Sobre el sentido de la transgresión

Por Luis Duno Gottberg
(Profesor Univ. Simón Bolivar)  

   


"Grito, luego, existo"
Reinaldo Arenas
(Antes que anochezca)

 

I   El eros de la escritura


Reinaldo Arenas se entregó a la escritura con una voracidad y una osadía que no son extrañas a lo erótico; no sólo en su dimensión temática -que es bastante obvia, por cierto-, sino en un plano creador y subversivo que parece consustancial con la existencia misma del autor y de sus personajes: ni Celestino de Celestino antes del alba (1967), ni Fray Servando de El mundo alucinante (1968), ni Héctor de Otra vez el mar (1982), ni Juan de El portero (1989), conciben una vida ajena a una literatura que desestabiliza las certezas y cuestiona toda forma de poder.

 

Se construye así una obra que revela el grado de transgresión que encarnan el eros de la escritura y la escritura erotizada, al vincular el gesto creador a la fuerza liberadora de la imaginación, que alimentan tanto al deseo amoroso como al arte. Un ejemplo de esto se halla en El mundo alucinante, luego de narrarse el fantástico encadenamiento de Fray Servando, cuando se advierte sobre la ineficacia de la prisión frente al pensamiento: Algo hacía que la prisión siempre fuera imperfecta, algo se estrellaba contra aquella red de cadenas y las hacía resultar mezquinas e inútiles. Incapaces de aprisionar… Y es que el pensamiento del fraile era libre (…) El pensamiento ligero de entre aquellas barras de acero, saltaba por sobre las mismas narices de los carceleros.  

 

El eros y la escritura constituyen manifestaciones de la libertad, y cuando la escritura deviene una experiencia erótica y lo erótico una escritura, la experiencia de la libertad parece potenciada de manera extraordinaria. Si, como dice Octavio Paz, "El erotismo (…) es un disparo de la imaginación frente al mundo exterior", ¿qué decir entonces de la escritura? Ambos son invención y creación; ambos saben de la realidad de sus ficciones y, sobre todo, de la fugacidad de sus conquistas.

 

 

En efecto, tanto el eros como la escritura prometen sólo la plenitud en un instante. Arenas se refiere a ello cuando alude a la fragilidad de las conquistas logradas por el deseo y la palabra. En un soneto con dejos conceptistas, publicado en su poemario Voluntad de vivir manifestándose (1989), escribe:

 

Todo lo que pudo ser, aunque haya sido
Jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
De darle a la realidad otro sentido.

Otro sentido, nunca presentido
Cubre hasta el deseo realizado;
De modo que el placer aún disfrutado
Jamás podrá igualar al inventado.

 

 

Cabe advertir, finalmente, que este eros de la escritura se caracteriza por una suerte de fatalidad: es incontenible y, a la vez, es constantemente perseguido y castigado desde ámbitos más diversos que aquellos que alcanza a señalar la crítica usualmente. 

 

 

II  En la tierra de los buscadores

 

En uno de los delirios de Fray Servando, el fraile encuentra a un poeta que habita "la tierra de los eternos buscadores". Dicho personaje se presenta persiguiendo incesantemente una sombra, una ilusión de absoluto, lo eterno en el lenguaje. El es también, nos dice el narrador, el hombre más desgraciado, pues "sabe que su empresa trasciende el límite de lo humano". Esta dimensión trascendental de la escritura encuentra también su tragedia "en el reino de este mundo". Ejemplo de ello es la alusión al caso Padilla y a Guillermo Cabrera Infante, cuando el narrador cuenta que, al pasar el golfo de México, unos marineros "lanzan por la borda al habanero Infante, que iba en calidad de literato y periodista, pues en medio de la tormenta se mantenía alejado, componiendo un soneto al mar". Pero esta persecución ha sido ampliamente reseñada y ha servido bien a los editores. Interesa más bien destacar la representación de otras manifestaciones de intolerancia que trascienden el ámbito del totalitarismo y que bien alcanzan las costas de La Florida.  

 

Celestino antes del alba, la primera novela de Reinaldo Arenas, se sitúa en la provincia de Cuba, un poco antes del Batistato. La narración gira en torno a un niño que es acosado por su familia guajira y sus vecinos. Para sobrevivir esta circunstancia opresiva, el niño imagina a Celestino, un ser puro que se dedica a escribir en trozos de papel, en los árboles y en el cuerpo de los animales. La escritura es en este caso una experiencia que libera de la bestialidad y la violencia de lo cotidiano: Todo el mundo sabe que Celestino es poeta. La noticia ha corrido por el barrio completo, y ya lo sabe todo el mundo. Mi madre dice que se muere de vergüenza y que no saldrá más nunca de la casa, Adolfina dice que ésa era la causa por la que no puede encontrar un marido, y hasta mi abuela muerta se ha encerrado en la prensa de maíz y dice que de ahí no saldrá ni aunque vuelva a vivir. Al abuelo ya los lecheros no le compran la leche que dan las vacas, y cuando los lecheros pasan por frente a la casa nos tiran piedras y dicen: "Ahí viene la familia del poeta". Y se van riendo a grandes carcajadas.

 

En esta medida, la persecución no proviene de un régimen totalitario, sino de la intolerancia de quienes rodean al personaje: la madre, la abuela, el abuelo siempre con su hacha en mano, unos primos y los vecinos son hostigadores eficaces: "'Eso es mariconería', dijo mi madre cuando se enteró de la escribidera de Celestino. Y esa fue la primera vez que se tiró al pozo".  

 

No encontramos aquí la vertiente heroica de cierto discurso homofóbico revolucionario, sino aquella violencia que nutre el día a día de la pequeña historia y que reaparecerá en El palacio de blanquísimas mofetas (1975). El escritor, quien habita "la tierra de los buscadores", no hallará descanso en ninguna orilla.

 

 

 

III  La subversión de las formas


Arenas apuesta a un arriesgado experimento que subvierte los modelos literarios. Sus novelas ostentan la autonomía de la creación, al violentar el modelo de la novela realista y jugar libremente con los "contextos históricos" y la tradición literaria. Su reescritura de Cecilia Valdés (1839-1882) de Cirilo Villaverde, titulada La loma del Angel (1987), es quizás un ejemplo extraordinariamente divertido de lo anterior. Es también el caso de su obra más conocida, El mundo alucinante.

 

 

Esta última novela se abre con una carta del autor dirigida a Fray Servando. Allí da cuenta de cómo se descubrió al personaje histórico y cómo se reunieron los datos de su vida, pero esta voluntad objetiva y documental se fractura inmediatamente por las estrategias narrativas y por la identificación del narrador con su personaje: "tú y yo somos la misma persona". Otras voces irrumpen en el relato. El lector, por ejemplo, detiene la narración de Fray Servando para reclamar un discurso más realista: "Déjese de fanfarrias y cuente las cosas tal como sucedieron", dice éste. Asimismo, otras referencias más oscuras aparecen diseminadas en el texto, bajo la forma de un diálogo con interlocutores misteriosos a cuyas objeciones parece adelantarse el narrador: "¿Y creerán ustedes que…?", "Mire usted…". Cabe preguntarse si acaso responde aquí el autor a la censura, en un diálogo imaginario con el poder, desde el espacio liberador de la literatura.

 

 

Otro aspecto singular de la novela es que el capítulo uno se inicia tres veces, y en cada oportunidad, una voz narrativa distinta (yo, tú, él) toma la palabra. La tercera persona que entrega la base "objetiva" de la narración deviene entonces una voz más y el lector queda a la deriva, entregado a la imaginación paranoica y contradictoria que gobierna el texto.

 

 

Todos estos recursos narrativos no son más que la negación de la posibilidad de establecer una representación absoluta del mundo o, dicho de otra forma, constituyen una evidencia de la imposibilidad de reconciliar cierta obra literaria con verdades totales o totalitarias. La subversión de la forma es por esto algo más que un ejercicio formalista; es un acto de subversión ideológica. En este sentido cabe recordar las palabras de Milan Kundera en El arte de la novela, quien afirma: …el mundo basado sobre una única Verdad y el mudo ambiguo y relativo de la novela están modelados con una materia totalmente distinta. La Verdad totalitaria excluye la relatividad, la duda, y nunca puede conciliarse con lo que yo llamaría el "espíritu de la novela". 

 

 

IV  Del infierno al purgatorio


Cuando Arenas llega a Miami, un tío le dice: "Ahora te compras un saco, una corbata, te pelas bien corto y caminas de una manera correcta, derecha, firme; te haces además una tarjeta que diga tu nombre y que eres escritor".

¿Contra qué o quién se rebela Arenas? Si nos guiásemos exclusivamente por su dolorosa carta de despedida, la respuesta a esta pregunta adquiere visos de problema personal, pero el conjunto de su obra parece apuntar a un objetivo más amplio y menos conciliador.  

 

En El mundo alucinante encontramos un diálogo paródico con la Revolución cubana, cuyos signos encontramos en los sermones religiosos que desatan la furia del pueblo contra los herejes / disidentes. Sin embargo, las amargas conclusiones del fraile (cambiar de gobernante es cambiar de tiranía) tampoco dejan en pie las añoranzas representadas por lo que describe como las "veladas de llanto" de quienes extrañan el Imperio.

 

 

Asimismo, las vicisitudes de los poetas de la corte, sujetos a la inquisición y a la voluntad de los gobernantes, descritos en El mundo alucinante, deben ser leídas junto con las reflexiones en Antes que anochezca, sobre las miserias del mercado editorial: "yo, estando preso y confinado en Cuba, tenía más oportunidades editoriales porque, por lo menos, allí no me dejaban hablar y las editoriales extranjeras podían poner que yo era un escritor que residía en La Habana", escribe Arenas.

 

 

Si bien es cierto que lo personal es también político, pareciera que la dimensión de lo personal ha sido notablemente empobrecida por algunas lecturas de la obra de Reinaldo Arenas. Es necesario comprender que el sentido de su rebelión no se limitó a la circunstancia de una lucha contra el gobernante de turno. Escritura y subversión constituyen pues un continuo en una obra que, leída cuidadosamente, tendrá la virtud de incomodar a los cuatro puntos cardinales .

 

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ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO