecía. Y el resultado fue un conjunto de chismorreos maravillosamente
escritos sobre unos cuantos personajes de la buena sociedad neoyorquina
que aparecían con sus nombres y apellidos auténticos, y le rechazaron como
a un apestado.
Entre esas dos obras, Capote viajó mucho. Vivió
en el Sur de Italia, en Tánger, en España, en París, y en diversas
ciudades de las dos costas de Estados Unidos. Durante los años 50 y 60,
pero sobre todo en los 70, se convirtió en una curiosidad pública, era un
famoso que salía en los programas de televisión, asistía a todo tipo de
fiestas, ponía de moda restaurantes y discotecas... y publicaba algunos de
los grandes relatos norteamericanos del siglo XX. Uno de ellos fue
Desayuno en Tiffany's, de 1958, donde aquella música verbal única de su
estilo, una mezcla de inteligencia y sentimentalismo que revelaba a los
seres humanos como híbridos de algo barroco y banal, se aplicaba para
narrar la historia de una vecina muy atractiva en busca de un hombre
rico.
A sangre fría, de 1965, es la novela más
conocida, y quizá mejor, de Truman Capote. Le hizo ganar mucho dinero y su
autor la calificó de «novela de no ficción» porque, aun llena de recursos
literarios asombrosos, se basa en un espantoso hecho real.
A partir de entonces, Capote fue más figura
pública que nunca y, sin pelos en la lengua, como siempre, no se cortaba
en declararse homosexual y drogadicto. Publicó semblanzas memorables -por
ejemplo, las que hizo de Marlon Brando, Marilyn Monroe o Elizabeth
Taylor-, y relatos de gran calidad como los testimonios de Música para
camaleones (1980).
A los 15 años de su desaparición, y casi olvidadas
sus andanzas con Jerry Hall, Deborah Harry, Bianca Jagger o Lee Radziwill
- la hermana de Jacqueline Kennedy/Onassis-, y tantas otras de sus amigas
famosas, lo que queda de Capote son unos cuantos libros inolvidables que
siguen situándolo entre los grandes narradores norteamericanos de todos
los tiempos.
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