315 - 235  A. C.

 

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS  

 


Poeta y erudito griego del periodo helenístico. N. en Cirene, (actual Libia) entre  315 a 310 a. C.. De familia aristocrática (en el epigrama 23 dice que su abuelo, de su mismo nombre, era un famoso estratega), sufrió con ella, a fines del s. IV, las consecuencias de la inestabilidad política que siguió a la desmembración del Imperio de Alejandro. 

Paratenon La Asamblea de los Dioses Los Ptolomeos significaron para Cirene la seguridad y la protección, y el patriotismo de sus habitantes fue, desde que se estableció la dinastía, fidelidad a los soberanos de Egipto. En el 283 subió al poder Ptolomeo II Filadelfo, de cuyo preceptor, Filitas de Cos, fue discípulo C., así como Teócrito de Siracusa, Simios de Rodas y Hermesinacte de Colofón. De Filitas tomarán todos ellos «el interés del erudito y el deseo del literato de evitar las expresiones corrientes, lo que llevará a la poesía alejandrina a la meditada ornamentación y al barroquismo enigmático del estilo» (A. Lesky, o. c. en bibl., III). 

Parece, a través de sus textos, que en su juventud pasó algún tiempo en Atenas, donde posiblemente adquirió alguna cultura filosófica. Aunque en sus primeros años conoció «el hambre tanto como la Musa» (los Epigramas muestran al C. ardiente y joven de los a. 290-280), su vida de erudito en Alejandría le convirtió pronto en «un sabio oficial y pensionado, de costumbres regulares, que sabía usar contra los enemigos literarios de su autoridad de jefe de escuela y de su favor en la corte» (Cahen, o. c. en bibl., 17). 

Hacia 290-285 se estableció en Alejandría, donde Ptolomeo I había fundado la Biblioteca y el Museo, y su sucesor continuaba la labor de reunir y proteger a literatos y sabios de todo el mundo civilizado. No es probable que obtuviera el título oficial de bibliotecario, entre Zenodoto y Apolonio, o Eratóstenes, que lo ostentaron, pero lo que sí es seguro es que, a partir del 270, C. se dedicó casi por entero a la actividad erudita, en perjuicio de su labor literaria. M. ca. 240-235, reinando ya Evergetes, hijo de Ptolomeo II, Su última obra conocida, el Plókamos, data del 244.

De los poetas alejandrinos, C. es, junto con Teócrito y Apolonio de Rodas, quien más ha influido en la literatura posterior. Su modelo fue difundido en Roma por Partenio de Nicea (ca. 73 a. C.), y su influencia se deja ver en Ovidio, influido también por Nicandro y Filitas; Catulo tradujo una de sus obras, La cabellera de Berenice. Pero los poetas latinos dan a los modelos griegos un intimismo y sinceridad amorosa de que éstos carecen. A pesar de que representan una literatura decadente, los poetas helenísticos no merecen ser condenados, pues son víctimas del momento histórico en que viven, y se esfuerzan (Teócrito, Apolonio y el mismo C. en su primera época) por romper las limitaciones y crear formas nuevas. 

El trabajo especializado y la despersonalización propios de la cultura helenística traen consigo la tendencia a la pura erudición y el peligro de eclecticismo. A su vez, el mecenazgo ejercido por los reyes, si bien es en parte beneficioso por crear núcleos de cultura, estrecha los límites de la obra literaria, haciéndola cortesana, convencional y formalista. Ya sus contemporáneos acusaban a C. de sequedad, de abuso del empleo de formas y géneros, de incapacidad para crear una gran obra, de falta de inspiración, etc. Sus respuestas, en el prólogo de Aitía, en la Respuesta a los Telchines y en algunos epigramas, constituyen una teoría poética, y suponen nuevas concepciones del arte y la poesía: proclama por primera vez la inferioridad del poema uniforme y continuo (en el ep. 28 y en los Aitía manifiesta su desprecio por los poemas del ciclo homérico) ante el de escasa extensión (olíge lybás), de versos breves y exquisitos. Afirma que se dirige sólo a los espíritus refinados, mostrando su desdén hacia «todo lo que es público». Su obra poética, del principio al fin, le muestra como un maestro de la forma, preocupado siempre por mostrar una poco común erudición, muy valorada en su tiempo.

Su obra, que debió ser inmensa (la biografía de Suda le adjudica alrededor de 800 vol.), ha desaparecido en su mayor parte. Hasta hace unos años sólo se conocía una pequeñísima parte, pero el hallazgo de algunos papiros egipcios con fragmentos y textos completos de obras ha permitido reconstruir en parte la producción del poeta. Se conservan, en forma completa o fragmentaria: seis Himnos, dedicados a Zeus, Apolo, Delos, Palas y Démeter, respectivamente; son a la vez cantos religiosos y patrióticos, que mientras ensalzan a los dioses cantan la grandeza de los Ptolomeos. Están escritos en hexámetros o en dísticos elegíacos y su mérito es la originalidad: ninguna otra obra griega se les parece; 63 Epigramas, obras de juventud (290-280), donde la preocupación por el arte y la belleza formal se unen, sobre todo en los de tema erótico o funerario, a una clara espontaneidad y sinceridad; un poema lírico, Aitía (Los Orígenes), en 4 libros, de metro elegíaco, que narra mitos y leyendas con el fin de remontarse al origen de los cultos en las diversas regiones, escrito ca. 270; un poema épico, Hekalé, escrito también entre los a. 275 y 270, continúa en la línea poética refinada, propia del espíritu alejandrino, iniciada con los Himnos. 

Narra una leyenda, relacionada con la celebración de las ekalesias en el culto ático, referente a la vida de Teseo. Ovidio se basa en ella para un episodio de sus Metamorfosis. De esta época, la de mayor actividad poética de C., datan los fragmentos de Yambos (Iamboi) y Melos (Méle) que se conservan, y que forman, con los dos poemas citados, el conjunto de su obra de poeta «sabio». El resto, Ibis, poema en que ataca a Apolonio de Rodas (discípulo enemistado con C. hasta la muerte de éste), el Epitalamio de Arsinoe (la mujer de Ptolomeo), y dos Elegias, La Victoria de Sosibios, elogio de un protector de C., y La Cabellera de Berenice (Berenikos Plákamos, bien conocida por el poema 66 de Catulo), en honor de la mujer de Evergetes, que ofreció un bucle de su cabello a Afrodita por la vuelta del rey, es poesía de circunstancias (Cahen, o. c., 15). 

La última parte de su vida la pasó ocupado en redactar un «catálogo de todos cuantos fueron ilustres en cada rama del saber y de sus escritos», Pinakes, enmendado por Aristófanes de Bizancio (247-180), que constaba de 120 vol., con reseñas de gran parte de las obras de la Biblioteca. Con esta labor de erudito, C. abrió el camino a la filología posterior. Separaba los distintos géneros literarios y, además de ordenar alfabéticamente las obras, hacía una breve biografía del autor y tomaba posición en cuestiones de atribución, lo que supone un trabajo de búsqueda histórico-literaria (cfr. Lesky, o. c., III).

Discípulos de C., además de Apolonio de Rodas, son Hermipo de Esmirna, erudito y doxógrafo griego, Eratóstenes, poeta, matemático y filólogo, Istro y Filostéfano de Cirene.


Bibliografía

De su vastísima obra se conservan:  Himnos, Epigramas (290-280 a.C.), Aitía (Los Orígenes), ca. 270, Hekalé, escrito también entre los años 275 y 270; Ibis, poema en que ataca a Apolonio de Rodas (discípulo enemistado con C. hasta la muerte de éste); el Epitalamio de Arsinoe (la mujer de Ptolomeo), y dos Elegías, La Victoria de Sosibios, elogio de un protector de C., y La Cabellera de Berenice (Berenikos Plákamos, bien conocida por el poema 66 de Catulo).

 


 

Fuentes: : R. PFEIFFER, Callimachus, Oxford I, 1942, II, 1953; E. CAHEN, Callimaque, 5 ed. París 1961; A. LESKY, Historia de la Literatura Griega, Madrid 1968; C. IPIENS LLORCA, Estudio literario de la obra de Calímaco, Madrid 1964.

 

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