1898  -  1984

 

 

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS

 

 

El más auténtico de los actuales poetas españoles. Pertenece a la llamada generación del 27 6 del 25, generación de Góngora o, como otros dicen, de los «poetas profesores» (Torrente Ballester).

Nació en Sevilla, el 26 abr. 1898, pasando su infancia en Málaga.

Desde los 11 años reside en Madrid, donde estudió las carreras de Derecho y Comercio. 

Fue profesor de Economía, durante algunos años, en la Escuela de Comercio. 

Personalidad recoleta, prácticamente no ha abandonado nunca su retiro solitario que inició en 1925 cuando una grave enfermedad  (tuberculosis nefrítica) le obligó a abandonar su trabajo. 

En 1934 recibió el Premio Nacional de Literatura por el libro de poemas La destrucción o el amor. Ingresó en la Real Academia Española en 1950. Comenzó a publicar en Málaga. Ámbito, su primer libro, apareció en 1929. Obtuvo la consagración poética con su segunda obra Espadas como labios (1932). Otras obras: Pasión de la tierra (1935), La destrucción o el amor (1935), Sombras del Paraíso (1944), En la muerte de Miguel Hernández, artículo publicado en «Cuaderno de las Horas Situadas» (1948). Mundo a solas (1952), aunque fue escrito de 1934 a 1936. Nacimiento último, publicado en 1953, recoge poemas desde 1927: Historia del corazón (1954), con poemas de nueve años antes. De 1936 data un libro en prosa: Mis cuentos, al que siguieron Nuevos encuentros (1959-67), Antigua casa madrileña (1961), En un vasto dominio (1962), Presencias (1965), y Retratos con nombre (1965), Poemas de la consumición(1968). 

En 1977 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Es el más puro poeta de la generación del 27, y tal vez el único al que no cabe aplicar el apelativo de «profesor». Hasta la prosa pura de sus Encuentros tiene calidades poéticas, dada su sensibilidad, el trazo exquisito y cuidado, el dominio sobre la tersura gramatical del lenguaje. 

Su mejor biógrafo y conocedor de su obra, Carlos Bousoño, señala que, al nacer en 1898, Aleixandre tuvo oportunidad de llevar a plenitud todas sus facultades y de constituirse en hito final de dos procesos paralelos en la poesía española: el irracionalismo y el individualismo. 

La solitaria figura de Aleixandre impone un tema múltiple, abierto a la meditación: ¿puede el poeta encerrarse en su poesía?, ¿puede desentenderse de cualquier clase de compromiso? Esto es lo que sugiere el perenne enclaustramiento de Aleixandre Un enclaustramiento roto sólo por amigos o por tertulias de carácter íntimo entre amantes de la poesía. Su encierro ha sido, no obstante, operativo, fecundo, pues ha dado un mensaje. No ha habido en su tránsito espacio para la luz artificial, para el oropel, sino sólo para la poesía meditativa. En el prólogo a Pasión de la tierra nos da la clave de su obra poética. Para él, el poeta es «iluminador», asentado de luz, poseedor de un sésamo que es, en cierto modo, «destino».

Se inició en el surrealismo, y ello lo atestiguan sus primeros libros. Ese surrealismo adquiere dimensiones propias y personales, una cierta raíz telúrica que poco a poco va ganando intimidad. Ámbito es el libro introductorio, sobre el cual un crítico como Valbuena Prat dice «poeta conceptual, puro, que siempre guarda un tenue temblor emocional». Nunca dejó de ser un poeta puro. Y esta pureza puede entenderse en todos los sentidos, pues vivió como nadie la vocación de poeta. Espadas como labios, La destrucción o el amor y Sombra del Paraíso marcan un hito de lo que se ha llamado el panteísmo 

Aleixandre, Cernuda y Lorca

aleixandrino. En efecto, el poeta se enfrenta a la Naturaleza que aparece como un volcán irreprimible de palabras que se contradicen, que envuelven una mística lujuriosa de vida y de expresión en la que de algún modo parece estar sumergido el escritor. En el prólogo a Mis mejores poemas (1956) Aleixandre distingue entre dos claras pendientes que dividen su obra poética: un irracionalismo cósmico y un individualismo solidario. El proceso de su panteísmo abierto a toda la naturaleza culmina con Nacimiento último y cambia de dirección con Historia del corazón, hacia una forma menos épica y más humana. A partir de este libro, la obra de Aleixandre se transforma y parece más íntima, menos panteísta y más preocupada por el corazón humano, por lo personal y lo dramático.

Aleixandre nunca se ha considerado a sí mismo como un superrealista, a pesar de las resonancias claramente «istas» de sus primeras obras. Dámaso Alonso, de cuya mano se sirvió para entrar en la zona profana de la poesía, ve en él un romántico. También Salinas califica de románticos sus primeros trabajos y Cernuda dice: «el superrealismo francés obtiene con Aleixandre en España lo que no obtiene en su país de origen: un gran poeta». 

Pero el poeta nos ha dado una definición de lo que es la poesía, o, al menos, de lo que debe ser la suya: «poesía es comunicación». ¿Comunicación de qué? Porque cuando los labios resultan como espadas, y el amor se hace destrucción¿>n, lo comunicado parece envuelto más por las sombras del misterio que por las luces de la claridad. Salinas lo expresa con propiedad a propósito de una de sus obras: «Y se pasa el tiempo -matemático calculador de su pena- desarrollándose en líricas operaciones combinatorias, cuyo resultado es siempre el mismo: amor más desesperación igual a poesía».

La comunicación de Aleixandre, oscura y violenta, hace de la solidaridad amorosa con el cosmos y el hombre el centro de su actividad literaria. Las tinieblas de su esfuerzo brotan de su imposibilidad de comunicarse a todos. Porque su intención, según indica Bousoño, es ser «poeta de mayorías». Contra la inmensa minoría, es un poeta no de lo que «refinadamente diferencia, sino de lo que esencialmente une». 

Resulta así un poeta «totalizador». Por eso «la universalidad es la nota más sobresaliente de (su) mirada» y su lenguaje nos habla con voces de «fraterna unidad espiritual». Su soledad resulta así imprevisible, abierta al cosmos, comunicada, como quería que fuera su poesía, en una solidaridad con toda soledad, que será la nota de la última poesía aleixandrina: «si el poeta antes aspiraba a parecer único y aparte, tenderá ahora a verse sumido en una colectividad como uno entre los iguales, y a escribir desde un supuesto de humana condición: el poema se cargará de resonancias morales».

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO