1431 - 1465

 

François Villon. Tres Baladas.

por José Francisco Robles

Yo soy François, lo cual me pesa,
Nacido en París, de Pontoise cerca ,
Y en el extremo de una soga
Sabrá mi cuello cuánto mi culo pesa .

François Villon.

A modo de introducción a la traducción que a continuación presento, con respecto a la obra de François Villon y tres poemas que nos hablan de ella, caben destacar dos consideraciones respectivas al caso.
Primero, el objetivo de esta exposición de la vida de Villon, no es sólo una causa en sí: el verdadero motor que ha Representacion de Villon empujado este pequeño esfuerzo es el de señalar la situación actual de los estudios villonianos en la Francia de hoy, y el surgimiento o no de un planteamiento serio en el momento de abordar la obra del llamado "primer poeta moderno de Francia". 

Me refiero especialmente al abandono parcial, no total, del punto de vista histórico por un análisis que ponga a nuestro poeta en discusión en tanto arte y vida, discusión que se extiende, generalmente, al acto del movimiento del Romanticismo y la vanguardia del s.XX, sin reflexionar acerca de la poesía u otra expresión artística anteriores a ellos. 

En esta primera consideración cabría acuñar postulados que incluyan modalidades cínicas, paródicas, alegóricas, etc., que nos amplíen la visión o cosmovisión (interpretación del orden), mediante la poesía como figura autónoma, como también la marca de vida que engasta en su difuso límite la personalidad tanto histórica como intrínseca del individuo Villon. 

Por ello, plantearemos un acercamiento histórico breve, no extendiéndonos en un análisis acabado de la "estética histórica" o vivencia profunda de los hechos que circundan la Francia del s.XV, dando a conocer macroacontecimientos principalmente, antes que enfoques críticos de ellos. Con este objetivo, he propuesto ciertos extractos de Huizing (1) y Giuliotti (2) para trazar la estructura histórica que resulte pertinente explicitar.


Segundo, he traído a presencia dos poemas de la breve obra de Villon. Tal elección no es caprichosa: he creído que estos dos poemas pueden servir a modo de síntesis ideológica de su obra, a riesgo de pecar por mi credulidad con respecto al logro de dicha síntesis. 

El primero de ellos, Ballade du concours du Blois, resume, a mi entender, tal vez el aspecto más característico en el poeta: la constante contradicción, la paradoja que concreta la conciencia autoirónica y la vinculación de ella con el ambiente externo también parodiado. 

El segundo, y el más conocido, Ballade des pendus, propone un discurso en la reflexión de la carne desde la muerte. Dirige una advertencia moralista (la variedad villoniana también incluye cierto discurso moral) que va más allá de la prédica pastoral; la visión patética del "acto de morir" como movimiento continuo más allá de la voluntad, busca la comprensión por parte del mundo que desconoce lo que oculta el símbolo estigmatizado del ahorcado. Y el tercero a presentar, Ballade (de conclusión), corresponde a la terminación del Testamento como proyecto premortuorio, resumiendo una vida bajo el signo de la fatalidad que, a pesar de todo, no abandona su risa: jura "sobre un cojón" su amor que lo ha de llevar a la muerte posterior al trago final de "vino tinto", como un rito de comunión frente a su sangre que se ha de derramar.


Para finalizar estas breves consideraciones, y dar paso a un contexto histórico, diré unas cuantas cosas con respecto a la traducción. En cuanto la que corresponde al texto"Histoire de la litterature française", he querido mantener el texto en francés, exhibiendo un facsímil de carácter bilingüe, el cual permite la confrontación de una manera óptima, o bien, una lectura directa del estudio en su lengua original. 

En lo respectivo a la segunda, esta se ha llevado a cabo con cierta dificultad producto de la expresión de una lengua muy personal, y a veces muy popular y dialógica, en Villon. Juegos de palabras, ideas de doble significación, e incluso ciertos germanismos ligados al francés medieval, hacen de la obra villoniana todo un mundo cargado de sentido, cuyo acceso real está quizás absolutamente vetado para el lector actual. Para qué hablar de las alusiones a ciertos personajes de la época, que en algunos versos se convierten en el tema central en el cual desemboca el concepto de su creación poética. 

Por ello, al momento de traducir los dos poemas presentados, he tenido al alcance la traducción de Carlos Alvar (3) , al carecer de la establecida por Thuasne y la de Lanly, de las cuales dicho traductor se sirve. Si bien es cierto que difiero en numerosos pasajes con Alvar, también me ha ayudado en el momento de una transcripción satisfactoria, no sólo de estos dos poemas, sino de toda la obra poética de Villon.


Veamos el contexto previo en el que nuestro poeta estará inmerso. En Francia a inicios del s. XV, Isabel de Baviera, infiel esposa del rey loco Carlos VI, y Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, indujeron a Enrique V de Inglaterra a cruzar la Mancha y ser dueño de suelo francés. En el año 1415 comenzó para Francia el período más sombrío del siglo XV. 

Las tropas inglesas habían desembarcado en Normandía con treinta mil hombres, derrotando al ejército francés de Azincourt. Los sobrevivientes fueron hechos prisioneros. Entre ellos un hombre: Charles d'Orlèans, poeta, hombre que aparecerá en la vida de Villon hacia 1457 en la corte de Blois.(4)

Pero no solamente la guerra era la única calamidad. Las epidemias abundaban: sólo en París, y en cinco semanas, perecieron cincuenta mil personas. Ya en 1423, la ciudad contaba con cerca de veinte mil casas abandonadas y en ruinas. La miseria, el hambre y la muerte iban en aumento, a pesar de la ola de gente que emigraba hacia otros pueblos. 

Alguien, suerte de intérprete epocal, pinta en el claustro del venerado cementerio de los Inocentes un gran ballet de muertos. En versos se explicaba aquella serie de "danzas macabras". En la última pintura mural, un rey-cadáver en su lecho de muerte, estaba tendido ante su médico igualmente cadáver. El rey dice, refiriéndose a los demás personajes del mural (que son los mismos que están fuera de él), estos versos:

En estas figuras
Ved danzar a las personas.
Pensad que la humana natura
Sólo es pasto de gusanos.
Yo mismo así lo demuestro,
Que fui rey y llevé corona.
Tales seréis, buenos o perversos.
Toda humanidad está destinada
 a la podredumbre…

La danza macabra no era sólo una piadosa exhortación, sino también una sátira social. Es decir, lo macabro y lo patético ponen en crisis todo un sistema en el cual la belleza corporal jugaba el rol principal, al menos en la antigüedad clásica, sin desconocer, obviamente, el pensamiento que ellos poseían acerca de la corrupción de la misma. Incluso su adoración por los insectos, especialmente por la cigarra, pasaba por una cuestión de que estos seres no poseen sangre, al igual que los dioses, motivo por el cual, según los griegos, el cuerpo se descomponía. Pero la condición humana era para en ellos una condición de síntesis reflexiva: el cuerpo era para los helenos reflejo de lo que era el alma; una vitrina que se empaña y termina por oscurecerse absolutamente en el medioevo, por lo menos en cuanto lo que la oficialidad, es decir, la Iglesia dictaba. 

El monje Odon de Cluny decía con respecto a la belleza corporal, especialmente la de la mujer, que el cuerpo era "el odre mismo de los excrementos". Esa familiaridad que en la época clásica se practicaba con las "mucosidades, fluidos y excrementos", como señala Sloterdijk (5) con respecto a Diógenes de Sínope, y que aún subsiste en la marginalidad de la letra medieval, es un enemigo público que se debe derrotar, antes que su acto de libertad se expanda. Por ello, arriba de aquel claustro en el cementerio de los Inocentes se hizo existir una montaña de restos óseos que dominaba a los vivos. Pero el espectáculo macabro, tanto el ideológico como el físico, no se realiza en plenitud, sino cuando ladrones que asaltaban transeúntes y prostitutas, ejercían su oficio adosadas a los muros de aquel infesto camposanto. Pero eso no es todo.


El pillaje es algo muy común a la época, tanto que verdaderas "compañías" actuaban coordinadamente. Especialmente una: "La Coquille", la cual tenía una jerarquía, sus iniciados y su jerga. Arrasaban en robos, asesinatos y crímenes de todo tipo, quedando lo antedicho en el más estricto de los secretos. Otro centro de "fechorías" era la Universidad de París. Allí llegaban jóvenes de toda Francia y también de toda Europa. Reunía en sí una juventud desenfrenada que se relacionaba con verdaderos truhanes, prostitutas y criminales diversos. Borrachos, salían de las tabernas entonando cantos obscenos y provocativos. Este será el ambiente que esperará al último poeta medieval de Francia.


 François de Montcorbier o des Loges, nace en París en 1431. Sus padres son de origen pobre y no lo pueden mantener. Por ello un cura, pariente suyo, lo acoge, lo educa y lo inscribe más tarde en la Universidad de París. El clérigo es Guilermo de Villon, cuyo nombre es tomado por el joven François en honor a éste, quien lo protegerá durante toda su existencia. "Pero esto no significa que nuestro ilustre poeta siga los pasos de su protector", como nos dice Gaston Paris [6] en su texto que describe ese París estudiante. Al contrario, escribe Giuliotti, su vida se tuerce de pronto, "con racimos de horca, por caminos de perdición, escupe sobre los libros, salta la sombra de la horca y, desde la puerta de un prostíbulo, cae borracho en los brazos de la poesía". Justamente, aquella poesía sublime y grotesca al mismo tiempo, inalcanzado por ninguno de sus contemporáneos como Charles d'Orlèans ni antecesores como Deschamps y Chartier, ni mucho más anteriores aún, como el trovador Guillermo IX de Aquitania, nace de la persecución por la justicia a un poeta satírico, burlesco, cínico, macabro, elegíaco, erótico, obsceno y, también por momentos, celestialmente religioso.
Antes de entrar a mención de la obra de nuestro poeta, cabe destacar el hecho ocurrido el 5 de junio de 1455. 

La noche de ese día, como señala Pierre d'Alheim [7] , el maestro en artes de la Universidad de París François Villon, salió de su casa y se encontró con un amigo fraile, un tal Gilles, que iba del brazo con una alegre muchacha, una tal Isabella. Al poco andar juntos, se encuentran con otro fraile, Philliphe Sermoise. Sermoise apenas descubre a Villon, seguramente por líos de faldas, jura su muerte. Villon trata de calmarlo. Es imposible, pues el fraile le aplica una herida en el rostro. El poeta, entonces, le hiere en la ingle con el objeto de inmovilizarlo. Temiendo aún así ser vencido, recoge una piedra y se la arroja a la cabeza. Dos día después, Sermoise fallece. Villon es arrestado, pero su protector Guillermo consigue un indulto del rey Carlos VIII, alegando homicidio en legítima defensa. La escritura de nuestro poeta estará marcada por este suceso y tantos otros que le costarán un destierro final, y su desaparición absoluta sin dejar rastro alguno.


Nos trasladaremos, para adentrarnos a la obra poética de Villon, a una frase de El Otoño de la Edad Media de Huizinga: "(…) el arte poético del s.XV parece seguir viviendo casi sin ningún contenido nuevo. Reina una general impotencia para descubrir algo nuevo (…)" [8] . En cierto modo esto es razonable, pues el poeta Villon hace resurgir temas y formas tópicas. Pero digo en cierto modo, pues ya ha comenzado a ocurrir un hecho bastante novedoso, que es el acercamiento de la poesía escrita, en manos de personajes cultos, a la popular que se respira en los estratos bajos, gracias a una oralidad desarrollada con la música. Por ello veremos a nuestro poeta, y no es raro en él, acercarse mediante el camino de la jerga del hampa al trato de los tres temas principales de la poesía del s. XV: el Ubi sunt, la Belleza del pasado y La Danza macabra. La novedad de Villon y su aire renovador radica en la intensificación de una imagen y la descripción de ella mediante un lenguaje mucho más directo, plástico y muy poco rígido. Su idea poética no se desvanece en la idea retórica de una belleza vacía, sino en el ritmo y sonido muy propio de la verdadera poesía popular. 

Es así como la inspección de la taberna, del burdel y de la calle, comienzan a dar frutos en Villon. Y la leyenda de su vida, referida tanto en Rabelais [9] como en Gazeau [10] , entre muchos otros, inicia la forma que hasta nuestros días conocemos. Por esta razón, y para apreciar desde un punto de vista actual, daré paso a la traducción del texto

Como última aclaración, debo señalar que en la versión española he acomodado la puntuación propia a nuestra lingua mater, diferente a las expresiones del francés, las cuales no siempre coinciden con las del castellano. Además no me he privado de dejar patentes algunas notas al pie, en mi versión española, cuando me parezcan pertinentes.

Notas

(1)Huizinga, Johan. El otoño de la Edad Media, Ed. Revista de Occidente, Madrid, Séptima edición 1967. (Traducción del alemán por José Gaos).

(2) Giuliotti, Doménico. François Villon, la vida aventurera del primer poeta de Francia, Ed. Corinto, Ba. As., 1944.

(3) Villon, François,  Poesías, Ed. Alianza, Madrid, 1980. (Trad. Carlos Alvar)

(4)Charles d'Orlèans crea en Blois un poema que parafrasea al poema de Villon, Ballade du concours de Blois, con el cual gana el concurso de poesía en esa corte, y que transcribimos en este trabajo. Un fragmento de él es el siguiente:

Je n'ay plus soif, tairie est la fontaine  /  No tengo más sed, seca está la fuente;
Bien eschauffé, sans le feu amoureux /  Bien acalorado, sin el fuego amoroso;
Je voy bien cler, ja ne fault qu'on me maine / Veo muy claro, no necesito que alguien me ayude;
Folie et Sens me gouvernent tous deux (…)  /  Locura y Razón, las dos me gobiernan por completo
(…)

(5) Sloterdijk, Peter. Crítica de la Razón Cínica, tomo I, Ed. Taurus, Madrid, 1989. (Trad. Miguel A. Vega).

(6) Paris, Gastón. François Villon, Ed. Hachette, Paris, 1901. (Traducción del fragmento es mía).

(7) Alheim, Pierre d'. La pasión de maître François Villon, Ed. Les Editions G. Cres et Cía., París, 1924.

(8)Huizinga, Johan. Op.cit. p.462.

(9) Rabelais en su Libro cuarto de Pantagruel ( Bs. As., Anaconda, 1944): "(…) Maese François Villon [ix] en sus últimos tiempos, se retiró a Saint-Maixen, en el Poitou, bajo la protección de un hombre de bien, el abad de dicho lugar. Allí, para procurar un pasatiempo al pueblo, se propuso hacer representar la Pasión, a la manera y en lenguaje pointevino (…). Luego Rabelais sigue describiendo una broma que juega Villon a un clérigo que no quiso prestar una capa para la representación de estas farsas, al estar prohibidas por la Iglesia. La broma consistía, según nos cuenta este erudito renacentista, en cortarle el camino cuando en la tarde volvía al galope de su potranca y asustar al animal. Para ello, los farsantes se vistieron con ropas de diablos, incluso echando fuego por un costado de los trajes. Luego, al ver al fraile llegar gritaron: "¡Por la muerte de Dios! No quiso prestarle a Dios Padre una miserable capa: vamos a darle miedo". Entonces la potranca, al ver tan extraños y temibles trajes, se echó a correr, botando al fraile. Así describe Rabelais lo que sucedió con dicho clérigo y la broma de Villon: "(…) iba pues arrastrado, con el culo en el suelo, por la potranca que multiplicaba su coceo contra él y huía despavorida por los setos, los fosos y los zarzales. Le chafó la cabeza, hasta el extremo que el cerebro saltó junto a la cruz donde se canta el Hosanna; luego los brazos en piezas, uno aquí y otro allá, las piernas igualmente y finalmente hizo una carnicería del vientre de modo que, al llegar al convento, la potranca sólo llevaba el pie derecho y la sandalia arrollada (…)".Esta patética escena es contada como una de las tantas aventuras que se le atribuyen al poeta Villon (tantas como se le atribuyen al Till Eulenspiegel (búho y espejo) en Alemania y Bélgica, que incluso ha fundado una palabra en francés: espiègle, que significa travieso), coincide con la que Giulotti cuenta en su libro. Ya al finalizar su Libro Cuarto, en su último capítulo (Cap. LXVII), Rabelais nos ofrece una nueva aventura del personaje Villon, acerca de lo que hizo después de ser desterrado de París. Muchas aventuras como estas son narradas a menudo en la oralidad y escritas por oficiales cultos. Por ello coinciden varios autores en ellas. Uno de estos es Gazeau.

(10)Gazeau, cronista moderno, quien ha escrito una historia o inventario de bufones en su libro intitulado, justamente, Los Bufones (Barcelona, Biblioteca de Maravillas, 1885), desde pueblos como los hunos (bufones de Atila), Israel en tiempos de Salomón, árabes, otomanos, y europeos en general, ha acordado tímidamente ubicar a Villon como maestro de bufonerías: "(…) pero si puede darse a Villon, sin ofenderle, lugar distinguido en el gremio de maestros de bufonería, es lo cierto que no fue jamás bufón con título de oficio: era él demasiado independiente para consentir en empuñar el cetro de cascabeles (…)". Esto lo dice Gazeau a propósito de la aventura atribuida a Villon en la corte de Eduardo V de Inglaterra. Tanto Rabelais como Gazeau coinciden en la leyenda. Lo cierto es que no se tiene ningún antecedente ni poético ni legal de dicha estadía al otro lado del Canal. Después de que fue desterrado de París, la historia cuenta que Villon fue a Inglaterra en busca del olvido. Cito a Gazeau: "(…)el rey de Inglaterra, Eduardo V, que lo tenía en gran privanza, le mostró un día las armas de Francia, que había mandado pintar en un lugar del excusado, y le dijo: ve la estimación en que tengo a tus reyes franceses.- Sois, señor, solícito de vuestra salud, le contestó Villon; porque viendo esas armas, formidables siempre, no tenéis necesidad de drogas para moveros el vientre (…)". Rabelais nos narra esta misma historia de una manera más completa que Gazeau, mucho más jocosa, pero que por razones de tiempo no he podido reproducir aquí. Importante resulta el hecho de que el moderno Gazeau haya tratado a Villon como maestro de bufonería, lo cual implica, en cierta forma, un olvido o reemplazo de su obra por su leyenda, ya que deja en manifiesto la trascendencia que ha tenido la unión magistral entre arte y vida que Maese François ha engendrado.

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO