Al filo de los treinta
Supón que todo sigue...
La voz
que siempre escuchas por las tardes
cuando a solas suspiras para aliviar
el peso,
con ganas de cambiar y miedo a las personas
y cierta desazón
de estar sin ellas.
Oigo la luz, más que verla, tumbado
en esta
cama antigua, en Almería,
al filo de los treinta.
Las notas del
silencio,
el cielo azul cansado y una torre dormida.
...que todo
siga siendo tan sencillo:
despenar sin heridas como en los viejos
tiempos,
madrugadas difusas y, a la tarde,
un rato nada más en el
abismo.
De "La posesión del miedo" 1996
El ángel desde dentro
Desangelados, sin alas, sin
brillo,
en las brasas de los últimos fuegos.
Así hemos llegado a
creernos,
avanzando entre el lodo como vehículos
sin ruta y sin
pasajeros.
Pero el ángel está en nuestros silencios,
guiando nuestros
desvaríos, amansándonos la fiera.
Y el ángel no tiene alas:
se ha
plegado a la vida con nosotros,
se ha rendido a las cosas
(sus formas,
su número y su precio),
tiene sólo una oportunidad y un cuerpo que es el
nuestro.
Y casi nunca nos abandona.
Como sueña, pesa más.
Como
piensa, nos confunde y nos eleva.
Como siente, nos hiere.
El ángel que
no nos salvará
tiene a ratos nuestros cabellos
y muy de vez en cuando
mira con nuestros ojos.
Si toma prestadas nuestras manos, acaricia, crea,
limpia.
Cuando está en nuestros labios, sonríe y besa con ellos.
Y si
camina con nuestros pies, se detiene.
Hay un vértigo en el ángel que no
es nuestro,
una curiosidad hambrienta que nos implica.
El ángel miente
en el espejo,
ama por nosotros y ve por lo que vemos.
Cuando el
tiempo, que es un mísero contable,
nos doblegue con la suma de los días
que ha perdido,
el ángel se preguntará una vez más
a quién sirve sin
alas si su señor termina,
por qué es traslúcido en un cuerpo que se
apaga,
por qué ubicuo en un viajero que no regresa.
¡Todo lo que quiso
amar el ángel,
la que pudo alcanzar, la que alcanzó a pensar!
¡Todos
los ángeles que conoció,
hablándole cautivos de otros cuerpos
como se
habla desde dentro, para salir hacia afuera!
¡Todas las cosas que te
ayudó a imaginar
cuando no había nadie contigo,
la que quiso
interpretar
y la que estaba dispuesto a construir!
Pero entre
tanto, el ángel no puede dejarte.
Y al pensar en esto con sus
pensamientos,
el agua sacia tu sed y el pan te alimenta.
Las nubes
dibujan mensajes
para que el ángel, que eres tú, los lea
como se lee
lo que nada significa y puede significarlo todo.
Y en la pasión del
ángel, te rindes a ti mismo.
De "La posesión del
miedo" 1996

El
ángel y el vampiro
Pasé la vida entre vampiros y ángeles,
libando con
paciencia los unos mi energía,
los otros trasvolando mis días más
sentidos.
Todos los trances de luz fueron suyos:
al ángel los del
cuerpo, los del alma al vampiro.
Al sol como en la sombra estuve
ciego
y en el tránsito hacia el zenit, perdido.
Confundí las alas
blancas con las capas negras.
Gusté, besando al ángel, los labios del
vampiro.
Siempre acudí a la cita con lo eterno.
Cada vez que
llamó, me encontraba.
Unas veces hermoso y otras veces oscuro,
el
timbre de su voz me subyugaba,
la miel de su sonrisa me encendía,
y
bailábamos juntos, el ángel o el vampiro
y yo que nunca supe muy bien con
quién bailaba.
De "La posesión del
miedo" 1996

El corazón en casa
No levantan la mirada. No hay nada
más que
el aliento gris
que emanan sus marrones,
un resuello que va espesando
arriba
y les deja rendidos al asfalto.
Ni sueñan: no hace falta. Ni
recuerdan.
Ni desde luego intentan
elevar su plegaria a las
alturas.
¿Dios qué puede ofrecerles?
¿Qué puede ofrecer a nadie un
mendigo
que va pisando charcos sin ser visto?
Pequeños,
sometidos,
al ritmo de unas músicas paganas
y en una ratonera de
edificios,
celebran naderías.
Mientras sigan rodando los días con sus
noches
y no vuelvan a descubrir el cielo,
será mejor así: los párpados
caídos
y el corazón en casa.
De "La posesión del
miedo" 1996

El extraño que vino de
lejos
No sé cómo
aprendimos a querernos,
qué hubo en vosotros de mí, qué nos
dimos.
Corre la vida y estáis al pie de otros edificios,
zarandeados,
llevados, retenidos en la trama.
Pero decidme si habéis elegido,
si
queríais estar donde estáis
y en qué modo se ovilla y desovilla
el
hilo que nos guía y que nos ata.
No sé por qué no compartimos las
mismas habitaciones
ni comemos en los mismos restaurantes.
Por qué os
reproducís.
De qué sirven los destellos que se apagan,
las lunas
negras, los días sin huella.
Padres que fueron hijos, hijos que se
hacen padres
y niñas que se quedan de pronto embarazadas.
Entenderlo,
verlo todo de fuera.
Pero también entrar,
acercarse a las chimeneas de
vuestros salones
como el extraño que vino de lejos
y os cuenta
cuentos, os gasta bromas,
os dice versos, baila con vosotros,
enseña a
jugar a vuestros hijos.
De este modo fuisteis construyendo
la
historia que jamás fue nuestra historia.
Y la misma cadena que une
vuestros destinos,
a nosotros nos libera:
para contaros cómo fue
vuestro tiempo,
qué costumbres teníais, cómo intentabais amaros,
qué
aficiones os ocuparon,
qué dudas os asaltaban,
qué palabras os
confortaron,
qué silencios os preocupaban.
La historia de vuestra
historia
para alumbrar vuestras sombras y arrancar vuestras
mentiras.
Cómo fue vuestro tiempo de soledad en compañía
pues de
vivirlo tanto, jamás lo comprendisteis.
De "La posesión del
miedo" 1996

La aureola azul
En la roca de esmeraldas que imagina,
el
anciano defiende su aureola.
Con diecisiete años, le dijo que era
azul
una mujer del norte
y le advirtió que nunca la
perdiera.
Vendrán las nubes que ensombrecen
las buenas
intenciones
y formas de pensar como naufragios.
Te dejarás caer por
levantarte,
te ocultarás por miedo.
El viento dispondrá tus verdaderos
gestos
y el paso de los otros tu destino.
No serás lo que
creías,
tu rostro mostrará las simas de tu alma,
traducirás tu
ruina,
enfangarás tus sueños con tus dudas.
Pero nunca descuides la
aureola,
no dejes que se extinga
ni cuentes que fue azul en un
poema.
De "La posesión del
miedo" 1996

La rueda de los azares
De un día para otro, todo
cambia.
Si ayer amanecías deslumbrado
y tus ideas parecían
claras,
hoy mismo, en el espejo del lavabo,
has visto al perdedor de
las facciones neutras
inflado de bostezos
y con el encefalograma
plano.
La brisa que hoy alivia tu paseo
mañana es un ciclón que te
estremece.
En una vuelta, igual que cambia el tiempo,
quien tuvo no
retiene,
el más sincero miente
y el sueño del amor se desvanece
de
puro aburrimiento.
En una vuelta orgánica del cosmos,
se pierden
privilegios, se asustan los valientes.
Por un latido a tiempo, la
risa más forzada
se aparece lozana y sugestiva.
y entonces quién no
sale a la calle feliz,
quién no disfruta haciendo su trabajo,
quién no
ofrece favores a un amigo,
quién no se ilusiona.
Pero, a decir verdad,
de todos ellos
tampoco nadie espera
sacar de esos destellos que a
veces les alientan
alguna cosa clara.
Pues ni el más tonto ignora
que la vida
no tiene, en general, ni sombra de sentido
y que el azar,
que es dadivoso pero incoherente,
no reparte papeles; sólo momentos,
escenas,
situaciones confusas,
estados del humor y la
conciencia.
De "La posesión del
miedo" 1996

Mi
olor a ti
Toda mi ropa
huele a cuando estabas.
Sería al abrazarte -no lo entiendo-
o que
estuviste cerca y se quedó prendido.
Si arrimo mi nariz al hombro o a la
manga, te respiro.
Al ponerme la chaqueta, en la solapa,
y en el
cuello de un jersey que no abriga.
Aroma de placer, de feromonas,
de
recostarme en ti mientras dormías.
Por mucho que la lave, mi ropa lo
conserva:
es un perfume dulce que me alivia
como vestir mi carne con
tu piel.
Y está durando más que mi recuerdo.
Tu rostro en mi memoria
se disipa,
casi puedo decir que he olvidado tu cuerpo
y sigo
respirándote en las prendas
que, al tiempo que me visten, te
desnudan.
Pero la ropa es mía.
De tanto olerte en mí, tu olor es mío.
Tu olor era mi olor desde el principio,
fue siempre de mi cuerpo, no
del tuyo,
de un cuerpo que lo tengo a todas horas
para quererlo entero
como jamás te quise
y olerlo de los pies a la cabeza.
Es el olor de
todas mis edades,
del niño absorto y puro,
del claro adolescente
eléctrico y espeso,
de un joven con insomnio que soñaba
fantasmas del
amor, y es también el olor
que al transpirar mis sueños dejaron en las
sábanas.
Quién sabe tú a qué aspiras sin este efluvio mío,
sin mi
esencial fragancia.
Estando en compañía, serás siempre la
ausente
igual que si te fueras o no hubieras llegado.
Pues no olerás a
nada, no dejarás recuerdo
ni podrás despertar auténtico deseo
ni
embalsamar las yemas de los dedos
que un día te acaricien
con un
perfume físico y concreto.
Serás para el olfato de los otros
como un
espejo para los vampiros.
Y yo atesoraré con más fe que codicia
este
perfume dulce de mi cuerpo
que descubrí contigo.
Si quieres existir,
respíralo de nuevo.
De "La posesión del
miedo" 1996

Pasión de afecto
En el amor fatal no brilla el
pensamiento.
La mente se coagula cuando la sangre estalla.
Vuelve
sombrío el ingenio y sin gracia
la fatuidad fanática del fuego.
Yo
creo en un amor clarividente,
una efusión borracha de prudencia,
el
fruto que se alcanza, las fuentes del desierto.
El riesgo y la pasión
están en el afecto,
en un miedo común al abrazarse.
Dormidos,
compartir el mismo sueño.
Despiertos, afilar las diferencias.
Amor que
no se abisma ni se engaña,
amor que se resuelve en
transparencia.
De "La posesión del
miedo" 1996

Posesión del miedo
¿A qué fuerza convoco, yo que un tiempo hice
brotar
los tallos con mi aliento y ahuyenté las sombras?
Hoy esta sal
en los labios, ¿de qué mar la traigo?
¿De dónde este temblor que me
desarma?
Conozco tu perfil: eres el miedo
que vive agazapado en la
quimera.
Y llamo al amor, a sus huestes de plata, a sus naves
de
fuego que surcan seguras
las aguas encrespadas de un espejo.
Voy a
hacer el amor con mi miedo,
a inventarle un cuerpo firme, a
penetrarlo
a hacerle gemir de deseo.
Quiero al miedo desnudo,
rendido, tendido en el suelo,
excitado, sudoroso, imberbe.
Quiero una
fiesta de carne con el espíritu aterido,
el intruso que ciega las
ventanas.
Que se vuelva boca abajo y se ofrezca
rogando fuerza en su
flaqueza.
Entrar y salir. Dentro y fuera. Dar y amagar con quitar
y
que la auténtica paz sea la guerra.
Y liberar mi alma prisionera
con
gritos de placer en sus entrañas.
De "La posesión del
miedo" 1996

Razón de amor
No es sólo la pasión de los abrazos,
la
saliva, el aroma, el vértigo, los besos
o el plácido desvelo de la
ausencia.
Mi amor es la fábula y la trama,
el relato interior que
sigue a cada encuentro,
la glosa que acompaña los adioses,
el
minucioso examen de las frases
y el eco que tu voz le pone a mi
silencio.
Mi amor es ser feliz y no engañarme
anticipando el daño
del negro desengaño,
cuando el sexo se esfume en el recuerdo
remoto y
resentido de un orgasmo.
El consentir la calma en las mareas
y
atesorar las horas y los días
de la fiesta de luz que celebramos,
del
banquete voraz de los sentidos.
Y abolir la frontera de los
cuerpos,
detenernos, subiendo la escalera,
a besarnos en todos los
peldaños.
De "La posesión del
miedo" 1996

Soledad es la hierba
Soledad entre cosas cargadas de
sentido.
Mientras hierve en el fuego la pasta o la verdura,
no merece
la pena ya ni hablar por teléfono
con amigos que comparten de lejos
la
misma desazón en silencio contigo,
cada cual encerrado en su propia
espesura;
la renuncia, el fracaso y un recuerdo de afectos
que
llenaban la vida de síntomas inciertos
en tiempos felices de vino y
rosas.
Soledad es la losa sin epitafio escrito.
Soledad es la
herida por la que respiramos.
Construye cada cual el nido donde
puede
con materiales nobles o plebeyos
y no existe otra ley que
aguardar el momento
de salir, para volver a encontrarnos
por las
calles y plazas donde todo sucede;
los amores, los pactos, el alud de
proyectos
que hasta ayer nos mantuvo más o menos despiertos
en aras de
una idea confundida.
Soledad es la herida por la que no
sangramos.
De "La posesión del
miedo" 1996

Un canto y unos versos
Nos han visto postrados al rumor
de unos rezos
que aprendimos de niños, cuando todo era bueno.
Después
de haber crecido como la mala hierba,
pletóricos de ausencia y en
pantanosas tierras;
de haber dudado tanto, de habernos confiado,
por
pálidos reflejos, a credos nada claros...
Teoremas formulamos y frases
aprendimos
y en nubes de ilusión buscamos raciocinio.
Capítulos
trazamos de complicada historia
que ahora, sin nosotros, se desenvuelve
sola.
Y estamos al amparo de débiles recuerdos:
la señal de la cruz,
un canto y unos versos.
De "La posesión del
miedo" 1996
