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Luc Clapiers, marqués
de Vauvenargues, literato y filosofo nació en Aix (Francia) el 6 de agosto de 1745,
y murió en París el 28 de mayo 1747.
Luc de Clapiers,
nacido en Aix-en-Provence el 5 de agosto de 1715 era hijo de Marguerite de Bermond (1694-1771),
cuyo padre era consejero secretario del Rey, y de Joseph de Clapiers (1691-1762),
señor de Vauvenargues y de Claps.
Por sun actitud
ejemplar durante la peste - siendo el consul primero de Aix - Joseph de Clapiers
obtuvo el título de marques de Vauvenargues en marzo de 1722. Luc
no tenía aun 7 años.
Era el mayor de una
familia de cuatro niños: Joseph-Antoine de Clapiers (1716-1741);
Elisabeth-Thérèse
de Clapiers nacida en 1717, que se haría religosa; y Nicolas-François-Xavier
de Clapiers, nacido en 1719. Una
carta de Vauvenargues à
Mirabeau (el futuro autor de L’Ami
des Hommes, 1758), fechada el 22 de marzo de 1740, nos aporta la
escasa informcion de que se dispone acerca de su infancia y
adolescencia: su pasión por las "Vidas de Plutarco", su
entusiasmo por "el estoicismo" . No obstante, la debilidad de su salud interrumpió sus estudios al colegio de Aix, y su instrucción primera quedó
incompleta: no supo nunca las lenguas griega ni latín.  A la edad en que debía elegir una carrera,
escogió la militar y llegó a subteniente en el exclusivo cuerpo de infantería llamada el Regimiento del
Rey.
Enseguida entró en
tareas de campo de batalla bajo el mariscal de Villars en Lombardía (1733) y
regresando a Francia en 1736; conocerá después de la actividad de un campo victorioso
por la monotonía de la vida de guarnición en los acuartelamientos de Borgoña y de Franco condado.
Durante esta época
de relativa calma tuvo tiempo de reflexionar y de formar sus ideas: reconoció
que las cosas del espíritu eran dignos de interés, y esta preocupación moral
le lleva a la consideración de que únicamente por la gloria merece la pena vivir.
Es el marqués de Mirabeau, padre del célebre orador quien posee el honor de haber adivinado la originalidad de Vauvenargues y de haberlo empujado muy vivamente a la literatura: la interesante correspondencia, de julio de 1737 a agosto de 1746, de los dos amigos
que tenían la misma edad y compartían la misma carrera es buena
muestra de este entusiasmo intelectual.
La delicadeza moral y la pureza de Vauvenargues,
enfrentadas por el carácter voluptuoso y despótico de Mirabeau,
requirieron a otro corresponsal: fue el encantador y delicado Fauris de San-Vincens. la
pobreza económica de Vauvenargues la impidió sin embargo viajar a la
guarnición de París donde le llamaba Mirabeau. En 1741,
estando en la guarnición en Metz tomó parte en las acciones
bélicas, al comienzo brillantes, y luego desastrosas del mariscal de
Belle-Isle en Boheme: a lo largo de la terrible asedio de Praga sobre Egra (diciembre de 1742), Vauvenargues
sufrió congelación en las ambas piernas; fue retirado del frente e
ingresado en el hospital de Nancy, regresó luego al Rin con el ejército del mariscal de Noailles;
y después del desastre de Dettingen, volvió en Francia a finales de 1743 y
se incorpora a la guarnición a Arras. De estos dos años de campo traía muchas observaciones y algunos textos compuestos para su joven
amante Hipólito De Seytres, muerto con dieciocho años a lo largo del
asedio de Praga, y a quien hizo la oración fúnebre, "la primera,
afirmó su amigo Voltaire, que el corazón haya dictado". La dedicación de Vauvenargues para su
amante De Seytres fue inmortalizada en el "elogio fúnebre" que escribió en la ocasión de la muerte del
mismo. Durante la invasión francesa de Bohemia, en 1741, cuando
tenía aproximadamente 26 años, conoció a Hippolyte de Seytres, que pertenecía al mismo regimiento, y quien
tenía 18 años de edad. Una amistad íntima surgió entre lo dos,
pero ese amor duró apenas unos meses De Seytres falleció
durante las privaciones del terrible sitio de Praga en 1742.
La salud de Vauvenargues estaba arruinada: las llagas de sus piernas heladas
se abrían sin cesar, y sus ojos perdían la vista; debió renunciar a la vida militar y
se decidió, a pesar de la oposición de su padre, a viajar a París
soñando con la diplomacia, pero sus demandas al rey y al ministerio no
obtuvieron respuesta. La influencia de Voltaire modificará estas disposiciones del ministro, pero una viruela
maligna acabó de agotar Vauvenargues y le impidió de entrar en la diplomacia. Había
conocido a Voltaire, al que inspiró de inmediato un apego respetuoso y admirativo, a pesar de la diferencia de
su edad y juventud, por eso le escribe sometiéndole sus ideas críticas sobre la diferencia de los genios de
Racine y de Corneille. Marmontel ha trazado un cuadro encantador de los
encuentros admirables entre Voltaire y Vauvenargues: el genio de un se había
enlazado con la más viva ternura de la virtud del otro.
Vauvenargues dejó Provenza en mayo de 1743 y se estableció en París en una modesta casa amueblada, el hotel de Tours,
rue du Paon, (sobre el sitio actual de la escuela de medicina), y vivió retirado, a causa de sus recursos
escasos y de su salud destruida. Reuniendo sus apuntes y notas, publicó en febrero 1746, anónimamente, un volumen de Máximas que contenía en sus 400 páginas una
"Introducción al conocimiento del espíritu humano", de las
"Reflexiones sobre diversos asuntos", de los "Consejos a un
Hombre Joven" , de las Reflexiones críticas sobre diversos poetas, dos Fragmentos sobre los oradores y sobre
"La Brouyerel", una "Meditación sobre la fe", y un
conjunto importante de "Paradojas" mezcladas de reflexiones y de máximas. Este volumen no fue
reseñado; el Mercurio, que había reseñado la aparición de los Caracteres
de la Brouyere" en 1688 declarando esta obra "interesante",
nunca llegó a mencionar las "Máximas de Vauvenargues".
A lo largo de un año todavía
consumió su desfalleciente vida , conservando una serenidad inalterable, limitándose a confesar sus dudas sobre la utilidad de su vida en algunas páginas impersonales de esbozo moral,; murió por fin con treinta y
dos años. Después de sesenta años de olvido, sus Máximas reaparecieron, y el público ratificó por fin el juicio
positivo que Voltaire tenía desde el primer día sobre ellas. Vauvenargues ha enseñado en su obra una indiferencia absoluta a toda especulación: su moraleja mira el fin positivo de la vida.
La familia de Vauvenargues se ha apagado al comienzo del siglo XIX y su
apellido desapareció: sus dos hermanos menores, Antoine y Nicolas-François-Xavier de
Clapiers, fallecieron, uno en 1741, el otro en 1801 sin dejar de
descendencia
Elogio poético al
joven amante De Seytres.
"Naturalmente lleno de gracia, sus movimientos suaves y
sutiles, sus modales francos, sus características nobles y graves, su expresión dulce y penetrante -
no podía considerarsele con indiferencia. Desde el principio su exterior adorable ganó todos corazones en su favor, y
siempre estaba en disposición para conocer su carácter al tiempo
de admirar la belleza de su temperamento. Nunca despreciaba, envidiaba
u odiaba a nadie. Comprendía todas las pasiones y opiniones, incluso el más singular, que el mundo
podía culpar. No lo sorprendían: asumía sus causas y motivos, y
encontraba siempre los medios de explicarlos en sus propias reflexiones."
"Y así que Hippolyte - continúa - estaba destinado a ser el superviviente en nuestra amistad - justo cuando
yo aguardaba que mitigase los sufrimientos y el aburrimiento de mi vida incluso a mi más recientes
anhelos. ¡Por el momento cuando mi corazón, lleno de seguridad,
depositó confianza ciega en su fuerza y juventud, y se entregó a la alegría -
Oh Miseria! En que momento un estilete afilado estaba extinguiendo las
fuentes de la vida en mi sangre. ¡La muerte se estaba deslizando en
mi corazón, y refugiándose en mi pecho! ... Perdónenme otra vez;
nunca nadie dude de la profundidad de mi sentimiento.
Yo le
amé antes incluso de conocerle. Nunca he amado mas que a él...
Era desconocedor de su mismo nombre y de su vida, pero mi corazón
le adoraba, habló con él, le vio y le buscó en la soledad. Todo
me llevó a saber de él en un momento; y cuando nos llegamos a
conocer, ya le había rendido mil y un homenajes en secreto a él y
a sus virtudes... Su alma es digna del cielo, ¿a donde habrá huido! ¿Mis suspiros
contactarán con él? Tiemblo - Oh, abismo profundo, Oh, congoja,
Oh, muerte, Oh, tumba! ¡Noche de luto y velos oscuros, y misterio de la
Eternidad!"
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