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APUNTES BIOGRÁFICOS |
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"No hay nada realmente malvado en la naturaleza" Carpocrates vivió en Alejandría durante el reinado de Adriano y en el reinado de Antoninus Pius. La fecha de su nacimiento es incierta, algunas fuentes señalan que nació en el año 130, cuando falleció Antinos; otros dicen que su enseñanza comenzó en el 130 y empezó a tener peso alrededor del 150. Lo más probable es que haya nacido un poco antes del 130 y su enseñanza creció en los años siguientes a la muerte de Adriano. Debía por tanto tener una edad cercana a la de Antinoo. Según Epifanius de Salamis,
Carpocrates nació en Asia Menor, fue un alumno de Saturninus en Antioquia y
posteriormente de Basilides en Alejandría Saturninus y Basilides fueron prominentes maestros Gnósticos que surgieron de la escuela de Menader, que seria la escuela Simon Magus, el padre del Gnosticismo y contemporáneo de Jesús. Carpocrates tuvo un hijo, según los registros históricos, llamado Epifanes (no confundir con Epiphanius, el obispo anti-herético), que continuó la labor de su padre, pero que falleció cuando tenía diecisiete años. Es probable que estuviera presente en la visita de Adriano y Antinoo a Alejandría. Sin duda, su doctrina y la antigua religión de Antinoo fueron contemporáneas, y decaerían asimismo simultáneamente. Asimismo ambas religiones o concepciones filosóficas, que se expandieron al amparo de la liberalidad de Adriano, comenzaron a ser restringidas con el sesgo del emperador Antonino hacia la unificación de la Iglesia católica. El filósofo veneraba a Jesús, pero también tenia en consideración a los filósofos Platón, Pitágoras, Aristóteles y a otras deidades. Creía que Jesús era un hombre excepcional, pero dudaba del dogma de la concepción virginal. Pensaba por otra parte que la "salvación" no solo podía darse a través de Jesús, sino que éste era un camino - entre otros- de esa salvación.
Carpocrates recomendaba que llevásemos la vida intensamente, con las experiencias de lo mas alto y lo mas profundo de la vida. En relación con la sexualidad - incluida la homosexualidad - los carpocratianos pensaban que está bendecida por la presencia de Dios. Ellos veían todas las formas de sexualidad como puras y sagradas, y por esto fueron denunciados como sexualmente extremistas. Y tal vez por esta concepción fueran finalmente denunciados. Se asocia a los carpocratianos con ritos iniciáticos de homosexualidad. * * * * * Carpocrates, natural de Alejandría, y su hijo
Epifanes, son los principales
representantes de este gnosticismo, que llamo semipagano, porque se trata de un
sistema compuesto, casi en totalidad, de doctrinas pitagóricas y platónicas.
Puede decirse que todo el cristianismo del sistema carpocraciano se reducía a considerar a Cristo como un hombre extraordinario en ciencia y
comunicación con Dios; como un maestro que enseñó la vanidad de la idolatría;
como un alma unida íntimamente a la Mónada o Dios supremo, del cual recibió
iluminaciones especiales y el poder de hacer milagros. Solían también aducir o
alegar algunos textos del Evangelio en comprobación de sus afirmaciones,
siquiera fueran absurdas, como cuando pretendían probar la metempsícosis,
alegando el texto o capítulo V del Evangelio de San Marcos. Aparte de estos débiles vestigios de cristianismo, la doctrina de Carpocrates no es más que la doctrina de Platón, amalgamada y combinada en algunos puntos con las tradiciones de Pitágoras. Dios, ser primordial, eterno e increado, es unidad absoluta, es la Mónada de la cual nacen por emanaciones graduales y descendentes multitud de seres. Las primeras y más nobles emanaciones constituyen y representan los seres de que se compone el mundo superior, el mundo de los espíritus, el mundo inteligible: el mundo terrestre, que sirve de morada a los hombres, es una manifestación remota e imperfecta de la Mónada divina; debe su origen inmediato a los espíritus o seres inferiores del mundo inteligible. El alma racional pertenece al mundo superior, y existió antes de su unión con
el cuerpo, en el cual se halla como prisionera y desterrada; pero conserva las
aspiraciones propias de su naturaleza espiritual y divina. En virtud de este
principio divino y sobremundano que en ellos anida, algunos hombres elevándose
sobre las leyes ordinarias de la naturaleza y sobre las pasiones de la
humanidad, y excitando y vigorizando la reminiscencia de la felicidad que
gozaban en su vida superior y anterior, llegan a la unión gnóstica, a la unión
íntima e intuitiva con el Ser divino, con la Mónada primordial. Cuando el hombre
llega a esta unión absorbente e íntima con la Divinidad, en la cual consisten la
felicidad suprema y la gnosis perfecta, desaparecen para él la diferencia de
cultos y religiones, la distinción entre lo justo e injusto, entre el vicio y la
virtud. Todo es indiferente y lícito al gnóstico que ha llegado a este estado
(molinosismo, iluminados); ni las pasiones ni el pecado pueden tener parte de
él, ni mancharle. Las almas humanas están sujetas a la transmigración, mientras que no adquieren la gnosis perfecta por medio de la absorción y de la unión íntima con Dios. San Ireneo afirma que Carpocrates enseñaba que, para librarse de la transmigración, era preciso entregarse a todo género de acciones malas y experimentar todos lo placeres. En todo caso, es cierto que la indiferencia gnóstica de los carpocracianos conduce lógicamente a la abolición de toda ley moral y a la práctica de las orgías horribles que la historia atribuye a estos sectarios. Dícese que en las juntas daban culto, o, mejor dicho, reverenciaban las efigies de Pitágoras, de Platón y de Jesús, lo cual se halla ciertamente en armonía con su doctrina cristológica. En los escritores antiguos encontramos frecuentes testimonios de la influencia que en el gnosticismo ejercieron las ideas pitagóricas. Del arriba citado Valentín, el más notable acaso de los gnósticos, escribe Filostorgio que tenía más de pitagórico que de cristiano: Pythagoricus magis quam christianus.
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