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El Humor Alucinante de Reinaldo Arenas
Por Carlos A. Castrillón
En El Mundo Alucinante
(1) Reinaldo Arenas se propone reescribir un momento de la historia
americana siguiendo un documento (es decir, un texto) previo: las
Memorias (2) de Fray Servando Teresa de Mier (1763-1827), dominico mexicano que
sufrió una vida de persecuciones y aventuras inverosímiles, por haber afirmado
en un célebre sermón que la Virgen de Guadalupe, sustento teológico de la
autoridad colonial en la Nueva España, había aparecido en México en tiempos
precolombinos. De este modo, el nuevo texto -la novela- adquiere valor no sólo
en sí mismo como estructura acabada, sino también por sus relaciones
intertextuales, pues las transformaciones operadas por el autor ponen en
funcionamiento la productividad textual en grado sumo.
La novela de Arenas no borra el intertexto sino que lo proyecta hacia nuevas
significaciones, actualizándolo de tal forma que el acoso constante a Fray
Servando se identifica con la azarosa situación de Arenas en los años
posteriores a la Revolución Cubana, luego de haber sido proscrito por homosexual
y disidente. La tragedia de Fray Servando es una metáfora del acoso permanente
que el poder, en todas sus manifestaciones, tiene reservado a toda voz
divergente; y los procedimientos de escritura y reescritura que el autor ha
escogido para su novela y para su visión de la historia, corresponden de modo
perfecto a la apología de la divergencia que el lector encuentra en El
Mundo Alucinante. La novela construye un mundo carnavalesco que recoge
lo más crudo del humor areniano en su vertiente grotesca.
Por otra parte, la novela está concebida como un organismo relativamente
autónomo de productividad semántica que permite múltiples lecturas. El juego de
narradores hace que aumente la plurisignificación del texto al recoger versiones
y di-versiones de un mismo acontecimiento, a menudo contradictorias o
recíprocamente anuladoras. Es así como todo lo narrado está y no está dicho, y
la construcción que el lector hace de la historia puede verse negada parcial o
completamente por la sucesión de secuencias incompatibles. La fragmentación de
la historia, los sueños y alucinaciones, la rica imaginería, los sorprendentes
anacronismos y el paralelismo de los capítulos, entre otros recursos técnicos,
configuran un texto que se niega a sí mismo y le niega al lector toda
posibilidad de verosimilitud.
El Mundo Alucinante cuenta la vida y sufrimientos de Fray Servando
desde su niñez en Monterrey hasta su muerte en México, después de haber
participado en el proceso de independencia de su país. En ese transcurso vital
la persecución que se desata contra Servando va marcando los puntos culminantes
de la novela al generar un correlato necesario a la vida picaresca del
personaje: la fuga. Entre estos dos elementos estructurantes de la historia, la
persecución y la fuga, se van acomodando los momentos que definen el desarrollo
interno del personaje, con todo su cúmulo de contradicciones y sueños
utópicos.
La novela, escrita en 1966, utiliza procedimientos intertextuales
(3) tales como el travestimiento (en régimen satírico) y la
parodia (en régimen lúdico) para transgredir, con una fuerte
ironía, el discurso de la historiografía canónica. De este modo, el texto
original es reescrito y distorsionado para lograr una destrucción paródica total
del original (4) en la que el humor permite conectar libremente el plano ficcional y el
plano histórico.
Las diversas aproximaciones a la presencia y funcionalidad del humor en la
obra de Arenas llegan a la conclusión de que este recurso, tanto en la historia
narrada como en su proyección intra e intertextual, se encuentra en el germen de
la poética areniana, que consiste en un deseo perenne de negar todo sentido que
se construye, aun dentro del mismo texto (5). El humor contribuye a la sistemática destrucción de las fórmulas de
verosimilitud que la obra misma plantea y de inmediato niega (6). El texto está en constante progresión, regresión y
disgresión, y así
mismo la historia (7), como lo demuestra el uso de narradores encontrados que dan versiones
contradictorias de los mismos sucesos.
En un esclarecido estudio el crítico cubano Roberto Valero señala y demuestra
la existencia de una línea isotópica estructurada a partir del humor que se
sustenta, paradójicamente, en la desolación. Valero propone un par semiótico
indisoluble, humor-desolación, como definidor de la presencia del humor en la
obra de Arenas. No es humor hecho para la risa, sino la risa como signo de la
desesperanza del hombre frente a la Historia:
En el proceso de recepción de la obra areniana el lector recibe un
sentimiento paradójico. Por una parte el mensaje lo alegra, es un mensaje
humorístico, pero también percibe un sentimiento de frustración o dolor que
produce dicha experiencia humorística: el efecto desolador. Lo carnavalesco
esconde una verdad terrible, una denuncia. Nos hace fijar la atención
precisamente en el sentido opuesto al que parece apuntar, esa verdad que de
pronto entrevemos estará marcando la desolación. En el caso de Arenas es un
mensaje sobre lo absurdo de la existencia, el embaucamiento revolucionario, la
indiferencia de Dios, la injusticia de la vida, o la mendacidad de la historia,
estafas todas ellas (8).
Esta paradoja le permite al autor configurar un indicio de valor pragmático
en su obra, pues el lector percibirá la risa como mueca vaciada de humor y el
carnaval como una festividad atroz. Los dos elementos funcionan al unísono,
complementándose, equilibrando la carga trágica o cómica de un mensaje
determinado, y haciendo resaltar más la soledad de los personajes. El mismo
Servando, en una de sus tantas desgracias, piensa que aun en las cosas más
dolorosas hay una mezcla de ironía y bestialidad, que hace de toda tragedia
verdadera una sucesión de calamidades grotescas, capaces de desbordar la risa (9) [EMA, 163].
Nos interesa mostrar aquí, desde la perspectiva del humor desolado y
alucinante, algunos ejemplos de la manera como la intertextualidad genera en la
novela un discurso polivalente que es metáfora de la condición cíclica de los
procesos históricos en América Latina.
En el proceso de transformación hipertextual la hiperbolización
es el recurso más empleado, y se produce tanto sobre un enunciado como sobre
secuencias narrativas completas. En ocasiones la hiperbolización dilata los
detalles del hipertexto. Tal es el caso de las acusaciones que se le hacen al
padre Mier, una larga lista de "inepcias" que él considera absurdas: que era
propenso a la fuga, que hablaba mal de las autoridades, que no estaba vestido de
fraile, etc. Además, el padre Mier refiere con ironía la carta con que lo
definía la Inquisición:
Fray Servando es el hombre más perjudicial y temible de este reino de cuantos
se han conocido: es de carácter altivo, soberbio y presuntuoso: posee una
instrucción muy vasta en la mala literatura [...] Su corazón está tan
corrompido, que lejos de haber manifestado en el tiempo de su prisión alguna
variación de ideas, no hemos recibido sino pruebas de una lastimosa obstinación
(Mem, 242).
Este universo de persecución se traduce en el hipertexto en una enumeración
hiperbólica que lleva las acusaciones a los límites del absurdo:
Servando Teresa de Mier, se le acusa a usted de conspirar contra las sagradas
vidas de Sus Majestades. También se le acusa de ser propenso a la fuga y de que
su pasión más fuerte es la independencia de América [...]. Y de haber inculcado
a las chinches (a través de magias y ceremonias negras) odio mortal hacia
nuestro antiguo alcaide para que lo dejaran ciego o le quitaran la vida. Se le
acusa también de haber dado una misa por seis reales, cuando el precio es de
cuatro. De haber entrado a una parroquia con un pie enfangado [...]. De haberse
quejado por el excesivo calor de la Villa de Madrid. También por haberse quejado
del frío. De haberse rascado una oreja delante de un arzobispo [...]. De haber
criticado las santas relaciones entre novicios y frailes [...]. De haber
comentado que era una lástima que la Gaceta Literaria se imprimiese en papel tan
duro, pues de no ser así habría podido tener alguna utilidad entre los
madrileños... (EMA, 202).
Pero las hiperbolizaciones más importantes son aquellas que implican
desenvolvimientos diegéticos e influyen en el desarrollo de la
historia. Es el caso del Capítulo XXIV: De la prisión de Los
Toribios. El encadenamiento del fraile, uno de los momentos cumbres de
la novela desde el punto de vista del manejo del lenguaje y del humor. El padre
Mier cuenta que fue encarcelado en Los Toribios, donde se le pusieron grillos.
"Yo tomaba todo esto con la zumba que merecía a los ojos de un filósofo que se
halla entre hotentotes" (Mem, 408), dice Mier. Cuando corre el
rumor de que Mier estaría pensando en escapar, se sellan las ventanas de su
celda y se le ponen grillos adicionales. Sin embargo, logra desmoronar una pared
y abandona la prisión en 1804. Se marcha para Cádiz pero es descubierto y
llevado de nuevo a Los Toribios. "Se me recibió en un encierro y se me plantó un
par de grillos, amén del grillete en la barra de hierro"; se le priva de todas
sus pertenencias y se refuerzan los tormentos. Pero, como es de esperar, el
padre Mier logra escapar de nuevo con otros prisioneros y se embarca para
Portugal.
En el hipertexto este episodio, común en la vida del padre
Mier, se convierte
en un capítulo alucinante. Servando es llevado a Los Toribios y
encadenado:
Del cuello le amarraron una cadena gruesa: la cadena madre y central, que le
daba después dos vueltas a la cintura, le amarraba los pies y volvía a rematar
en el mismo sitio del cuello. Esta cadena pasaba a su vez por dos puntales de
hierro, que escoltaban al fraile en forma de guardacantones, y estos puntales se
adherían a un barrote, que se sembraba en el suelo. De modo que el fraile tenía
que permanecer acostado, sin poderse levantar nunca. Otra cadena de menor
grosor, se ataba a la cadena central por la cintura del fraile, le daba muchas
vueltas y luego salía, en línea recta, rumbo a la cabeza, donde le bordeaba la
frente como una diadema, y bajaba hasta los pies, rodeándolos de acero; de modo
que el fraile no podía mover la cabeza ni a un lado ni a otro
(EMA, 205).
Siguen más cadenas, que inmovilizan por completo a Servando, atándole las
rodillas, la nariz, las orejas, y una "salía a bordear dos de los colmillos del
fraile, se intercalaba entre todos sus dientes, aprisionaba la lengua por siete
partes distintas y remataba en la campanilla, en la cual hacía un nudo". Las
cadenas forman trenzas sobre el cuerpo de Servando "y no se veían sus carnes por
ningún sitio". Y ahí no se detienen:
Pero las cadenas salían rectas hasta los escasos cabellos del penado, y allí
se ramificaban en miles de cadenitas, casi invisibles, que tenían por función
aprisionar cada folículo del pelo del condenado; de manera que el presidiario
permanecía atado hasta por el cabello, y esto le daba una apariencia
sobrenatural y terrible, que asustaba hasta a los propios
carceleros.
Más cadenas le aprisionan los testículos, los dedos de manos y pies, uno a
uno, y otras minicadenas "tenían por función atar las pestañas y luego cada pelo
de las cejas y, luego, muy unidas, iban a rematar, amarrándose a los vellos de
la nariz, ya encadenada". Al final Servando termina convertido en una bola de
hierro, y para alimentarlo le lanzaban la sopa donde los carceleros pensaban que
había quedado la boca, "de modo que la sopa que le servían un lunes (siempre por
la tarde) humedecía su rostro el sábado ya bien de mañana". Y barcos cargados de
cadenas llegaban a la prisión para sumar ataduras a las ataduras y nudos a los
nudos. Pero,
No obstante los rigores de ese encadenamiento, algo había fallado en toda
aquella ceremonia infernal. Algo hacía que la prisión siempre fuera imperfecta,
algo se estrellaba contra aquella red de cadenas y las hacía resultar mezquinas
e inútiles. Incapaces de aprisionar... Y es que el pensamiento del fraile era
libre. Y, saltando las cadenas, salía, breve y sin traba, fuera de las paredes,
y no dejaba ni un momento de maquinar escapes y de planear venganzas y
liberaciones .
Nunca se sintió más libre Servando que cuando estuvo sumergido bajo esa
montaña de cadenas:
Y de no haber sido por aquellas odiosas cadenas que le apretaban las
comisuras de los labios [...] se hubiera visto dentro de aquella armazón,
semejante a un pájaro fantástico, la sonrisa de Servando, tranquila, agitada por
una especie de ternura imperturbable.
Los carceleros comienzan a temer, pues se dice que Servando tiene pactos con
el diablo. Se suman más cadenas, con lo que la cárcel se desvencija con el peso,
todo se viene abajo, y Servando, como una gran bola de hierro, cae encima de los
carceleros y rueda por media España, asolando pueblos, mientras las cadenas se
aflojan. Así cae al mar, libre, después de haber destruido varias ciudades.
Otro ejemplo es la continuación en la novela de los comentarios que el padre
Mier hace de los sitios por donde pasa. Dice el padre Mier en sus
Memorias:
Al salir de Aragón para Navarra vi la extravagancia despótica y ruinosa de
España, pues se hace un registro más riguroso del dinero que uno lleva de reino
a reino que en las fronteras. Aunque todo mi equipaje se reducía a un saquillo
de ropa, que derramaron los guardias por el suelo, y a ocho duros que llevaba
registrados, pasaron también con una lezna el forro de mi breviario, por si
llevaba allí algún oro.
Esta narración se continúa en el hipertexto en una hiperbolización creciente
que se conecta con episodios previos y con la atmósfera del
relato:
No llevaba yo más que las vestimentas que me cubrían muy malamente, pues al
salir de Aragón para Navarra fui completamente desvalijado. Allí pude ver las
extravagancias despóticas y ruinosas de España, pues hacen unos registros más
rigurosos, del dinero y de todo lo que uno lleva, que el que se practica en las
fronteras. Aunque todo mi equipaje se reducía a un saquillo de ropa, que
desparramaron los guardias por el suelo, y a ocho duros, que llevaba registrados
y que ellos se embolsillaron: pasaron también con una lezna el fondo de mi
breviario, por si llevaba algún oro; luego me hicieron desnudar y levantar los
brazos, y uno de los guardias me fue levantando todos los pelos de la cabeza y
del cuerpo para ver si allí escondía yo alguna riqueza. Las uñas de los pies me
fueron levantadas, y me hicieron abrir la boca en tal forma que temí que se me
desprendiesen las quijadas; todo eso por ver si debajo de la lengua ocultaba
algún valor. Y como yo tenía aún una pierna un poco hinchada por tantas
caminatas y huidas, los muy viles pensaron que era un truco para ocultar allí
algunas monedas, y uno de los guardias dio orden de que con un punzón me dieran
varios pinchazos, para ver que guardaba yo dentro de aquella hinchazón [...]
Todo eso lo sufrí callado; pero cuando no pude dejar de protestar fue cuando me
ordenaron que me acostara boca abajo, y uno del regimiento, con un alambre en
forma de garabato, trató de introducírmelo por donde ya se supone, diciendo que
había que registrarlo todo. Pero la protesta fue inútil...
El Mundo Alucinante es, como tantas novelas latinoamericanas que
ridiculizan el discurso histórico, un reto de la literatura a los mitos de la
historiografía. En el deseo de transgredir la normatividad histórica, el humor
aparece como vía alternativa para interpretar y dar sentido a una porción de
historia que es, al mismo tiempo, toda la Historia. Al rechazar la historia
oficial, la novela revalora lo intrahistórico: la visión de la historia en el
nivel de lo humano, la forma como cada acontecimiento puede disolverse en un
sinfín de momentos psíquicos individuales. El Mundo Alucinante se
constituye en novela histórica por la razón paradójica de que el humor y los
juegos textuales que la sustentan niegan la posibilidad de una verdad que esté
situada más allá de la historia individual de un ser agónico.
El presente gravita sobre el pasado, le da peso y sentido, lo muestra en su
irrisión y en sus llagas palpitantes. Las síncresis dialógicas, que muestran el
relativismo de la verdad histórica y la coexistencia de épocas y visiones, nacen
de la superposición de textos, es decir, de tiempos y visiones desde la mirada
irónica.
A Reinaldo Arenas lo alentó siempre la idea de que "el ser humano no
pertenece a una sola dimensión". El hombre está siempre en los márgenes, en el
espacio de la risa, al borde de algo, saltando o hundiéndose en los abismos.
Toda la obra de Arenas está puesta al servicio de la imaginación, el humor y la
divergencia, que sitúan al hombre, a los personajes de sus novelas, en una
dimensión agónica, de constante lucha y tragedia. Esgrimió siempre la
divergencia como arma ante todos los ataques, y el humor como sustento durante
los "infiernos" que debió sufrir.
Desde la primera novela, Celestino antes del Alba, hasta las
memorias, Antes que Anochezca,, su obra es la crónica de la
divergencia. La conexión semántica entre ambos títulos cierra el ciclo uniforme
del nacimiento y la muerte de una voz que está en la literatura hispanoamericana
para multiplicar las diferencias, con una obra para la risa y el dolor, que
Arenas presentó como una "venganza contra casi todo el género humano".
Notas:
1. ARENAS, Reinaldo.
El Mundo Alucinante. Caracas: Monte Avila, 1982. En adelante
EMA 2. MIER, Fray Servando Teresa de.
Memorias. Madrid: Colección Ayacucho. (sf). En adelante
Mem. 3. Para una visión completa de la
intertextualidad y sus formas, véase GENNETTE, G. Palimpsestos: La
Literatura en Segundo Grado. Madrid: Taurus, 1989. 4. RODRIGUEZ MONEGAL, E. El Mundo Laberíntico de Reinaldo
Arenas. En: HERNANDEZ MIYARES, J. y ROZENCVAIG, P., eds. Reinaldo
Arenas: Alucinaciones, Fantasías y Realidad. Glenview: Scott,
Foresman/Montesinos, 1990; p. 7 5. CASTRILLON, Carlos A. La
Reescritura Intratextual e Intertextual en El Mundo Alucinante. Armenia:
Universidad del Quindío, 1993; p. 45 6. MONTENEGRO, Nivia. El Espejismo del Texto. En: HERNANDEZ
MIYARES, J. y ROZENCVAIG, P. eds. Op. cit., p. 57 7. BEJAR, Eduardo. La Textualidad de
Reinaldo Arenas: Juegos de la Escritura Posmoderna. Madrid: Playor,
1987; p. 93 8. VALERO, Roberto.
El Desamparado Humor de Reinaldo Arenas. Miami: University of
Miami, North-South Center, 1991; p. 40 9. Para un análisis de la presencia proteiforme de la risa en las novelas de
Arenas, véase URBINA, Nicasio. De Celestino antes del Alba a El Portero:
Historia de una Carcajada. New Orleans: Tulane University,
1991
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