|
Aproximación crítica a
"Termina el desfile" de Reinaldo Arenas
Por Miguel Correa Mujica
No importa que en Cuba se haya publicado a Sartre
o a Solzchenitzyn, eso incluso es grave que se ponga
como un mérito. La literatura es un misterio que no puede
participar de estas mezquindades políticas de ocasión.
Reinaldo Arenas.
Conversación con Reinaldo Arenas
Tesis:
Nos
proponemos en este trabajo académico aplicar las teorías sobre el género
y el espacio literario a dos relatos de Reinaldo Arenas,
"Comienza el desfile" y "Termina el desfile",
incluídos en su libro Termina el desfile. Intentaremos
demostrar cómo los relatos se avienen a los postulados fundamentales
de las teorías de Blanchot y Bachelard, así como al principio de
marginalidad identificado por Stockinger.
El escritor y su época
Reinaldo
Arenas y Fuentes nace en Cuba en 1943, en un caserío de campo
imprecisamente ubicado en la parte norte de la provincia de Oriente. Nace
en el seno de una familia de campesinos pobres, en una casa atestada de tías
divorciadas, con dos abuelos al frente de la familia y de las múltiples
vicisitudes que la miseria impone.
Su
infancia transcurrió en este lugar desamparado, primitivo y remoto aunque
pródigo en vivencias y supersticiones que colmaron su mente de niño de
campo. Su nacimiento coincidió con el primer período de la presidencia
de Fulgencio Batista (1940-1944), quien había ganado las elecciones de
junio de 1940 aunque sin el voto libre del nuevo Código electoral de la
Constitución de 1940, el cual entraría en vigor en octubre de ese mismo
año. En su libro Motivos y Culpables, el historiador José López
Vilaboy considera que, a pesar de todo, las elecciones fueron honestas.
En 1952,
cuando Arenas tenía nueve años, Fulgencio Batista decide dar un golpe de
estado al presidente constitucional Prío Socarras (1948-1952), quien le
entrega el poder al sargento sin la menor resistencia. Se inicia así el
período de la dictadura militar que contaba con el apoyo y la anuencia
del gobierno de los Estados Unidos. En 1958, "por aburrimiento y
fatiga", como nos dice el crítico Roberto Valero en El
desamparado humor de Reinaldo Arenas (13) el joven Reinaldo decide
unirse a las bandas de rebeldes castristas en las sierras de Gibara, en la
provincia de Oriente. Pasa todo un año en la insurrección, bajo las órdenes
del Comandante Eddy Zuñol.
Con el
triunfo de la revolución castrista en 1959, Arenas obtiene una beca del
nuevo gobierno en el poder y estudia la carrera de Contabilidad Agrícola,
la que empieza a ejercer en una granja avícola en las mismas faldas de la
Sierra Maestra. La institucionalización de la nueva dictadura tomaría
menos de una década.
Arenas
comprende en seguida que se trata de otra dictadura militar pero aún más
envilecida y feroz que la anterior. Por ello, años más tarde, exiliado
en los Estados Unidos, a Arenas le gustaba afirmar que había pasado toda
su vida entre dos dictaduras. Los años 60 y 70 fueron para Arenas dos décadas
sumamente difíciles: a medida que su nombre y su obra se abrían paso en
los círculos literarios de Occidente, las vicisitudes que el escritor
padecía en Cuba eran cada vez mayores, tal vez proporcionales al éxito
que su obra adquiría fuera de la isla.
Dado que
vivimos en las postrimerías del siglo XX, hemos considerado superfluo
debatir en este trabajo la libertad de creación que tuvieron o no los
escritores cubanos que hicieron su obra dentro del torbellino
revolucionario iniciado en Cuba en 1959. Nos limitaremos a repetir la
famosa frase emitida por el propio Fidel Castro en su discurso a los
intelectuales cubanos, el que pronunció en la Biblioteca Nacional de Cuba
en 1961: "con la Revolución todo, contra la Revolución, nada"
(Cabrera Infante 88).
Indudablemente,
los temas de la obra de Reinaldo Arenas caían dentro de la segunda parte
de la máxima castrista. Y ese atrevimiento hizo que el escritor pagara un
precio muy alto y personal por cada una de sus páginas. Reinaldo Arenas
escapa de Cuba en 1980, a través del éxodo del Mariel. Se establece en
la ciudad de Nueva York desde donde despliega una intensa labor
intelectual. En 1990, en etapa final del SIDA, se suicida en su
apartamento de Manhattan.
Esta podría
ser, a grandes rasgos, una descripción desapasionada de la vida del
escritor cubano. Podríamos convenir que el castrismo se empeñó en
destruirlo por distintas vías, incluso por la vía del ostracismo, manera
excelente de liquidar a un escritor lúcido. Pero hay más. Entre otras
cosas, el castrismo es una de las innumerables caras de nuestra nación-pueblo.
En él se aglomeran siglos de intolerancia y delirio, de crueldad y
demencia, de horror y machismo. Llegados a este último término, no
debemos pasar por alto la condición de homosexual confeso que portaba
Reinaldo Arenas en medio de una sociedad eminentemente machista.
Ser
escritor en la Cuba revolucionaria es ya algo delicado pero ser un
escritor homosexual y vivir orgulloso de ello es ya de manicomio. Reinaldo
Arenas parecía ignorar el enjambre de leyes (escritas o disueltas en el
subconsciente colectivo), preceptos, diatribas o cláusulas que
conformaban no sólo la represión oficial sino la moralidad cubana más
tradicional. Alguien deberá ahondar algún día en el estoicismo con que
este novelista cubano asumiera su conducta sexual en medio de una sociedad
y un sistema irreconciliables con esos parámetros.
Baste
decir que Reinaldo Arenas no aceptó pasivamente que ni el castrismo ni la
sociedad cubana actual lo despojara de sus derechos sexuales o
intelectuales (sus derechos humanos) tan mansamente. Su venganza fue una
obra escrita en medio de la desesperación y la locura. Estos escritos
recogen el horror padecido no sólo por él sino por gran parte de su
generación. Y en esa medida su triunfo ha sido rotundo.
Su
obra
Reinaldo
Arenas vio en la narrativa el género ideal para organizar y exponer su
credo ideo-estético y su propio mundo individual. Entre sus novelas se
destacan Celestino antes del alba (1967), El mundo alucinante
(1969), El palacio de las blanquísimas mofetas (versión en español
aparecida en 1980), La vieja Rosa (1980), Otra vez el mar
(1982), Arturo, la estrella más brillante (1984), La Loma del
Angel (1987), El portero(1989), Viaje a La Habana
(1990). Dentro del género cuento escribió: Con los ojos cerrados
(1972) y el volumen que nos ocupa, Termina el desfile (1981). También
cultivó la poesía: El central (1981) y Voluntad de vivir
manifestándose (1989). Escribió el libro de ensayos Necesidad de
libertad (1986). También dio a la estampa cinco piezas de teatro
recogidas bajo el título Persecución (1986). Y no debemos dejar
de mencionar los cientos de artículos, reseñas, ensayos, comentarios, crítica
literaria y escándalos que aparecieron en decenas de publicaciones
continentales. Las traducciones y las ediciones de su obra han sido múltiples.
Comparando
sus cuentos con su prolífica producción novelística, se hace evidente
que Arenas cultivó el primer género en menor escala. Sin embargo, hemos
encontrado útil el hecho de que se haya dedicado a escribir cuentos en
menor proporción. Termina el desfila recoge nueve cuentos escritos
a lo largo de tres décadas y en diversas etapas de la vida del autor:
ocho de ellos escritos mientras el escritor residía en Cuba; y el último
(que da título al libro) escrito fuera de Cuba, cuando ya el escritor
estaba exiliado. De este modo podemos comparar, dentro de un mismo
volumen, el discurso del narrador dentro y fuera de la dictadura.
Ocho de
los cuentos recogidos en Termina el desfile (a excepción del
cuento de título homónimo) aparecen por primera vez en Uruguay, en 1972,
bajo el título Con los ojos cerrados (Editorial Arca). El libro
recoge los cuentos: "Comienza el desfile", "Con los ojos
cerrados", "A la sombra de la mata de almendras",
"Bestial entre las flores", "La vieja Rosa", "El
reino de Alipio", "El hijo y la madre" y "Los
heridos". Arenas no llegó a ver en Cuba ni un solo ejemplar del
libro publicado. Años más tarde este libro pasaría al centro de una
encendida polémica entre el autor cubano y el crítico uruguayo Ángel
Rama. La polémica se originó a raíz de una publicación del Center for
Inter-American Relations, con base en Nueva York, dedicada a la obra de
escritores latinoamericanos en el exilio pero que, según Reinaldo Arenas,
hacía caso omiso de los escritores cubanos exiliados. El señor Rama
contestó que no él sino Arenas recibió sueldo del Center. Y fustiga a
Arenas con el derecho del Center de publicar a los escritores marginados
por las dictaduras de derecha. Rama afirma que ayudó a Arenas a publicar
su libro Con los ojos cerrados en el Uruguay. Esto provoca la furia
de Arenas quien publica un enorme trabajo ("Una rama entre la
delincuencia y el cinismo") contra Ángel Rama en el periódico
neoyorquino Noticias de Arte.
Con
los ojos cerrados
evoluciona hacia Termina el desfile cuando la editorial Seix Barral
lo publica en 1981, haciéndole un importante cambio: la nueva edición
incluye todos los cuentos de la edición de 1972 más uno escrito fuera de
Cuba, "Termina el desfile" (1980). Este, por supuesto, no
apareció en la edición uruguaya. El presente estudio se basará en la
edición de Seix Barral de 1981.
Los nueve
cuentos incluidos en este volumen podrían pertenecer a una especie de
ciclo. Los nueve tienen temas comunes y reiterativos como lo son el
sentimiento de estafa (a nivel político y a nivel humano), la
imposibilidad de amar a alguien, la asfixia dentro del seno familiar, la
familia como una extensión de la opresión política, la relación
amor-odio con la madre, el tono homosexual, el humor en medio de las
situaciones más trágicas. Sin embargo, los cuentos que abren y cierran
la edición están muy relacionados pues ambos parten de experiencias
vividas por el propio autor: ambos dan testimonio de primera mano de
acontecimientos históricos en que Arenas ha participado directamente. O
sea, tienen características autobiográficas.
En
"Comienza el desfile" se relata la entrada de los rebeldes en la
ciudad de Holguín (hecho en el que el propio Arenas participa) y en
"Termina el desfile" se relatan los acontecimientos acaecidos en
la Embajada del Perú en La Habana en 1980 (diez mil personas desafían al
gobierno asilándose en esta sede consular), hecho que toca muy de cerca
la vida del autor (su amigo, Lázaro Gómez, a quien dedica el cuento,
logra penetrar las cercas de la embajada peruana) desatándose con ello un
nuevo nudo de conflictos. Además del argumento narrativo que Arenas nos
presenta en estos dos cuentos claves, el lector se queda con un valioso
fresco de la realidad cubana de esos años. Compartimos la tesis de
Roberto Valero cuando explica: "El último cuento elimina las
posibles connotaciones positivas de los cuentos anteriores" (288). En
efecto, la explosión verbal y el delirio de "Termina el
desfile" nos dice que los ocho cuentos anteriores han sido escritos
por un autor amordazado y cauteloso.
Inicio del desfile areniano
Como
hemos dicho, el primer y el último cuento del libro son claves para
nuestro proyecto académico. "Comienza el desfile" no tiene un
solo punto y aparte; constituye un gran bloque narrativo o un enorme párrafo
único. Su estructura podría acercarse más a la del relato que a la del
cuento. Desde las primeras líneas el lector es arrastrado por el
torbellino de una multitud que avanza hacia alguna parte. El narrador
omnisciente describe a los personajes más significativos que integran el
tumulto que avanza. Se trata en realidad de un desfile (y del júbilo del
desfile) que parece conmemorar la entrada de los rebeldes en la ciudad de
Holguín y por extensión, el triunfo de éstos contra la tiranía de
Batista.
Sin
embargo, en esta masa uniforme y aparentemente alegre, Arenas coloca
personajes-individuos que no comparten ese júbilo o que lo comparten de
una manera inaceptable para el poder revolucionario. Al final del cuento
ocurren dos incidentes que apuntan en esa dirección: el protagonista, un
joven rebelde que al principio también integraba el desfile, desiste de
continuar en él porque, según sus propias palabras, "Estoy
cansado" (20) y tira la bandera cubana que portaba en el baño. Después
el joven se da una ducha y el agua con que se ducha "rueda por mi
cuerpo, llega al suelo completamente enrojecida por el
polvo."(énfasis nuestro) (21).
El
personaje protagónico ha sufrido una especie de desencanto tras convivir
y luchar junto a los rebeldes, junto a los nuevos héroes, a quienes
encuentra vulgares y envilecidos. Pero la censura oficial castrista no pasó
por alto ese adjetivo ni el cansancio repentino del joven (en términos
socio-políticos cubanos: apatía, desinterés, traición a la patria). El
relato no fue publicado nunca en Cuba y el nombre de su autor pasó a
engrosar la lista de los decepcionados con el proceso castrista.
El relato
tiene además un sutil tono homosexual. El protagonista encuentra entre
los rebeldes a un amigo con quien se siente feliz y compensado aunque de
una manera platónica. La mera alusión a este fenómeno en la Cuba
revolucionaria de la primera mitad de los años 60 es de implicaciones
peligrosísimas. En 1965, el castrismo inaugura en Cuba los tristemente célebres
campos de concentración UMAP, diseñados para desafectos políticos y
para homosexuales en su gran mayoría. Arenas lanza su reto y su protesta
a pesar de las circunstancias tan desfavorables que reinaban en el país.
Aunque el cuento no se publicó nunca en Cuba, éste circuló
clandestinamente entre los escritores y militares de la isla.
"Comienza
el desfile" relata, en un estilo y un tono que quisieran parecer
revolucionarios, toda la violencia que caracterizó al proceso castrista
en sus inicios, así como el aniquilamiento del ser humano como individuo.
Llegamos al nacimiento de la masa, término genérico y demagógico,
realmente novedoso dentro de la literatura cubana, con el que el castrismo
pretende aniquilar la manifestación individual dentro de la sociedad
cubana.
El fin del desfile
Uno de
los primeros textos que compone Reinaldo Arenas en suelo norteamericano es
precisamente "Termina el desfile", el último relato incluido en
la edición de Seix Barral. El estruendo verbal del texto es apoteósico.
Al igual que "Comienza el desfile" este relato es un apretado
bloque narrativo sin un solo punto y aparte. Sospechamos que la intención
del autor al utilizar la misma estructuración que en el relato inicial es
decididamente premeditada: el texto imita la atmósfera apresurada y
violenta de una multitud enardecida y desesperada. Ambos episodios son
"carnavalescos" en el concepto bakhtiniano del término.
"Termina
el desfile" comienza con alguien que persigue una lagartija para comérsela
en medio de una multitud de seres hacinados y mugrientos. A medida que el
cuento avanza, el lector se entera de que los seres hacinados y
hambrientos son en realidad refugiados que ocupan los predios de la
Embajada del Perú en La Habana, cuando en abril de 1980, miles de cubanos
buscaron asilo en esa sede consular debido a que el gobierno cubano retiró
los guardias de protección de la embajada por espacio de unas 48 horas.
En menos de dos días entraron a la embajada 10, 800 personas, todas los
que cabían por centímetro cuadrado de espacio. La lagartija salta por
entre los cuerpos magullados y la narración también salta de la embajada
al cuarto que ocupa el innominado protagonista (cualquier cubano). El
protagonista tiene un amigo íntimo que lo visita frecuentemente en este
cuarto inhóspito en la parte vieja de la ciudad. Las calamidades que
viven los personajes no son solamente incómodas sino enloquecedoras. La
narración salta constantemente del cuarto inhóspito a la Embajada
peruana donde el amigo busca al protagonista (o viceversa pues a ratos el
uno parece convertirse en el otro) entre los asilados. Pero el amigo no
está entre ellos. Hacia el final del cuento, el protagonista se agarra a
la cerca de alambres de la embajada esperanzado en ver llegar a su amigo.
Sin embargo, el amigo nunca entra a la Embajada. Entonces el protagonista
descubre al amigo entre las hileras de policías uniformados del régimen,
formando parte de ellos. Descubrir al amigo como lo que es, un policía
del régimen, provoca en el lector (y acaso en el protagonista) una
violenta sacudida.
En este
relato, al contrario de "Comienza el desfile", los ataques
contra la dictadura son directos y demoledores, algo que tal vez sea menos
interesante desde el punto de vista literario. El protagonista se adentra
en angustiosas disquisiciones filosóficas sobre el sentido de la vida en
la sociedad cubana actual donde al parecer ninguna necesidad es superior a
la necesidad de sobrevivir. El lector concluye que no hay mucha diferencia
entre la realidad que padecen los refugiados hacinados en la Embajada del
Perú y la que padecen los demás cubanos fuera de las cercas de la
embajada peruana. A ratos el autor confunde a propósito el espacio donde
transcurre la narración precisamente para alertarnos sobre la calidad de
lugar sitiado en que vive todo el pueblo de Cuba.
El autor
se ha quitado la máscara que se había puesto cuando escribió el primer
cuento del libro, cuando vivía dentro de la dictadura. Los resultados estéticos
son variados. Es evidente el enriquecimiento del lenguaje en esta segunda
parte de la vida del autor. Percibimos también una disminución en las
tensiones literarias dentro del texto de "Termina el desfile"
(tal vez porque el peligro al que se ve sujeto el escritor de carne y
hueso también se haya reducido). Por ejemplo, el protagonista no sugiere
que el amante pueda ser un policía del régimen sino que lo nombra y lo
describe como tal (173). El mensaje político del primer relato es menos
evidente, está mejor encubierto; decodificarlo en toda su extensión
requeriría hasta de cierta complicidad histórica. En "Termina el
desfila", el texto prescinde de estas sutilezas pues el lector es
informado de los pormenores de la traición del amante. Aunque somos
partidarios de la tesis de que la literatura no es más importante que el
hombre, "Termina el desfile" no brinda al lector —ni le
sugiere— la existencia de un segundo nivel interpretativo con una
elaboración técnica más refinada o sutil. En ese relato el lector queda
plenamente informado de todo lo que acontece en el relato, por lo que no
es necesario un análisis más detallado o profundo del texto en cuanto al
argumento se refiere, algo que sí existe en "Comienza el
desfile", escrito cuando el autor vivía bajo la dictadura. El relato
está lleno de cautela, de sugerencias que enriquecen el ambiente y las
tensiones literarias de la narración.
El tono
homosexual de "Termina el desfile" es más abierto, más carente
de misterio que el presentado en "Comienza el desfile". El amigo
es el único ser en el mundo a quien el protagonista le confía secretos
personales, cosas políticamente comprometedoras en Cuba como por ejemplo
el lugar donde el protagonista oculta los manuscritos que ha ido
escribiendo (160-164). Como el amigo es un policía, o sea un agente del régimen
opresor, algo que el protagonista y el lector ignoran hasta el final de la
narración, se desprende que la Seguridad del Estado está al corriente de
los pormenores políticos, ideológicos, sexuales y de toda índole de la
vida del protagonista. El amigo lo ha espiado, lo ha "vendido"
miserablemente haciéndose pasar todo ese tiempo por su amante. Esta
información viene dada a través de grandes monólogos y de un
metalenguaje implícito que se acerca a la denuncia (164-170). Sin lugar a
dudas podemos decir que el sentimiento de estafa, de traición (a nivel
humano y a nivel histórico), así como la imposibilidad no sólo de amar
a alguien sino de confiar en alguien, temas constantes en la obra del
autor, están más presentes en este relato que en el primero del libro.
Análisis a partir de las teorías del Género:
En su
ensayo "Homotextuality: a Proposal", Jacob Stockinger analiza
los distintos tipos de prejuicios que ha experimentado la crítica
literaria frente al texto de escritores minoritarios, entre los que
incluye los textos de autores homosexuales o "gays". Uno de los
prejuicios es la identificación de texto y autor como una unidad intrínseca.
Este prejuicio ha hecho que la literatura de autores "gay" se
analice a partir de la orientación sexual del autor y no a partir del
texto mismo. Stockinger acepta los calificativos de "homotext"y
"homotextuality" en la medida en que éstos se empleen con el
objetivo dual que a continuación citamos:
"to
raise conciousness by contrast about the unspoken assumption (...) and
to minimize the abuses of well guided but misled apologists for minority
sexuality in literature" (Crew 138).
En ese
mismo ensayo el autor analiza los distintos tipos de técnicas que podrían
ayudar en la crítica de esa literatura. Técnica es la palabra que mejor
define este tipo de crítica pues no se trata de ninguno de los conocidos
métodos críticos como el formalismo, el decontructivismo o el
estructuralismo sino de aplicaciones que facilitan un estudio más
detallado de este tipo de literatura y que pueden ser utilizadas siguiendo
cualquiera de los métodos mencionados. En esta medida creemos, con
Stockinger, en la existencia de un homotexto en los cuentos de Reinaldo
Arenas que escogimos para este estudio.
Espejos y homotextualidad
Un análisis
de los cuentos de Reinaldo Arenas a partir de los conceptos de la crítica
en cuanto al género arroja que los textos incluídos en Termina el
desfile acusan la mayoría de las características que ese tipo de crítica
subscribe. Uno de los primeros pasos a seguir en este análisis podría
ser el comprobar si en efecto es cierta la existencia del homotexto dentro
de los textos que componen el libro. Uno de los símbolos inherentes al
homotexto es la referencia textual a espejos, tanto en el sentido
figurativo como en el literal. La crítica en cuanto al género conviene
que el uso de espejos en el texto, tanto en su concepción física como en
la figurativa, es una de las características del homotexto debido a la
naturaleza transformacional de la identidad homosexual. El empleo de
espejos en el homotexto no se justifica por pura vanidad ni por la
asociación ridícula que con frecuencia se hace (sobre todo desde la
perspectiva heterosexual) del desasosiego que puede sentir un homosexual
por categorías como la belleza o la juventud sino por algo más profundo:
los espejos enfrentan la problemática del Ser con la del Otro, conceptos
ambos atrapados dentro de una misma persona, dentro de una misma idea y
por lo general en franca oposición entre sí. Hay un perpetuo conflicto
entre el Ser y el Otro, el que no es, pero que de cierta forma también
es, existe, a veces incluso simultáneamente con el Ser, en una o en
varias de sus múltiples versiones.
En
"Comienza el desfile" prevalece el concepto figurativo de los
espejos pues no existe en este cuento ninguna referencia directa a espejos
físicos ni a superficies reflejantes. Sin embargo los personajes más
importantes, el muchacho y Tico, son a veces reflejos de sí mismos,
personajes que por su cercanía emocional y psicológica parecen a veces
un solo personaje. La amistad que los une es tan grande que a veces el uno
puede adivinar lo que el otro piensa. Incluso pueden realizar ambos, al unísono,
tareas que por lo general se ejecutan individualmente:
"Y
ahora ese canto. Un himno. Que tú también cantas. Y hasta yo abro y
cierro la boca, como si cantara; pero sin hacerlo. Sudamos a
chorro. Sólo que al mes y pico de estar allí llegan los
48 hombres y las 7 mujeres de la Sierra. Llegan enfangados, destruídos
por la caminata. Tú y yo le traemos agua en las cantimploras"(Arenas
14) (negritas nuestras)
Otro
elemento típico del homotexto es el concepto del voyage o del
viaje, del cual se sirven los personajes del homotexto en su traslación
de identidad. Según Stockinger, la idea de viaje o movimiento significa
"both freedom from condemnation and an impetus to individual,
ideosyncratic growth (...)" (Crew 144). En "Comienza el
desfile" la idea de viaje, de desplazamiento, de movilidad está
presente desde las primeras páginas. El cuento comienza con un tumultuoso
desfile que conmemora el triunfo de la revolución castrista:
"Detrás—pero
casi junto a mí— viene Rigo, silbando y haciendo rechinar sus botas.
Y después, las hijas de los Pupos, con los muchachos de la mano (...) Y
más atrás vienen los estradas, y Rafael Rodríguez, y los hijos de
Bartolo Angulo y de Panchita, y Wilfredo el bizco (...) Y ya nos
confundimos con el barullo que se agranda"
(Arenas 7-8)
En Termina
el desfile el homotexto se ha enriquecido con la presencia de símbolos
propios a su naturaleza. Encontramos varias referencias a espejos físicos
en los que se mira el protagonista del cuento:
"Ahora
avanzó un poco más y sus ojos dieron de lleno con sus ojos, con su
figura reflejada en el espejo incrustado (atornillado) en la misma puerta
de salida al pasillo que se mantenía provisoriamente siempre
cerrada" (147)
Y más
adelante:
"Y
ante ese consuelo, ante esa dicha, se quedó, tal como estaba: un pie en
la escalera improvisada, el rostro ya difuminándose frente al
destartalado espejo, la cabeza inclinada para no chocar contra el techo
de la barbacoa(...)" (151) (bastardillas nuestras)
Tanto en
este relato como en el que analizamos anteriormente, el concepto del voyage
está presente. Este también comienza con un tumulto vociferante
aunque más compacto que el primero, en constante movimiento y repliegue:
los asilados de la Embajada del Perú en La Habana en 1980. Los personajes
del cuento se mueven —o piensan hacerlo— por la ciudad en ruinas, por
el reducido espacio de la sede consular, en automóviles que se estrellan
contra la cerca de la Embajada del Perú con la intención de asilarse
antes de que el gobierno cierre esa válvula de escape. La narración
salta constantemente de un lugar y de un tiempo a otros, en continuos flashbacks
(de los predios de la embajada al cuarto inhóspito en que residía el
protagonista, de la ciudad al resto del país), dando la sensación de que
toda la isla está impregnada de esa desesperación por escapar de ella.
La crítica
a partir del género atribuye otros conceptos al homotexto: el del espacio
literario, el del lenguaje homotextual y el de la intertextualidad. Veamos
estos conceptos individualmente:
Teorías
sobre el espacio literario:
Las teorías
sobre el espacio literario de Blanchot y Bachelard son particularmente
interesantes. Blanchot considera que "the text is essentially steeped
in negation and solitude and is autonomous in its separation from
non-textual realities" (Crew 142). Blanchot considera que la soledad
del escritor deviene de lo que precede al texto mismo. Según el crítico,
escribir es una labor solitaria y leer es adentrarse en la confirmación
de esa soledad. Bachelard por su parte considera que la soledad creadora
no está divorciada del mundo circundante sino en solidaridad con ella.
Blanchot concibe el espacio literario como una categoría alienante
mientras que Bachelard la ve como una categoría protectora. Para
Stockinger, sin embargo, ambas teorías están unidas por la marginalidad,
concepto que a su juicio salva y a la vez condena tanto al autor
homosexual como a los personajes homosexuales. Estamos de acuerdo con esos
planteamientos. El espacio homotextual fluye de espacio estigmatizador a
espacio redentor o por lo menos, tolerable. En el homotexto areniano vemos
con suma claridad como el espacio literario fluye de su aspecto salvador
al condenatorio, dado el estigma de la marginalidad identificado por
Stockinger. Veamos algunos ejemplos:
En
"Comienza el desfile", el protagonista se mueve del intolerable
espacio del hogar materno, repleto de figuras autoritarias y condenatorias
como la madre, el abuelo y las tías al espacio salvador de las montañas
donde se encuentra Tico y la guerrilla insurrecta. Estos espacios pueden
revertir sus categorías: el salvador puede transformarse en condenatorio
y viceversa, gracias a la condición de marginalidad que los une y que
asumen los personajes en el homotexto. A pesar de que en el texto el
desfile pretende conmemorar la victoria de la insurrección armada en
cuyas filas militó el propio protagonista, el espacio del desfile se
transforma en alienante y doloroso para el personaje protagónico (tal vez
porque éste se percata de que todos los elogios de la multitud van
dirigidos a Tico y no a él) quien lo abandona para encerrarse en otro
espacio, esta vez uno cerrado (y por lo mismo salvador), el baño de su
casa —anteriormente un lugar intolerable— donde el muchacho se ducha
en la ya comentada ducha en la que el agua corre por su cuerpo
completamente enrojecida.
En
"Termina el desfile", el espacio literario es constantemente
desechado y retomado, como si los personajes lo viciaran en pocos minutos,
como si no pudieran resistir por mucho tiempo el martirio de su fijeza.
El lenguaje homotextual
Según
Stockinger, "homosexuals have created a minority code out of majority
symbols, a minority speech within a majority language"
(Crew 145). El crítico afirma que la forma más evidente de esa
comunicación de la minoría homosexual es el slang o jerga. Sin
embargo, en los cuentos incluídos en Termina el desfile no vemos
un empleo profuso de ese tipo de lenguaje codificado. Los personajes se
expresan en un lenguaje mayormente convencional, no críptico, de amplio
dominio popular. Los personajes no parecen tener la intención de
tergiversar u ocultar su discurso, ni sus inclinaciones sexuales dentro de
un lenguaje de orden minoritario. Los personajes sí se valen de términos
vulgares referentes a la sexualidad, aunque no exactamente desde la
perspectiva homosexual. Palabras como maricón, templar, bujarrona,
etc. se emplean con extrema naturalidad en los textos pero éstas caen
todos dentro de la norma lingüística del cubano, independientemente de
la inclinación sexual del parlante.
Con
respecto a estas últimas observaciones, y tras la publicación post
morten de las memorias de Reinaldo Arenas (Antes que anochezca)
no hay que ser un experto en sexología humana para darse cuenta de que
Arenas tenía un concepto heterosexual e inmaduro sobre la homosexualidad.
En ese libro, Arenas se burla de las locas en los Estados Unidos y
llega a nombrar ese mundo con los calificativos de "siniestro y
desolado" (133) En ese libro Arenas despliega unas teorías sobre la
homosexualidad que rozan con el primitivismo más inquietante. El autor
concibe las relaciones sexuales (entiéndase homosexuales) como "la búsqueda
de lo opuesto" (133). Y en efecto, Arenas parece concebir esos
opuestos como sexos opuestos, esto es, como mujer y hombre, o sea,
como una relación heterosexual. Sin lugar a dudas consideramos que esa
concepción sobre la homosexualidad puede ser altamente desoladora por la
sencilla razón de que la misma no es biológicamente lógica. Armado con
esta concepción simplista sobre la sexualidad, Reinaldo Arenas define,
enjuicia, cataloga y rechaza la sexualidad del mundo a su alrededor.
Conclusiones
Los nueve
cuentos incluídos en Termina el desfile pertenecen a una especie
de ciclo enfurecido. La unidad temática de los mismos viene dada por
categorías como la violencia, el sentimiento de estafa y de pérdida, la
relación amor-odio con la madre y el rechazo a las figuras autoritarias.
El referencial histórico está presente en los nueve cuentos del libro
aunque el autor se vale con frecuencia de nuevos y cambiantes sistemas de
signos. En cuentos como "Comienza el desfile" y "Termina el
desfile" la existencia del homotexto es más evidente que en los demás
cuentos.
Dadas las
preocupaciones metafísicas, existenciales e históricas que plasmó
Reinaldo Arenas en Termina el desfile, era imposible que ese
discurso pasara desapercibido frente a la minuciosidad de una dictadura
científica como la castrista. Sin embargo, valiéndose de cambiantes y
recurrentes signos polisémicos, Arenas trató lo mejor que pudo de ser
fiel a lo que su mundo interior le dictaba. Pero ese atrevimiento trajo
consecuencias muy serias, concretas y hasta trágicas al escritor cubano. Termina
el desfile es un libro de cuentos censurable bajo cualquier tiranía
porque para Arenas la literatura no es una disciplina artística solamente
sino un juego mortalmente en serio, un milagro, un misterio que no
puede participar de estas mezquindades políticas de ocasión.
Notas
(1)
Asegura López Vilaboy que el triunfo electoral de Batista "lo
aseguro [Batista] con la ayuda del General Menocal y sus huestes con el
sistema de votación (...) El voto comboyado fue su mejor aliado, tanto
así que las elecciones fueron honradas, aunque los auténticos hicieron
protestas y amenazaron con poner recursos." (Vilaboy 205)
(2) Un
cuento va al grano, tiene una riqueza de contenido y de caracterización
psicológica que no las tiene el relato. Aunque ambos cuentan una
historia, lo que ocurre en el relato es el centro y el cuerpo del relato
mismo, mientras que en el cuento, lo que ocurre puede ser menos
interesante salvo como una caracterización del estado mental del
personaje. Un buen cuento tiene una profundización psicológica en sus
personajes que no tiene el relato. O sea que, aunque podemos escribir
una historia como un cuento y también como un relato, el impacto de
cada uno de ellos será diferente. El relato no es capaz de mantenernos
entusiasmados como lectores por mucho tiempo; no nos convence —no nos
conmina— a continuar la lectura de una forma sostenida o continuada
pues una vez que se sabe lo que ha ocurrido en el relato —esto es, la
historia— como lectores perdemos el interés con respecto a lo que
estamos leyendo. Los relatos verídicos —como los que nos pueden
ocurrir en la vida diaria— gozan de un interés levemente superior al
de los relatos ficticios o inventados, los más débiles desde el punto
de vista literario. Estos últimos pueden ser incluso interesantes pero
serán siempre escasamente significativos e inferiores al cuento.
Ilustremos esta explicación con los cuentos de Washington Irving (o
Nathaniel Hawthorne) en el siglo XIX en contraposición con los relatos
de Franz Kafka en el siglo XX.
(3) Término
de extracción popular en Cuba para denotar a los homosexuales más
evidentes.
Obras citadas
Arenas,
Reinaldo. Antes que anochezca. Barcelona. TusQuets Editores,
1992.
Termina
el desfile. Barcelona: Editorial Seix Barral, 1981.
"Una
rama entre la delincuencia y el cinismo." Noticias de Arte.
Número especial (Octubre) (1982): 3-8.
Cabrera
Infante, Guillermo. Mea Cuba. Barcelona: Plaza y Janés Editores,
1993.
Crew,
Lowie, Ed. The Gay Academic. Palm Springs: ETC Publications,
1978.
De Luis
Fernández, María Begoña, y Orlando Coré. "El Reino de Alipio de
Reynaldo Arenas."El Universo de los escritores cubanos
[Revista de la Asociación de profesores jubilados de escuelas
universitarias, Madrid] 1 (1995): 30-44.
Montaner,
Carlos Alberto. Fidel Castro y la revolución cubana. Madrid:
Playor, 1983.
Shaw,
Donald L. Nueva narrativa hispanoamericana. Madrid: Ediciones Cátedra,
1981.
Solotorevsky,
Myrna. "El relato literario como configurador de un referente histórico."
Revista Iberoamericana 4 (1991): 365-369.
Soto,
Francisco. Conversación con Reinaldo Arenas. Madrid: Editorial
Betania, 1990.
Valero,
Roberto. El desamparado humor de Reinaldo Arenas. Coral Gables:
University of Miami, 1991.
Vilaboy,
José López. Motivos y Culpables. Puerto Rico: ELPRIN, 1973.
(*)
Miguel Correa Mujica es escritor cubano residente en Nueva York.
|