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Nació en La
Habana el 7 de noviembre de 1863. Vivió una infancia triste y ensombrecida por
la muerte de su madre en 1868.
A los dieciséis años, junto con otro
estudiante, Antonio Mora, fundó el periódico clandestino El
Estudiante. Se estima que sus poesías fueron dadas al público por
primera vez en El Ensayo. Mantuvo correspondencia con Darío,
Díaz Mirón, Urbina, Gutiérrez Nájera, y otros poetas de aquella época. Usó
los seudónimos Alceste, Hernani, y El Conde de
Camors.
Abandonó sus estudios de leyes para dedicarse a
la literatura. Sólo salió de Cuba una vez, en rumbo a París, su ciudad soñada. Viaje que
terminó en Madrid, no logrando su destino por falta de fondos. Después de una corta y
desilusionada estancia en Madrid, regresa a Cuba. Del Casal lo estimó mejor así, para no perder "la
última ilusión".
Trabajó como
escribiente en la Intendencia de Hacienda primero y de corrector y periodista
luego. Publica su primer libro, Hojas al Viento en 1890. Después publica en
1892, Nieve y Mi museo ideal, apareciendo su volumen póstumo, Bustos y rimas en 1893. No sólo figura entre
los mayores poetas del modernismo sino que, con Martí, Gutiérrez Nájera y José
Asunción Silva, es también su precursor. En la obra de Casal podemos encontrar
todas las facetas que dieron carácter al modernismo y todos los elementos que
constituyeron la temática de ese movimiento. Fue amigo de Rubén Darío.
Son muchas las anécdotas que se le
conocen. Hemos leído que tenía pocos amigos, pero o bien no era así, o
eran muy interesantes sus amistades. María Cay fue una de estas personas.
La señorita Cay le regaló una foto a del Casal donde ella lucía un traje
de japonesa el cual usó en un baile de disfraz. Bueno, tal foto no sólo
dio lugar al poema Kakemono
de del Casal. Cuando Rubén Darío lo visitó un año más tarde, vio la foto y
la pluma del nicaragüense no se pudo contener. Para
una cubana y Para
la misma fueron inspiradas por María Cay. Debe de haber sido muy
hermosa cuando con un quimono atrapó dos inmortales.
Mantuvo una cordial amistad con el
escritor y patrón de las artes Esteban Borrero Echeverría. Atendía a las
tertulias en casa de este señor donde encontró apoyo, cariño, y un grupo
de jóvenes discípulos. Brotó una fervorosa intimidad platónica con una de
las hijas de la familia, Juana Borrero. Algunos estudiantes de literatura
consideran que del Casal y esta muchacha eran pareja espiritual. Tal
pasión dio lugar al poema
que él le dedicó a ella.
Murió la noche
del 21 de octubre de 1893, súbitamente en la sobremesa de una familia amiga
cuando sufrió la mortal rotura de un aneurisma.
Su vida fue corta y la dedicó al
periodismo, aunque lo consideraba " una institución nefasta". El Fígaro, La
Habana Elegante, etc. fueron algunas de las publicaciones cubanas de la
época en las que cultivó asiduamente la crónica social y la crítica
literaria y teatral. Fue también autor de "historias" y cuentos que
él rotulaba de
amargos, los cuales son indispensables para comprender su visión
decadente y dolorosa de " la Vida, la insoportable, la implacable
Vida".
Julián del Casal hubiese podido
figurar entre los raros de Rubén Darío, quien le llamó " hondo y
exquisito príncipe de melancolías" y " desdichado ruiseñor del
bosque de la Muerte".
Destacó también en el poema en
prosa: originales o en traducciones que eran verdaderas recreaciones,
principalmente de Catulle Mendès y de Baudelaire. Julián del Casal consideraba
a este último "el más grande poeta de nuestros tiempos".
Casals representa el
neorromanticismo decadente que marcó la sensibilidad fin de siècle. Su
obra, en verso y prosa, estuvo signada así por la presencia del dolor y la
muerte, el hastío y la inadaptación, la amargura y la impotencia, el ansia
insaciable de evasión. Su verso dio cabida a los motivos aparentemente más
exteriores del decadentismo: el amor a los climas artificiales, lujosos y hasta
enfermizos; la recreación de situaciones o personajes ambiguos y exquisitos;
variaciones sobre temas esteticistas y exóticos; y aun el regusto en lo
sórdido, tétrico y sepulcral, que es aún más visible en sus narraciones.
Dada su visión decadente del
mundo, parecida a la de un poeta maldito, se dio siempre en él la
voluntad de un arte extremadamente refinado y brillante. Esa voluntad se
sostenía en la perfección plástica lograda por la línea precisa y los
colores prestigiosos; el uso y abuso de materiales nobles; las descripciones
impecables y distanciadas de realidades exteriores que le habían llegado por
vías de la cultura y el arte; y muy especialmente, el sometimiento riguroso a
las formas más estrictas. Todo esto, lo abrevó el cubano en el Parnaso
francés.
En protesta contra la mezquindad
espiritual de su tiempo, sustituyó la realidad esta por la realidad
otra de la vivencia y las palabras artísticas, sustitución que no
puede realizarse sin su cuota humana de sufrimiento.
La conjunción o dualidad que en
Casal se da con mayor dramatismo tal vez que en sus contemporáneos de América
– dualidad de dolor y belleza, de angustia del espíritu y hermosura del
lenguaje- la resumió Martí al hablar de los
versos tristes y joyantes" de su compatriota.
Sin embargo, a través de las
opciones más característicamente decimonónicas que arriba han quedado
apuntadas, se puede ir trazando en él algo de mayor potencialidad y futuridad
estética: "el camino simbolista de Julián del Casal". Casal logra
que su intrínseca cosmovisión decadente-simbolista llegue incluso a
conformarse expresivamente en un modo afín o asimilable al simbolismo. Tratando
temas históricos, típicos del Parnaso, o desarrollando asuntos paisajísticos,
el poeta los convierte en correlatos objetivadores de sus estados anímicos,
dominados por aquellos sentimientos dolorosos antes mencionados.
En lo formal, avanzó mucho en
aquella renovación del verso castellano que señaló uno de los esfuerzos
mayores del modernismo: flexibilización acentual del endecasílabo, empleo del
terceto monorrimo, maestría en el uso del decasílabo y sobre todo del
eneasílabo.
La crítica coincide en ver a
Julián del Casal como el poeta hispanoamericano que más originalmente anticipa
el esplendor técnico y verbal de las Prosas profanas de Rubén Darío.
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