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"Soy
alcohólico. Soy drogadicto. Soy Homosexual. Soy un
genio."
Así se expresaba Truman Capote en un texto de su libro, soberbio
y exquisito, "Música para camaleones".
Pero aparte de todo eso fue un periodista con implacable talento,
un gran observador de la vida, un perverso escrutador de lo
cotidiano o como él mismo lo expresaba haciendo referencia al
oficio de escritor:
"Hay que aprender tanto, y de tantas fuentes: no sólo de
libros, sino de la música, de la pintura y hasta de la simple
observación de todos los días."
Era sin lugar a dudas un buitre que hurgaba en la carroña
existencial de la gente adinerada. Era un buitre, con ademanes de
paloma, que fascinaba a enemigos y admiradores por igual. No
obstante Capote era displicente y sólo le interesaba vivir y
escribir.
Mi primer encuentro con Truman Capote escritor sucedió con la
lectura de su novela "A sangre fría", que relata un
asesinato múltiple en una apartada localidad de Kansas.
A pesar de lo truculento del hecho real la novela se desarrolla
con morosa maestría y Capote, luego de una tortuosa
investigación, narra los pormenores de un crimen absurdo haciendo
gala de un sentido periodístico inigualable.
Con respecto a las críticas que recibió la novela él mismo
escribió: "Mucha gente pensó que yo estaba loco por pasarme
seis años vagando a través de las llanuras de Kansas; otros
rechazaron de plano mi concepción de la 'novela real',
declarándola indigna
de un escritor 'serio',."
Lo cierto de este asunto es que en 1966 Truman Capote vendió de
"A sangre fría" más trescientos mil ejemplares. La
novela estuvo en la lista de los libros más vendidos del New York
Times, por el lapso de treinta y siete semanas.
Otros escritores, como Norman Mailer, utilizaron la formula de la
novela real para escribir sus libros, asegurando con ello también
éxitos de venta.
Aunque ya había publicado dos novelas, "Otras voces, otros
ámbitos" y "Desayuno en Tiffany's", algunos libros
de artículos publicados en The New Yorker, escrito uno que otro
guión de cine y un libro de reportajes, "Se oyen las
musas", sería con "A Sangre Fría" que alcanzaría
cierta notoriedad pública.
De pronto Truman Capote, estuvo en el protagonismo mediático más
rutilante de la movida cultural de esos años: portadas de
revistas, entrevistas por la T.V y por la prensa, charlas en las
universidades, fiestas en la alta sociedad con sus estrellas de
cine y sus ricachones de rigor.
Era un ser que deslumbraba a todos con su amanerada inteligencia y
su delicada perspicacia como conversador.
Sobre este las causas de este deslumbramiento que provocaba como
escritor y como ser social hay un texto, también perteneciente a
"Música para camaleones", titulado
"Deslumbramiento" que da ciertas claves algo
fantásticas.
Capote mezcla en dicho texto relato imaginativo con realidad y
narra un episodio de su niñez. Cuenta el escritor que pasando una
temporada, con unos parientes en Nueva Orleans sintió, igual que
todo el mundo en la localidad, una fascinación por la señora
Ferguson, quien parecía estar dotada de poderes mágicos y debido
a esto era consultada por las mujeres para "enderezar a
maridos descarriados, obligar a declararse novios indecisos,
devolver el
cabello perdido, recobrar fortunas"; en fin de convertir los
deseos de las personas en realidad. A través del hijo de la
señora Fergunson, Skeeter, concreta un encuentro entre la maga y
el escritor, que para ese entonces era a lo sumo un niño de ocho
años.
El pago era un collar de la abuela, una baratija sin valor que
tenía una enorme piedra amarilla. Capote roba el collar y acude a
la cita.
Le confiesa a la señora Fergunson, que quiere ser bailarín de
Claqué, que quiere fugarse, ir a Hollywood y salir en películas.
Así mismo confiesa que quiere ser una chica en vez de un
chico.
La señora Fergunson obliga al muchacho a mirar la cuenta amarilla
del collar y repite bailadeslumbrabailadeslumbrabailadeslumbra.
Verdad o ficción literaria lo sorprendente es que Truman Capote
fue en vida un excelente bailarín de claqué, estuvo en Hollywood,
debutó en alguna película, escribió guiones de cine y en cuanto
a deslumbrar lo hizo a través de su trabajo literario.
La escritura, aparte de su bello rostro de niño perverso y de su
golfa inteligencia, le permitió codearse con la crema de la
cultura cinematográfica y literaria; le permitió tutearse con
muchas personalidades del Jet-Set y de la política.
Todos sabían que era un chismoso con mucho genio, pero así y
todo lo atraían a su lado y le contaban algunos secretos
profundos de su vida.
Truman Capote fiel a su formula de observación directa convertía
todo en material literario de altos kilates estéticos.
A pesar de ello los retratados en sus textos periodísticos y en
sus novelas se sentían traicionados y heridos en sus orgullos.
También sabían que la sabandija traicionera era un gran escritor
y que no se equivocaba y que por otra parte lo que escribía
poseía gran profundidad psicológica y enorme destreza
metafórica.
El retrato de escribió Truman Capote sobre Marilyn Monroe,
"Una adorable criatura", es un ejemplo fidedigno de su
maestría para los retratos.
Escribe el texto sobre la Monroe como si se tratara de una escena
teatral o de una corta escena de cine.
Primero describe el escenario. Luego pasa a describir a los
personajes. Después entra en escena Marilyn. Desarrolla diálogos
con la actriz e intercala sus ácidos comentarios. Poco a poco la
despoja de su aura de diva y la presenta vulnerable.
No falta en el escrito ironía, mucho menos una especie de
poética desnuda, de parábola alejada de toda retórica, pero
delicadamente emotiva.
Como escritor ya consagrado buscaba sintetizar mucha más su
estilo. Su última novela, al parecer inacabada, "Plegarias
atendidas" (cuyo título lo toma de una frase de Santa
Teresa: "Se derraman más lagrimas por plegarias atendidas
que por la no atendidas.") Fue una novela difícil para
Capote.
Eliminó capítulos completos, escribió otros nuevos. Quería
seguir arriesgando a la hora de escribir, quería jugarse el todo
por el todo.
Capote había escrito que si en "A sangre fría",
intentó mantenerse encubierto en "Plegarias atendidas"
se situó en el mismo centro de lo narrado y reconstruyó
conversaciones banales
con personas de su entorno inmediato: el masajista, el conserje,
un antiguo compañero de colegio, el dentista.
Con esta estructura se empleo a fondo con todo lo aprendido acerca
del escribir. La novela es un gran mosaico de escritores,
actrices, millonarios, chulos y homosexuales. Todos descritos con
crueles pinceladas de malicia y buena estética literaria.
Truman Capote era un truhuan con exquisito talento. Sin prejuicio
alguno supo burlarse de sí mismo y de toda aquella tropa de
personas que intimaron con él.
En una autoentrevista se interroga de qué tiene miedo y se
responde con una frase mortalmente afectada: "De sapos
verdaderos en jardines imaginarios".
En la misma entrevista cuenta una anécdota que vale la pena
transcribir: "Por ejemplo, la otra noche estaba sentado con
unos amigos en un bar atestado de gente en Kay West.
En una mesa vecina, había una mujer medianamente bebida con su
marido, completamente borracho. Al poco, se me acercó la mujer y
me pidió que le firmara una servilleta de papel.
Al parecer, eso no gustó al marido; vino dando bandazos a nuestra
mesa y, después de abrirse la bragueta y sacar todo el aparato,
dijo: 'Ya que está firmando autógrafos, ¿por qué no me firma
esto?'. Las mesas de alrededor se quedaron en silencio, así que
muchísima gente oyó mi respuesta: '¿No sé si cabrá mi firma,
pero quizá pueda ponerle mis iniciales?'."
Lo de buitre no es una metáfora. Truman Capota escribió que si
reencarnara le gustaría hacerlo en un pájaro, preferiblemente en
un buitre: "Un buitre no tiene que molestarse por su aspecto
o capacidad para gustar y seducir; no tiene que darse aires. De
todos modos, no va a gustar a nadie; es feo, indeseable."
Truman Capote era un buitre que gustaba y seducía. No era un
santo.
Fue un notable escritor. Era un amigo de doble filo. Supo como
nadie que la escritura era una manera de ponerse en evidencia, que
era una exigencia alejada de toda frivolidad.
Que la literatura no era otra que un despertar de su capacidad
para deslumbrar, para bailar al ritmo de las palabras con una
soltura implacable, sobrevolando a sus aires como un buitre, pero
con un vuelo de calibrada suavidad. |