1907  -  1973

POETA ENTRE DOS PAISES

ES POSIBLE ACORDAR con Auden acerca de que "la poesía no hace que sucedan cosas", como escribió en un poema memorable. Es posible que esa percepción dominara su ánimo, en los oscuros días en que decidió marcharse de Europa rumbo a los Estados Unidos, a comienzos de 1939. Lo cierto es que el poeta de esos versos fatales es también el hombre que dos años antes se casó con Erika Mann (la hija de Thomas Mann dirigía en Berlín un cabaret antinazi), a fin de darle un pasaporte inglés y facilitar su salida de Alemania, librándola de un destino incierto. El gesto de Auden, anterior a la escritura del poema, no queda abolido por éste; ambos suponen el registro de una dualidad: allí donde "la poesía" se muestra prescindente sobre la marcha de los asuntos humanos, o incluso, se vuelve inocua frente a los males de la Historia, un poeta, en tanto hombre que vive y transita su época, aún tiene algo por hacer.

Auden supo convivir con esa dualidad. Si bien durante más de una década asumió un verdadero compromiso con la izquierda, mantuvo a su poesía a prudente distancia de sus convicciones políticas, como una forma de preservarla de cualquier clase de tiranía. Del mismo modo postula una imagen de poeta que se aleja de la figura encarnada en el Phatos romántico, imagen despojada de rasgos heroicos, que soslaya toda pretensión de superioridad. Para Auden "el poeta es mucho más semejante a un hijo de vecino que a Kelley o a Sheats. Lleva el pelo corto, botines, sombrero de hongo, traje a rayas finas y va a trabajar al banco en el tren local". La inversión de letras en los nombres de Shelley y Keats no hace más que resaltar, con la ironía, la índole de su postura.

La dimensión ética de Auden queda reflejada en la valentía a la hora de asumir un compromiso con el presente y sus semejantes, a la vez que construye una obra donde, por encima de todas las cosas, mantiene "la sacralidad de la lengua". El propio Auden resume de manera brillante su postura en una entrevista: "Un poeta, en tanto poeta, tiene una sola obligación política, y es que su propia escritura dé un ejemplo del uso correcto de su lengua materna que siempre está siendo corrompida. Cuando las palabras pierden su significado, se impone la fuerza física".

DE YORK A OXFORD. Hijo del médico George Augustus y de Constante Rosalie Bicknell, Wystan Hugh Auden nació en York, Inglaterra, el 21 de febrero de 1907. Un año después su familia se traslada a Birmingham, donde el padre ejercerá la medicina y dictará clases de salud pública en la universidad. El gran legado de su padre será la pasión por las sagas islandesas: "su familia provenía de una región que sirvió una vez de cuartel general vikingo", recordará el poeta en una entrevista. Por otra parte, en 1936 y por encargo de una editorial visitará Islandia, la tierra mítica de sus antepasados, lo que dará como resultado Letters from Iceland. El libro fue escrito en colaboración con el poeta Louis McNeice, con quien compartiera la experiencia del viaje.

En Gresham's School, en Norfolk, cursa sus estudios secundarios, especializándose en biología. Una vez en Oxford se matricula en el Christ Church College, en el curso de filología inglesa. Antes de decidir sus estudios superiores, antes incluso de descubrir su vocación poética, Auden quería ser geólogo o ingeniero de minas. En cualquier caso, la relación entre el trabajo del geólogo y el del poeta tal vez no sea arbitraria. Ambos se afirman en la pasión por sumergirse: lo que en uno es hundirse en la compleja trama del lenguaje, en otro es la manifiesta voluntad por penetrar las múltiples capas de la tierra. Ambos buscan a su modo, una modesta fortuna. Ambos, en ocasiones, la encuentran.

Un rasgo peculiar en el modo en que Auden se sumerge en la materia del lenguaje, es la tensión que condensa su poesía entre la "belleza poética" (entendida como la cualidad de la lengua para procurar el encantamiento verbal) y una obstinada inclinación por decir la verdad. En el breve poema "Epitafio de un tirano" expresa con maestría esa tensión: "La perfección, de cierto tipo, era su meta,/ la poesía que inventaba era fácil de entender,/ conocía la estupidez humana como la palma de la mano/ y mucho le interesaban los ejércitos y la armada;/ cuando sonreía, los respetables senadores estallaban de risa,/ y cuando lloraba los niños morían en las calles".

El paso de Auden por Oxford significó, por un lado, la reafirmación de su vocación poética, y por otro, el hecho de vincularse con quienes serían sus camaradas de generación: Stephen Spender, Louis McNeice, Cecil Day Lewis, y Christopher Isherwood. Con este último en realidad, compartía una amistad desde los años de la escuela primaria.

En Un mundo dentro del mundo, su libro de memorias, Stephen Spender traza un retrato luminoso de esos años, donde la figura del joven Auden se recorta sobre el resto del grupo, revelándose como el personaje de talento y madurez creativa más desarrollados. Si bien tenía sólo dos años más que Spender, éste recuerda de qué manera Auden ocupaba el centro de la escena: "Cuando fui a hacerle mi primera visita, estaba sentado en la penumbra, con las ventanas echadas y una lámpara sobre la mesa, junto a su codo, de modo que él me veía con claridad y yo sólo veía la luz que se reflejaba en su cara pálida. Tenía un cabello casi albino y los ojos apenas pigmentados y muy juntos, lo que daba la impresión de un estrabismo vigilante".

Esta postura no remediaba lo que Spender señala como una debilidad, una carencia en la personalidad de su condiscípulo: "Auden, a pesar de su gran capacidad de percepción, carecía de algo en materia de relaciones humanas. Forzaba demasiado las situaciones, hacía que cada uno se volviese demasiado consciente de ser observado. (...) A veces daba la impresión de estar llevando a cabo un juego intelectual consigo mismo y con los demás, y esto implicaba que, a la larga, quedase más bien aislado". Su paso por la universidad culmina en 1928 con la edición de su primer libro Poems, un pequeño volumen que edita Spender en su imprenta de Oxford. Se trató en realidad de una edición casi privada, de sólo cuarenta y cinco ejemplares.

DE LA EMOCION A LAS PALABRAS. "A finales de los años veinte y principios de los treinta, Auden agarró la poesía inglesa por el pescuezo y le hundió la cara con fuerza en la modernidad". Seamus Heaney, Premio Nobel de Literatura 1995, es quien caracteriza de este modo la entrada del poeta en el mundo literario. En cierto sentido, las mayores innovaciones que había producido la poesía escrita en lengua inglesa en lo que iba del siglo, venían del otro lado del Atlántico, de la mano de T.S. Eliot y, sobre todo, de Ezra Pound. Luego Auden, que tenía su propio olimpo poético, donde solía incluir a Wilfred Owen, G.M. Hopkins, A.E. Housman, W.B. Yeats y al propio Eliot, sacudió la poesía de su país estableciendo a su vez un puente con la tradición. Auden es un poeta "absolutamente moderno", como quería Rimbaud, que sin embargo descree de las rupturas extremas de las vanguardias, cuando parecen querer complacer, antes que nada, a un gesto. El apego que tiene por los aspectos formales de la poesía, lo llevó a trabajar en los más variados estilos y técnicas. Puede decirse que no dejó forma poética sin experimentar. "Cuando uno ha aprendido a hacer algo debe empezar a hacer algo distinto", declara.

En 1930 aparece en The Criterion, la prestigiosa revista que dirigía Eliot, "Paid on Both Sides: A Charade", una pieza dramática en verso. Esta obra, junto a treinta nuevos poemas, darán forma al libro Poems, publicado el mismo año. El Auden de esa época propone una poesía hermética, de contornos oscuros. Hermetismo y oscuridad que recuerdan a Montale cuando habla de "poesías que no se entienden y sin embargo piden de modo evidente ser entendidas, es decir juzgadas como obras de arte, como obras de efectiva comunicación". Poemas que se ofrecen como edificios verbales de difícil aprehensión, paisajes donde el sentido queda en suspenso una y otra vez, y una imagen extraña, compleja, se adueña de pronto de la escena: "Tu mano repentina/ humillará el gran/ orgullo, lo quebrantará, dejará como muñones los viejos sistemas que aguardan/ la última transgresión del mar".

Se ha insistido, quizás demasiado, en la influencia que ejercieron sobre el poeta, tanto el marxismo como las teorías psicoanalíticas de Freud. Sin embargo, el conjunto de estas ideas debe ser tomado, antes que nada, como un contexto, un mero punto de apoyo desde el cual Auden despliega su particular instinto poético.

En la poesía de estos años abundan escenas con espías, enemigos ocultos, pasos de frontera, imágenes de la ruina industrial. A esto se agrega el vitalismo de una juventud que debe, irremediablemente, enfrentarse a la generación de los padres. Otro rasgo que empieza a insinuarse, y que en el devenir de la obra será una constante, es el diálogo que el poeta establece con el Tiempo y la Historia.

Pero si algo está en el centro de esta poesía, si algo constituye su núcleo, es el modo en que Auden concibe el "yo poético". Auden deplora la idea de una poesía que sea autoexpresión. Cuando en sus versos aparece la primera persona, la voz de ese "yo" debe ser escuchada como una voz universal dirigida a un interlocutor ideal. A su vez Auden evidencia una mirada clínica sobre el mundo y las cosas que, unida a su sentido del humor y la apelación a la ironía, ponen al descubierto el trabajo del poeta sobre la emoción. En ese sentido protege a su poesía de los efectos no deseados de la sensibilidad del "yo" lírico.

"Desaparecidos", "1929", "Paysage moralisé", son algunos de los mejores poemas de esa época. Pero donde quizás se manifiesten con mayor claridad los atributos del poeta, es en el gran poema "A continuación, Venus pronunciará unas palabras". Allí el poeta presta su voz a la diosa, quien pronuncia un discurso sobre la futilidad del destino humano, sobre su efímera condición. En un pasaje se lee: "últimamente mi invento más inteligente fue la piel;/ alguna vez fueron los lagartos, pero tardaban años en reproducirse/ y no podían controlar la temperatura de la sangre". En otro pasaje, la idea se exaspera, se vuelve terminante: "los romanos tuvieron un idioma en su día/ y con él ordenaron la construcción de caminos, pero tenía que morir./ Vuestra cultura no puede sino desaparecer".

En la década que va desde su egreso de Oxford hasta su partida a los Estados Unidos, Auden pasará una temporada en Berlín (1928-1929), donde recibirá la influencia de la poesía alemana y el teatro de Brecht; será maestro en Helensburgh (Escocia), y luego en Colwall; viajará a Islandia, China y España. Son años de gran producción, en los que además de poesía, escribe teatro (en colaboración con Isherwood) y guiones para cine. Para entonces, Auden ya era considerado el poeta inglés más importante de su generación.

ESPAÑA 1937. "La lucha en España ha sido como unos rayos X para las mentiras sobre las que está basada nuestra civilización". La afirmación de Auden capta en gran medida un estado de ánimo compartido por muchos escritores e intelectuales en Inglaterra. Cuando Nancy Cunard y la revista Left Wing hicieron una encuesta entre los escritores ingleses, para saber de qué lado se encontraba cada uno frente al conflicto español, sólo cinco de ellos, (entre los que se contaba Evelyn Waugh), apoyaban a los nacionalistas. Si T.S. Eliot, H.G. Wells, Vita Sackville West, formaban parte de los dieciséis que se manifestaron neutrales, el resto de los encuestados, unos cien escritores, se declararon a favor de la República. Además de Auden, el grupo mayoritario estuvo compuesto por Samuel Beckett, Aldous Huxley, Cyril Connolly, Ford Madox Ford y Stephen Spender, entre otros.

Para algunos de estos escritores el apoyo a la República se tradujo en la posibilidad cierta de pasar a la acción. Auden se alistó como brigadista, ocupando un lugar como camillero en una unidad sanitaria. De todos modos no es mucho lo que el gobierno republicano dejaba hacer a los intelectuales, ya que consideraba que la sola presencia de estos en territorio español, era la mejor forma de publicitar la causa. Auden permaneció poco tiempo en España, regresando a Inglaterra con cierta desilusión por lo visto y oído, sobre todo en cuanto al trato recibido por los sacerdotes de parte del bando de la República.

