POETA ENTRE DOS
PAISES
ES POSIBLE ACORDAR con Auden acerca de que "la poesía no hace que sucedan
cosas", como escribió en un poema memorable. Es posible que esa percepción
dominara su ánimo, en los oscuros días en que decidió marcharse de Europa rumbo
a los Estados Unidos, a comienzos de 1939. Lo cierto es que el poeta de esos
versos fatales es también el hombre que dos años antes se casó con Erika Mann
(la hija de Thomas Mann dirigía en Berlín un cabaret antinazi), a fin de darle
un pasaporte inglés y facilitar su salida de Alemania, librándola de un destino
incierto. El gesto de Auden, anterior a la escritura del poema, no queda abolido
por éste; ambos suponen el registro de una dualidad: allí donde "la poesía" se
muestra prescindente sobre la marcha de los asuntos humanos, o incluso, se
vuelve inocua frente a los males de la Historia, un poeta, en tanto hombre que
vive y transita su época, aún tiene algo por hacer.
Auden supo convivir con esa dualidad. Si bien durante más de una década
asumió un verdadero compromiso con la izquierda, mantuvo a su poesía a prudente
distancia de sus convicciones políticas, como una forma de preservarla de
cualquier clase de tiranía. Del mismo modo postula una imagen de poeta que se
aleja de la figura encarnada en el Phatos romántico, imagen despojada de rasgos
heroicos, que soslaya toda pretensión de superioridad. Para Auden "el poeta
es mucho más semejante a un hijo de vecino que a Kelley o a Sheats. Lleva el
pelo corto, botines, sombrero de hongo, traje a rayas finas y va a trabajar al
banco en el tren local". La inversión de letras en los nombres de Shelley y
Keats no hace más que resaltar, con la ironía, la índole de su postura.
La dimensión ética de Auden queda reflejada en la valentía a la hora de
asumir un compromiso con el presente y sus semejantes, a la vez que construye
una obra donde, por encima de todas las cosas, mantiene "la sacralidad de la
lengua". El propio Auden resume de manera brillante su postura en una
entrevista: "Un poeta, en tanto poeta, tiene una sola obligación política, y
es que su propia escritura dé un ejemplo del uso correcto de su lengua materna
que siempre está siendo corrompida. Cuando las palabras pierden su significado,
se impone la fuerza física".
DE YORK A OXFORD. Hijo del médico George Augustus y de Constante Rosalie
Bicknell, Wystan Hugh Auden nació en York, Inglaterra, el 21 de febrero de 1907.
Un año después su familia se traslada a Birmingham, donde el padre ejercerá la
medicina y dictará clases de salud pública en la universidad. El gran legado de
su padre será la pasión por las sagas islandesas: "su familia provenía de una
región que sirvió una vez de cuartel general vikingo", recordará el poeta en
una entrevista. Por otra parte, en 1936 y por encargo de una editorial visitará
Islandia, la tierra mítica de sus antepasados, lo que dará como resultado
Letters from Iceland. El libro fue escrito en colaboración con el poeta
Louis McNeice, con quien compartiera la experiencia del viaje.
En Gresham's School, en Norfolk, cursa sus estudios secundarios,
especializándose en biología. Una vez en Oxford se matricula en el Christ Church
College, en el curso de filología inglesa. Antes de decidir sus estudios
superiores, antes incluso de descubrir su vocación poética, Auden quería ser
geólogo o ingeniero de minas. En cualquier caso, la relación entre el trabajo
del geólogo y el del poeta tal vez no sea arbitraria. Ambos se afirman en la
pasión por sumergirse: lo que en uno es hundirse en la compleja trama del
lenguaje, en otro es la manifiesta voluntad por penetrar las múltiples capas de
la tierra. Ambos buscan a su modo, una modesta fortuna. Ambos, en ocasiones, la
encuentran.
Un rasgo peculiar en el modo en que Auden se sumerge en la materia del
lenguaje, es la tensión que condensa su poesía entre la "belleza poética"
(entendida como la cualidad de la lengua para procurar el encantamiento verbal)
y una obstinada inclinación por decir la verdad. En el breve poema "Epitafio de
un tirano" expresa con maestría esa tensión: "La perfección, de cierto tipo,
era su meta,/ la poesía que inventaba era fácil de entender,/ conocía la
estupidez humana como la palma de la mano/ y mucho le interesaban los ejércitos
y la armada;/ cuando sonreía, los respetables senadores estallaban de risa,/ y
cuando lloraba los niños morían en las calles".
El paso de Auden por Oxford significó, por un lado, la reafirmación de su
vocación poética, y por otro, el hecho de vincularse con quienes serían sus
camaradas de generación: Stephen Spender, Louis McNeice, Cecil Day Lewis, y
Christopher Isherwood. Con este último en realidad, compartía una amistad desde
los años de la escuela primaria.
En Un mundo dentro del mundo, su libro de memorias, Stephen Spender
traza un retrato luminoso de esos años, donde la figura del joven Auden se
recorta sobre el resto del grupo, revelándose como el personaje de talento y
madurez creativa más desarrollados. Si bien tenía sólo dos años más que
Spender,
éste recuerda de qué manera Auden ocupaba el centro de la escena: "Cuando fui
a hacerle mi primera visita, estaba sentado en la penumbra, con las ventanas
echadas y una lámpara sobre la mesa, junto a su codo, de modo que él me veía con
claridad y yo sólo veía la luz que se reflejaba en su cara pálida. Tenía un
cabello casi albino y los ojos apenas pigmentados y muy juntos, lo que daba la
impresión de un estrabismo vigilante".
Esta postura no remediaba lo que Spender señala como una debilidad, una
carencia en la personalidad de su condiscípulo: "Auden, a pesar de su gran
capacidad de percepción, carecía de algo en materia de relaciones humanas.
Forzaba demasiado las situaciones, hacía que cada uno se volviese demasiado
consciente de ser observado. (...) A veces daba la impresión de estar llevando a
cabo un juego intelectual consigo mismo y con los demás, y esto implicaba que, a
la larga, quedase más bien aislado". Su paso por la universidad culmina en
1928 con la edición de su primer libro Poems, un pequeño volumen que
edita Spender en su imprenta de Oxford. Se trató en realidad de una edición casi
privada, de sólo cuarenta y cinco ejemplares.
DE LA EMOCION A LAS PALABRAS. "A finales de los años veinte y principios
de los treinta, Auden agarró la poesía inglesa por el pescuezo y le hundió la
cara con fuerza en la modernidad". Seamus Heaney, Premio Nobel de Literatura
1995, es quien caracteriza de este modo la entrada del poeta en el mundo
literario. En cierto sentido, las mayores innovaciones que había producido la
poesía escrita en lengua inglesa en lo que iba del siglo, venían del otro lado
del Atlántico, de la mano de T.S. Eliot y, sobre todo, de Ezra Pound. Luego
Auden, que tenía su propio olimpo poético, donde solía incluir a Wilfred Owen,
G.M. Hopkins, A.E. Housman, W.B. Yeats y al propio Eliot, sacudió la poesía de
su país estableciendo a su vez un puente con la tradición. Auden es un poeta
"absolutamente moderno", como quería Rimbaud, que sin embargo descree de las
rupturas extremas de las vanguardias, cuando parecen querer complacer, antes que
nada, a un gesto. El apego que tiene por los aspectos formales de la poesía, lo
llevó a trabajar en los más variados estilos y técnicas. Puede decirse que no
dejó forma poética sin experimentar. "Cuando uno ha aprendido a hacer algo
debe empezar a hacer algo distinto", declara.
En 1930 aparece en The Criterion, la prestigiosa revista que dirigía
Eliot, "Paid on Both Sides: A Charade", una pieza dramática en verso. Esta obra,
junto a treinta nuevos poemas, darán forma al libro Poems, publicado el
mismo año. El Auden de esa época propone una poesía hermética, de contornos
oscuros. Hermetismo y oscuridad que recuerdan a Montale cuando habla de
"poesías que no se entienden y sin embargo piden de modo evidente ser
entendidas, es decir juzgadas como obras de arte, como obras de efectiva
comunicación". Poemas que se ofrecen como edificios verbales de difícil
aprehensión, paisajes donde el sentido queda en suspenso una y otra vez, y una
imagen extraña, compleja, se adueña de pronto de la escena: "Tu mano
repentina/ humillará el gran/ orgullo, lo quebrantará, dejará como muñones los
viejos sistemas que aguardan/ la última transgresión del mar".
