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- 324 a. C.
Alejandro nació 15 de abril de 324 antes
de Cristo en Pella, Macedonia, era hijo de Filipo y Olimpia. Se le
asoció con el asesinato de su padre y con su madre mantuvo una
relación amor/odio muy intensa. Siempre le reprochaba que “le
cobraba un alto alquiler por nueve meses de alojamiento”.
Con
18 años ganó su primera batalla importante, a los 20 ya era rey y
con 23 años derrotó al Gran Rey de Persia, Darío III, y creó un
imperio que iba desde Tracia (la actual Albania) hasta la India, con
cuyo rey Poros mantuvo una intensa relación en todos los
sentidos.
Alejandro siempre fue un hombre especial. El
Oráculo de Siwa le reconoció como hijo de Amón Zeus, dios en la
tierra, y como tal fue venerado. Y lo cierto es que lo parecía, era
hermoso, aunque no de gran estatura, ni en lo más intenso del
combate sudaba y nunca olía mal, apenas comía y bebía poco, y
parecía completamente inmune a las heridas de armas, de hecho murió
de malaria.
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| Estatua
de Hefestión |
Nunca le gustaron las mujeres, se casó con dos,
pero por motivos políticos, conseguir un heredero para su inmenso
imperio. La primera vez con Roxana, una princesa sogdiana, y la
segunda con Estateira, la hija de su enemigo Darío III, a la vez que
casaba a su gran amor Hefestión con la hermana de
ésta.
Conoció a Hefestión, hijo de un príncipe macedonio, en
la academia que Aristóteles creó cerca de Pella por orden del rey
Filipo. Ambos tenían quince años, y parece ser que, según relata
Plutarco, el flechazo fue instantáneo. Fue su único y gran amor, su
Patroclo (el que fuera amante de Aquiles), su camarada, amigo,
confidente, le siguió en el destierro y hasta los últimos desiertos
de Mesopotamia.
Hefestión era alto, guapo, rubio, fuerte, un
gran estratega, irresistible para las mujeres, pero solo consintió
casarse cuando Alejandro se lo ordenó. Quería que los hijos de su
amado fueran sobrinos suyos para hacer aún más fuertes los lazos que
les unían.
Según
Plutarco, cuando Alejandro llegó al sitio de la antigua Troya, dejó un
tributo en la tumba de Aquiles, y Hefestion dejó otro en la de Patroclo, como símbolo de su relación, ya que en la antigüedad se
suponía que éstos habían sido amantes (leer La Ilíada).
La relación entre ambos fue tan intensa que
Alejandro le consideraba como si fuera él mismo. De hecho cuando la
reina madre de Persia se rindió en Issos confundió a Hefestión con
Alejandro y se arrodilló ante él en acto de sumisión. Alejandro no
solo no se molestó, sino que le dijo:” no te preocupes, él también
es Alejandro”.
La muerte de Hefestión en Ecbatana fue una
tragedia para Alejandro, mandó cubrir de negro las siete murallas de
oro de la ciudad, la residencia de verano de los reyes persas, le
dedicó juegos funerarios nunca vistos y erigió en su honor una
ciudad, que permaneció habitada hasta el siglo VI d.c.
Apenas un año
después el propio Alejandro murió en Babilonia sin haberse
recuperado nunca de la perdida de su amado. Tenía 32
años.
Alejandro fue la luz que explota con fuerza y se
disuelve con rapidez. El dios Iskander que las tribus afganas del
interior aún veneran hoy en día, el guerrero invencible, conquistó
mundos y sometió imperios, pero su mayor orgullo fue el ser amado
fielmente por Hefestión como “Aquiles por
Patroclo”.
“Bello, sabio, audaz, intrépido, afortunado y
glorioso. Destinado a morir joven y a que el mundo hable de él para
siempre”, Así describía Quinto Arrio, uno de sus numerosos
biógrafos, a Alejandro Magno, el hombre que en sus 32 años de vida
más cambió la faz de la tierra, difundió la lengua y la cultura
griega por todo Oriente y aún hoy
sigue siendo adorado como dios por miles de personas en todo el
mundo, y admirado por los colectivos gays, no sin razón. Nunca un
gay llegó más alto.

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Primera
noche de amor de Hefestión y Alejandro |
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Fragmentos
sobre la relación de ambos |
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Imágenes de
Alejandro |
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Alejandro
según Plutarco |

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| ISLA
TERNURA |
PLAYA |
NO
ERES EL ÚNICO |
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