La secuela artística de esta experiencia es "Spain 1937". El poema fue publicado por Faber & Faber, y las ganancias destinadas a la ayuda médica durante el conflicto. El poema es mucho más que un llamado a la defensa de la causa de la libertad en España. Es a la vez una compleja fábula moral que trasciende el tema, donde el autor establece un diálogo posible entre el pasado, el porvenir, y un presente dominado por la urgencia, la necesidad de tomar una decisión que podría en cierta forma, determinar el curso de la Historia.

Auden evoca el pasado en imágenes que subrayan las conquistas del hombre sobre los elementos: "Ayer la invención/ de ruedas y relojes, la doma/ de caballos. Ayer el pujante mundo de los navegantes", o por ejemplo, "Ayer la instalación de dinamos y turbinas,/ el tendido de líneas férreas en el desierto de la colonia". El pasado es referido también en su carácter mítico: "Ayer la fe en el valor absoluto de Grecia,/ el telón que caía sobre la muerte del héroe" del mismo modo que aparece bajo la forma de la impiedad fanática: "el juicio a los herejes entre columnas de piedra;/ ayer las disputas teológicas en las tabernas/ y las curas milagrosas en las fuentes;/ ayer los aquelarres". A estas imágenes el poeta contrapone, como un leitmotiv, "Pero hoy la pelea". El presente asalta con su inmediatez, revelando a la Historia en su carácter de continuo devenir. El presente le habla a los hombres, la fuerza vital inquiere, demanda: "¿Qué proponéis? ¿Construir la ciudad justa? Lo haré./ Pero muy bien, acepto, pues soy/ vuestra elección, y vuestra decisión. Sí, soy España".

La perspectiva del futuro se dibuja con los trazos de la duda y la ironía, conjuga la ilusión y cierta dosis de desencanto: "Mañana, tal vez, el futuro: las investigaciones acerca de la fatiga/ (...)/ mañana la ampliación de la percepción gracias a la respiración y la dieta". Y otra vez el presente, la lucha, imágenes terribles, de lucidez extrema: "Hoy el incremento inevitable de las perspectivas de la muerte,/ la aceptación consciente de la culpa en el asesinato;/ hoy los talentos desperdiciados/ en el chato y efímero panfleto y en la reunión tediosa". El final es oscuro, incierto, lleno de imágenes impregnadas de inquietud y desasosiego: "Las estrellas han muerto. No mirarán los animales./ Hemos quedado solos con este nuestro día, y el tiempo ya se acaba,/ y la historia podrá compadecerse del vencido/ pero no darle ayuda ni perdón". El poema es tremendo, complejo, atravesado por una belleza triste y conmovedora.

HACIA AMERICA. Con la guerra española Auden comienza el paulatino abandono de la izquierda, que habrá de hacerse definitivo con la firma del pacto nazi-soviético. A fines de 1938 el poeta maduró la idea de emigrar hacia América. Comenzaba a sentirse incómodo con la vida cultural de su país: "Inglaterra era un lugar pequeño. Uno conocía a todo el mundo. Era como una familia. Yo amaba a mi familia, pero no quería vivir con ella", recordará años después.

El 18 de enero de 1939 Auden e Isherwood se embarcaron rumbo a los Estados Unidos a bordo del transatlántico francés "Champlain". A poco de llegar, la muerte del gran poeta irlandés W.B. Yeats, va a dar motivo a uno de los poemas más famosos de Auden. "En memoria de W.B. Yeats" será publicado el 8 de marzo en The New Republic y recopilado un año después en Another Time. Si bien el poema sigue el modelo de la elegía pastoril, pronto combina la forma tradicional con el tono inconfundible de su autor. Versos que persiguen el equilibrio entre el dolor ante la muerte, y la expresión no exaltada de ese dolor: "Desapareció en lo más crudo del invierno./ (...) se hundió el mercurio en las fauces del moribundo día? Los pocos instrumentos que tenemos confirman/ que el día de su muerte fue muy oscuro y frío". A lo largo de sus tres partes el poema se vuelve un muestrario de los recursos de Auden: su sentido del metro y la rima, riqueza de las imágenes, construcciones complejas de gran precisión que parten de un léxico más bien sencillo, acaso siguiendo un precepto autoimpuesto según el cual "inclusive el poema más puro, en el sentido francés del término, está hecho de palabras, que no son la propiedad del poeta sino la creación comunitaria del grupo lingüístico al que pertenece, de manera que su significado puede ser buscado en un diccionario".