Se ha insistido, quizás demasiado, en la influencia que ejercieron sobre el
poeta, tanto el marxismo como las teorías psicoanalíticas de Freud. Sin embargo,
el conjunto de estas ideas debe ser tomado, antes que nada, como un contexto, un
mero punto de apoyo desde el cual Auden despliega su particular instinto
poético.
En la poesía de estos años abundan escenas con espías, enemigos ocultos,
pasos de frontera, imágenes de la ruina industrial. A esto se agrega el
vitalismo de una juventud que debe, irremediablemente, enfrentarse a la
generación de los padres. Otro rasgo que empieza a insinuarse, y que en el
devenir de la obra será una constante, es el diálogo que el poeta establece con
el Tiempo y la Historia.
Pero si algo está en el centro de esta poesía, si algo constituye su núcleo,
es el modo en que Auden concibe el "yo poético". Auden deplora la idea de una
poesía que sea autoexpresión. Cuando en sus versos aparece la primera persona,
la voz de ese "yo" debe ser escuchada como una voz universal dirigida a un
interlocutor ideal. A su vez Auden evidencia una mirada clínica sobre el mundo y
las cosas que, unida a su sentido del humor y la apelación a la ironía, ponen al
descubierto el trabajo del poeta sobre la emoción. En ese sentido protege a su
poesía de los efectos no deseados de la sensibilidad del "yo" lírico.
"Desaparecidos", "1929", "Paysage
moralisé", son algunos de los mejores
poemas de esa época. Pero donde quizás se manifiesten con mayor claridad los
atributos del poeta, es en el gran poema "A continuación, Venus pronunciará unas
palabras". Allí el poeta presta su voz a la diosa, quien pronuncia un discurso
sobre la futilidad del destino humano, sobre su efímera condición. En un pasaje
se lee: "últimamente mi invento más inteligente fue la piel;/ alguna vez
fueron los lagartos, pero tardaban años en reproducirse/ y no podían controlar
la temperatura de la sangre". En otro pasaje, la idea se exaspera, se vuelve
terminante: "los romanos tuvieron un idioma en su día/ y con él ordenaron la
construcción de caminos, pero tenía que morir./ Vuestra cultura no puede sino
desaparecer".
En la década que va desde su egreso de Oxford hasta su partida a los Estados
Unidos, Auden pasará una temporada en Berlín (1928-1929), donde recibirá la
influencia de la poesía alemana y el teatro de Brecht; será maestro en
Helensburgh (Escocia), y luego en Colwall; viajará a Islandia, China y España.
Son años de gran producción, en los que además de poesía, escribe teatro (en
colaboración con Isherwood) y guiones para cine. Para entonces, Auden ya era
considerado el poeta inglés más importante de su generación.
ESPAÑA 1937. "La lucha en España ha sido como unos rayos X para las
mentiras sobre las que está basada nuestra civilización". La afirmación de
Auden capta en gran medida un estado de ánimo compartido por muchos escritores e
intelectuales en Inglaterra. Cuando Nancy Cunard y la revista Left Wing
hicieron una encuesta entre los escritores ingleses, para saber de qué lado
se encontraba cada uno frente al conflicto español, sólo cinco de ellos, (entre
los que se contaba Evelyn Waugh), apoyaban a los nacionalistas. Si T.S. Eliot,
H.G. Wells, Vita Sackville West, formaban parte de los dieciséis que se
manifestaron neutrales, el resto de los encuestados, unos cien escritores, se
declararon a favor de la República. Además de Auden, el grupo mayoritario estuvo
compuesto por Samuel Beckett, Aldous Huxley, Cyril Connolly, Ford Madox Ford y
Stephen Spender, entre otros.
Para algunos de estos escritores el apoyo a la República se tradujo en la
posibilidad cierta de pasar a la acción. Auden se alistó como brigadista,
ocupando un lugar como camillero en una unidad sanitaria. De todos modos no es
mucho lo que el gobierno republicano dejaba hacer a los intelectuales, ya que
consideraba que la sola presencia de estos en territorio español, era la mejor
forma de publicitar la causa. Auden permaneció poco tiempo en España, regresando
a Inglaterra con cierta desilusión por lo visto y oído, sobre todo en cuanto al
trato recibido por los sacerdotes de parte del bando de la República.
La secuela artística de esta experiencia es
"Spain 1937". El poema fue
publicado por Faber & Faber, y las ganancias destinadas a la ayuda médica
durante el conflicto. El poema es mucho más que un llamado a la defensa de la
causa de la libertad en España. Es a la vez una compleja fábula moral que
trasciende el tema, donde el autor establece un diálogo posible entre el pasado,
el porvenir, y un presente dominado por la urgencia, la necesidad de tomar una
decisión que podría en cierta forma, determinar el curso de la Historia.
Auden evoca el pasado en imágenes que subrayan las conquistas del hombre
sobre los elementos: "Ayer la invención/ de ruedas y relojes, la doma/ de
caballos. Ayer el pujante mundo de los navegantes", o por ejemplo, "Ayer
la instalación de dinamos y turbinas,/ el tendido de líneas férreas en el
desierto de la colonia". El pasado es referido también en su carácter
mítico: "Ayer la fe en el valor absoluto de Grecia,/ el telón que caía sobre
la muerte del héroe" del mismo modo que aparece bajo la forma de la impiedad
fanática: "el juicio a los herejes entre columnas de piedra;/ ayer las
disputas teológicas en las tabernas/ y las curas milagrosas en las fuentes;/
ayer los aquelarres". A estas imágenes el poeta contrapone, como un
leitmotiv, "Pero hoy la pelea". El presente asalta con su inmediatez,
revelando a la Historia en su carácter de continuo devenir. El presente le habla
a los hombres, la fuerza vital inquiere, demanda: "¿Qué proponéis? ¿Construir
la ciudad justa? Lo haré./ Pero muy bien, acepto, pues soy/ vuestra elección, y
vuestra decisión. Sí, soy España".
La perspectiva del futuro se dibuja con los trazos de la duda y la ironía,
conjuga la ilusión y cierta dosis de desencanto: "Mañana, tal vez, el futuro:
las investigaciones acerca de la fatiga/ (...)/ mañana la ampliación de la
percepción gracias a la respiración y la dieta". Y otra vez el presente, la
lucha, imágenes terribles, de lucidez extrema: "Hoy el incremento inevitable
de las perspectivas de la muerte,/ la aceptación consciente de la culpa en el
asesinato;/ hoy los talentos desperdiciados/ en el chato y efímero panfleto y en
la reunión tediosa". El final es oscuro, incierto, lleno de imágenes
impregnadas de inquietud y desasosiego: "Las estrellas han muerto. No mirarán
los animales./ Hemos quedado solos con este nuestro día, y el tiempo ya se
acaba,/ y la historia podrá compadecerse del vencido/ pero no darle ayuda ni
perdón". El poema es tremendo, complejo, atravesado por una belleza triste y
conmovedora.
HACIA AMERICA. Con la guerra española Auden comienza el paulatino abandono de
la izquierda, que habrá de hacerse definitivo con la firma del pacto
nazi-soviético. A fines de 1938 el poeta maduró la idea de emigrar hacia
América. Comenzaba a sentirse incómodo con la vida cultural de su país:
"Inglaterra era un lugar pequeño. Uno conocía a todo el mundo. Era como una
familia. Yo amaba a mi familia, pero no quería vivir con ella", recordará
años después.
El 18 de enero de 1939 Auden e Isherwood se embarcaron rumbo a los Estados
Unidos a bordo del transatlántico francés "Champlain". A poco de llegar, la
muerte del gran poeta irlandés W.B. Yeats, va a dar motivo a uno de los poemas
más famosos de Auden. "En memoria de W.B. Yeats" será publicado el 8 de marzo en
The New Republic y recopilado un año después en Another Time. Si
bien el poema sigue el modelo de la elegía pastoril, pronto combina la forma
tradicional con el tono inconfundible de su autor. Versos que persiguen el
equilibrio entre el dolor ante la muerte, y la expresión no exaltada de ese
dolor: "Desapareció en lo más crudo del invierno./ (...) se hundió el
mercurio en las fauces del moribundo día? Los pocos instrumentos que tenemos
confirman/ que el día de su muerte fue muy oscuro y frío". A lo largo de sus
tres partes el poema se vuelve un muestrario de los recursos de Auden: su
sentido del metro y la rima, riqueza de las imágenes, construcciones complejas
de gran precisión que parten de un léxico más bien sencillo, acaso siguiendo un
precepto autoimpuesto según el cual "inclusive el poema más puro, en el
sentido francés del término, está hecho de palabras, que no son la propiedad del
poeta sino la creación comunitaria del grupo lingüístico al que pertenece, de
manera que su significado puede ser buscado en un diccionario".
Cuando Alemania invade Polonia, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial,
Auden escribe "Setiembre 1º, 1939", un poema que comprende en su justa dimensión
la tragedia colectiva que se aproxima. El poema es un largo monólogo donde la
voz que habla es la de un yo anónimo, a la manera en que el poeta suele utilizar
la primera persona. Esa voz expresa un decir sobre el tiempo oscuro que ha
llegado. El futuro se hizo presente bajo la forma del mal, un mal que trasciende
los dolores personales, para instalarse en el sitio de las desgracias
universales: "mientras muere la inteligente esperanza/ de una década baja y
deshonesta,/ sintiendo las olas de miedo y de ira/ que circulan sobre las
brillantes/ y oscurecidas naciones de la tierra,/ obsesionando nuestra vida
privada;/ el olor indecible de la muerte/ ofende la noche de setiembre".
El poema fue publicado inicialmente en el periódico The New Republic,
incluido luego en Collected Poetry (1945), para ser finalmente
suprimido por su autor en las posteriores recopilaciones de su obra. Para Auden
representaba la clase de poema que habría seguido escribiendo de haber
permanecido en Inglaterra. Para el crítico Charles Osborne "un artista tiene
derecho a alterar su obra", y consiente que "Auden pudo haber suprimido
"Setiembre 1‚, 1939", pero agrega que "es posible asegurar que sus
lectores jamás lo hicieron, y tampoco lo hará la posteridad, porque es un poema
conmovedor".
LA CONVERSION. EL AMOR. Para
Auden, establecerse en los Estados Unidos, no
sólo significó abandonar su país de nacimiento. Supuso además el estallido de
una profunda crisis personal. Desencantado definitivamente del ideario marxista,
la vida del poeta se precipitó en un proceso que culminaría con su conversión al
cristianismo. La entendió de manera ecuménica: pensaba que "la Verdad es
católica, pero la búsqueda de la verdad es protestante". Para esa época
recibió la influencia de la filosofía de Kierkegaard y los escritos teológicos
de Reinhold Niebuhr.
En 1940 publica Another Time, donde recoge la producción de los
últimos años. El volumen da cuenta de la amplitud de registros de la que es
capaz su autor, e incluye desde una serie de baladas y canciones cercanas en el
tono y la estructura a la poesía de tipo popular y folklórica, hasta las elegías
en memoria de W.B. Yeats, Sigmund Freud y Ernst Toller. El libro muestra, una
vez más, algunos de los logros más celebrados de su autor. Auden es un experto
en el arte de la precisión, en hacer de la imagen un complejo mecanismo verbal
donde cada palabra encuentra su sitio exacto. Su lectura depara en ocasiones,
extrañamiento, a la vez que despierta en el lector, el gesto de asentir ante una
verdad que no admite contrariedades. Como en el poema "Rimbaud", cuando escribe:
"En ese niño la mentira del retórico/ explotó como un caño: el río lo
convirtió en poeta", o en el mismo poema: "el verso era una enfermedad
especial de los oídos". El libro abunda en ejemplos felices, como los poemas
"Musée des beaux arts", "Voltaire en Ferney", "Dover", entre otros, y muestra al
poeta en toda su madurez.
Auden es un autor prolífico. Entre la producción de esos años se destacan
The sea and the mirror (1944), poema dramático que reviste la forma de
comentario a La tempestad de Shakespeare; The Age of Anxiety
(1947), escrito bajo el influjo de su conversión, y The Shield of
Achilles (1955).
Al tiempo que se constituía en una de las voces más importantes de la poesía
de este siglo, Auden se dedicó a la enseñanza, primero en Ann Arbor y luego en
Swarthmore. Asimismo cabe señalar su trabajo como ensayista y libretista de
ópera. Escribió, para el músico Hans Werner Henze, Elegía para jóvenes
amantes, y para Stravinsky, La carrera del libertino, esta última en
colaboración con Chester Kallman, quien fuera su amor durante treinta años.
La condición homosexual de Auden aparece en varios de sus poemas, sin llegar
a constituir un eje de preocupación ética o estética. A diferencia de muchos
escritores homosexuales, no hace de su opción amorosa un tema en sí, siendo sus
poemas de amor, sencillamente, poemas de amor. Como el bellísimo "Lo primero es
lo primero", de fines de los años cincuenta, donde una tormenta, con sus
estruendos y sus leves sonidos, acerca a los oídos del yo-narrador la
posibilidad de una lengua amorosa que evoque la figura del amado. El poema
avanza en una atmósfera de encantamiento por las palabras que la lluvia pudo
suscitar. Hacia el final, el encantamiento se quiebra, el narrador es asaltado
por la conciencia de la inmediatez, que sin desmentir a la tormenta en su
capacidad para cifrar una lengua amorosa,establece una lógica hacia otra
dirección de lo real: "Agradecido dormí hasta una mañana que se negaba a
decir/ Hasta qué punto creía en lo que yo decía que había dicho la tormenta/ Y
que tranquilamente atrajo mi atención a lo que había sido hecho? --Tantos metros
cúbicos más en la cisterna/ Contra un verano leonino--, poniendo lo primero en
lo primero:/ Miles han vivido sin amor, pero nadie sin agua".
A AMBOS LADOS DEL ATLANTICO. A partir de 1948,
Auden, que dos años antes
había adoptado la ciudadanía norteamericana, alternó su estancia en Nueva York
con viajes a Europa durante el verano, primero a Ischia, y luego, a partir de
1958, Kirchstetten. Las autoridades municipales de ese pequeño pueblo de
Austria, de apenas ochocientos habitantes, decidieron en vida del poeta, poner
su nombre a la calle donde estaba su casa. Por otra parte, hacia la misma época
le fue otorgada una cátedra en Oxford, lo que lo obligaba a pasar algunos meses
del año allí.
Auden jamás dejó de experimentar con las formas poéticas. En Homage to
Clio (1960) incluye como interludio entre la primera y la segunda parte del
libro, "Dichtung und Wahrheit. (An Unwritten Poem)". Este "poema" es en verdad,
como lo indica la parte en inglés del título, (la parte en alemán está tomada
del libro de Goethe Poesía y verdad) "un poema no escrito". Es una
serie de cincuenta textos breves o aforismos que giran en torno a lo que
significan las palabras "Yo te amo", en un poema, y en última instancia,
una lúcida meditación sobre la imposibilidad de escribir poemas de amor.
De su última producción, "Acción de gracias por un hábitat" es uno de sus
trabajos más logrados. Se trata en realidad de una serie de doce poemas que
forman una unidad alrededor del tema de "la casa", y los modos posibles de
habitarla, donde establece una verdadera "poética del espacio", como la imaginó
Bachelard. El poeta pasea al lector a través de habitaciones, sótanos, baños. Lo
invita a asomarse a las ventanas, subir las escaleras, compartir el ritual de
una cena, la lectura de un libro, llegando a entramar una fisiología de los
hábitos y costumbres del animal humano. El texto muestra al poeta del humor y la
ironía, al de la mirada que atraviesa el Tiempo y la Historia. El poeta que,
para narrar "El Nacimiento de la Arquitectura" escribe: "Desde la tumba de
galería y la caza de un rey troglodita/ hasta la Misa Rezada y el campamento de
caravanas/ hay escasamente un tic del reloj de carbono, pero yo/ no mido así, ni
tampoco tú:/ hace ya millones de latidos de corazón/ que pasó la Era de la
Bicicleta".
En forma póstuma será publicado Thank You, Fog, libro sobre el que
trabajaba Auden antes de morir. La edición de sus Collected Poems, a
cargo de Edward Mendelson según las directivas del poeta, recoge todas las
modificaciones que éste hiciera, correcciones, supresiones de poemas, y la
particularidad de agrupar la totalidad de su producción por períodos de años, y
no por los títulos originales de los libros.
Joseph Brodsky, epígono confeso de
Auden, a quien conociera tras ser
expulsado de la Unión Soviética, narra en "Complacer a una sombra" el último
encuentro que tuvo con el maestro: "Lo vi por última vez en julio de 1973, en
una cena en casa de Stephen Spender, en Londres. Wystan estaba sentado allí ante
la mesa, con un cigarrillo en su mano derecha y un vaso en la izquierda,
disertando largamente sobre el tema del salmón frío. Debido a que la silla era
demasiado baja, la dueña de casa había colocado debajo de él dos tomos
maltrechos del "Oxford English Dictionary". Pensé entonces que estaba viendo al
único hombre que tenía derecho a utilizar aquellos volúmenes como asiento".
W.H. Auden murió en Viena el 29 de setiembre de 1973. *
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