I. Introducción
Bajo este sugestivo título nos dedicaremos a analizar una
relación entre hombres que tuvo lugar en el siglo I a.C. De todos es conocida
la renombrada figura del poeta Catulo, aunque quizá no tanto (no
entraremos aún en el por qué) la del joven Juvencio; pues bien, estos dos
personajes son los que nos acompañarán a lo largo de este trabajo, en el que nos
disponemos a exponer un tipo de amistad o amor entre dos personas del
mismo sexo, característico dentro del mundo clásico, referido a un adulto
(uir) y a un joven (puer). Además, anotaremos el marco en
el que se desarrolla, dado que por la cronología de la que gozamos, forman parte
de un mundo romano que ya ha recibido toda la pujanza y moda del
elemento griego, tan amado y odiado a la vez por los propios romanos(1).
II.
Análisis del texto
En este primer apartado vamos a analizar los seis poemas
referidos a Juvencio, si bien no deseamos polemizar si los dos primeros
corresponden realmente o no al joven amante; los autores, haciéndose
eco de un
conjunto de opiniones que sustentan esta tesis, hemos optado por incluirlos dado
que consideramos que implícitamente están dedicados a él. Dicha esta
consideración, damos pues paso al primer poema:
II.1. Poema XV
Comenzando el poema se encuentra la expresión meos amores
(2) expuesta por el propio Catulo en primera persona y además
utilizando el sustantivo amor, es decir, que el término usado por el
poeta para referirse a la persona amada es precisamente aquel que en latín lleva
implícito todo un deseo sexual, o pasión erótica, y no precisamente el
término amicitia que estaría asociado a otro tipo de relación más "viril"
y "adulta", en la que el sexo no tiene cabida. De todas formas tendríamos que
señalar que al utilizar la expresión meos amores, el poeta se refiere
concretamente, y desde una primera persona, a un puer, a un muchacho; y
no a una forma poética de expresar sentimientos.
En los siguientes versos encontramos el término pudice
(3) el cual nos lleva a plantearnos su significado profundo que giraría en
tomo a la idea romana de la castitas. Esta última, sería una de las
cualidades necesarias en todo ciudadano romano que se tuviera por íntegro, y
consistiría, en mantenerse alejado de todo tipo de actividades eróticas que le
condujesen a estar fuera de la dignitas: relaciones sexuales con personas
del mismo sexo, extrafamiliares, etc. Así pues, la pudicitia sería la
expresión de esa castitas, la puesta en práctica de las manifestaciones
eróticas consideradas válidas y el rechazo de las que se tienen por indignas(4).
En otros versos aparecen nuevas alusiones al tema; se trata de los términos
pudentem, castum y pudenter (5), que continúan en concordancia con
lo anteriormente expuesto .
A continuación el poema nos señala una palabra clave, puer
(6) que representa la persona objeto de pasión amorosa, pero aquí en
concreto queda señalado por dos sentidos muy claros: primero, por ser la persona
que ama Catulo; y segundo, por lo que significaron en Roma estos
pueri.
Si nos remontamos a la civilización griega nos encontramos la
institución de la paideia, (la educación), de la cual, una de las facetas
que existió fue la de la relación educativa a todos los niveles, incluido el
sexo, entre el maestro (adulto) y el alumno (joven) que recibió el nombre de
paiderastteia. No obstante, también en el mundo helénico recordamos como
se encontraban delimitadas las funciones dentro de una relación sexual entre
hombres en las que existió un papel activo -desarrollado por el varón de más
edad, (erastés)- y en papel pasivo, (erómenes) -desarrollado por
el jovencito-. Bien, pues la característica fundamental sería una realidad donde
existieron relaciones entre hombres pero con una clara diferencia de edad, así
como de funciones entre ambos.
En Roma, no obstante, la influencia helénica se hizo notar -con
referencias incluso a que se vive "al modo griego"-, pero este tipo de
relaciones se vieron cargadas de un tinte negativo, dadas la características de
la sociedad romana, que desde un principio las desligó de las tareas educativas.
Desde esta base vamos a estudiar al puer, anotando desde un principio,
que no se entiende exclusivamente como una persona joven, no, sino que este
vocablo se utiliza cuando se quiere nombrar a un jovencito digno de pasión
sexual, que puede suscitar deseo, por lo que el término puer lleva
implícita esta connotación erótica.
En una de las referencias, Catulo habla de pueris bonis
malisque (7). En principio la división es clara, existen unos pueri
"inocentes" y otros "viciosos", lo que nos deja entrever que tales calificativos
describen dos grupos diferenciados entre los adolescentes: los que asumieron su
rol de objeto de deseo, y aquellos que reconociéndose deseados, buscasen quizá,
unas aventuras promiscuas, hecho éste que precisamente por recibir un
calificativo negativo, nos muestra como la sociedad romana vio con muy malos
ojos tal conducta entre los jóvenes.
Uno de los ciudadanos romanos que mantuvieron tales contactos
con diversos jovencitos fue el poeta Aurelio, a quien Catulo en este poema
advierte; y es interesante constatar lo anteriormente dicho del esquema de edad:
persona mayor-jovencito, así como la expresión concreta para designar su
virilidad, pene infesto (8). Por lo pronto, vemos la virilidad asociada
con el pene (cosa que no es de extrañar conociendo un poco cómo se articula la
sociedad romana) y que el calificativo, así como el verso siguiente(9), son una
expresión clara de ataque contra la promiscuidad desarrollada por Aurelio.
En consonancia con las advertencias y críticas de Catulo a este
personaje(10), aparece un dato nuevo: la presencia en Roma de lo que hoy
llamaríamos "ligue callejero", puesto que los temores del poeta no van dirigidos
a los transeúntes que podrían fijarse en su muchacho, sino a aquel que
acostumbraba a fijarse y tener amoríos con multitud de adolescentes. De todas
formas, que Catulo mencione a los transeúntes sin temor, es una prueba más de
que podía darse el caso, así como de su interés y amor hacia el joven, para
preservarlo de las artimañas de Aurelio. Esto último queda clarificado en la
expresión mala mens furorque (11), en la cual se señala la desenfrenada
locura y el ardor sexual, o sea un desequilibrio mental y físico, como
explicación de su constante actividad sexual.
Todo esto que acabamos de ver se encuentra íntimamente ligado
al aspecto que da pleno significado al poema: la relación amorosa de Catulo y
Juvencio, matizada por varias características como son: la diferencia de edad
existente y constante en estos amores; la presencia de los celos como expresión
de esa relación(12); el hecho patente de la utilización de amor y no de
otros términos que se viesen absueltos de connotaciones eróticas y todo el
interés demostrado por salvaguardar a su amante de cualquier intento
"deshonesto" que lo pervirtiera, o de cualquier rival que se lo arrebatara.
Para finalizar, en los dos últimos versos encontramos una
aliteración profundamente sarcástica y de gran interés: quem attractis
pedibus patente porta percurrent raphanique mugilesque (13). En
principio diremos que se trata de una amenaza desde Catuto a Aurelio, conocida
con el nombre de rafanídosis, y era el suplicio al que se sometía todo
aquel que era sorprendido en flagrante delito de adulterio o de atentado contra
las buenas costumbres(14). Pero este castigo puede leerse bajo dos formas que
conducen a un mismo resultado: la humillación de la persona castigada,
sometiéndola a una violación anal por medio de peces y verduras con clara
simbología fálica. Son muy significativos, dentro de esta expresión, los
términos que utiliza para describir cada una de las fases de este acto, en la
que encontramos la situación y la actitud adoptada por el propio sujeto:
-attractis, del verbo attrectare, que significa
palpar, tocar, sobar, etc...
- pedibus,
significa "pie" pero con cierta homofonía podría sugerir en
el oyente la idea de pedicare verbo que conlleva la penetración anal.
- potente,
por un parecido fonético, puede evocar el término
patiente, aplicable al sujeto "paciente" en una relación "homosexual".
- porta
, puerta, que en este caso se refiere al ano.
- percurrent
, atravesar, recorrer a través de.
Por todo ello creemos que no resulta excesivamente aventurado
hacer la siguiente lectura: el poeta Aurelio sería sometido a una violación anal
en la que adoptaría el papel pasivo, se dejaría hacer como si se tratara de un
coito anal entre dos hombres, pero tomando el papel del joven -y no el que a él
le correspondiera-, y sobre todo, de una forma violentísima, (lo cual deja
entrever, como se castiga precisamente con aquel acto que la sociedad tilda de
humillante: el coito anal pasivo). Por lo tanto, no sólo se humilla por la
propia violación, sino que además, se duplica dicha humillación por ser anal y
porque el sujeto no puede oponer ninguna resistencia.
II.2. Poema XXI
En este poema existe toda una terminología común a la que ya
hemos analizado en el anterior; es el caso de meos amores, pedicare y puer
(15), a la vez que vuelven a aparecer también una serie de temas comunes al
poema XV, por ejemplo: la existencia de relaciones 'homosexuales' entre un
adulto y un jovencito, los celos del amante (Catulo) frente a la promiscuidad
del poeta Aurelio, y el amor de Catulo por su joven.
Lo primero que atrae nuestra atención es el uso de iocus
(16), dado que normalmente se utiliza este sustantivo cuando se quiere
referir a un juego o puro divertimento con connotaciones eróticas; sin embargo,
si en vez de iocus nos encontrárarnos con ludus, el significado se
vería enriquecido pues aunque siga refiriéndose a ese tipo de juegos, lleva ya
implícito una cuestión erótica o sexual más acentuada(17). Pues bien, lo que
encontramos en este segundo poema es iocus pero con un significado
normalmente atribuido a ludus, o sea, íntimamente relacionado con el
jugueteo sexual, dado que además viene apoyado por el verso siguiente en el que dice
haerens ad latus omnia experiris (18). Según Montero
Cartelle(19), el verbo experiri, al igual que cognoscere, son dos
verbos utilizados eufemísticamente con clara connotación sexual; por lo que el
sentido sería: el poeta Aurelio intenta de mil maneras y lleva a cabo, todo tipo
de actos eróticos con el muchacho.
Ante esto Catulo va a responder diciendo al poeta Aurelio que
como no se detenga en sus intenciones para con su muchachito, lo castigará con
una pena similar a la que hemos visto en el poema anterior (rafanídosis) pero
esta vez ejecutada por el propio Catulo. La venganza en sí, consiste, en la
irrumatio (20) que es otro acto de humillación para el que la padece,
pues debe sufrir otra de las afrentas que peor considerada estaba entre la
sociedad romana: la fellatio. Pero hay que señalar dos papeles muy
diferenciados: la afrenta de aquel que debe hacerla, y el gozo de aquel que la
disfruta, pues ve así reafirmada su "virilidad", su prepotencia frente al
sometido.
Por lo que respecta al tema de castitas y la
pudicitia debemos decir que aparece de nuevo, y en esta ocasión,
reforzado en la expresión dum licet pudico (21), puesto que al contenido
ya conocido de pudicitia, debemos añadir la situación que comporta el
término licet, referido a lo que aquella sociedad consideró lo permitido,
lo bien visto, lo lícito, etc...
Y por último sólo nos falta hacer mención a una de las críticas
que el poeta dirige a su rival, consistente en la escasez de medios que oprime a
Aurelio y que por lo tanto afecta también a su joven amante. Todo esto parece
indicar, que en una relación de este tipo, existió la necesidad de ofrecer una
serie mínima de medios para satisfacer los antojos o gustos de aquellos que
realizasen el papel de favoritos; o lo que es lo mismo, el amante adulto tenía a
su cargo una serie de obligaciones materiales con respecto a su joven
amante.
Antes de pasar a estudiar los restantes poemas en los que
aparece explícitamente el nombre de Juvencio testimoniando la relación,
consideramos necesario comentar que Dolç(22), no se decide claramente a asociar
estos dos poemas con Juvencio, si bien cree muy probable que Catulo se refiriese
a él. Nosotros, al igual que Dolç, no sabemos con certeza si se englobarían en
uno u otro apartado (según la procedencia), pero creemos que sí pueden
perfectamente referirse a Juvencio; no obstante, en el caso que se demostrara
que no es así, las conclusiones no se verían afectadas sustancialmente, pues lo
que nos interesa destacar es el tipo de relación erótico-afectiva que desarrolló
Catulo con un joven.
II.3. Poema XXIV
Es el primer poema en el que tenemos constatación de la
presencia de un joven, llamado Juvencio (que según las fuentes existentes no
sería un personaje irreal, sino que parece ser que perteneció a una noble
familia de Verona)(23), con el que Catulo mantuvo una relación amorosa, que
aparecerá tanto en este poema como en los tres siguientes. A la vez volvemos a
tener constancia de algunos temas que ya hemos explicado, como son la necesidad
de satisfacer al joven amante con unos medios aceptables, la relación amorosa de
Catulo y un jovencito, la diferencia de edad existente entre ambos, y los celos
como una faceta de esa relación, en la que de nuevo aparece el término amor
(24) al recriminarle Catulo su actitud, si bien ya no es con Aurelio, sino
con otro amigo.
Por lo tanto el estudio de este breve poema se ve así reducido
sólo a un nuevo tema: los comentarios sobre hombres realizados por ellos mismos.
Uno de ellos se enmarcaría dentro de la relación mantenida entre Catulo y
Juvencio, flosculus es luuentiorum (25), en la que el diminutivo es una
muestra de los sentimientos que hacia el joven sentía el poeta; mientras el otro
quedaría fuera de este marco, ya que se refiere al amigo con el que está
Juvencio, y que precisamente sale de la boca de él mismo: non est homo
bellus? (26), si bien bellus no comportaría exclusivamente belleza,
sino algo más amplio cuya traducción más acertada podría girar en tomo al
encanto, al atractivo, a la simpatía, etc...
II.4. Poema XLVIII
Realmente nos encontramos con un poema muy breve, pero muy
diferente a los que hemos tratado y a los que posteriormente vamos a tratar, y
ello radica en que por primera vez Catulo ni ofende a nadie, ni aconseja a
Juvencio, ni amenaza, sino que por el contrario es todo un canto al amor. a
ese amor latino entendido como pasión; es un poema dedicado exclusivamente a
su joven amado, y es la prueba más palpable de su más sincero enamoramiento. Por
ello, lo único que podemos destacar como elementos nuevos sería el vocabulario
que elige el poeta a la hora de describir los besos que le daría al joven
amante. Los términos utilizados son basium y osculum (27), que
apoyándonos en los criterios que aporta A. López en sus estudios sobre
éstos(28), apreciamos la voluntad de Catulo por hacer un poema cándido, y es por
ello que la terminología utilizada es la propicia para situaciones amorosas en
general, aunque en el caso de basium, que tiene otras connotaciones
puramente sexuales, hemos considerado más conveniente optar por la
interpretación más suave, sobre todo porque pensamos que así estaría en el ánimo
del poeta, para no romper bruscamente con el ritmo de los versos ni con la
figura del joven a quien los dedica.
II.5. Poema LXXXI
De nuevo nos volvemos a encontrar con una serie de temas ya
tratados como son: las relaciones entre un jovencito y un adulto, entre Catulo y
Juvencio, los celos que despierta en Catulo la actitud de¡ joven, los
comentarios sobre hombres emitidos por ellos mismos, y la necesidad de unos
medios mínimos que ofrecer al joven amado.
Por lo tanto el eje que mueve este poema es el nuevo
acompañante de Juvencio, que desata la ira de Catulo, quien se verá envuelto en
una serie de críticas muy mordaces, y siempre desde la disyuntiva que empuja al
poeta: que Juvencio elija. Así pues el primer vocablo que nos llama la atención
es hospes (29) que a nuestro entender puede tener tres significados. Uno
sería que Juvencio tuviese un huésped en su casa; otro, que Juvencio tuviese un
huésped en su vida, en sentido literario, o sea que tuviese un amante; y el
tercero, que Juvencio tuviese un amante con quien realizaría sus actividades
sexuales, y como joven que era, su papel sería el pasivo, luego se dejaría
penetrar en los coitos anales. De este modo, el tercero significaría "huésped",
en el sentido de encontrarse habitado por el pene de su amante. Pensamos que
esta última hipótesis puede parecer muy aventurada, pero quien conozca
someramente a Catulo, sus giros o sus múltiples formas de expresarse, le
parecerá muy posible que esta última pudiera ser una más de las intenciones del
poeta.
Pero no se detiene aquí la historia, sino que en el mismo verso
aparece, inaurata pallidior statua, que nos lleva a conectar con
una interpretación sugerida por Ingemann(30) consistente en relacionar dos
colores, el blanco y el negro, con los papeles que se tomasen en una relación
sexual entre hombres, originaria del mundo griego. Así pues, el color blanco se
relacionaría con el sujeto pasivo -por aquello de piel no curtida, no expuesta
al sol como todo el resto de los hombres, y porque es la pigmentación que
siempre se ha asociado con la mujer- y el color negro lo haría con el sujeto
activo -por todo lo contrario, es decir, exaltando todos los "valores viriles".
De todo esto, creemos ver una relación entre el color blanco, y el pallidior
con el que Catulo califica al huésped de Juvencio. Por tanto pensamos que
el poeta puede estar considerando a esa persona como un hombre "afeminado",
indigno de su auténtico papel de hombre en esa supuesta relación con el
joven.
II.6. Poema XCIX
Volvemos a encontramos de nuevo con temas ya conocidos: el amor
adulto-jovencito, Catulo-Juvencio, el propio vocablo amor y los
comentarios cariñosos como expresi6n de esa relación. Sin embargo hay otros
aspectos en los que debemos detenernos, por ejemplo: los besos(31). Si bien este
tema lo hemos analizado en el poema XLVIII lo que se trataba era de una acción
cándida, amorosamente tierna, y por ello los vocablos que aparecían eran
osculum y basium. con la acepción que ya vimos en su momento respecto a
este último; pero en cambio aquí descubrimos una temática distinta y por lo
tanto un uso de vocablos también diferente. La intención en este poema es la de
conseguir de Juvencio un beso apasionado, excitante y "libidinoso" para Catulo,
y por ello el lenguaje debe ser el apropiado, de ahí que entonces utilice
sauiolum, que por sus connotaciones sexuales u "homosexuales" se le
considera como el más atrevido de los besos en latín, aunque reducido por el uso
del diminutivo, dado el jovencito con el que está. Sin embargo, tan desagradable
resultó a Juvencio, que Catulo, al final del poema, termina diciendo que ya no
le robará ningún basia más, o sea, ya no intentaría conseguir de él ni el
más cándido de los besos.
Al igual que en el primer poema considerábamos iocus en
una acepción más abierta por sus conexiones con ludus,
en este poema
encontramos justamente lo contrario, pues Catulo al referirse a los juegos de
Juvencio (que por el contexto parecen ser puramente inocentes) no utiliza
iocus sino ludus.(32)
Por último, nos resta señalar la reacción de Catulo ante el
rechazo de Juvencio; ésta se encuentra cargada de adjetivos que hacen sentirse
al poeta irnpuro, asqueroso, degradado, pútrido(33), pero no por los deseos en
sí, sino por la pura reacción de¡ rechazo circunstancial -ya que tenemos pruebas
en los otros poemas de que no le desagradaban a Juvencio tales pruebas de
cariño-. Reacción que empuja al propio Catulo a hablar por primera vez en
femenino y a considerarse como una "inmunda ramera".(34)
III. Discusión
Lo primero que creemos necesario apuntar es la casi
inexistencia de estudios sobre esta parcela de la historia y las relaciones
humanas, lo cual hace que nos dediquemos exclusivamente a las fuentes. Por lo
que respecta a este trabajo en especial, hemos gozado de mejor suerte, pues sí
hemos encontrado estudios que aportan datos, bajo nuestro punto de vista
valiosos(35), aunque por lo general, como antes hemos dicho son muy escasos, o
bien, los pocos que existen ayudan en muy poca medida pues suelen estar cargados
de prejuicios con tintes decimonónicos.
III. l. Marco social
No deja de ser paradójico intentar hablar aquí de un marco
social, cuando la primera gran característica que definiría este trabajo sería
la propia individualidad. Recordemos que trabajamos la obra de un poeta, Catulo,
y una relación amorosa, por lo tanto personal, y que además se encuentra
localizada en un marco lírico, por lo tanto intimista, no social. Pero es que
éste es uno de los fenómenos más claros que se aprecian en la Roma de] siglo 1
a. C.. dado que, precisamente en el círculo de poetas noui al que Catulo
perteneció, las influencias helenísticas son muy significativas, y entre ellas,
por no decir la fundamental, se encuentra ese auge del individuo. Tras la caída
de la polis, asistimos en Grecia, a un proceso de disgregación y búsqueda,
recurriendo a múltiples salidas que nunca podían ofrecer lo que con anterioridad
había supuesto el marco de la polis. Y ésto se recoge en este movimiento
literario romano; no obstante Roma disfruta de una situación totalmente
diferente pues tras la conquista de¡ Mediterráneo, Roma asiste cada vez más, a
un apogeo de sus instituciones así como a un propio auge de creatividad, y esto
hace que encontremos una disyuntiva espectacular frente a las influencias helénicas. Por un lado hallamos unos miembros de la nobilitas que apartan
de su flanco todo aquello que revista signos griegos, acusándolos de
depravación, decadencia, etc. para ver así favorecidos sus propios valores
romanos. Y por otro lado, otros miembros de esa nobilitas que continúan
abriendo sus brazos a toda influencia helénica, como máximo exponente para la
formación de su espíritu, y que no solo terminan ahí, sino que además,
incorporan a esta vida romana de apogeo, a esta etapa de propio "narcisismo"
romano, los modos de vida griegos. Por supuesto que los improperios emitidos por
el otro bando no se hacen esperar, y de ahí que por lo que se refiere a nuestro
tema, podamos comprender las dos posturas que aparecen: por un lado el primer
grupo -aquel conservador de las costumbres romanas- que ataca todas las
relaciones eróticas entre hombres, los bailes, atuendos y gestos de los varones;
y por otro lado aquellos romanos "helenizados" que no solo veían con buenos ojos
todo aquello que procediese de la Hélade, sino que además adoptaron sus
relaciones entre adultos y jovencitos, sus regalos de amor, bailes, desnudos,
atuendos, etc...
III.2. El amor entre hombres
Nos encontramos ante un sugestivo tema que nos ofrece la base
para desarrollar todas las ideas que pretendemos asentar en este trabajo, y la
primera y fundamental es que, una vez visto uno por uno los poemas de Catulo,
descubrimos que este tipo de relaciones se encuentran vinculadas por el nexo
importante de la palabra amor. A raíz de esto las consideraciones adquieren una
dimensión mucho mayor de lo que en un principio se podía imaginar, puesto que
encontramos en Roma, en el siglo 1 a. C.. dos hombres que se hablan de amor, que
viven enamorados, y que gozan del amor en todas sus facetas, como dos amantes de
cualquier época o periodo histórico. Por lo tanto aquí encontramos un tipo de
relación basada específicamente en un sentimiento que tantas veces se ha querido
poner en duda, con el maléfico fin de desviar la atención hacia cuestiones que
iban más en consonancia con la ideología del autor que con lo que realmente
estaba entonces sucediendo; entiéndase: enfermedad, desvío pasajero o pura
promiscuidad.
Una vez conocido esto, debemos añadir que en Catulo podemos
encontrar dos formas concretas de manifestar esta relación afectiva entre
hombres; la primera sería aquella que da sustento a este estudio: la pareja, que
en nuestro caso queda reflejada en dos personajes concretos como son los propios
protagonistas, Catulo y Juvencio; no obstante, hay veces que podemos vislumbrar
otras posibles parejas en los poemas, como sería el caso de las referencias
constantes de Catulo a los hombres que compartían momentos de la vida de
Juvencio. A la vez tenemos también otra forma manifiesta de relación erótica
entre hombres que ya no llevaría el carácter dual, sino que precisamente viene
caracterizado por su apertura total a relaciones sexuales variadas, 0 sea, que
nos encontramos con hombres que deciden ir cambiando de compañero según sea su
necesidad o su deseo, (concretamente este sería el caso de los poetas Aurelio y
Furio).
La presencia en los poemas de Catulo de ambos tipos despierta
una reacción muy curiosa, no por lo extraña que esta parezca -pues no lo es-
sino por la virulenta forma que toma en boca de¡ poeta. Nos estamos refiriendo a
una manifestación más de ese amor que son los celos. No es exagerado
decir que la mayoría de los poemas que hemos estudiado lo que exponen son los
puros celos de Catulo ante los movimientos de su joven amante. No creemos
necesario ahondar más en este tema, pues sencillamente el interés radica en su
constatación como una faceta más de las relaciones humanas, a las que este tipo
concreto no se escapa.
Y solamente nos queda decir, por último, que íntimamente ligado
al punto anterior nos encontramos con los comentarios que hacen los propios
hombres sobre seres de su mismo sexo. Esto que hoy en día suena tan raro a
muchos oídos (no sabemos bien por qué) lo vemos claramente expuesto en estos
poemas -así como en otros autores que también conocemos; así pues, si recordamos
la alusión homo bellus es una muestra clara de esta consideración ¿Qué
ocurre entonces? ¿Debemos creer que en Roma los hombres se movían de una forma
más libre que la actual, puesto que se permiten comentarios que hoy harían
arquear la ceja a más de uno al oírlos? No creemos que sea esa la cuestión a
discutir ahora, pero sí destacar que por lo menos en estas relaciones suelen
abundar los comentarios, lo cual parece lógico, y es verdad, pero de todas
formas pensamos que es una muestra de la propia consideración "homosexual" en
Roma, que más adelante abarcaremos con mayor extensión.
III.3. Tipo de relación: adulto-jovencito
Comenzamos ahora a analizar el tema que resultaría quizá el
meollo, el corpus fundamental del presente trabajo, consistente en las
relaciones amorosas entre un hombre adulto y un jovencito, como sería el caso de
Catulo y Juvencio. Para entenderlo más a fondo habría que hacer una
consideración histórica sobre el papel desempeñado por este tipo de relación
dentro del mundo griego. De todos es conocido, lo significativo de las
relaciones sexuales entre hombres en la Hélade, y, más concretamente, el caso de
la sostenida entre un varón adulto que se encargaba de formar al adolescente, de
educarlo, hacer de él un futuro ciudadano de la polis. Estas enseñanzas
englobaban los más variados aspectos, entre los que se encontraba el de la
relación amorosa entre ellos, paiderasteia. Tales actividades eróticas,
respondiendo a las ideas señaladas, presentaban dos papeles claramente
diferenciados: el adulto, erastés, mantenía una actividad activa, volcada
hacia el muchacho, que se traducía físicamente en la penetración anal del mismo;
y el joven, eromenes, que presentaba un marcado rol pasivo, como sujeto a
quien iban destinadas la enseñanzas del maestro, recibiéndolo incluso en su
propio cuerpo. Esta forma educativa que tiene paralelos en determinados
episodios mitológicos, presenta un acentuado carácter iniciatico-o, con el fin
de formar nuevos ciudadanos para la polis. Se vería transformado el
sentido al llegar a la sociedad helenística, en la que ya la polis
resulta una realidad inexistente, y por tanto la educación tendría como fin no
el formar ciudadanos, sino personas consideradas individualmente, por lo que en
parte el significado inicial quedaría un tanto recortado(36). Esta es, pues, la
sociedad griega con la que los romanos van a entrar en contacto en el siglo 111 a. C.., relaciones que se van a intensificar durante el siglo Il y 1
a.C., hasta
lograr someter al dominio romano la totalidad de las ciudades y reinos
helenísticos. A la sociedad romana, de tradición marcadamente agraria, se
ofrece el orbe griego como una ¿entidad cultura¡ muy avanzada, ante la que
adoptará una postura, no sin algunas reticencias, de manifiesta receptividad.
Así pues se dedicarán, sobre todo en el siglo I a.C.. a imitar los "modos
griegos", tanto en literatura, como en arte, costumbres, etc..., manteniendo
algunas objeciones frente a algunos temas que al conservadurismo romano
resultaban arriesgados. En el caso concreto de la paiderasteia
considerada como el "vicio griego" por la nobilitas romana. A
mediados del siglo I a. C.. en Roma uno de los círculos más sensibles a las
influencias helenísticas era el ya citado círculo de poetae noui, entre
los que se encontraba Catulo, razón ésta que nos lleva a encuadrar en su
situación concreta la relación sostenida por Catulo y Juvencio, que aparece
atestiguada en la obra lírica del primero de ellos.
Pues bien, nos encontramos ante la cuestión de una relación
entre hombres, adulto y joven, en Roma, cuyas características vamos a analizar
en las líneas siguientes. A partir de los versos del poeta se puede observar
como existe un personaje adulto, Catulo, que sostiene una relación amorosa
(utilización del término amor) con un jovencito llamado Juvencio. Se
dedica a protegerlo de los posibles desmanes de ciertos rivales, que, al
parecer, merodeaban al adolescente; a declararle su amor en unos versos de gran
ternura; a criticar algunas de sus actitudes, como sería el caso de no rechazar
a otros posibles amantes. También parece ser que existirían una serie de
obligaciones del amante adulto hacia el objeto de su amor, obligaciones de tipo
económico, que se concretarían en satisfacer todas las necesidades y complacer
al amado en sus caprichos. Muestra asimismo de esta actitud, aunque no aparece
en estos poemas, sería la costumbre, parece ser que generalizada, de ofrecer
regalos, en su gran mayoría aves, con la intención de solicitar los favores de
algún muchachito. Por lo que respecta a Juvencio, observamos como su actitud
presentaría unas características pasivas ante las prácticas desarrolladas por
Catulo. Es más, en algunas ocasiones, es nombrado por el poeta como puer,
término éste que conlleva una serie de connotaciones específicas, entre las que
señalamos la del adolescente como sujeto que despierta deseo entre los varones,
la que lo asociaría con el papel pasivo en una relación sexual(37), etc...
Además, el mismo Catulo llega a hablar en un verso de pueris bonis malísque
(38), es decir, de pueri "inocentes" o "degenerados", diferencia que
deja traslucir que entre los mismos muchachos había un grupo que se limitaría a
desempeñar el papel que les estaba asignado, y otro que llevaría a cabo una
serie de actos, más o menos promiscuos, que entrarían en conflicto de lleno con
la actitud que debían sostener. Evidentemente para Catulo, su Juvencio estaría
entre los pueri boni. ya que le muestra una sincera estima y lo intenta
salvaguardar de los posibles peligros que le acecharan. No obstante, a través de
las informaciones que nos ofrece el poeta de su amado, éste parece flirtear con
algún que otro personaje, no ofreciendo obstáculos a las insinuaciones e
intentonas de éstos. Parece ser que los rivales ente los que muestra su
desconfianza Catulo serían dos poetas amigos suyos, Aurelio y Furio, individuos
que formarían parte de su círculo literario, cuyas actividades eróticas podían
presentar unas inquietudes muy similares a las catulianas, aunque son acusados
de otro tipo de cualidades y actividades que el propio Catulo consideraba ya
indignas.
Debemos añadir que según las informaciones que nos proporcionan
Dolç y Small(39) parece ser que Juvencio no es un personaje ficticio, sino real,
ya que en Verona aparecen abundantes inscripciones referidas a la familia de los
luuentii, lo cual nos vendría a demostrar que esta relación no resultaría
un mero ejercicio literario desarrollado por Catulo, sino que muy bien pudo
tratarse de un hecho real. Además, uno de estos autores, Small(40), plantea una
hipótesis, a nuestro entender, plausible, que consistiría en considerar que el
joven veronés había sido enviado a Roma a completar su educación, para la cual
se había elegido a Catulo como su preceptor, entendiendo esta relación "a la
griega". Nos resulta acertada por lo que habíamos señalado más arriba sobre la
adopción de las costumbres helénicas por un grupo de personajes de la época,
aunque habría que hacer la salvedad de que el tipo de relación no comportaría
toda la serie de características que a la griega le eran comunes, sino que se
vería modificada en alguna medida por el modo de vida romano, es decir, que no
se trataría de una pura y simple trasposición del modelo.
III. 4. Actitudes en una relación
Ya conocemos como se desarrollaban normalmente estas relaciones
por lo que se refiere a la disyuntiva adulto-jovencito, pero lo que tratamos de
estudiar ahora, es como en esta relación existió siempre una diferencia de
papeles que estaban asociados muy claramente a cada uno de ellos. Para poder
explicar esto debemos remontarnos de nuevo al mundo griego. Allí habíamos visto
como existieron dos términos muy claros para designar la función concreta de
cada uno: erastés, y erómenos; pero también debemos incluir las
consideraciones que Ingemann(41) nos ofrece, y que a nuestro parecer están bien
fundamentadas, por lo que además de tener registradas estas expresiones, se
conocen dos más, referidas a términos de color. En Grecia, leikós, color
blanco, estaba asociado a la cobardía, al afeminamiento, dado que los hombres
"valientes" y "viriles" normalmente estaban asociados a tareas donde la piel
adquiría una morenez propia, ya fuese por jugar en las palestras, ya por
trabajar bajo el sol, etc..., sin embargo, el tono pálido o blancuzco de piel
solía asociarse con la mujer (recordemos los frescos egipcios o cretenses, entre
otros), dado que desempeñaba sus funciones dentro de la casa, y no expuesta al
sol. Pues bien esto supuso una nueva dualidad, leikós-mélas (blanco-negro), que
llegó incluso a formar la palabra leikóproptos para referirse a los
adultos que optasen por el papel pasivo.
Ahora bien, en el caso de Roma esta misma constatación es
clara, y al amante adulto también se le asocia con el papel activo, si bien al
joven se le asocia con el pasivo, y esto viene determinado como en todos los
casos, porque el vocabulario se ha hecho eco de estas situaciones, y la
necesidad hizo establecer vocablos que lo definieran claramente. Así nos
encontramos en Roma con cinoedus, que se traduce por "maricón", pero que
sería el hombre adulto que realizase el papel activo, sin embargo,
pathicus sería el que tomase el papel pasivo(42). De todas formas aunque
es raro encontrarse con un joven que adopte el papel activo, no es nada extraño
encontrarnos con adultos que toman el papel pasivo, e incluso existe un grupo
que tendría este mismo papel, por su propio rol de no gozar de la consideración
de individuo, y son los esclavos. A éstos generalmente se les adjudica la
pasividad y es muy frecuente encontrarse con textos donde se aprecia
perfectamente como debían contentar a sus amos, "dejándose hacer".
Para terminar debemos señalar otra idea, ya no sólo por su
interés, sino por su propia contemporaneidad, y es el hecho de que tanto en Roma
como hoy la ideología imperante penetra hasta sus últimas consecuencias incluso
en las manifestaciones que son contraproducentes a ella misma. Lo que queremos
mencionar es que incluso hasta en este campo, el hombre seguía siendo "hombre"
cuando desarrollaba su papel activo, ahora bien, en el momento que optase por el
pasivo, todo estaba en su contra. Es la tan conocida polémica de la virilidad,
que, aunque sean relaciones al margen de la moralidad imperante, continúan
imponiendo y desarrollando unos tipos de roles determinados que les son ajenos,
pues están asociados a otro tipo de relación, de ahí que por ejemplo veamos al
propio Catulo, cuando advierte a su rival Aurelio que no ose "juguetear" con su
muchachito, pues si no, le haría probar su "virilidad", o lo que es lo mismo,
Catulo le penetraría(43).
III.5. Actos amorosos
A continuación nos introducimos en las expresiones palpables de
ese amor entre hombres, de este tipo de relación del que venimos
hablando, y lo primero que nos aparece se refiere a los besos; éstos que quedan
definidos claramente según el campo en el que actúen, en Catulo ya vimos las
ligeras modificaciones que aparecían según el contexto. Pero de todas formas su
presencia es innegable, al igual que es innegable su práctica, así como su
localización: los labios. También tenemos recogidas las caricias que se ofrecían
los amantes, que a veces en el vocabulario de Catulo, llegan hasta el extremo
significado que facilita el verbo
sobar(44). Además otros términos que se
registran y que van íntimamente ligados a este campo de las caricias, son
ludus y iocus que aunque ya explicamos en qué consistían ambos, su lugar
se encuentra enmarcado por las caricias, como expresión de los juegos amorosos,
en los que también debemos incluir los besos. No obstante hay una parcela entre
los usos amorosos que formaría un núcleo aparte, y éste consistiría en las
funciones explícitamente sexuales que llevarían a cabo los hombres en estas
relaciones. Dos son: pedicare e irrumare. El primer término se refiere a
la penetración anal, que como sabemos no ponía en cuestión la "hombría" del que
la realizaba, no así a quien permitía que la realizase (claro está, siempre en
el ámbito de estas relaciones); pero además, hemos visto que este acto es
utilizado como expresión -precisamente por lo que acabamos de exponer- de
virilidad, de orgullo, e incluso como acción destinada a una humillación, aunque
en esos casos no se ponga en duda el hecho por el cual esa persona desea
humillar de esa manera. El segundo término, en cambio, es lo que conocemos como
fellatio que va íntimamente ligada al papel pasivo, además de que este
acto en Roma gozó de muy poca popularidad; y no nos referirnos a su práctica,
no, sino al hecho en sí de que estaba muy mal considerado. Por ejemplo, las prostitutas
romanas si algún cliente les solicitaba tal satisfacción, cobraban
un "plus' por tal servicio(45); y esto nos hace comprender que en relaciones
entre hombres, se considerase como acto "burdo", "vulgar" o digno de seres en
situaciones extremas, refiriéndonos claro está, a necesidades sexuales. Además
entre los jovencitos, parece ser que hubo mucha oposición a realizarla. Ahora
bien, en Catulo nos ha aparecido también esta práctica como medio de
humillación, como ya comentábamos, con las mismas connotaciones que en el caso
de pedicare, salvo que (aunque pueda parecer equívoco) aquí el pasivo
sería quien la hiciese, y el activo, aquel que se dejase hacer(46).
