1933 - 1991

 

POEMAS INÉDITOS

 

 
 LICOR

 

Dulcísimas cerezas
en el ritual de octubre.
Se yo te mordiese los cilios
y gimiese de espanto
diría que el amor
es una invención del sueño,
que el cuerpo con que ejerzo
esta danza secreta
no tiene definición
mas es daño y pena,
lasca de uñas, mancha
de sangre en un pañuelo.

Reiríamos del amor
de tal forma alumbrados
que el sueño pasaría
y yo vería la verdad
que naufraga cuando todo
es placer triturado.

placer? yo sondaría
milímetros de nervios
y pesaría los gestos
las mínimas torsiones
concluyendo con la nada
de una nube trazada
en una hoja vacía.
(Ni siquiera una nube
distante y verdadera.)

Se quisieses oírme
yo contaría la historia
de una imagen que quise
robar de lo que es real
una gota de miel.

Diría que este hurto
sin dimensión exacta
seria toda la gloria
de esta imagen sin voz.
Se quisieses oírme 
yo te prometería
luego, después dispensar
llevando a mi historia.

Y yo te desearía
el puerto da locura
para que sólo hablases
de esta opaca memoria.

Dulcísimas cerezas.
Octubre, la nueva, nada
reconstruí lo perdido
cuando es mito referido
de improbable delicia.

Dulcísimas cerezas,
imponderable gesto
suspenso entre el remozo
y la frustrada caricia.

 


 

 

JAPÓN 

 

El otoño es el príncipe heredero 
mueven un pincel de aire 
y abermellan 
los árboles 
de la porta del sol. 

Silencio y ausencia pintan la grama, 
hubiera allí un canto anunciador. 
El jardín es un lago de oro 
o caida 
de pájaro esponsal. 
Los dioses invisibles tejen 
rebaños de lana. 
                         El otoño 
es menos que un murmullo. 

 



 

 

Dios es el Incriado
es el todo y la nada
el presente y el ausente
el respirado
y el expirado,
es la primera imagen
y la última imagen
tocándose en un tiempo
sin tiempo; 
es anterior 
a todas las imágenes,
es el que no tuvo espejo
es el que no se vistió
y se vistió de todo
de agua de aire de polvo,
es el que manipuló
el polvo y la brasa ardiendo
ciclo perfecto, el anel.

Es el brillo, la materia
el símbolo del anel
es el invisible dedo
de la alianza, el espíritu
del vino, violeta
violáceo rá.

Dios es el que es
sin haber sido, no en tanto
inacabado siendo
el que no evolucionó,
es el santo
el címbalo
el humo
la absinta
el abismo
el proyecto
del amor
mas que perfecto.
Es el último 
tramo
del inimaginable. 
Es la algema,
el asa libre:
es la imagen.
 

Apago la luz y pienso:
mas una vez apago a luz,
y respiro para sentirme  respirando
con cautela y pasmo.

Hoy vi retratos de mis muertos,
sonríen en plazas y paisajes
innaturales.

Y yo aquí, aun vivo,
como? por que? hasta cuando?
Cada trilla me inspira
la despedida,
y yo me veo al lado de los muertos
y ellos no me ven
en la niebla de los retratos.

Quien me olvidó en este lado?

 



 

un día el inventó el Bien Supremo: 
un castillo en una ciudad santa y poblada 
de tempestades, rayos y señales 
da Grande Noche. 

En esa ciudad el Bien Supremo transitaba 
con sus ejércitos y magos 
con su zoológico de fieras y pastores, 
sus bailarines, panderos y cristales. 

De todo él era el poeta, el oficiante, 
el subyugado, 
el invitado. 

              El corazón de la Gran Noche 
fue su último refugio. 

 
 



 
 

Vivir, un breve espanto, una alegría 
instantánea, una centella, un átomo, 
vivir, estar viviendo, ni trincar 
el rubi de la romana y ya no haber 
noción de la fruta, percibir 
en el rostro la brisa y al gesto 
de intentar retener el pétalo, perder 
la flor, vivir, vivir? crispada 
la piel el hielo de la parada 
del corazón, perder 
la brecha de la visión, y el gozo 
tenue, percibir 
el invisible temblor como lamento 
de un sueño en fuga, desprender, 
vivir y desprenderse, y escurrir 
en las paredes del pozo uñas, gemido, 
terror de la oscura y demorada muerte. Ah, 
dice tu nombre e innominada, dice 
y posas en mi dorso el veludo 
de tu eterna voz, suspendida 
en las proas naufragadas, en las oscuras 
virginidades de los bosques, muerte, 
ardil de seda no morado acceso, 
atrás del repostero vigilante, espía 
de secretos, torturada 
densa del rito excuso. muerte, 
yo te nombro como el tañir 
de una uña por el sonido de una cuerda 
tensa, yo te nombro 
perdiendo el sopor, andante de ahogado 
que se integró en el mar. Eternidad. 

 



 

BALADA 

 

Toqué la frente de la muerte. Era fría. 
Tenía los labios diseñados de ironía. 
La mirada retenía una estrella 
que lucía. 
La mirada de la muerte, entre vértebras, 
casi cerraba - era día - 
la muerte toda de noche se vestía. 

Vi las flores de la muerte, un jardín 
que fenecía. 
Intenté  respirar la muerte, anochecía. 
Poco a poco andamos cerca 
                                                la muerte y yo, 
me complacía 
en sentir su vestido que una araña 
infinitamente seria. Era mendiga, la muerte 
y lentamente se desnudaba. Desnuda, 
la moldura de la mirada me consumía, 
e invisible me dejaba la merced 
del que moría. 
Y ya no era entonces, la muerte, la fantasía 
de mi dolor, ni intérprete el cicerone. 
Barría 
          a mis pies a basura de donde vino 
y para donde iba. 

El Campo Santo era una patria sin valía. 

 


 

mis amigos, mis conocidos, mis afectos y desafectos, 
mis lectores y detractores, oigan y atiendan: 
cuando llegue la hora de mi último reposo, 
busquen mi cuerpo donde estuviera, 
en el basural do Río o en la nieve huérfana, 
en algún Japón antípoda, o aquí mismo, 
en la calle  Dr. Luiz Januário, una calle que 
posiblemente ya haya perdido los bellos paralelepípedos 
en nombre delo dudoso progreso. 

busquen mi cuerpo de carro o autocar, de carrito de mano 
o en un simple pañuelo usado, 
y depositen allí, atrás de la Iglesia de la madre de Nazarét, 
en aquella tierra que la hierba insiste en invadir, 
y donde no hay señal de diferencia de clases en el sueño, 
tan sencillas son las lápidas. 

Acuéstenme allí, con toda posible memoria que tengan de mi, 
recuerden e inventen sobre mi vida, pero déjenme allí. 

Quiero enfrentar la vida eterna con placer, 
el viento y el azul del cielo haciendo un toldo móvil sobre  mi lecho. 

yo y el silencio 
oyendo eternamente el mar. 

 

 

 

 

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO