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En 1863 aparecía en la "Revue du progrès moral" el primer poema de
Paul Verlaine (1844-1896), augurando una obra ambigua, infinitamente bella,
que vagabundea en el umbral de la modernidad, y será irremisiblemente turbada
por el cometa Rimbaud. Numerosos homenajes se celebrarán en diferentes puntos
de Francia con motivo del aniversario de la muerte de aquel que, maldito entre
los malditos, otorgara un nuevo ritmo al arte poético.
Yo soy el Imperio al fin de la decadencia / Que mira pasar a los
grandes bárbaros blancos..."1
Extraídos del poema titulado Languidez del libro
Antaño y hogaño (1884), estos extraños
versos -evocadores de una historia, que sospechamos paralelamente terrible,
íntima y pública- contienen en sí mismos toda la originalidad y la odisea de
un escritor errante, que vacila continuamente entre el exceso y desenfreno y
el profundo remordimiento por haber abandonado el domicilio conyugal.
Algunos críticos bienintencionados de finales del siglo XIX incluyeron a
Verlaine en un grupo de poetas, del que brotó Arthur Rimbaud, a los que
llamaron "los poetas malditos". De hecho, esta expresión pertenece a
Verlaine, a quien sus colegas nombraron en 1894 "Príncipe de los Poetas", al
cabo de una vida infame y vagabunda por París, Rethel, Bruselas y Londres.
Cuando, al
final del otoño, allá en las Ardenas (en el norte de Francia), los ríos
enrojecen con los limos de la tierra y el bosque se encierra en sus abismos,
se escucha en los caminos el lamento de las almas malditas. Paul Verlaine
pasa.
Pero le canta "al cielo por encima del tejado". Le canta a su infancia
feliz en un ramillete de pequeños poemas nostálgicos. Nació en Metz, al este
de Francia, el 30 de marzo de 1844, de un padre autoritario y una madre
débil, piadosa y abusiva, que manifestará durante toda su vida un afecto
ciego por ese hijo tan proclive a la bebida.
Y sin embargo, Verlaine conoció la felicidad. Cerca de
Bouillon, en
Bélgica, el pequeño Paul disfrutó de alegres veranos con la familia paterna,
rodeado de esos paisajes que a orillas del río Semois alternan tierras de
labranza, pastos, bosques espesos y zonas pantanosas. Una región de lobos
enjutos, arándanos negros y encinas, a la que más tarde regresará con el
alma en pena. Cuando en 1873, por haber participado en la insurrección de la
Comuna, la policía persigue a este joven esposo, padre de un hijo a quien
abandona, deslumbrado por el adolescente Rimbaud, también decide exiliarse
en las Ardenas belgas. Piensa entonces recobrar aquel paraíso
perdido.
Primeros amores, primeros dolores
Allí, en las Ardenas, en las pequeñas carreteras blancas que pespuntean los
bosques, recordamos el spleen de las Arietas olvidadas, de los Paisajes
belgas y de Acuarelas publicados en 1874 en Romanzas sin palabras y
que ya prefiguraban los poemas musicales de La Buena canción (1870).
¿Cuál es el verdadero misterio que encierra Verlaine? ¿Por qué tantos dones
poéticos, tanto amor a su alrededor y esa vida melancólica? ¿En qué consiste
su desarraigo, esa nostalgia que desprende el cuarteto "Llora en mi corazón /
Como llueve en la ciudad / ¿Cuál es esta languidez / Que penetra mi
corazón."1
En agosto de 1 862, Verlaine aprobó su bachillerato en París donde
residían
sus padres desde 1851. Le envían entonces a descansar a casa de la familia
materna al norte de Francia. ¡Qué alegría poder sumirse en un paisaje
melancólico que tan bien correspondía a su estado anímico! Es entonces cuando
la crisálida comienza a mudarse en poeta maldito. Allí, entre los campos de
colza y las lecturas de Baudelaire, se enamora de su prima Elisa Moncomble. Un
amor imposible que le conduce a ahogar su tristeza en los cabarets en cuanto
cae la noche.
"Dios mío, Dios mío, la vida está ahí"
En París, se deja seducir por las delicias del "hada verde", el ajenjo.
Inicia estudios de derecho. Pero nada le interesa. Así que termina
trabajando como empleado en una compañía de seguros y luego en el
ayuntamiento de París donde se aburrirá durante siete largos años. En los
cafés logra distraer su dolor, escribe versos y se relaciona con los poetas
parnasianos2. En 1866, su libro Poemas saturnianos,
editado gracias a Elisa por cuenta del autor, lo da a conocer a los
críticos. En poemas de una musicalidad lírica y singular, Verlaine expresa
los altibajos del alma, transponiendo sus sentimientos en impresiones y
sensaciones a través de paisajes nostálgicos o refinados. Para quienes, como
él, parten en busca de lo Absoluto, queda la Belleza, el Azul y la añoranza
de los amores pasados.
Pero Elisa nunca le amó. Y a partir de aquella primera decepción amorosa
cristalizó su poesía lánguida y melancólica. Al casarse el 11 de agosto de
1870 con Mathilde Mauté de Fleurville -que apenas tenía dieciséis años-,
intenta integrarse en una burguesía decente aspirando a una vida "sencilla y
tranquila". Desgraciadamente, el orden no le acompañará mucho tiempo. En
septiembre de 1871, el joven Arthur Rimbaud le escribe desde Charleville.
Unos días más tarde "el ladrón de fuego con suelas de viento" llega a París
respondiendo a la llamada de Verlaine que se convertirá en su padre-amante.
En febrero de 1872, Mathilde solicita la separación. Para calmar a la esposa
ultrajada, el poeta aleja de él a Rimbaud, pero en julio se produce la fuga:
el adolescente ha sido más persuasivo y los dos amantes se van camino de
Bruselas. Cuando Mathilde intenta lograr una reconciliación, Rimbaud y
Verlaine ya se han ido a Londres.
De regreso al continente Verlaine trabaja en
Romanzas sin palabras
mientras que el adolescente publica esas páginas que convulsionarán la
literatura moderna, Estancia en el infierno. Se suceden entonces
rupturas y reconciliaciones. Es una pareja infernal. En Bruselas, en 1873,
Verlaine dispara contra Rimbaud. Detenido y condenado, pasará dos años en la
cárcel.
En 1874, en su celda de Mons compone poemas místicos impregnados de
un sincero arrepentimiento que serán publicados en Sensatez (1881) y Antaño y hogaño (1884), pero también eróticos en
Paralelamente
(1881). Al salir de la cárcel en 1875, Verlaine se embarca rumbo a
Inglaterra donde trabaja durante dos años como profesor.
Vuelve en 1879 y
comparte su vida con su nuevo amante, Lucien Létinois, un antiguo alumno de
la institución donde Verlaine había impartido clases durante un par de años
en Rethel, en las Ardenas. Los echaron a causa de "su particular amistad".
¿Por qué no se hizo oir en Romanzas sin palabras (1874) o en
La
Buena canción (1870) inspirada por Mathilde, su súplica, la ayuda que
implora para no ceder a sus demonios? La generosa tierra de las Ardenas lo
ocultará una vez más.
En 1880, el poeta compra en
Coulommes, cerca de Rethel
una granja para Létinois ya que ambos quieren convertirse en campesinos.
Pero de nuevo se producirá el fracaso acarreando la ruptura y el alcohol. Al
año siguiente Verlaine regresa a París a vivir con su madre, en la calle de
la Roquette. Se acabó la época de jóvenes amantes.
Verlaine murió a los cincuenta y dos años en París, el 8 de enero de 1896
tras una existencia de paria, poblada de hospitales, cárceles, habitaciones
de alquiler y sórdidos dramas. Como escritor será un anciano con éxito.
Súbitamente, mientras le devoran "reumatismo, cirrosis, gastritis e
ictericia", surge por fin un pedazo de gloria. En 1895, los jóvenes poetas
reconocen en él al maestro del arte poético moderno. En Bélgica, Inglaterra
y en Holanda se le solicita y aclama. Demasiado tarde. "¿Qué has hecho tú
que estás/ Llorando sin cesar/ Dí, qué has hecho tú que ahí estás/ De tu
juventud?"1 (Sensatez).
1. La traducción de los versos de Paul Verlaine pertenece a Ramón
Hervás.
2. Se trata de poetas como Mallarmé o Théophile Gautier que, reaccionando
contra el romanticismo, persiguen un ideal de perfección formal y defienden
el concepto de "el arte por el arte".
OBRAS
Sus primeras obras, entre las que destacan
"Poemas saturnianos" (1866) y "Fiestas galantes" (1869), se caracterizan por
el antirromanticismo propio de los parnasianos. El verso se centra
más en los aspectos técnicos que en los sentimientos.
La colección "Romanzas sin palabras" (1874), escrita durante
su estancia en la cárcel, está basada en su relación con Rimbaud.
Esta lamentable coyuntura le hizo volver al catolicismo de su
infancia y su reconversión inspiró un volumen de poesía religiosa
titulado "Sabiduría" (1881).
Con la publicación de "Los poetas malditos" (1884), una obra
crítica, y" Antonio y ahora" (1884), una colección de poemas, se
transformó en poeta simbolista, preocupado por los sueños y la
ilusión.
Su influencia se manifiesta en los poetas franceses
posteriores. El sonido de su poesía es por lo general más importante
que su significado. También escribió prosa autobiográfica, como
"Memorias de un viudo" (1886), "Mis hospitales" (1891) y
"Confesiones" (1895).
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