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Francesco Algarotti,
hijo de un rico comerciante, nació en Venecia el 11 de diciembre de
1712.
Estudió en Roma y Bologna,
adquiriendo una gran educación orientada a la ciencia, la filosofía, las
matemáticas y al estudio de las lenguas.

Algarotti
fue un hombre de amplios conocimientos, erudito en arte y música, y
amigo de la mayoría de los mas destacados autores de su tiempo. Su obra
cumbre en arte es "Saggi sopra le belle arti" (Ensayo sobre las Bellas
Artes). Entre sus otras obras destacan "Poemas", "Viajes en Rusia" y
"Ensayo sobre Pintura"
Tras haber publicado
"Rimas" y a la edad de 20 años viajó a París, donde estableció amistad
con Voltaire. El escritor francés le llamó su "querido cisne de Padua".
Cuando llegó a Inglaterra,
con apenas 24 años era un joven muy hermoso (según los comentarios de
los contemporáneos, no obstante una nariz aguileña) y se había instalado
en Londres para "beber en la fuente del pensamiento científico moderno,
del que fue un importante divulgador en Italia.
[1]
Corría el 1736 y para Lord
John Hervey (1696 - 1743), político inglés conocido por su bisexualidad,
ver al joven Francesco Algarotti y enamorarse fue todo uno. Tal y como
seguramente sucedió a Voltaire en Francia.
A pesar de su corta vida,
este personaje llegó a ser escritor, poeta, ensayista, divulgador
científico, diplomático y critico de arte, destacaba en todos los
ambientes cultos donde deslumbraba a poco de instalarse en las
diferentes ciudades.
El encanto que había
desplegado en París llegó con él a Londres, donde fue de inmediato
aceptado por la Royal Society, la prestigiosa academia científica.
No solo Lord Hervey sintió
una irresistible fascinación por el joven. Una íntima amiga del Lord,
Lady Mary Worlet Montagu (1689-1762) cayó deslumbrada por el italiano,
pasando a ser una notoria rival por las caricias y atenciones de
Algarotti. Así comenzó uno de los mas locos triángulos de amor del siglo
XVIII.
Tras unas vacaciones
estivales londinenses, el erudito regresó una temporada a Venecia para
publicar su tratado divulgativo de la Óptica Newtoniana. [2] Y para recibir
una avalancha de cartas y misivas de amor de sus admiradores ingleses.
Lord Hervey le escribe "te
amo de todo . Lady Mary escribe "te amaré toda mi vida". Tanto
el Lord como su nobiliaria amiga historiaban las respectivas respuestas
epistolares de Algarotti. Hervey le instigaba a que regresase con
él a Inglaterra, mientras Lady Mary se invitaba a si misma para
encontrarse con el joven en Italia.
Algarotti contestaba
cortes y amablemente a ambos pretendientes, mas que nada porque tenia
otras cosas en su mente. En esa etapa estaba enamorado de un joven de
Milán llamado Firmano, con el que hizo un romántico viaje por el sur de
Francia.
El Lord comenzó a
reprochar a Algarotti por escribirle poco. Lady Mary firmaba enormes
misivas pretendiendo mayores cartas y atenciones del italiano. Lord
Hervey controlaba la herida amorosa causada por el joven Francesco,
aunque no podía evitar ataques de celos. Por su parte, Lady Mary devino
en "loca de dolor" por su amado joven.
[3]
Las cartas de Hervey
contienen frases como: "Ya sea que usted venga o se vaya, no se
olvide de mi, mi querido. Yo no lo olvidaré nunca en toda mi vida"
[4]
Algarotti le agradeció dedicándole
seis de las diez cartas en las que está dividida una de sus obras mas
célebre, el "Viaje de Rusia"
[1739-1751].
Y cuando el italiano finalmente reapareció en Londres, en 1739 se alojó
en la mansión de Hervey, que pudo finalmente volver a abrazarle.

Lo que implicaba la
aceptación de esa hospitalidad se comprende mejor sabiendo que Hervey
tenía una fama no precisamente edificante en cuanto a su sexualidad.
[5] .A
esta fama alude su rival Lady Mary con una apreciación fulminante, que
pronto se hizo famosa: ""El mundo está compuesto de hombres, mujeres y
herveys"
[6]
Y en
1735 el poeta Alexander Pope en un sátira públicamente difundida apela a
Hervey como un afeminado "Sporo" (el nombre del amante castrado del
emperador Neron)
[7]
Tres
meses después de llegar a Londres, sin embargo, Algarotti
emprende un viaje a Rusia, a donde Hervey le escribe pidiéndole que no le
olvide y manifiesta que seguirá amándole siempre. El Lord inglés hace una
buena visión de un mal juego; Lady Mary, sin rendirse en su empeño,
convirtiéndose en obstáculo para su rival, se instala en Venecia, con la
esperanza de reunirse con el amado Algarotti en cuanto el italiano hubiese
tornado del viaje ruso.
Al regresar a Londres,
Algarotti hace una escala de graves consecuencias, deteniéndose durante
unos días en la corte de Prusia, donde es recibido de inmediato por su
contemporáneo, el príncipe heredero Federico
El Grande
,
que resulta prendado por su belleza y conocimientos, lo que le lleva a
nombrarle Conde de Prusia en 1740, y Chamberlain de la Corte en 1747:
siendo publico y notoriamente conocido que ambos se hicieron amantes.
Así, ocho meses después, a
poco de reunirse con su amado Hervey, Algarotti recibe en Londres una
noticia electrizante: el Rey de Prusia ha muerto y su hijo era el nuevo
Rey de Prusia, y el nuevo monarca le quería a su lado cuando la
coronación.
La
razón por la cual Frederick quería la compañía del encantador Francesco
era mas que notoria, dada su predilección por los hombres jóvenes,
especialmente los de buen físico y nivel intelectual.
Como ejemplo de esta
afinidad, Voltaire, largamente hospedado en el palacio Real de Sans-Souci
en Postdam (cerca de Berlín), dejó pruebas inequívocas de ello [8]
en una carta datada el 1 de diciembre de
1749 donde define "el respetable, singular y adorable putita"
[9]
Así escribió el 15 de
junio de 1743, refiriéndose a Frederick II como un "César"
Amo a Cesar entre los
brazos
de su
amante que le vence;
río y no me ofende
el verlo, joven y pleno
de atractivo,
por encima y por debajo
de Nicomedes
[10]
Le admiro mas que Catón,
porque es entregado y
magnánimo
[11]
Y en la misma carta
Voltaire añade: "Su majestad es conmigo una "coqueta" muy
seductora"
Algarotti, que comenzó a
recibir las atenciones del monarca, devino en amigo íntimo, muy íntimo,
del rey, desplazando rápidamente el anterior amante del soberano, el
Barón
Keyserling.
Fue tal la fascinación causada, que el italiano recibió en la década
siguiente todo tipo de honores, cargos políticos (fue nombrado
Chamberlain), el título de Conde, y responsabilidades diplomáticas.
Fue durante una misión
en Torino que Algarotti se encontró por casualidad, cara a cara con Lady
Mary, que había peregrinado por Italia, un poco como turista inglesa y
otro poco como "dama abandonada". La pareja convivió durante dos meses,
pero el encuentro fue un desastre y terminó con la definitiva ruptura de
ambos. Cuando Algarotti regresó a Berlín, Lady Mary partió al sur de
Italia.
Si la relación de
Algarotti con las mujeres no funcionaba mínimamente, con los hombres la
cosa parecía funcionar mucho mejor. Los cotilleos de Voltaire sobre sus
aventuras homosexuales atañeron a Federico, en una carta del 15 de
diciembre de 1740, en la que comentaba que gracias al rey y al italiano,
Berlín terminaría convirtiéndose en una nueva Atenas.
Pero cuando, tomado el
gordo Valori ,
veo el suave
Algarotti
sujetar en un abrazo
fuerte
al bello Lugeac ,
su joven amigo,
creo ver a Sócrates
renacido
sobre un emulo de Alcibiades
[12]
pero no cual obstinado Sócrates
que busca visualizar
sofismas,
de los ojos oscuros, de
la nariz recta,
la frente amplia, la
apariencia oscura;
sino un Sócrates veneciano
de los ojos
grandes, la nariz aguileña
del buen San Carlo Borromeo.
En cuanto a mí, para nada
interesado
en estos asuntos de la
Grecia,
cuidadoso del único
Federico,
he dejado estudio y
compañía
Hay
que tener en cuenta que anteriormente, el 6 de
diciembre Voltaire escribió al mismo Algarotti una maligna carta en
la que describe Venecia en tintes oscuros, diciendo que
hay:
un pueblo moliente, débil, fracasado,
repleto
de
ignorancia y sordidez,
a menudo retorcido
gracias a los esfuerzos
del antiguo pecado
que se llama
sodomía,
aquí está esbozado el
retrato
de la asaz noble Señoría
Leída
a la luz de estos versos, la alusión a Algarotti como "Sócrates
veneciano", no aporta una visión especialmente halagadora.
El idilio entre Algarotti
y Federico II duró dos años. Entonces, por razones desconocidas (se dice
que por el fracaso de la misión diplomática en Turín) se enfrió de
repente en 1742. Hasta el fuego de la pasión carnal se diluyó en esa
época.
Algarotti pasó a
convertirse en asesor de arte italiano para el Rey de Polonia, en
Dresde.
En 1746, sin embargo,
para aquietar el enfado de Federico, el intelectual regresó a Postdam,
donde permaneció (presumiblemente alejado de la cama del Rey, que ahora
recibía a granaderos en su dormitorio) hasta 1753, cuando su salud
comenzaba a resquebrajarse por la tuberculosis que le llevó a
trasladarse nuevamente a su Italia natal.
Desde ese momento se
dedicó básicamente a la escritura y el estudio, intercambiando incluso
cartas de cortesía con Lady María.
En los últimos dos años de
su vida, la búsqueda de un clima saludable lo llevó a instalarse en Pisa,
donde falleció el 1764. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la
ciudad, y Federico, en memoria de su antigua pasión, le hizo construir un
imponente mausoleo.
FUENTE::
Traducción y resumen de la excelente página amiga http://www.giovannidallorto.com |
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[1]
La edición de Obras Completas de Algarotti, en 17 volúmenes, fue
impresa en Venecia en 1791 a 1794.
[2]
Es el
"Newtonanismo para las damas", publicada en
1737.
[3]
Ricton Norton, Mother Clap's molly house , Gay men press, London
192, p.
155.
[4]
Michael Elliman e Frederick Roll, The pink plaque guide to London ,
Gay men's press, London 1986, p101.
[5]
Norton, Op.pp.
146-158
[6]
Norton, Op.pp.
147
[7]
Norton, Op.pp.
148
[8]
Sobre la homosexualidad de Frederick II
abundan los documentos y testimonios. Por ejemplo, el trabajo
de Susan Henderson, Frederick the Great of
Prussia: a homophile perspective , "Gai Saber", nº I 1977,
pp.
46-54.
[9]
François-Marie Arouet, Correspondencia
de Voltaire, Gallimard,
París (vol. 2 de 1965,
p.
2, y vol. 3 de 1975, p.
409.
409)
[10] Alusión al rey de Bithynia, de acuerdo con los rumores de sus
contemporáneos, amante de César.
[11]
Voltaire, Op.
cit.,
vol.
2, p.
643
[12]
Giacomo Casanova, Histoire de ma vie, Brockhaus et Plon,
Wiesbaden et Paris 1960-1962,.
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