APUNTES BIOGRÁFICOS

Adriano paso a la historia como uno de los emperadores romanos que mas aportaron a la consolidación del imperio, así como por su amor por joven Antinoo a quien deifico tras su muerte. Gobernó del 117 al 138.

Nación en Italica, cerca de Sevilla, el 24 enero de 76, en el seno de una familia romana, que se hallaba establecida en España desde hacía tiempo. 

Es el segundo provincial que llega al poder, y, como su antecesor,The Emperor Hadrian nacido en la Bética, que será así la iniciadora del florecimiento político de las provincias. 

Emparentado con Trajano, que fue su tutor al quedar huérfano, contrajo matrimonio político con una sobrina de este emperador, de la que no tuvo hijos; pronto fue obteniendo varios cargos dentro del ejército, acompañando al emperador en sus expediciones por la Dacia. 

Más tarde, fue pretor y cónsul y, estando en Siria como jefe de las legiones, recibió la noticia de la muerte de Trajano, y, como consecuencia, de su acceso al trono. 

Bajo el gobierno de Trajano, el Senado había reconocido la adopción como legítimo principio de sucesión al poder imperial, pero este emperador había ido posponiendo su elección, y cuando se dio cuenta de que se avecinaba su fin, adoptó, ya moribundo, a A. Esta decisión rápida y final dio lugar a sospechas sobre si la adopción fue hecha por el propio Trajano, o fingida por Plotina, la emperatriz viuda que siempre había protegido a Adriano. 

La adopción, en este caso y por las causas especiales que la rodearon, se había hecho sin contar con el Senado, por lo que Adriano solicitó rápidamente de éste la confirmación de su elección como Emperador.

Adriano y las provincias del Imperio. 

Una vez en el poder, dio un giro total a la política exterior de su antecesor; en vez de continuar sus conquistas, optó por abandonar las tierras de más allá del Éufrates, considerando que conservar estas provincias que estaban prontas a una sublevación era una tarea que excedía las fuerzas del Imperio. 

Prefirió mantener el equilibrio de lo adquirido a emprender nuevas conquistas. Esta renuncia a la política de expansión imperialista que había sido la tónica de Roma hasta el momento le granjeó la oposición del fuerte partido militar formado por los generales de Trajano, algunos de los cuales tramaron una conspiración contra él, por lo que fueron condenados a muerte. A pesar de estas medidas, 

Adriano consideraba al ejército como la fuerza más importante para conservar la paz del Imperio, y por ello se encargó de mantenerlo siempre en una actividad constante, dispuesto para la lucha; aumentó su disciplina y varió el sistema de reclutamiento haciéndolo regional, de forma que las legiones se reclutasen en las respectivas zonas donde estaban acantonadas. Esta medida engendraría más tarde el separatismo regional y daría lugar a la anarquía militar en el Bajo Imperio.

En el año 118 realizó su primer viaje como Emperador, al que habrían de seguir otros muchos a lo largo de su reinado. Este viajar infatigable, que ocupó 12 años de los 20 que duró su gobierno, obedecía, sobre todo, al interés que le merecían las provincias, que constituían para él el cuerpo mismo del Imperio, y no un apéndice de Italia. 

Recorrió sobre todo las de la periferia, sofocando conatos de rebelión y dando impulso a la construcción de los limes o murallas que rodeaban y defendían las posesiones de Roma. Además de las fronteras reales, creó un limes diplomático, rodeando al Imperio con una serie de pequeños Estados clientes que le protegían y eran protegidos por él al mismo tiempo. 

Viajó por la Galia, provincia ya muy romanizada; por Germanía, donde hizo el trazado definitivo del limes germánico, suprimiendo el peligroso ángulo que existía entre el Rin y el Danubio; a consecuencia de esta rectificación fueron necesarias menos legiones para defender este punto. Pasó luego a Britania, donde edificó la más célebre de las fortificaciones: el Vallum Adriani, que iba desde el golfo de Solway a la desembocadura del Tyne, de la cual se conservan hoy día vestigios.

En el invierno de 121-122 fue a España, pasando enseguida al norte de África, a causa de una insurrección en Mauritania. También allí emprendió la construcción de un vallum análogo al de Britania. 

De África, pasando por Egipto, fue a las provincias Orientales, ante la amenaza de una nueva guerra con los partos; recorrió Asia Menor y Grecia, demostrando su afición al helenismo y a todo lo griego. 

Adriano, que hablaba y escribía correctamente la lengua de Homero, permaneció allí hasta el 126 adoptando en su forma externa (atuendo, peinado, barba) el aspecto de un verdadero griego; se hizo conceder el cargo de arconte de Eleusis, y se ocupó sobre todo de embellecer la ciudad de Atenas, por la que sentía gran predilección.

Vuelto a Roma, a los dos años reanudó sus viajes: África, Grecia, Asia y Egipto. En esta ocasión acometió una obra que traería funestas consecuencias; ordenó reconstruir, sobre las ruinas de Jerusalén, una nueva ciudad: Aelia Capitolina, que, poblada con romanos, sería en Oriente el símbolo de la unión entre el espíritu griego y el latino. 

Sin embargo, esto fue interpretado por los judíos como una injuria, y en el 132 tuvo lugar la última y más sangrienta sublevación judía, dirigida por Simón Bar Cochba. Después de dos años de continuas guerrillas y mediante una feroz represión, el movimiento fue sofocado, quedando Palestina destrozada.

Durante sus viajes, fundó varias ciudades: Adrianápolis en Tracia, y Antinópolis en Egipto, esta última en conmemoración de su favorito Antinoo, ahogado en el Nilo (130), y al que divinizó después de, su muerte. Referencias a la pareja de Adriano y Antinoo puedes encontrarla en el area de "CORAZON" en la zona de "amores de leyenda"

Reformas administrativas.

Acometió también grandes reformas de tipo administrativo; bajo su mando el Estado se burocratizó. Hasta aquel momento los servicios civiles habían estado ocupados por los libertos; Adriano los sustituyó por miembros del orden ecuestre, creando así la clase de funcionarios, el estamento burocrático. También es la primera vez que aparecen empleos públicos sin depender de lo militar; la fusión entre lo civil y lo militar era tradición romana, pero A. rompió con ella y ya no fue necesario haber desempeñado magistraturas militares para tener un cargo en la Administración.

Dividió Italia en cuatro distritos, cada uno bajo el gobierno de un consular, cuya principal atribución era los asuntos de justicia; esto destruía en cierto modo la significación del Senado, pues de esta forma las comarcas italianas se sustraían a su autoridad. 

Para remediar esto, Adriano decidió que estos cargos serían ocupados sólo por senatoriales. Evitó siempre enfrentarse con el Senado, y para congraciarse con él, al principio de su reinado juró que ninguno de sus miembros recibiría castigo por orden directa del Emperador, sino que tendría que intervenir el propio Senado. 

Sin embargo, sus relaciones, sin llegar a ser malas, fueron empeorando poco a poco, sobre todo a causa de las medidas que tomó Adriano para estabilizar las instituciones imperiales, las cuales rompían con la tradición republicana e implicaban una centralización monárquica. Al hacer del Consilium principis o Consejo imperial un órgano de consulta regular, sustituyó al Senado, que quedaba así relegado a un segundo término. Procurando además que los miembros de dicho Consejo fueran de la clase de los juristas.

Las innovaciones en el campo jurídico fueron varias, pero sin duda la más importante fue la de codificación: encargó al jurista Salvio Juliano que reuniera y coordinara todos los textos que tradicionalmente constituían las fuentes del Derecho civil romano; éstas eran muy variadas y heterogéneas: leyes del pueblo, senadoconsultos y, sobre todo, los edictos de los pretores. 

Una vez organizadas se les dio carácter de perpetuidad: Edictum perpetuum, siendo ésta la primera codificación del Derecho civil romano desde Las Doce Tablas. Fue aprobada por el Senado y sólo podía ser modificada por decisión del Emperador.