Para terminar hay otro acto en consonancia con el carácter
negativo que tenía entre los romanos la felación, y es la masturbación. En
Catulo hay una breve alusión(47) y aunque no puede ser concebida como un acto
amoroso en sí como los demás ya analizados, sí lo consideramos con el fin de
mostrar el carácter negativo ya mencionado; pues en Roma, la masturbación sólo
se concebía en casos extremos de necesidad sexual(48), algo representativo de
hombres en situaciones desesperadas, sexualmente hablando, y es por ello que las
alusiones son escasísimas, además de poder comprenderse debido a que el campo
erótico entre hombres ofrecía muchas más posibilidades que la del propio
onanismo.
III.6. Castitas-Pudicitia-Licet
Damos comienzo ahora a todo el planteamiento ideológico que nos
ofrecerá el marco adecuado para comprender este tipo de relación en la sociedad
romana. Fundamentalmente hay que tener en cuenta dos ámbitos, cuyo peso, hacen
que sean la base o los pilares de esta sociedad. Primero sería la familia; ésta
otorga al individuo sus derechos a partir de su origen y de su propia
pertenencia a esta estructura, llegando a conformar uno de los tres estados de
la personalidad jurídica en Roma: el status familiae; dado que esta
célula permite la reproducción de valores, la perduración de los ritos
ancestrales, así como la clave productiva de nuevos ciudadanos. Pero gracias a
los poemas que hemos estudiado de Catulo, sería el segundo ámbito el que nos
interesaría ahora. Esto lo podríamos denominar como el "puramente personal",
dado que arranca desde los valores del individuo. Así pues, en una relación
"homosexual" como es la que estudiamos nos encontramos con el término
amicitia, que fue, entre la aristocracia romana, la esencia de cualquier
relación privada o pública, y que junto a fides, pietas, officium, gratia,
etc... forman las bases de conducta de la aristocracia romana y los pilares
de su sociedad, dado que la vida política en Roma fue, en origen y esencia, una
extensión de la vida normal de la sociedad aristocrática, o incluso, un apartado
de ella misma, por lo que, naturalmente continuó su código tradicional de
conducta y la terminología de sus costumbres(49).
Este código tradicional de conducta confiaba absolutamente en
la perfección abstracta de la naturaleza, a la cual el hombre tenía el deber
esencial de seguir como guía; es por ello que la cualidad propia del hombre será
la dignitas, así como la de la mujer la venustas (belleza), y por
ello mismo, que el hombre tendrá que desterrar de su aspecto físico todo aderezo
y se guardará de no tener afectación en el gesto o en el movimiento, tampoco
podrá llorar -ésto está reservado a las mujeres- y aunque el afeminamiento
corporal del hombre sea "contra-natura", el mostrarse desnudo en público tampoco
es aconsejable para el hombre, (queda perfectamente clara la división entre el
mundo griego y el romano, donde además, se consideraba todo lo anterior como
costumbres griegas). No deja de llamar la atención que en Roma se pusiesen estos
cuidados, por ejemplo, respecto al desnudo, porque pensarían que un cuerpo
desnudo podría dar lugar al carácter ambiguo del amor-amicitiae, y
desembocar en "homosexualidad".
Ahora bien, la exaltación de la virilidad -que a lo largo de
los textos y nuestros comentarios hemos visto la importante presencia que tuvo-,
de esa dignitas, opuesta al afeminamiento, responde a un elogio de la
pudicitia, lo que se consideraba la virtud más íntima del alma, ya que
llevaba a la joven a permanecer casta, a la mujer casada a preservarse del
adulterio, y al hombre a prohibirse las relaciones con otros hombres, sobre todo
si son pasivas, (recordemos que los amores "heterosexuales" son los más
"naturales", precisamente, porque son procreandi causa).
Pero, entonces, ¿qué ocurrió realmente con las relaciones
amorosas entre hombres? Respecto de Cicerón(50), él no se preocupó lo más mínimo
cuando se trataba de jóvenes esclavos destinados a los placeres de sus amos,
elegidos entre sus pueri delicati, no, sino que el problema estallaba
cuando era un hombre libre quien desempeñaba las funciones de un puer, y
es aquí fundamentalmente donde radica el auténtico problema de la mentalidad
romana frente a la "homosexualidad" masculina.
En Cicerón aparece claramente como un recurso para aplastar al
adversario político, dado que por actuar "anti-naturalmente" está cambiando los
papeles a los que debería honrar, y está entrando en el campo de la
"servidumbre", o sea la negación de su propio status libertatis. Si
además le place la sumisión, ésta es calificada como patientia, y
entonces sí que se agrava el escándalo, ya que desde su status libertatis
ha elegido la "servidumbre" deliberadamente. Y curiosamente la
impudícitia está ligada a esta "servidumbre", igual que al afeminamiento,
puesto que está desempeñando un rol "anti-natura" y abandonando su auténtico
papel de hombre, por el de una mujer o un esclavo. Por lo que el calificar a un
hombre libre de "homosexual" pasivo lo lleva directamente al mundo de los
esclavos y de las mujeres.
Es decir, la "homosexualidad" masculina en Roma obedece como ya
sabemos, a normas precisas, fundamentadas por una parte en una clara distinción
entre los roles pasivo y activo, y por otra en la diferencia esencial entre
hombre libre y esclavo. Esto haría que los romanos no se preocuparan de las
relaciones que un hombre pudiera tener con sus esclavos, sino que se preocupaban
exclusivamente del stuprum infringido a un ingenuus. Por lo que
aceptan la "homosexualidad" sólo a condición de quedar del lado "bueno", el de
la fuerza y la virilidad, ya que la pasividad, la sumisión, bajo cualquier forma
que se presenten son indignas de un hombre libre, y lógicamente están reservadas
al esclavo, a la dignitas del cual la sociedad es indiferente. La
relación "homosexual", expresada bajo la forma dueño-esclavo, permanece en el
lado de la normalidad y de la natura. Lo que sí conlleva anormalidad,
incoherencia y antinatura es que los hombres libres sean los instrumentos
pasivos de las pasiones "homosexuales".
III.7. La moralidad romana de Catulo
Entramos ahora en un apartado que está íntimamente relacionado
con las disquisiciones teóricas que con respecto a los valores de la castitas
y la pudicitia acabamos de realizar. Ahora pues, vamos a rebuscar en
los poemas catulianos la forma en que tales virtudes del ciudadano romano
aparecen, teniendo en cuenta el hecho de que el poeta no era representante de
una ideología que pudiéramos calificar de tradicionalista, sino, muy al
contrario, de abierta a las influencias culturales griegas que en este momento
ganaban adeptos en Roma.
Hemos apreciado ya como Catulo considera como perfectamente
asumibles y, por tanto, manifestaciones claras de la vida cotidiana, las
relaciones adulto-jovencito, desarrollándolas incluso él personalmente, hecho
éste que resultaría incomprensible a una considerable porción de la sociedad
romana. Sin embargo, el poeta mantenía sus reservas ante cierto tipo de
actividades que ya se escapaban a su mentalidad. En el texto indica abierta y
mordazmente las prácticas de sus amigos Aurelio y Furio, postura que podría
resultar a todas luces justificada, debido a los celos que con respecto a los
citados personajes mantenía. De todas formas, aunque su reacción tenga una
explicaci6n nítida sus comentarios y amenazas simbolizarían, en alguna medida,
la postura de este grupo en el que se hallaba inserto, hacia cuestiones como la
promiscuidad en las relaciones el no respetar al amante de un amigo, la actitud
pasiva por parte de un varón adulto en una relación sexual con otros hombres, el
no asumir las obligaciones que comportaría una relación adulto-joven, etc. Todo
ello lo plasma con una serie de calificativos y expresiones que más arriba
estudiamos. Incluso nos llega a hablar de una violación con la que se castigaría
a Aurelio si no llegase a respetar a su muchacho, suplicio que aparece en el
mundo griego claramente atestiguado, la rafanídosis (51), y aunque se
tratara exclusivamente de un recurso literario del autor, lo que sí nos parece
de vital importancia es que en la sociedad romana un acto como el que hemos
señalado comportara una significación similar a la que traía consigo en
Grecia.
Por último, nos gustaría apuntar cual era la consideración de
las mujeres que se dedicaban a la prostitución, valoración que nos aparece
cuando Catulo se compara con una conmictae lupae (52). Así pues, sobre
estas mujeres recaería una consideración totalmente negativa, hecho éste que se
repite en muchas otras sociedades durante la historia, ya que el propio poeta en
un acceso de sinceridad, al compararse con ellas, se califica de inmunda ramera,
en el momento en que se encuentra más hundido y despreciado, tras haber sido
rechazados sus intentos amorosos por el joven amado.
IV. Conclusiones
Nos hemos dedicado en el presente trabajo a conocer más a fondo
una relación erótica entre dos hombres del siglo I a. C.. en Roma. Los dos
protagonistas parecen haber existido en la realidad, ya que no dudaremos de la
autenticidad de Catulo, y tampoco debemos hacerlo de la de Juvencio, personaje
éste ligado a una familia veronesa, la de los Iuuentii. El sustento de
las reflexiones efectuadas han sido seis poemas de la obra lírica catuliana, de
la que cuatro son un claro testimonio de la relación, y, nos inclinamos a
pensar, que los otros dos no suscitan duda alguna. El entomo social en el que se
inscriben las aventuras de los dos amantes corresponde al círculo intelectual de
los poetae noui o neotéricos, cuyas actividades se inscriben alrededor de
mediados de siglo. Se trata, pues, de un ambiente culto, abierto a las
influencias helénicas, helenísticas más concretamente. Dentro de semejante
mundillo tenían cabida las relaciones amorosas entre hombres, que podían
revestir formas bastante diferenciadas, abarcando desde el amor adulto-joven, a
un tipo de relaciones promiscuas, etc... Tales actividades no suponía
contradicciones con otro tipo de manifestaciones eróticas, por ejemplo en el
caso de Catulo que sostenía un contacto amoroso paralelo con una dama, Lesbia, y
con un adolescente, Juvencio. Entre las posibilidades señaladas, insertaríamos
la relación Catuto-Juvencio en el tipo configurado por un adulto y un jovencito,
en el que algunos autores han creído ver una trasposición de la paiderasteia
griega al mundo romano. Dentro del citado tipo el adulto debía presentar una
actitud activa frente al muchacho, ofreciéndole regalos, satisfaciendo sus
necesidades y desempeñando el papel "agresivo" incluso en los contactos
sexuales. Frente a ello, encontraríamos a un jovencito que se limitaba a
"dejarse amar" en todos los sentidos que dicho término trae consigo, aunque
parece ser que el caso de Juvencio no terminaba de quedar encuadrado en esos
límites. En las características definitorias de esta relación podríamos ver un
considerable, por no decir definitivo, influjo de la forma griega de educación,
en la que el varón adulto estaba encargado de instruir al joven para su vida
futura, incluyendo en tal educación todo tipo de enseñanzas. Las manifestaciones
de las actividades amorosas entre Catulo y Juvencio se descubren con nitidez a
lo largo de los seis poemas, puesto que encontramos desde las muestras de
cariño, hasta los insaciables celos de Catulo ante algunos rivales, los cuidados
y atenciones con los que obsequia a su amado, y su declarada afirmación de amor
hacia el muchachito. Sin embargo, en dicho tipo de relación existían unos
papeles marcadamente diferenciados, el activo y el pasivo, que no mantendrían
una consideración similar a la griega. Para los helénicos ni una situación ni
otra revestirían connotaciones peyorativas; muy al contrario, resultaba un honor
para los dos protagonistas de una relación el ser partícipes de la misma. Por
contra, para los romanos el rol activo no suponía orgullo alguno, pero, al
menos, no cuestionaba la virilidad del sujeto; en cambio, el papel pasivo sí
comportaba unas valoraciones peyorativas para la persona que lo desempeñaba. De
todas formas, no es el caso de peor consideración el de un puer amado por
un adulto, puesto que sería aún más degradante el que un uir
romano asumiera tales actitudes en una relación amorosa con hombres,
adoptando la posición de un esclavo, que solía ser entre los romanos, en gran
cantidad de ocasiones, el destinatario de los arrebatos amorosos de su dueño.
Por último, habría que indicar cómo la aristocracia romana presentaba un
estructurado código de valores morales, índice de la más rancia tradición, en la
que se situaba, entre otros, la idea de la castitas, muy unida a la de
pudicitia, por el cual tenían señalados unos límites específicos
para sus relaciones sexuales. Dicho código entraba en contradicción con la
existencia de aventuras o relaciones "homosexuales" estables en la misma Roma,
suscitando una reacción contraria a estas prácticas en un grupo de población, lo
cual no resultó un obstáculo para que las mismas se desarrollaran, como veremos
en referencias de autores posteriores a Catulo.
Notas: