|
Reinaldo furioso
Por Eduardo Nabal Aragón
"Una
de las más tristes lecciones que me ha enseñado esta epidemia es que el
auténtico progresista heterosexual, por alguna razón inexplicable, no es
necesariamente amigo de la lesbiana o el gay. Luchará a favor de la gente
negra, de las mujeres, de los hispanos, por el aborto, por el desarme
nuclear o para que la Biblioteca Jefferson permanezca abierta toda la
semana. Pero cuando se trata del homosexual, siente náuseas. Intenta
explicártelo. Yo no puedo"
LARRY
KRAMER, 1986.
"Entonces,
yo padecía todos los prejuicios típicos de una sociedad machista,
exaltados por la Revolución; en aquella escuela desbordada de una
virilidad militante no parecía haber espacio para el homosexualismo que,
ya desde entonces, era severamente castigado con la expulsión y hasta con
el encarcelamiento. Sin embargo entre aquellos muchachos se practicó de
todos modos el homosexualismo, aunque de una manera muy velada. Los
muchachos que eran sorprendidos en esos actos tenían que desfilar con sus
camas y todas sus pertenencias rumbo al almacén, donde, los demás compañeros
debían salir de sus albergues, tirarles piedras y caerles a golpes. Era
una expulsión siniestra, por cuenta conllevaba también un expediente que
perseguiría a esa persona durante toda su vida y le impediría estudiar
en otra escuela del Estado- y el Estado empezaba ya a controlarlo todo.
Muchos de aquellos jóvenes con sus camas a cuestas parecían muy
varoniles. Al ver aquél espectáculo me sentía avergonzado y
aterrorizado. "Pájaro, eso es lo que tu eres", volvía a
escuchar la voz de mi compañero de estudios cuando estaba en la escuela
secundaria y comprendía que ser "pájaro" en Cuba era una de
las calamidades mas grandes que le podía ocurrir a un ser humano".
(De
"Antes que anochezca" de R. Arenas)
"Queridos
amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión
sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la
libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me
sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he
trabajado durante casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis
terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me
siento satisfecho por haber podido contribuir aunque modestamente al
triunfo de esta libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no
puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están
comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro.
Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las
enfermedades que haya podido contraer en el destierro no las hubiera
sufrido de haber vivido libre en mi país.
Al
pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla los exhorto a que sigan
luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de
lucha y esperanza.
Cuba
será libre. Yo ya lo soy.
REINALDO
ARENAS, 1990.
Fiesta
cubana en Burgos. Mojitos, huchas, solidaridad, música y poesía.
Estampitas del Che, odas al régimen y testosterona comunista a raudales.
Cuba como anatema, símbolo de resistencia pero también de ceguera. Un
islote cercado por el aislamiento y la agresión imperialista pero también
un régimen interno de terror y silencio.
Si
hablas de la situación de las minorías en Cuba te acusan de frivolidad y
parcialidad. Con todos sus fallos, Cuba sigue siendo un horizonte, fuera
de toda discusión. Un núcleo de resistencia. Hay que ayudar a los
cubanos. Y apoyar al régimen. Nadie lo discute.
Los
testimonios de los disidentes son vistos como la cháchara despreocupada
de exiliados que critican mientras toman un "cuba libre" al
frescor de un ventilador en un hotel de lujo de Miami.
Pero
no todos los testimonios son iguales. Yo rescato o quiero rescatar en
estas líneas un testimonio aterrador que ningún incondicional del régimen
de Castro debería dejar de leer. Me refiero claro está a los textos de
uno de los mejores escritores de la Isla en el siglo que acaba: Reinaldo
Arenas.
La
prosa de Reinaldo no pretende ser objetiva. Es de hecho pura subjetividad.
Pero es la subjetividad lo que nos interesa recuperar desde los
movimientos de liberación sexual y de cuestionamiento de género. Nada
hay más válido, ni, en definitiva, mas revolucionario, que la
subjetividad. Detrás de cada párrafo de esa autobiografía tremenda que
es "Antes que anochezca", escrita por Arenas mientras agonizaba
de SIDA en un hospital de Nueva York, hay toneladas de rabia, rencor, ira
y dolor. Nadie pretende negarlo. Pero eso no le resta ni un ápice de
validez.
En
los primeros capítulos de su autobiografía nos da imágenes potentes de
una infancia rural marcada por el contacto visceral con la tierra, los
animales, la pobreza, la presencia de una familia en la que se siente algo
extranjero y que le perciben como tal. Nos cuenta también sin ningún
tapujo los primeros encuentros sensuales y sexuales, su permanencia en el
armario en los años de aprendizaje juvenil sintiendo el despertar de la
diferencia sexual pero adaptándose al modelo de campesino machirulo para
no ser señalado por los demás... Como en toda su obra el tratamiento
dado por Arenas a las relaciones homosexuales es de una mezcla
perturbadora de crudeza, pasión y lirismo. Algunos le han acusado por las
descripciones explícitas de sus correrías sexuales juveniles de
recrearse en la ilustración gráfica de esos episodios desde una
perspectiva autocomplaciente. Es decir de referirse siempre a aspectos de
la sexualidad entre hombres centrándose en una genitalidad falócrata,
machista en su lenguaje, y que interioriza muchos de los aspectos tópicos
sobre lo gay que desde una mirada homofóbica suelen manejarse.
El
realismo atroz y la fisicidad de algunos episodios de "Antes que
anochezca" contrasta con la delicada poesía de otros capítulos
donde se centra en reflexiones y sensaciones de indudable sensibilidad y
carga poética. No olvidemos que Arenas es sobre todo un poeta y un
narrador de ficciones, en la mejor tradición del realismo mágico de los
autores cubanos de su generación y se permite así toda suerte de
licencias para dar musicalidad y colorido a su prosa, incluso en
"Antes que anochezca", su obra más austera desde el punto de
vista de las imágenes barrocas y la fabulación literaria.
No
es la prosa poética de Reinaldo Arenas, o sus memorias, o sus piezas
breves o su poesía un testimonio asilado de la represión sexual y política
(¿debería poner solo política, aun a riesgo de ser malinterpretado?)
del gobierno Castrista en el panorama literario cubano. Desde el exilio,
exterior e interior, se han sumado otros autores como Severo Sarduy,
Abilio Estevez o Virgilio Piñeira nada sospechosos de conservadurismo, o
de pro-norteamericanismo. Y antes que todos ellos la prosa difícil y
luminosa de su maestro, también represaliado, Lezama Lima. Pero ninguno
de ellos ha llegado tan lejos como Arenas en su denuncia de la situación
sociopolítica de la Isla desde la literatura, ni ha señalado con tanta
insistencia a sus responsables...sin temor a caer en ocasiones en el
chismorreo. Una literatura que
nos cuenta desde la ficción o desde la recreación biográfica los
horrores que el machismo cultural promovido por el machismo y el
militarismo institucional han causado en amplios sectores de la población
cubana. Junto a los gays, los seropositivos, homos o heteros, las
prostitutas, las mujeres en general, los intelectuales o simples
escritores no adictos a todos los principios del régimen, los algo críticos
con algunos de los errores más sangrantes de la dictadura castrista etc.
Desde dentro de Cuba tenemos también testimonios, más tímidos por
razones obvias, que nos han acercado a realidades que no suelen aparecer
en las publicaciones sobre Cuba que maneja la izquierda divina y ¿radical?
europea. Es el caso de la hermosa recopilación de relatos "Toda esa
gente solitaria" compuesta por el taller literario del sanatorio de
Villa de los Cocos, un Sidatorio donde desde 1986 fueron internados
forzosamente los seropositivos cubanos. Sin atreverse a atacar
directamente al régimen o a mostrar del todo la política sidófoba y homófoba
tal y como lo ha hecho Arenas, estos jóvenes escritores han dejado un
testimonio estremecedor que algún día deberá ser analizado con la misma
seriedad con la que se analizan hoy las atrocidades cometidas por otros
gobiernos latinoamericanos.
En
su biografía Arenas muestra como tras unirse a la guerrilla para derrotar
a Batista y tras creer ciegamente en las expectativas de la revolución y
en el marxismo-leninismo en el que se les va adoctrinando conoce de cerca
la violencia y la alienación, la homofobia y la política jerarquizadora
de los altos mandos revolucionarios. Tras luchar contra una dictadura de
derechas que empobrece al país se encuentra con el amargo desencanto de
otro régimen dispuesto a aniquilar a los diferentes. No pretendo que todo
lo que cuenta Arenas en su "Antes que anochezca" sea
rigurosamente cierto. No creo que ni siquiera el pretenda que tomemos todo
como datos cuidadosamente documentados. Pero su testimonio nos deja un
testimonio devastador de las consecuencias sociales y humanas de la
represión de la disidencia que también se ha cebado en otros sectores de
la población cubana que como en el caso de Arenas, distan mucho de ser
sectores privilegiados, conspiradores, grandes capitalistas o peligrosos
"contrarevolucionarios".
Toda
la obra de Arenas, en sus distintas variantes genéricas, reivindica la
diferencia sexual, la irreverencia y el aborrecimiento hacia las jerarquías
o el militarismo oficial, hacia la uniformidad, en una palabra. Algo que
sin duda también es labor de los maricas de los paises llamados
"democráticos", y de otras minorías, pero que encuentra toda
su crudeza al enfrentarse a una represión homofóbica sistemática y a un
régimen de terror donde el autor se ve envuelto en mil y una
persecuciones y encarcelamientos. Todo esto acaba de hacer de su paraje
literario una suerte de pesadilla kafkaina llena de homoerotismo, humor
amargo, sinceridad y dolor. En su novelita corta, escrita en Cuba,
"Arturo, la estrella más brillante", nos cuenta como un joven
gay cubano es trasladado a los campos de trabajo de la Isla y allí
sometido a toda suerte de vejaciones y torturas por sus jefes, los
soldados y sus compañeros. Pero Arturo no se resigna ni sucumbe ante la
atroz mediocridad castrense y funcionarial del mundo donde ha sido
recluido sino que recurre a la belleza y a la poesía como formas de
escapatoria y de insumisión ante un régimen represivo que va destruyendo
su dignidad y su cordura. Como en "Antes que anochezca" nos
presenta un mundillo gay generalmente atemorizado e insolidario, víctima
de una violencia cotidiana ante la que no puede o no sabe articular una
repuesta colectiva, aunque también incluye algunas conmovedoras muestras
de apoyo y solidaridad entre maricas que destacan frente al individualismo
generalizado. "Arturo..." es una de sus mejores creaciones, una
pequeña joya en forma de monólogo sin comas ni pausas y un ejemplo claro
de su estilo, a la vez delicado y brutal. En ella el barroco lirismo de su
lenguaje no amortigua la crudeza de su denuncia.
Se
acaba de publicar en Tusquets "El color del verano" una
recopilación de sus últimas creaciones literarias. Piezas teatrales
irrepresentables, relatos mágicos y política-ficción son el curioso cóctel
de su obra más cercana al espíritu carnavalesco. Y la sátira. Llena de
humor corrosivo y de ataques a las figuras sacras de la Cuba oficial
"El color del verano" contiene fragmentos inolvidables como el
relato titulado "Santa Marica" donde reúne en clave de parodia
a Juan Pablo II y Fidel Castro en visible armonía ideológica. Textos de
gran frescura y juvenil beligerancia escritos por un autor al borde mismo
de la muerte.
Los
periódicos de la Cuba oficial apenas recogieron una breve reseña del
suicido de Arenas, ignorando su muerte como habían hecho con su vida y su
obra literaria, apenas comentada en su país. Y es que su testimonio,
personal y político, está destinado a seguir siendo incómodo por muchos
años, dentro y fuera de la Isla.
*
* * * * *
|