 

Muerte de Adriano 

En el 134, se retiró a su villa de Tívoli; allí, sintiéndose envejecer y sabiendo que se aproximaba el final, tuvo que pensar en elegir y adoptar al hombre adecuado para sucederle. Eligió primeramente a julius Ursus Serviano y más tarde (136) al nieto de éste, Lucius Ceionius Commodo. Muertos ambos, adoptó a Titus Aurelius Antoninus, el futuro Antonino Pío, al que hizo adoptar a su vez a Marcus Aurelius Verus y a Lucius Verus, los dos futuros emperadores. Quedaba así prevista a largo plazo la sucesión imperial. Seis meses después murio Adriano en la ciudad de Baiae, cerca de Nápoles, el 10 jul. 138, a los 62 años. El Senado se negó a otorgar la divinización (apoteosis) al Cesar muerto, pero su sucesor Antonino Pío logró que se le rindieran los honores debidos.

Adriano fue sobre todo un hombre de espíritu moderno y cosmopolita; sus continuos viajes, que le llevaron por todas las regiones del amplio Imperio, le dieron un conocimiento de él más exacto y profundo que el de cualquier otro Emperador. 

Ensanchó el concepto de Imperio más allá del nacionalismo romano; quizá por su carácter de provinciano, tuvo una política universalizante, aspirando a que hubiera una verdadera hermandad entre la urbs y las demás provincias. 

Con él, Roma perdió importancia y el Imperio la adquirió. Intentó siempre asegurarse el afecto del pueblo, para lo que tomó medidas como la de perdonar a los ciudadanos de Roma e Italia las deudas que tenían con el fisco. También mejoró las condiciones jurídicas de los esclavos. 

En cuanto a los cristianos, que ya en aquel momento eran un grupo importante dentro del Imperio, la actitud de Adriano fue más bien pasiva; sin decretar ninguna persecución sistemática contra ellos, se limitó, en cierto modo, a continuar la de su antecesor. En una carta a Minucio Fundanio sobre este tema, expresa su deseo de que no debía molestárseles excepto si se consideraban culpables de actuar contra la ley.

Debido a su educación esmerada, ya desde muy joven tuvo inclinación a las artes y a las letras, aumentando su cultura en el transcurso de sus viajes. Tenía una prodigiosa memoria y una gran curiosidad por todo lo nuevo o lo desconocido, lo que le llevó a interesarse en los principios de la magia y la astrología. 

Apasionado por todo lo griego, intentó conciliar el helenismo, como lazo intelectual y moral, con el principio romano, lazo político y militar, suponiendo que en el equilibrio de estos dos elementos se hallaría la prosperidad del Imperio. Sin embargo, esta idea, junto con su política militar, sus prolongadas ausencias de Roma y sus reformas administrativas le crearon una gran oposición entre sus súbditos y contemporáneos.

Dotado de una gran inquietud constructiva, es uno de los emperadores que ha dejado más muestras de su actividad arquitectónica, influyendo además en todo el arte romano de su época, de clara influencia helenizante. 

En Roma, reconstruyó totalmente el Panteón, edificó el templo de Venus y Roma, la Villa Adriana de Tívoli, y el Mausoleo, hoy castillo de Sant'Angelo, donde fue enterrado. 

En Atenas, acabó el Olympeion y edificó la Biblioteca, además de reconstruir gran parte de la ciudad. Y por todas las provincias, tanto orientales como occidentales, han quedado restos arquitectónicos de su época.

 

BIBL.: E. ESPARCIANO, Adriano, en Escritores de la Historia Augusta, Madrid 1889, 25-56; S. PEROWNE, Hadrian, Nueva York 1960; B. W. HFNDERSON, The life and principate of emperor Hadrian, Londres 1923; J. DURR, Die Reisen Kaisers Hadrian, Viena 1881; SCHULTZ, Leben des Kaisers Hadrian, Leipzig 1907; B. D'ORGUEVAL, L'emperur Hadrien, I'oeuvre l¿gislative, París 1950; L. PERICOT y R. BALLESTER, Historia de Roma, en Historia General de la Humanidad, dir. J. VICÉNS VIVES, Barcelona 1963; L. Homo, Nueva Historia de Roma, Barcelona 1943; M. RosTOVTZEFF, Historia social y económica del Imperio Romano, Madrid 1937. Una de las mejores biografias noveladas el emperador es la que se titula "MEMORIAS DE ADRIANO" de la escritora Marguerite Youcenar.

M. SOLEDAD AMBLÉS

 

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