Cuando Alemania invade Polonia, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial, Auden escribe "Setiembre 1º, 1939", un poema que comprende en su justa dimensión la tragedia colectiva que se aproxima. El poema es un largo monólogo donde la voz que habla es la de un yo anónimo, a la manera en que el poeta suele utilizar la primera persona. Esa voz expresa un decir sobre el tiempo oscuro que ha llegado. El futuro se hizo presente bajo la forma del mal, un mal que trasciende los dolores personales, para instalarse en el sitio de las desgracias universales: "mientras muere la inteligente esperanza/ de una década baja y deshonesta,/ sintiendo las olas de miedo y de ira/ que circulan sobre las brillantes/ y oscurecidas naciones de la tierra,/ obsesionando nuestra vida privada;/ el olor indecible de la muerte/ ofende la noche de setiembre".

El poema fue publicado inicialmente en el periódico The New Republic, incluido luego en Collected Poetry (1945), para ser finalmente suprimido por su autor en las posteriores recopilaciones de su obra. Para Auden representaba la clase de poema que habría seguido escribiendo de haber permanecido en Inglaterra. Para el crítico Charles Osborne "un artista tiene derecho a alterar su obra", y consiente que "Auden pudo haber suprimido "Setiembre 1‚, 1939", pero agrega que "es posible asegurar que sus lectores jamás lo hicieron, y tampoco lo hará la posteridad, porque es un poema conmovedor".

LA CONVERSION. EL AMOR. Para Auden, establecerse en los Estados Unidos, no sólo significó abandonar su país de nacimiento. Supuso además el estallido de una profunda crisis personal. Desencantado definitivamente del ideario marxista, la vida del poeta se precipitó en un proceso que culminaría con su conversión al cristianismo. La entendió de manera ecuménica: pensaba que "la Verdad es católica, pero la búsqueda de la verdad es protestante". Para esa época recibió la influencia de la filosofía de Kierkegaard y los escritos teológicos de Reinhold Niebuhr.

En 1940 publica Another Time, donde recoge la producción de los últimos años. El volumen da cuenta de la amplitud de registros de la que es capaz su autor, e incluye desde una serie de baladas y canciones cercanas en el tono y la estructura a la poesía de tipo popular y folklórica, hasta las elegías en memoria de W.B. Yeats, Sigmund Freud y Ernst Toller. El libro muestra, una vez más, algunos de los logros más celebrados de su autor. Auden es un experto en el arte de la precisión, en hacer de la imagen un complejo mecanismo verbal donde cada palabra encuentra su sitio exacto. Su lectura depara en ocasiones, extrañamiento, a la vez que despierta en el lector, el gesto de asentir ante una verdad que no admite contrariedades. Como en el poema "Rimbaud", cuando escribe: "En ese niño la mentira del retórico/ explotó como un caño: el río lo convirtió en poeta", o en el mismo poema: "el verso era una enfermedad especial de los oídos". El libro abunda en ejemplos felices, como los poemas "Musée des beaux arts", "Voltaire en Ferney", "Dover", entre otros, y muestra al poeta en toda su madurez.

Auden es un autor prolífico. Entre la producción de esos años se destacan The sea and the mirror (1944), poema dramático que reviste la forma de comentario a La tempestad de Shakespeare; The Age of Anxiety (1947), escrito bajo el influjo de su conversión, y The Shield of Achilles (1955).

Al tiempo que se constituía en una de las voces más importantes de la poesía de este siglo, Auden se dedicó a la enseñanza, primero en Ann Arbor y luego en Swarthmore. Asimismo cabe señalar su trabajo como ensayista y libretista de ópera. Escribió, para el músico Hans Werner Henze, Elegía para jóvenes amantes, y para Stravinsky, La carrera del libertino, esta última en colaboración con Chester Kallman, quien fuera su amor durante treinta años.

La condición homosexual de Auden aparece en varios de sus poemas, sin llegar a constituir un eje de preocupación ética o estética. A diferencia de muchos escritores homosexuales, no hace de su opción amorosa un tema en sí, siendo sus poemas de amor, sencillamente, poemas de amor. Como el bellísimo "Lo primero es lo primero", de fines de los años cincuenta, donde una tormenta, con sus estruendos y sus leves sonidos, acerca a los oídos del yo-narrador la posibilidad de una lengua amorosa que evoque la figura del amado. El poema avanza en una atmósfera de encantamiento por las palabras que la lluvia pudo suscitar. Hacia el final, el encantamiento se quiebra, el narrador es asaltado por la conciencia de la inmediatez, que sin desmentir a la tormenta en su capacidad para cifrar una lengua amorosa,establece una lógica hacia otra dirección de lo real: "Agradecido dormí hasta una mañana que se negaba a decir/ Hasta qué punto creía en lo que yo decía que había dicho la tormenta/ Y que tranquilamente atrajo mi atención a lo que había sido hecho? --Tantos metros cúbicos más en la cisterna/ Contra un verano leonino--, poniendo lo primero en lo primero:/ Miles han vivido sin amor, pero nadie sin agua".

A AMBOS LADOS DEL ATLANTICO. A partir de 1948, Auden, que dos años antes había adoptado la ciudadanía norteamericana, alternó su estancia en Nueva York con viajes a Europa durante el verano, primero a Ischia, y luego, a partir de 1958, Kirchstetten. Las autoridades municipales de ese pequeño pueblo de Austria, de apenas ochocientos habitantes, decidieron en vida del poeta, poner su nombre a la calle donde estaba su casa. Por otra parte, hacia la misma época le fue otorgada una cátedra en Oxford, lo que lo obligaba a pasar algunos meses del año allí.

Auden jamás dejó de experimentar con las formas poéticas. En Homage to Clio (1960) incluye como interludio entre la primera y la segunda parte del libro, "Dichtung und Wahrheit. (An Unwritten Poem)". Este "poema" es en verdad, como lo indica la parte en inglés del título, (la parte en alemán está tomada del libro de Goethe Poesía y verdad) "un poema no escrito". Es una serie de cincuenta textos breves o aforismos que giran en torno a lo que significan las palabras "Yo te amo", en un poema, y en última instancia, una lúcida meditación sobre la imposibilidad de escribir poemas de amor.

De su última producción, "Acción de gracias por un hábitat" es uno de sus trabajos más logrados. Se trata en realidad de una serie de doce poemas que forman una unidad alrededor del tema de "la casa", y los modos posibles de habitarla, donde establece una verdadera "poética del espacio", como la imaginó Bachelard. El poeta pasea al lector a través de habitaciones, sótanos, baños. Lo invita a asomarse a las ventanas, subir las escaleras, compartir el ritual de una cena, la lectura de un libro, llegando a entramar una fisiología de los hábitos y costumbres del animal humano. El texto muestra al poeta del humor y la ironía, al de la mirada que atraviesa el Tiempo y la Historia. El poeta que, para narrar "El Nacimiento de la Arquitectura" escribe: "Desde la tumba de galería y la caza de un rey troglodita/ hasta la Misa Rezada y el campamento de caravanas/ hay escasamente un tic del reloj de carbono, pero yo/ no mido así, ni tampoco tú:/ hace ya millones de latidos de corazón/ que pasó la Era de la Bicicleta".

En forma póstuma será publicado Thank You, Fog, libro sobre el que trabajaba Auden antes de morir. La edición de sus Collected Poems, a cargo de Edward Mendelson según las directivas del poeta, recoge todas las modificaciones que éste hiciera, correcciones, supresiones de poemas, y la particularidad de agrupar la totalidad de su producción por períodos de años, y no por los títulos originales de los libros.

Joseph Brodsky, epígono confeso de Auden, a quien conociera tras ser expulsado de la Unión Soviética, narra en "Complacer a una sombra" el último encuentro que tuvo con el maestro: "Lo vi por última vez en julio de 1973, en una cena en casa de Stephen Spender, en Londres. Wystan estaba sentado allí ante la mesa, con un cigarrillo en su mano derecha y un vaso en la izquierda, disertando largamente sobre el tema del salmón frío. Debido a que la silla era demasiado baja, la dueña de casa había colocado debajo de él dos tomos maltrechos del "Oxford English Dictionary". Pensé entonces que estaba viendo al único hombre que tenía derecho a utilizar aquellos volúmenes como asiento".

W.H. Auden murió en Viena el 29 de setiembre de 1973. *

 

 

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO