"Mellitos oculos tuos, luuenti,

siquis me sinat usque basiare,

usque ad milia basiem trecenta..."

VERONAE AMANTES: CATULLUS ET IUVENTIVS

 

I. Introducción

Bajo este sugestivo título nos dedicaremos a analizar una relación entre hombres que tuvo lugar en el siglo I a.C.  De todos es conocida la renombrada figura del poeta Catulo, aunque quizá no tanto (no entraremos aún en el por qué) la del joven Juvencio; pues bien, estos dos personajes son los que nos acompañarán a lo largo de este trabajo, en el que nos disponemos a exponer un tipo de amistad o amor entre dos personas del mismo sexo, característico dentro del mundo clásico, referido a un adulto (uir) y a un joven (puer). Además, anotaremos el marco en el que se desarrolla, dado que por la cronología de la que gozamos, forman parte de un mundo romano que ya ha recibido toda la pujanza y moda del elemento griego, tan amado y odiado a la vez por los propios romanos(1).

 

II. Análisis del texto

En este primer apartado vamos a analizar los seis poemas referidos a Juvencio, si bien no deseamos polemizar si los dos primeros corresponden realmente o no al joven amante; los autores, haciéndose eco de un conjunto de opiniones que sustentan esta tesis, hemos optado por incluirlos dado que consideramos que implícitamente están dedicados a él. Dicha esta consideración, damos pues paso al primer poema:

II.1. Poema XV

Comenzando el poema se encuentra la expresión meos amores (2) expuesta por el propio Catulo en primera persona y además utilizando el sustantivo amor, es decir, que el término usado por el poeta para referirse a la persona amada es precisamente aquel que en latín lleva implícito todo un deseo sexual, o pasión erótica, y no precisamente el término amicitia que estaría asociado a otro tipo de relación más "viril" y "adulta", en la que el sexo no tiene cabida. De todas formas tendríamos que señalar que al utilizar la expresión meos amores, el poeta se refiere concretamente, y desde una primera persona, a un puer, a un muchacho; y no a una forma poética de expresar sentimientos.

En los siguientes versos encontramos el término pudice (3) el cual nos lleva a plantearnos su significado profundo que giraría en tomo a la idea romana de la castitas. Esta última, sería una de las cualidades necesarias en todo ciudadano romano que se tuviera por íntegro, y consistiría, en mantenerse alejado de todo tipo de actividades eróticas que le condujesen a estar fuera de la dignitas: relaciones sexuales con personas del mismo sexo, extrafamiliares, etc. Así pues, la pudicitia sería la expresión de esa castitas, la puesta en práctica de las manifestaciones eróticas consideradas válidas y el rechazo de las que se tienen por indignas(4). En otros versos aparecen nuevas alusiones al tema; se trata de los términos pudentem, castum y pudenter (5), que continúan en concordancia con lo anteriormente expuesto .

A continuación el poema nos señala una palabra clave, puer (6) que representa la persona objeto de pasión amorosa, pero aquí en concreto queda señalado por dos sentidos muy claros: primero, por ser la persona que ama Catulo; y segundo, por lo que significaron en Roma estos pueri.

Si nos remontamos a la civilización griega nos encontramos la institución de la paideia, (la educación), de la cual, una de las facetas que existió fue la de la relación educativa a todos los niveles, incluido el sexo, entre el maestro (adulto) y el alumno (joven) que recibió el nombre de paiderastteia. No obstante, también en el mundo helénico recordamos como se encontraban delimitadas las funciones dentro de una relación sexual entre hombres en las que existió un papel activo -desarrollado por el varón de más edad, (erastés)- y en papel pasivo, (erómenes) -desarrollado por el jovencito-. Bien, pues la característica fundamental sería una realidad donde existieron relaciones entre hombres pero con una clara diferencia de edad, así como de funciones entre ambos.

En Roma, no obstante, la influencia helénica se hizo notar -con referencias incluso a que se vive "al modo griego"-, pero este tipo de relaciones se vieron cargadas de un tinte negativo, dadas la características de la sociedad romana, que desde un principio las desligó de las tareas educativas. Desde esta base vamos a estudiar al puer, anotando desde un principio, que no se entiende exclusivamente como una persona joven, no, sino que este vocablo se utiliza cuando se quiere nombrar a un jovencito digno de pasión sexual, que puede suscitar deseo, por lo que el término puer lleva implícita esta connotación erótica.

En una de las referencias, Catulo habla de pueris bonis malisque (7). En principio la división es clara, existen unos pueri "inocentes" y otros "viciosos", lo que nos deja entrever que tales calificativos describen dos grupos diferenciados entre los adolescentes: los que asumieron su rol de objeto de deseo, y aquellos que reconociéndose deseados, buscasen quizá, unas aventuras promiscuas, hecho éste que precisamente por recibir un calificativo negativo, nos muestra como la sociedad romana vio con muy malos ojos tal conducta entre los jóvenes.

Uno de los ciudadanos romanos que mantuvieron tales contactos con diversos jovencitos fue el poeta Aurelio, a quien Catulo en este poema advierte; y es interesante constatar lo anteriormente dicho del esquema de edad: persona mayor-jovencito, así como la expresión concreta para designar su virilidad, pene infesto (8). Por lo pronto, vemos la virilidad asociada con el pene (cosa que no es de extrañar conociendo un poco cómo se articula la sociedad romana) y que el calificativo, así como el verso siguiente(9), son una expresión clara de ataque contra la promiscuidad desarrollada por Aurelio.

En consonancia con las advertencias y críticas de Catulo a este personaje(10), aparece un dato nuevo: la presencia en Roma de lo que hoy llamaríamos "ligue callejero", puesto que los temores del poeta no van dirigidos a los transeúntes que podrían fijarse en su muchacho, sino a aquel que acostumbraba a fijarse y tener amoríos con multitud de adolescentes. De todas formas, que Catulo mencione a los transeúntes sin temor, es una prueba más de que podía darse el caso, así como de su interés y amor hacia el joven, para preservarlo de las artimañas de Aurelio. Esto último queda clarificado en la expresión mala mens furorque (11), en la cual se señala la desenfrenada locura y el ardor sexual, o sea un desequilibrio mental y físico, como explicación de su constante actividad sexual.

Todo esto que acabamos de ver se encuentra íntimamente ligado al aspecto que da pleno significado al poema: la relación amorosa de Catulo y Juvencio, matizada por varias características como son: la diferencia de edad existente y constante en estos amores; la presencia de los celos como expresión de esa relación(12); el hecho patente de la utilización de amor y no de otros términos que se viesen absueltos de connotaciones eróticas y todo el interés demostrado por salvaguardar a su amante de cualquier intento "deshonesto" que lo pervirtiera, o de cualquier rival que se lo arrebatara.

Para finalizar, en los dos últimos versos encontramos una aliteración profundamente sarcástica y de gran interés: quem attractis pedibus patente porta percurrent raphanique mugilesque (13). En principio diremos que se trata de una amenaza desde Catuto a Aurelio, conocida con el nombre de rafanídosis, y era el suplicio al que se sometía todo aquel que era sorprendido en flagrante delito de adulterio o de atentado contra las buenas costumbres(14). Pero este castigo puede leerse bajo dos formas que conducen a un mismo resultado: la humillación de la persona castigada, sometiéndola a una violación anal por medio de peces y verduras con clara simbología fálica. Son muy significativos, dentro de esta expresión, los términos que utiliza para describir cada una de las fases de este acto, en la que encontramos la situación y la actitud adoptada por el propio sujeto:

-attractis, del verbo attrectare, que significa palpar, tocar, sobar, etc...

  • pedibus, significa "pie" pero con cierta homofonía podría sugerir en el oyente la idea de pedicare verbo que conlleva la penetración anal.
  • potente, por un parecido fonético, puede evocar el término patiente, aplicable al sujeto "paciente" en una relación "homosexual".
  • porta, puerta, que en este caso se refiere al ano.
  • percurrent, atravesar, recorrer a través de.

Por todo ello creemos que no resulta excesivamente aventurado hacer la siguiente lectura: el poeta Aurelio sería sometido a una violación anal en la que adoptaría el papel pasivo, se dejaría hacer como si se tratara de un coito anal entre dos hombres, pero tomando el papel del joven -y no el que a él le correspondiera-, y sobre todo, de una forma violentísima, (lo cual deja entrever, como se castiga precisamente con aquel acto que la sociedad tilda de humillante: el coito anal pasivo). Por lo tanto, no sólo se humilla por la propia violación, sino que además, se duplica dicha humillación por ser anal y porque el sujeto no puede oponer ninguna resistencia.

II.2. Poema XXI

En este poema existe toda una terminología común a la que ya hemos analizado en el anterior; es el caso de meos amores, pedicare y puer (15), a la vez que vuelven a aparecer también una serie de temas comunes al poema XV, por ejemplo: la existencia de relaciones 'homosexuales' entre un adulto y un jovencito, los celos del amante (Catulo) frente a la promiscuidad del poeta Aurelio, y el amor de Catulo por su joven.

Lo primero que atrae nuestra atención es el uso de iocus (16), dado que normalmente se utiliza este sustantivo cuando se quiere referir a un juego o puro divertimento con connotaciones eróticas; sin embargo, si en vez de iocus nos encontrárarnos con ludus, el significado se vería enriquecido pues aunque siga refiriéndose a ese tipo de juegos, lleva ya implícito una cuestión erótica o sexual más acentuada(17). Pues bien, lo que encontramos en este segundo poema es iocus pero con un significado normalmente atribuido a ludus, o sea, íntimamente relacionado con el jugueteo sexual, dado que además viene apoyado por el verso siguiente en el que dice haerens ad latus omnia experiris (18). Según Montero Cartelle(19), el verbo experiri, al igual que cognoscere, son dos verbos utilizados eufemísticamente con clara connotación sexual; por lo que el sentido sería: el poeta Aurelio intenta de mil maneras y lleva a cabo, todo tipo de actos eróticos con el muchacho.

Ante esto Catulo va a responder diciendo al poeta Aurelio que como no se detenga en sus intenciones para con su muchachito, lo castigará con una pena similar a la que hemos visto en el poema anterior (rafanídosis) pero esta vez ejecutada por el propio Catulo. La venganza en sí, consiste, en la irrumatio (20) que es otro acto de humillación para el que la padece, pues debe sufrir otra de las afrentas que peor considerada estaba entre la sociedad romana: la fellatio. Pero hay que señalar dos papeles muy diferenciados: la afrenta de aquel que debe hacerla, y el gozo de aquel que la disfruta, pues ve así reafirmada su "virilidad", su prepotencia frente al sometido.

Por lo que respecta al tema de castitas y la pudicitia debemos decir que aparece de nuevo, y en esta ocasión, reforzado en la expresión dum licet pudico (21), puesto que al contenido ya conocido de pudicitia, debemos añadir la situación que comporta el término licet, referido a lo que aquella sociedad consideró lo permitido, lo bien visto, lo lícito, etc...

Y por último sólo nos falta hacer mención a una de las críticas que el poeta dirige a su rival, consistente en la escasez de medios que oprime a Aurelio y que por lo tanto afecta también a su joven amante. Todo esto parece indicar, que en una relación de este tipo, existió la necesidad de ofrecer una serie mínima de medios para satisfacer los antojos o gustos de aquellos que realizasen el papel de favoritos; o lo que es lo mismo, el amante adulto tenía a su cargo una serie de obligaciones materiales con respecto a su joven amante.

Antes de pasar a estudiar los restantes poemas en los que aparece explícitamente el nombre de Juvencio testimoniando la relación, consideramos necesario comentar que Dolç(22), no se decide claramente a asociar estos dos poemas con Juvencio, si bien cree muy probable que Catulo se refiriese a él. Nosotros, al igual que Dolç, no sabemos con certeza si se englobarían en uno u otro apartado (según la procedencia), pero creemos que sí pueden perfectamente referirse a Juvencio; no obstante, en el caso que se demostrara que no es así, las conclusiones no se verían afectadas sustancialmente, pues lo que nos interesa destacar es el tipo de relación erótico-afectiva que desarrolló Catulo con un joven.

II.3. Poema XXIV

Es el primer poema en el que tenemos constatación de la presencia de un joven, llamado Juvencio (que según las fuentes existentes no sería un personaje irreal, sino que parece ser que perteneció a una noble familia de Verona)(23), con el que Catulo mantuvo una relación amorosa, que aparecerá tanto en este poema como en los tres siguientes. A la vez volvemos a tener constancia de algunos temas que ya hemos explicado, como son la necesidad de satisfacer al joven amante con unos medios aceptables, la relación amorosa de Catulo y un jovencito, la diferencia de edad existente entre ambos, y los celos como una faceta de esa relación, en la que de nuevo aparece el término amor (24) al recriminarle Catulo su actitud, si bien ya no es con Aurelio, sino con otro amigo.

Por lo tanto el estudio de este breve poema se ve así reducido sólo a un nuevo tema: los comentarios sobre hombres realizados por ellos mismos. Uno de ellos se enmarcaría dentro de la relación mantenida entre Catulo y Juvencio, flosculus es luuentiorum (25), en la que el diminutivo es una muestra de los sentimientos que hacia el joven sentía el poeta; mientras el otro quedaría fuera de este marco, ya que se refiere al amigo con el que está Juvencio, y que precisamente sale de la boca de él mismo: non est homo bellus? (26), si bien bellus no comportaría exclusivamente belleza, sino algo más amplio cuya traducción más acertada podría girar en tomo al encanto, al atractivo, a la simpatía, etc...

II.4. Poema XLVIII

Realmente nos encontramos con un poema muy breve, pero muy diferente a los que hemos tratado y a los que posteriormente vamos a tratar, y ello radica en que por primera vez Catulo ni ofende a nadie, ni aconseja a Juvencio, ni amenaza, sino que por el contrario es todo un canto al amor. a ese amor latino entendido como pasión; es un poema dedicado exclusivamente a su joven amado, y es la prueba más palpable de su más sincero enamoramiento. Por ello, lo único que podemos destacar como elementos nuevos sería el vocabulario que elige el poeta a la hora de describir los besos que le daría al joven amante. Los términos utilizados son basium y osculum (27), que apoyándonos en los criterios que aporta A. López en sus estudios sobre éstos(28), apreciamos la voluntad de Catulo por hacer un poema cándido, y es por ello que la terminología utilizada es la propicia para situaciones amorosas en general, aunque en el caso de basium, que tiene otras connotaciones puramente sexuales, hemos considerado más conveniente optar por la interpretación más suave, sobre todo porque pensamos que así estaría en el ánimo del poeta, para no romper bruscamente con el ritmo de los versos ni con la figura del joven a quien los dedica.

II.5. Poema LXXXI

De nuevo nos volvemos a encontrar con una serie de temas ya tratados como son: las relaciones entre un jovencito y un adulto, entre Catulo y Juvencio, los celos que despierta en Catulo la actitud de¡ joven, los comentarios sobre hombres emitidos por ellos mismos, y la necesidad de unos medios mínimos que ofrecer al joven amado.

Por lo tanto el eje que mueve este poema es el nuevo acompañante de Juvencio, que desata la ira de Catulo, quien se verá envuelto en una serie de críticas muy mordaces, y siempre desde la disyuntiva que empuja al poeta: que Juvencio elija. Así pues el primer vocablo que nos llama la atención es hospes (29) que a nuestro entender puede tener tres significados. Uno sería que Juvencio tuviese un huésped en su casa; otro, que Juvencio tuviese un huésped en su vida, en sentido literario, o sea que tuviese un amante; y el tercero, que Juvencio tuviese un amante con quien realizaría sus actividades sexuales, y como joven que era, su papel sería el pasivo, luego se dejaría penetrar en los coitos anales. De este modo, el tercero significaría "huésped", en el sentido de encontrarse habitado por el pene de su amante. Pensamos que esta última hipótesis puede parecer muy aventurada, pero quien conozca someramente a Catulo, sus giros o sus múltiples formas de expresarse, le parecerá muy posible que esta última pudiera ser una más de las intenciones del poeta.

Pero no se detiene aquí la historia, sino que en el mismo verso aparece, inaurata pallidior statua, que nos lleva a conectar con una interpretación sugerida por Ingemann(30) consistente en relacionar dos colores, el blanco y el negro, con los papeles que se tomasen en una relación sexual entre hombres, originaria del mundo griego. Así pues, el color blanco se relacionaría con el sujeto pasivo -por aquello de piel no curtida, no expuesta al sol como todo el resto de los hombres, y porque es la pigmentación que siempre se ha asociado con la mujer- y el color negro lo haría con el sujeto activo -por todo lo contrario, es decir, exaltando todos los "valores viriles". De todo esto, creemos ver una relación entre el color blanco, y el pallidior con el que Catulo califica al huésped de Juvencio. Por tanto pensamos que el poeta puede estar considerando a esa persona como un hombre "afeminado", indigno de su auténtico papel de hombre en esa supuesta relación con el joven.

II.6. Poema XCIX

Volvemos a encontramos de nuevo con temas ya conocidos: el amor adulto-jovencito, Catulo-Juvencio, el propio vocablo amor y los comentarios cariñosos como expresi6n de esa relación. Sin embargo hay otros aspectos en los que debemos detenernos, por ejemplo: los besos(31). Si bien este tema lo hemos analizado en el poema XLVIII lo que se trataba era de una acción cándida, amorosamente tierna, y por ello los vocablos que aparecían eran osculum y basium. con la acepción que ya vimos en su momento respecto a este último; pero en cambio aquí descubrimos una temática distinta y por lo tanto un uso de vocablos también diferente. La intención en este poema es la de conseguir de Juvencio un beso apasionado, excitante y "libidinoso" para Catulo, y por ello el lenguaje debe ser el apropiado, de ahí que entonces utilice sauiolum, que por sus connotaciones sexuales u "homosexuales" se le considera como el más atrevido de los besos en latín, aunque reducido por el uso del diminutivo, dado el jovencito con el que está. Sin embargo, tan desagradable resultó a Juvencio, que Catulo, al final del poema, termina diciendo que ya no le robará ningún basia más, o sea, ya no intentaría conseguir de él ni el más cándido de los besos.

Al igual que en el primer poema considerábamos iocus en una acepción más abierta por sus conexiones con ludus, en este poema encontramos justamente lo contrario, pues Catulo al referirse a los juegos de Juvencio (que por el contexto parecen ser puramente inocentes) no utiliza iocus sino ludus.(32)

Por último, nos resta señalar la reacción de Catulo ante el rechazo de Juvencio; ésta se encuentra cargada de adjetivos que hacen sentirse al poeta irnpuro, asqueroso, degradado, pútrido(33), pero no por los deseos en sí, sino por la pura reacción de¡ rechazo circunstancial -ya que tenemos pruebas en los otros poemas de que no le desagradaban a Juvencio tales pruebas de cariño-. Reacción que empuja al propio Catulo a hablar por primera vez en femenino y a considerarse como una "inmunda ramera".(34)

III. Discusión

Lo primero que creemos necesario apuntar es la casi inexistencia de estudios sobre esta parcela de la historia y las relaciones humanas, lo cual hace que nos dediquemos exclusivamente a las fuentes. Por lo que respecta a este trabajo en especial, hemos gozado de mejor suerte, pues sí hemos encontrado estudios que aportan datos, bajo nuestro punto de vista valiosos(35), aunque por lo general, como antes hemos dicho son muy escasos, o bien, los pocos que existen ayudan en muy poca medida pues suelen estar cargados de prejuicios con tintes decimonónicos.

III. l. Marco social

No deja de ser paradójico intentar hablar aquí de un marco social, cuando la primera gran característica que definiría este trabajo sería la propia individualidad. Recordemos que trabajamos la obra de un poeta, Catulo, y una relación amorosa, por lo tanto personal, y que además se encuentra localizada en un marco lírico, por lo tanto intimista, no social. Pero es que éste es uno de los fenómenos más claros que se aprecian en la Roma de] siglo 1 a. C.. dado que, precisamente en el círculo de poetas noui al que Catulo perteneció, las influencias helenísticas son muy significativas, y entre ellas, por no decir la fundamental, se encuentra ese auge del individuo. Tras la caída de la polis, asistimos en Grecia, a un proceso de disgregación y búsqueda, recurriendo a múltiples salidas que nunca podían ofrecer lo que con anterioridad había supuesto el marco de la polis. Y ésto se recoge en este movimiento literario romano; no obstante Roma disfruta de una situación totalmente diferente pues tras la conquista de¡ Mediterráneo, Roma asiste cada vez más, a un apogeo de sus instituciones así como a un propio auge de creatividad, y esto hace que encontremos una disyuntiva espectacular frente a las influencias helénicas. Por un lado hallamos unos miembros de la nobilitas que apartan de su flanco todo aquello que revista signos griegos, acusándolos de depravación, decadencia, etc. para ver así favorecidos sus propios valores romanos. Y por otro lado, otros miembros de esa nobilitas que continúan abriendo sus brazos a toda influencia helénica, como máximo exponente para la formación de su espíritu, y que no solo terminan ahí, sino que además, incorporan a esta vida romana de apogeo, a esta etapa de propio "narcisismo" romano, los modos de vida griegos. Por supuesto que los improperios emitidos por el otro bando no se hacen esperar, y de ahí que por lo que se refiere a nuestro tema, podamos comprender las dos posturas que aparecen: por un lado el primer grupo -aquel conservador de las costumbres romanas- que ataca todas las relaciones eróticas entre hombres, los bailes, atuendos y gestos de los varones; y por otro lado aquellos romanos "helenizados" que no solo veían con buenos ojos todo aquello que procediese de la Hélade, sino que además adoptaron sus relaciones entre adultos y jovencitos, sus regalos de amor, bailes, desnudos, atuendos, etc...

III.2. El amor entre hombres

Nos encontramos ante un sugestivo tema que nos ofrece la base para desarrollar todas las ideas que pretendemos asentar en este trabajo, y la primera y fundamental es que, una vez visto uno por uno los poemas de Catulo, descubrimos que este tipo de relaciones se encuentran vinculadas por el nexo importante de la palabra amor. A raíz de esto las consideraciones adquieren una dimensión mucho mayor de lo que en un principio se podía imaginar, puesto que encontramos en Roma, en el siglo 1 a. C.. dos hombres que se hablan de amor, que viven enamorados, y que gozan del amor en todas sus facetas, como dos amantes de cualquier época o periodo histórico. Por lo tanto aquí encontramos un tipo de relación basada específicamente en un sentimiento que tantas veces se ha querido poner en duda, con el maléfico fin de desviar la atención hacia cuestiones que iban más en consonancia con la ideología del autor que con lo que realmente estaba entonces sucediendo; entiéndase: enfermedad, desvío pasajero o pura promiscuidad.

Una vez conocido esto, debemos añadir que en Catulo podemos encontrar dos formas concretas de manifestar esta relación afectiva entre hombres; la primera sería aquella que da sustento a este estudio: la pareja, que en nuestro caso queda reflejada en dos personajes concretos como son los propios protagonistas, Catulo y Juvencio; no obstante, hay veces que podemos vislumbrar otras posibles parejas en los poemas, como sería el caso de las referencias constantes de Catulo a los hombres que compartían momentos de la vida de Juvencio. A la vez tenemos también otra forma manifiesta de relación erótica entre hombres que ya no llevaría el carácter dual, sino que precisamente viene caracterizado por su apertura total a relaciones sexuales variadas, 0 sea, que nos encontramos con hombres que deciden ir cambiando de compañero según sea su necesidad o su deseo, (concretamente este sería el caso de los poetas Aurelio y Furio).

La presencia en los poemas de Catulo de ambos tipos despierta una reacción muy curiosa, no por lo extraña que esta parezca -pues no lo es- sino por la virulenta forma que toma en boca de¡ poeta. Nos estamos refiriendo a una manifestación más de ese amor que son los celos. No es exagerado decir que la mayoría de los poemas que hemos estudiado lo que exponen son los puros celos de Catulo ante los movimientos de su joven amante. No creemos necesario ahondar más en este tema, pues sencillamente el interés radica en su constatación como una faceta más de las relaciones humanas, a las que este tipo concreto no se escapa.

Y solamente nos queda decir, por último, que íntimamente ligado al punto anterior nos encontramos con los comentarios que hacen los propios hombres sobre seres de su mismo sexo. Esto que hoy en día suena tan raro a muchos oídos (no sabemos bien por qué) lo vemos claramente expuesto en estos poemas -así como en otros autores que también conocemos; así pues, si recordamos la alusión homo bellus es una muestra clara de esta consideración ¿Qué ocurre entonces? ¿Debemos creer que en Roma los hombres se movían de una forma más libre que la actual, puesto que se permiten comentarios que hoy harían arquear la ceja a más de uno al oírlos? No creemos que sea esa la cuestión a discutir ahora, pero sí destacar que por lo menos en estas relaciones suelen abundar los comentarios, lo cual parece lógico, y es verdad, pero de todas formas pensamos que es una muestra de la propia consideración "homosexual" en Roma, que más adelante abarcaremos con mayor extensión.

III.3. Tipo de relación: adulto-jovencito

Comenzamos ahora a analizar el tema que resultaría quizá el meollo, el corpus fundamental del presente trabajo, consistente en las relaciones amorosas entre un hombre adulto y un jovencito, como sería el caso de Catulo y Juvencio. Para entenderlo más a fondo habría que hacer una consideración histórica sobre el papel desempeñado por este tipo de relación dentro del mundo griego. De todos es conocido, lo significativo de las relaciones sexuales entre hombres en la Hélade, y, más concretamente, el caso de la sostenida entre un varón adulto que se encargaba de formar al adolescente, de educarlo, hacer de él un futuro ciudadano de la polis. Estas enseñanzas englobaban los más variados aspectos, entre los que se encontraba el de la relación amorosa entre ellos, paiderasteia. Tales actividades eróticas, respondiendo a las ideas señaladas, presentaban dos papeles claramente diferenciados: el adulto, erastés, mantenía una actividad activa, volcada hacia el muchacho, que se traducía físicamente en la penetración anal del mismo; y el joven, eromenes, que presentaba un marcado rol pasivo, como sujeto a quien iban destinadas la enseñanzas del maestro, recibiéndolo incluso en su propio cuerpo. Esta forma educativa que tiene paralelos en determinados episodios mitológicos, presenta un acentuado carácter iniciatico-o, con el fin de formar nuevos ciudadanos para la polis. Se vería transformado el sentido al llegar a la sociedad helenística, en la que ya la polis resulta una realidad inexistente, y por tanto la educación tendría como fin no el formar ciudadanos, sino personas consideradas individualmente, por lo que en parte el significado inicial quedaría un tanto recortado(36). Esta es, pues, la sociedad griega con la que los romanos van a entrar en contacto en el siglo 111 a. C.., relaciones que se van a intensificar durante el siglo Il y 1 a.C., hasta lograr someter al dominio romano la totalidad de las ciudades y reinos helenísticos. A la sociedad romana, de tradición marcadamente agraria, se ofrece el orbe griego como una ¿entidad cultura¡ muy avanzada, ante la que adoptará una postura, no sin algunas reticencias, de manifiesta receptividad. Así pues se dedicarán, sobre todo en el siglo I a.C.. a imitar los "modos griegos", tanto en literatura, como en arte, costumbres, etc..., manteniendo algunas objeciones frente a algunos temas que al conservadurismo romano resultaban arriesgados. En el caso concreto de la paiderasteia considerada como el "vicio griego" por la nobilitas romana. A mediados del siglo I a. C.. en Roma uno de los círculos más sensibles a las influencias helenísticas era el ya citado círculo de poetae noui, entre los que se encontraba Catulo, razón ésta que nos lleva a encuadrar en su situación concreta la relación sostenida por Catulo y Juvencio, que aparece atestiguada en la obra lírica del primero de ellos.

Pues bien, nos encontramos ante la cuestión de una relación entre hombres, adulto y joven, en Roma, cuyas características vamos a analizar en las líneas siguientes. A partir de los versos del poeta se puede observar como existe un personaje adulto, Catulo, que sostiene una relación amorosa (utilización del término amor) con un jovencito llamado Juvencio. Se dedica a protegerlo de los posibles desmanes de ciertos rivales, que, al parecer, merodeaban al adolescente; a declararle su amor en unos versos de gran ternura; a criticar algunas de sus actitudes, como sería el caso de no rechazar a otros posibles amantes. También parece ser que existirían una serie de obligaciones del amante adulto hacia el objeto de su amor, obligaciones de tipo económico, que se concretarían en satisfacer todas las necesidades y complacer al amado en sus caprichos. Muestra asimismo de esta actitud, aunque no aparece en estos poemas, sería la costumbre, parece ser que generalizada, de ofrecer regalos, en su gran mayoría aves, con la intención de solicitar los favores de algún muchachito. Por lo que respecta a Juvencio, observamos como su actitud presentaría unas características pasivas ante las prácticas desarrolladas por Catulo. Es más, en algunas ocasiones, es nombrado por el poeta como puer, término éste que conlleva una serie de connotaciones específicas, entre las que señalamos la del adolescente como sujeto que despierta deseo entre los varones, la que lo asociaría con el papel pasivo en una relación sexual(37), etc... Además, el mismo Catulo llega a hablar en un verso de pueris bonis malísque (38), es decir, de pueri "inocentes" o "degenerados", diferencia que deja traslucir que entre los mismos muchachos había un grupo que se limitaría a desempeñar el papel que les estaba asignado, y otro que llevaría a cabo una serie de actos, más o menos promiscuos, que entrarían en conflicto de lleno con la actitud que debían sostener. Evidentemente para Catulo, su Juvencio estaría entre los pueri boni. ya que le muestra una sincera estima y lo intenta salvaguardar de los posibles peligros que le acecharan. No obstante, a través de las informaciones que nos ofrece el poeta de su amado, éste parece flirtear con algún que otro personaje, no ofreciendo obstáculos a las insinuaciones e intentonas de éstos. Parece ser que los rivales ente los que muestra su desconfianza Catulo serían dos poetas amigos suyos, Aurelio y Furio, individuos que formarían parte de su círculo literario, cuyas actividades eróticas podían presentar unas inquietudes muy similares a las catulianas, aunque son acusados de otro tipo de cualidades y actividades que el propio Catulo consideraba ya indignas.

Debemos añadir que según las informaciones que nos proporcionan Dolç y Small(39) parece ser que Juvencio no es un personaje ficticio, sino real, ya que en Verona aparecen abundantes inscripciones referidas a la familia de los luuentii, lo cual nos vendría a demostrar que esta relación no resultaría un mero ejercicio literario desarrollado por Catulo, sino que muy bien pudo tratarse de un hecho real. Además, uno de estos autores, Small(40), plantea una hipótesis, a nuestro entender, plausible, que consistiría en considerar que el joven veronés había sido enviado a Roma a completar su educación, para la cual se había elegido a Catulo como su preceptor, entendiendo esta relación "a la griega". Nos resulta acertada por lo que habíamos señalado más arriba sobre la adopción de las costumbres helénicas por un grupo de personajes de la época, aunque habría que hacer la salvedad de que el tipo de relación no comportaría toda la serie de características que a la griega le eran comunes, sino que se vería modificada en alguna medida por el modo de vida romano, es decir, que no se trataría de una pura y simple trasposición del modelo.

III. 4. Actitudes en una relación

Ya conocemos como se desarrollaban normalmente estas relaciones por lo que se refiere a la disyuntiva adulto-jovencito, pero lo que tratamos de estudiar ahora, es como en esta relación existió siempre una diferencia de papeles que estaban asociados muy claramente a cada uno de ellos. Para poder explicar esto debemos remontarnos de nuevo al mundo griego. Allí habíamos visto como existieron dos términos muy claros para designar la función concreta de cada uno: erastés, y erómenos; pero también debemos incluir las consideraciones que Ingemann(41) nos ofrece, y que a nuestro parecer están bien fundamentadas, por lo que además de tener registradas estas expresiones, se conocen dos más, referidas a términos de color. En Grecia, leikós, color blanco, estaba asociado a la cobardía, al afeminamiento, dado que los hombres "valientes" y "viriles" normalmente estaban asociados a tareas donde la piel adquiría una morenez propia, ya fuese por jugar en las palestras, ya por trabajar bajo el sol, etc..., sin embargo, el tono pálido o blancuzco de piel solía asociarse con la mujer (recordemos los frescos egipcios o cretenses, entre otros), dado que desempeñaba sus funciones dentro de la casa, y no expuesta al sol. Pues bien esto supuso una nueva dualidad, leikós-mélas (blanco-negro), que llegó incluso a formar la palabra leikóproptos para referirse a los adultos que optasen por el papel pasivo.

Ahora bien, en el caso de Roma esta misma constatación es clara, y al amante adulto también se le asocia con el papel activo, si bien al joven se le asocia con el pasivo, y esto viene determinado como en todos los casos, porque el vocabulario se ha hecho eco de estas situaciones, y la necesidad hizo establecer vocablos que lo definieran claramente. Así nos encontramos en Roma con cinoedus, que se traduce por "maricón", pero que sería el hombre adulto que realizase el papel activo, sin embargo, pathicus sería el que tomase el papel pasivo(42). De todas formas aunque es raro encontrarse con un joven que adopte el papel activo, no es nada extraño encontrarnos con adultos que toman el papel pasivo, e incluso existe un grupo que tendría este mismo papel, por su propio rol de no gozar de la consideración de individuo, y son los esclavos. A éstos generalmente se les adjudica la pasividad y es muy frecuente encontrarse con textos donde se aprecia perfectamente como debían contentar a sus amos, "dejándose hacer".

Para terminar debemos señalar otra idea, ya no sólo por su interés, sino por su propia contemporaneidad, y es el hecho de que tanto en Roma como hoy la ideología imperante penetra hasta sus últimas consecuencias incluso en las manifestaciones que son contraproducentes a ella misma. Lo que queremos mencionar es que incluso hasta en este campo, el hombre seguía siendo "hombre" cuando desarrollaba su papel activo, ahora bien, en el momento que optase por el pasivo, todo estaba en su contra. Es la tan conocida polémica de la virilidad, que, aunque sean relaciones al margen de la moralidad imperante, continúan imponiendo y desarrollando unos tipos de roles determinados que les son ajenos, pues están asociados a otro tipo de relación, de ahí que por ejemplo veamos al propio Catulo, cuando advierte a su rival Aurelio que no ose "juguetear" con su muchachito, pues si no, le haría probar su "virilidad", o lo que es lo mismo, Catulo le penetraría(43).

III.5. Actos amorosos

A continuación nos introducimos en las expresiones palpables de ese amor entre hombres, de este tipo de relación del que venimos hablando, y lo primero que nos aparece se refiere a los besos; éstos que quedan definidos claramente según el campo en el que actúen, en Catulo ya vimos las ligeras modificaciones que aparecían según el contexto. Pero de todas formas su presencia es innegable, al igual que es innegable su práctica, así como su localización: los labios. También tenemos recogidas las caricias que se ofrecían los amantes, que a veces en el vocabulario de Catulo, llegan hasta el extremo significado que facilita el verbo sobar(44). Además otros términos que se registran y que van íntimamente ligados a este campo de las caricias, son ludus y iocus que aunque ya explicamos en qué consistían ambos, su lugar se encuentra enmarcado por las caricias, como expresión de los juegos amorosos, en los que también debemos incluir los besos. No obstante hay una parcela entre los usos amorosos que formaría un núcleo aparte, y éste consistiría en las funciones explícitamente sexuales que llevarían a cabo los hombres en estas relaciones. Dos son: pedicare e irrumare. El primer término se refiere a la penetración anal, que como sabemos no ponía en cuestión la "hombría" del que la realizaba, no así a quien permitía que la realizase (claro está, siempre en el ámbito de estas relaciones); pero además, hemos visto que este acto es utilizado como expresión -precisamente por lo que acabamos de exponer- de virilidad, de orgullo, e incluso como acción destinada a una humillación, aunque en esos casos no se ponga en duda el hecho por el cual esa persona desea humillar de esa manera. El segundo término, en cambio, es lo que conocemos como fellatio que va íntimamente ligada al papel pasivo, además de que este acto en Roma gozó de muy poca popularidad; y no nos referirnos a su práctica, no, sino al hecho en sí de que estaba muy mal considerado. Por ejemplo, las prostitutas romanas si algún cliente les solicitaba tal satisfacción, cobraban un "plus' por tal servicio(45); y esto nos hace comprender que en relaciones entre hombres, se considerase como acto "burdo", "vulgar" o digno de seres en situaciones extremas, refiriéndonos claro está, a necesidades sexuales. Además entre los jovencitos, parece ser que hubo mucha oposición a realizarla. Ahora bien, en Catulo nos ha aparecido también esta práctica como medio de humillación, como ya comentábamos, con las mismas connotaciones que en el caso de pedicare, salvo que (aunque pueda parecer equívoco) aquí el pasivo sería quien la hiciese, y el activo, aquel que se dejase hacer(46).

Para terminar hay otro acto en consonancia con el carácter negativo que tenía entre los romanos la felación, y es la masturbación. En Catulo hay una breve alusión(47) y aunque no puede ser concebida como un acto amoroso en sí como los demás ya analizados, sí lo consideramos con el fin de mostrar el carácter negativo ya mencionado; pues en Roma, la masturbación sólo se concebía en casos extremos de necesidad sexual(48), algo representativo de hombres en situaciones desesperadas, sexualmente hablando, y es por ello que las alusiones son escasísimas, además de poder comprenderse debido a que el campo erótico entre hombres ofrecía muchas más posibilidades que la del propio onanismo.

III.6. Castitas-Pudicitia-Licet

Damos comienzo ahora a todo el planteamiento ideológico que nos ofrecerá el marco adecuado para comprender este tipo de relación en la sociedad romana. Fundamentalmente hay que tener en cuenta dos ámbitos, cuyo peso, hacen que sean la base o los pilares de esta sociedad. Primero sería la familia; ésta otorga al individuo sus derechos a partir de su origen y de su propia pertenencia a esta estructura, llegando a conformar uno de los tres estados de la personalidad jurídica en Roma: el status familiae; dado que esta célula permite la reproducción de valores, la perduración de los ritos ancestrales, así como la clave productiva de nuevos ciudadanos. Pero gracias a los poemas que hemos estudiado de Catulo, sería el segundo ámbito el que nos interesaría ahora. Esto lo podríamos denominar como el "puramente personal", dado que arranca desde los valores del individuo. Así pues, en una relación "homosexual" como es la que estudiamos nos encontramos con el término amicitia, que fue, entre la aristocracia romana, la esencia de cualquier relación privada o pública, y que junto a fides, pietas, officium, gratia, etc... forman las bases de conducta de la aristocracia romana y los pilares de su sociedad, dado que la vida política en Roma fue, en origen y esencia, una extensión de la vida normal de la sociedad aristocrática, o incluso, un apartado de ella misma, por lo que, naturalmente continuó su código tradicional de conducta y la terminología de sus costumbres(49).

Este código tradicional de conducta confiaba absolutamente en la perfección abstracta de la naturaleza, a la cual el hombre tenía el deber esencial de seguir como guía; es por ello que la cualidad propia del hombre será la dignitas, así como la de la mujer la venustas (belleza), y por ello mismo, que el hombre tendrá que desterrar de su aspecto físico todo aderezo y se guardará de no tener afectación en el gesto o en el movimiento, tampoco podrá llorar -ésto está reservado a las mujeres- y aunque el afeminamiento corporal del hombre sea "contra-natura", el mostrarse desnudo en público tampoco es aconsejable para el hombre, (queda perfectamente clara la división entre el mundo griego y el romano, donde además, se consideraba todo lo anterior como costumbres griegas). No deja de llamar la atención que en Roma se pusiesen estos cuidados, por ejemplo, respecto al desnudo, porque pensarían que un cuerpo desnudo podría dar lugar al carácter ambiguo del amor-amicitiae, y desembocar en "homosexualidad".

Ahora bien, la exaltación de la virilidad -que a lo largo de los textos y nuestros comentarios hemos visto la importante presencia que tuvo-, de esa dignitas, opuesta al afeminamiento, responde a un elogio de la pudicitia, lo que se consideraba la virtud más íntima del alma, ya que llevaba a la joven a permanecer casta, a la mujer casada a preservarse del adulterio, y al hombre a prohibirse las relaciones con otros hombres, sobre todo si son pasivas, (recordemos que los amores "heterosexuales" son los más "naturales", precisamente, porque son procreandi causa).

Pero, entonces, ¿qué ocurrió realmente con las relaciones amorosas entre hombres? Respecto de Cicerón(50), él no se preocupó lo más mínimo cuando se trataba de jóvenes esclavos destinados a los placeres de sus amos, elegidos entre sus pueri delicati, no, sino que el problema estallaba cuando era un hombre libre quien desempeñaba las funciones de un puer, y es aquí fundamentalmente donde radica el auténtico problema de la mentalidad romana frente a la "homosexualidad" masculina.

En Cicerón aparece claramente como un recurso para aplastar al adversario político, dado que por actuar "anti-naturalmente" está cambiando los papeles a los que debería honrar, y está entrando en el campo de la "servidumbre", o sea la negación de su propio status libertatis. Si además le place la sumisión, ésta es calificada como patientia, y entonces sí que se agrava el escándalo, ya que desde su status libertatis ha elegido la "servidumbre" deliberadamente. Y curiosamente la impudícitia está ligada a esta "servidumbre", igual que al afeminamiento, puesto que está desempeñando un rol "anti-natura" y abandonando su auténtico papel de hombre, por el de una mujer o un esclavo. Por lo que el calificar a un hombre libre de "homosexual" pasivo lo lleva directamente al mundo de los esclavos y de las mujeres.

Es decir, la "homosexualidad" masculina en Roma obedece como ya sabemos, a normas precisas, fundamentadas por una parte en una clara distinción entre los roles pasivo y activo, y por otra en la diferencia esencial entre hombre libre y esclavo. Esto haría que los romanos no se preocuparan de las relaciones que un hombre pudiera tener con sus esclavos, sino que se preocupaban exclusivamente del stuprum infringido a un ingenuus. Por lo que aceptan la "homosexualidad" sólo a condición de quedar del lado "bueno", el de la fuerza y la virilidad, ya que la pasividad, la sumisión, bajo cualquier forma que se presenten son indignas de un hombre libre, y lógicamente están reservadas al esclavo, a la dignitas del cual la sociedad es indiferente. La relación "homosexual", expresada bajo la forma dueño-esclavo, permanece en el lado de la normalidad y de la natura. Lo que sí conlleva anormalidad, incoherencia y antinatura es que los hombres libres sean los instrumentos pasivos de las pasiones "homosexuales".

III.7. La moralidad romana de Catulo

Entramos ahora en un apartado que está íntimamente relacionado con las disquisiciones teóricas que con respecto a los valores de la castitas y la pudicitia acabamos de realizar. Ahora pues, vamos a rebuscar en los poemas catulianos la forma en que tales virtudes del ciudadano romano aparecen, teniendo en cuenta el hecho de que el poeta no era representante de una ideología que pudiéramos calificar de tradicionalista, sino, muy al contrario, de abierta a las influencias culturales griegas que en este momento ganaban adeptos en Roma.

Hemos apreciado ya como Catulo considera como perfectamente asumibles y, por tanto, manifestaciones claras de la vida cotidiana, las relaciones adulto-jovencito, desarrollándolas incluso él personalmente, hecho éste que resultaría incomprensible a una considerable porción de la sociedad romana. Sin embargo, el poeta mantenía sus reservas ante cierto tipo de actividades que ya se escapaban a su mentalidad. En el texto indica abierta y mordazmente las prácticas de sus amigos Aurelio y Furio, postura que podría resultar a todas luces justificada, debido a los celos que con respecto a los citados personajes mantenía. De todas formas, aunque su reacción tenga una explicaci6n nítida sus comentarios y amenazas simbolizarían, en alguna medida, la postura de este grupo en el que se hallaba inserto, hacia cuestiones como la promiscuidad en las relaciones el no respetar al amante de un amigo, la actitud pasiva por parte de un varón adulto en una relación sexual con otros hombres, el no asumir las obligaciones que comportaría una relación adulto-joven, etc. Todo ello lo plasma con una serie de calificativos y expresiones que más arriba estudiamos. Incluso nos llega a hablar de una violación con la que se castigaría a Aurelio si no llegase a respetar a su muchacho, suplicio que aparece en el mundo griego claramente atestiguado, la rafanídosis (51), y aunque se tratara exclusivamente de un recurso literario del autor, lo que sí nos parece de vital importancia es que en la sociedad romana un acto como el que hemos señalado comportara una significación similar a la que traía consigo en Grecia.

Por último, nos gustaría apuntar cual era la consideración de las mujeres que se dedicaban a la prostitución, valoración que nos aparece cuando Catulo se compara con una conmictae lupae (52). Así pues, sobre estas mujeres recaería una consideración totalmente negativa, hecho éste que se repite en muchas otras sociedades durante la historia, ya que el propio poeta en un acceso de sinceridad, al compararse con ellas, se califica de inmunda ramera, en el momento en que se encuentra más hundido y despreciado, tras haber sido rechazados sus intentos amorosos por el joven amado.

IV. Conclusiones

Nos hemos dedicado en el presente trabajo a conocer más a fondo una relación erótica entre dos hombres del siglo I a. C.. en Roma. Los dos protagonistas parecen haber existido en la realidad, ya que no dudaremos de la autenticidad de Catulo, y tampoco debemos hacerlo de la de Juvencio, personaje éste ligado a una familia veronesa, la de los Iuuentii. El sustento de las reflexiones efectuadas han sido seis poemas de la obra lírica catuliana, de la que cuatro son un claro testimonio de la relación, y, nos inclinamos a pensar, que los otros dos no suscitan duda alguna. El entomo social en el que se inscriben las aventuras de los dos amantes corresponde al círculo intelectual de los poetae noui o neotéricos, cuyas actividades se inscriben alrededor de mediados de siglo. Se trata, pues, de un ambiente culto, abierto a las influencias helénicas, helenísticas más concretamente. Dentro de semejante mundillo tenían cabida las relaciones amorosas entre hombres, que podían revestir formas bastante diferenciadas, abarcando desde el amor adulto-joven, a un tipo de relaciones promiscuas, etc... Tales actividades no suponía contradicciones con otro tipo de manifestaciones eróticas, por ejemplo en el caso de Catulo que sostenía un contacto amoroso paralelo con una dama, Lesbia, y con un adolescente, Juvencio. Entre las posibilidades señaladas, insertaríamos la relación Catuto-Juvencio en el tipo configurado por un adulto y un jovencito, en el que algunos autores han creído ver una trasposición de la paiderasteia griega al mundo romano. Dentro del citado tipo el adulto debía presentar una actitud activa frente al muchacho, ofreciéndole regalos, satisfaciendo sus necesidades y desempeñando el papel "agresivo" incluso en los contactos sexuales. Frente a ello, encontraríamos a un jovencito que se limitaba a "dejarse amar" en todos los sentidos que dicho término trae consigo, aunque parece ser que el caso de Juvencio no terminaba de quedar encuadrado en esos límites. En las características definitorias de esta relación podríamos ver un considerable, por no decir definitivo, influjo de la forma griega de educación, en la que el varón adulto estaba encargado de instruir al joven para su vida futura, incluyendo en tal educación todo tipo de enseñanzas. Las manifestaciones de las actividades amorosas entre Catulo y Juvencio se descubren con nitidez a lo largo de los seis poemas, puesto que encontramos desde las muestras de cariño, hasta los insaciables celos de Catulo ante algunos rivales, los cuidados y atenciones con los que obsequia a su amado, y su declarada afirmación de amor hacia el muchachito. Sin embargo, en dicho tipo de relación existían unos papeles marcadamente diferenciados, el activo y el pasivo, que no mantendrían una consideración similar a la griega. Para los helénicos ni una situación ni otra revestirían connotaciones peyorativas; muy al contrario, resultaba un honor para los dos protagonistas de una relación el ser partícipes de la misma. Por contra, para los romanos el rol activo no suponía orgullo alguno, pero, al menos, no cuestionaba la virilidad del sujeto; en cambio, el papel pasivo sí comportaba unas valoraciones peyorativas para la persona que lo desempeñaba. De todas formas, no es el caso de peor consideración el de un puer amado por un adulto, puesto que sería aún más degradante el que un uir romano asumiera tales actitudes en una relación amorosa con hombres, adoptando la posición de un esclavo, que solía ser entre los romanos, en gran cantidad de ocasiones, el destinatario de los arrebatos amorosos de su dueño. Por último, habría que indicar cómo la aristocracia romana presentaba un estructurado código de valores morales, índice de la más rancia tradición, en la que se situaba, entre otros, la idea de la castitas, muy unida a la de pudicitia, por el cual tenían señalados unos límites específicos para sus relaciones sexuales. Dicho código entraba en contradicción con la existencia de aventuras o relaciones "homosexuales" estables en la misma Roma, suscitando una reacción contraria a estas prácticas en un grupo de población, lo cual no resultó un obstáculo para que las mismas se desarrollaran, como veremos en referencias de autores posteriores a Catulo.

Notas:

  • 1. Se ha trabajado a partir de: Dolg, M. Catulo: Poesías, Alma Mater, Madrid 1982. Aunque, por lo que respecta a esta versión, existen unos versos en los que nos permitiremos una interpretación más libre, o por lo menos, bajo nuestro modesto punto de vista, más acertada o en consonancia con las pretensiones del poeta.

  •  

  • 2. Cat. XV.1.

  •  

  • 3. Cat. XV.5.

  •  

  • 4. Gonfroy. F. en Homosexualié et idéologie esclavagiste chez Cicéron, en DHA (1978), 219-236; dice al respecto: "Ainsi, à l'exaltation de la virilité, de la "dignitas", opposées à l'effemination. rèpond l'eloge de la "pudicitia",vertu la plus intime de l'âme qui conduit la jeune fille à rester chaste, la femme mariée à se prèserver de l'adultère, mais aussi l'homne à s'interdire les relations avec d'autres hommes, plus précisément les relations passives." p. 220.

  •  

  • 5. Cat. XV.2,4,13.

  •  

  • 6. Cat. XV. 5,10.

  •  

  • 7. Cat. XV.10.

  •  

  • 8. Cat. XV.9, 10.

  •  

  • 9. Cat. XV. 10: "infesto pueris bonis malisque".

  •  

  • 10. Cat. XV. 6,7,8,9,10 y 14.

  •  

  • 11. Ct. XV. 14.

  •  

  • 12. Cat. XV. 9,10,15,16.

  •  

  • 13. Cat. XV. 18,19.

  •  

  • 14. Dolç, M., op.cit., nota 1, p.16.

  •  

  • 15. Cat. XXI, 4,11.

  •  

  • 16. Cat. XXI, 5.

  •  

  • 17. Montero Cartelle, E., Aspectos léxicos y literarios del latín erótico (hasta el siglo I a.c.), Santiago de Compostela. 1973, pp. 231-235.

  •  

  • 18. Cat. XXI, 6.

  •  

  • 19. Montero Cartelle, E., Op.cit., p.223.

  •  

  • 20. Cat. XXI, 8, 13.

  •  

  • 21. Cat. XXI, 12.

  •  

  • 22. Dolç, M., Op.cit., p. XIX

  •  

  • 23. Dolç, M., Op.cit., p. 22 nota 3, y small, S.G.P., Catullus. A Reader's guide to the poems, University Press of america, Lanham, 1983, p. 55.

  •  

  • 24. Cat. XXIV, 6.

  •  

  • 25. Cat. XXIV, 1.

  •  

  • 26. Cat. XXIV, 7.

  •  

  • 27. Cat. XLVIII, 2,3,6.

  •  

  • 28. López López, A., Léxico y género literario: basium, osculum, sauium, en Sodalitas1 (1980), 113-134. Léxico y comicidad: "amante" en la obra de Ptauto y Terencio, en Sodalitas 2 (1981) 235-256. Léxico y género literario: Amar en el Teatro, en Helmántica 31 (1980), 313-343.

  •  

  • 29. Cat. LXXXI, 4.

  •  

  • 30. Ingemann, V., Albus an ater-a double entendre in Catullus 93?, en CetM

  • (1981-82), 145-148.

  •  

  • 31. Cat. XCIX, 2,14,16.

  •  

  • 32. Cat. XCIX, 1.

  •  

  • 33. Cat. XCIX, 10,11.

  •  

  • 34. Cat. LCIX, 10.

  •  

  • 35. Montero Cartella, E., Op.cit., . Ingemann, V., Op.cit., . Small, S., Op.cit.,

  • Gonfroy, F., Op.cit., . Lateiner, D., Obscenity in Catullus, Ramus 6 (1977), 15-32: Lyne, R., The Latin love poets from Catullus to Horace, Clarendon Press, Oxford 1980, y Pierrugues, P., Glosarium Eroticum Linguae Latinae, Asmterdam 1965.

  •  

  • 36. Sobre Grecia: Sergent, B., L liomosexualité dans la mythologie Grecque, Payot, Paris, 1984. Lewis, Th., Los hermanos de Ganimedes, en "Homosexualidad: Literatura y Política", Ed. Alianza, Madrid, 1985, pp. 124-148. Lens Tuero, J., EYNOMIA Y PAIDERASTIA, en "Sodalitas", (Granada), III, (1 983), pp. 469-514. Buffière, F., Eros Adolescent. La pédémstie dans la Gréce Antique. Ed. Les Belles Lettres, Paris, 1980. Jaeger, W., Paideia: los ideales de la cultura griega, Ed. FCE, Madrid, 1981. 34. Boardman, J. y La Rocca, E., Eros en Grecia, Ed. Dairnón. Barcelona, 1976. . Marrou, H., Historia de la Educación, Ed. Akal, Barcelona, 1985. Dover, K., Greek Homosexuality, Ed. Duckword London, 1978.

  •  

  • 37. Pierrugues, P., Op.cit., p. 357 habla incluso de "officium puerile", refiriéndose al papel representado por los "pueri" en una relación, especificado como "patientia pueri paedicati".

  •  

  • 38. Cat., XV, 10.

  •  

  • 39. Dolç, M., Op. Cit., p. 22 y Small, S., Op.cit., p.55.

  •  

  • 40. Ibidem., p. 55.

  •  

  • 41. Ingemann, V., Op. Cit., 145-148.

  •  

  •  

  • 42. Aunque Vorerberg, G., Glossaium Eroticum, Stuttgart 1965 opina que "cinaedus" en latín significa un "homosexual" en todos los aspectos, tanto el hombre que toma la iniciativa como la persona que se somete a ser usado asumiendo el papel de mujer.

  •  

  • 43. Cat., XXI,8,13.

  •  

  • 44. Cat., XV, 18,19.

  •  

  • 45. Jocelyn, H., On some unnecessarily indecent interpretation of Catullus 2 and 3, en AJPh 101 (1980), p. 431, nota 49.

  •  

  • 46. Gonfroy, F., Op.cit., p.223 dice: "'à Rome la fellation est considérée comme le plus infâme des rôles passifs".

  •  

  • 47. Cat., XV, 11-12.

  •  

  • 48. Jocelyn, H., Op.cit., p. 429.

  •  

  • 49. Lyne, R., Op.cit., pp.25-26.

  •  

  • 50. Gonfroy, F., Op.cit., en realidad es la base de todo nuestro planteamiento.

  •  

  • 51. Dolç, M., Op.cit., p. 16, nota 1. Esta práctica es sólo un recurso literario puesto que no tenemos testimonio de que en Roma existiera, al contrario de lo que ocurre en Grecia, cuya existencia está demostrada a través de la obra de Aristófanes.

  •  

  • 52. Cat., XCIC, 10.

  • Publicado en las Actas del I Congreso Peninsular de Historia Antigua (Santiago de Compostela 1988), 61-78.

    CARLOS ESPEJO MURIEL

    Universidad de Granada

     

     

     

     
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