1902 - 1974

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS  

 

En amores, en odios, en violencia,/ en paisajes, en libros y en mujeres,/ moriste antes que aquí; pero prefieres/ creer que mueres hoy, por indolencia , escribió en 1949 el poeta Jaime Torres Bodet. Todo lo vivido hasta entonces cabía en un paréntesis inerte/ entre dos estertores sin sentido. En medio de los signos semicirculares habitaba el escritor precoz, el poeta lúcido, el ensayista agudo, el funcionario eficaz, el educador, el orador enfático, el promotor artístico, el crítico cinematográfico, el hombre público y el íntimo. En el paréntesis se desdoblaba su personalidad multifacética a la que una bala puso fin el lunes 13 de mayo de 1974.

Su imagen burocrática de alguna manera sigue eclipsando su labor como humanista. A pesar de que existen selecciones de su obra, los especialistas aseguran que todavía falta estudiar con énfasis su poesía y su correspondencia al igual que sus relatos y novelas.

Así el escritor Fernando Curiel señala que urge una antología que comprenda las distintas facetas de Torres Bodet, sin excluir el epistolario. Un buen trabajo colectivo de 250 o 300 páginas bien seleccionadas. Este 17 de abril don Jaime llegaría a los cien años de edad; sólo a partir de la distancia se puede medir la magnitud de su obra ya que, como escribió José Luis Martínez, "sólo un espíritu de tan disciplinada laboriosidad como Torres Bodet, en quien la vocación de servidor de los negocios de México encuentra un equilibrio en la vocación literaria, pudo realizar, además de las absorbentes tareas públicas, una obra literaria de calidad siempre ascendente".


Un grupo de soledades

Jaime Torres Bodet nació en la casa ubicada en la contraesquina de la antigua Cámara de Diputados, Imagen de juventud de Torres Bodet en la esquina de Donceles y Allende en el Centro Histórico. Datos consignados por José Emilio Pacheco en su ensayo Torres Bodet, Contemporáneo , precisan que a los 12 años asiste a las clases de literatura impartidas por Enrique Fernández Granados en la Escuela Nacional Preparatoria, a los 14 publica cinco sonetos y a los 16 su primer libro: Fervor , con prólogo de Enrique González Martínez. Miguel Capistrán recuerda que en una parte de sus Memorias. Tiempo de arena cuenta que desde la infancia tuvo muy clara su trayectoria: "convertirse en el hombre más inteligente, por lo menos de México. Para este propósito se propuso aprender el diccionario, aunque nunca pasó de la letra A. Esta voluntad de llegar hasta donde llegó le hizo sacrificar mucha de su vida cotidiana".

Estudia en la preparatoria de San Ildefonso donde forma parte de un escuadrón comandado por Alfonso Caso y en el que también estaban Carlos Chávez y Narciso Bassols. Posteriormente ingresa a la Escuela de Leyes y a la de Altos Estudios de la Universidad Nacional. En 1921 fue secretario de José Vasconcelos, quien ocupaba la rectoría de la universidad. En 1922, junto con Bernardo Ortiz de Montellano, dirige la revista literaria La Falange y en 1928 es codirector de una de las revistas más importantes en la vida cultural mexicana del siglo pasado: Contemporáneos .

Ya en la preparatoria Torres Bodet había conocido a Carlos Pellicer, José Gorostiza, Enrique González Rojo y Bernardo Ortiz de Montellano. Posteriormente conocería a Salvador Novo y Xavier Villaurrutia y luego a Gilberto Owen y Jorge Cuesta. Según Torres Bodet el nombre del grupo obedecía a una coincidencia en el tiempo: "Nos sabíamos diferentes; nos sentíamos desiguales. Leíamos los mismos libros; pero las notas que inscribíamos en sus márgenes rara vez señalaban los mismos párrafos. Éramos, como Villaurrutia lo declaró, un grupo sin grupo. O según dije, no sé ya dónde, un grupo de soledades."

Capistrán añade: "Como ocurre con todos los Contemporáneos, cuando hablamos de ellos pensamos exclusivamente en los poetas de la Antología de poesía mexicana moderna que publicaron en 1928 con el sello de Contemporáneos y de la cual se responsabilizó Cuesta. Aparte de poetas, fueron ensayistas, novelistas y críticos de artes plásticas, pero sobre todo nos insertan dentro de la cultura moderna del siglo XX... No hay que olvidar que a don Jaime Torres Bodet se le debe el nombre de Contemporáneos, no sólo por su libro, sino porque desde 1925 tenía el propósito de sacar esta revista, proyecto que se ve interrumpido por cuestiones financieras y antes aparece Ulises . En este lapso, gracias al apoyo de Antonieta Rivas Mercado, pueden llevar a cabo una serie de actividades por las que los recordamos fundamentalmente."

Por su parte, Antonio Castro Leal señala, en su ensayo "El escritor", contenido en el libro Jaime Torres Bodet en quince semblanzas , que tanto Torres Bodet como Novo y Villaurrutia demuestran en el grupo un dominio del verso y la prosa debido a dos causas fundamentales: la influencia de un ambiente en que el escritor se dividía entre la actividad creadora y la reflexión crítica, y el modelo que tomaron de escritores franceses como André Gide, Jean Cocteau, Paul Valery, Paul Claudel y Henri de Regnier.

La imaginación despeinada

Castro Leal asegura que, como escritor de prosa, Torres Bodet es superior a Vasconcelos y es más declarado y explícito que Alfonso Reyes, así como más elocuente y más explicativo que Martín Luis Guzmán. Respecto a la gran variedad de temas y géneros que abordó en su obra, el ensayista lo compara con Ignacio Manuel Altamirano y Justo Sierra.

Para José Emilio Pacheco las siete novelas de Torres Bodet innovan "procedimientos que sustituyen a las técnicas naturalistas: disolución del personaje, ruptura del tiempo lineal y las barreras entre prosa y poesía, monólogo interior, imágenes sinestésicas. Estos libros son experimentos, en el verdadero sentido del término, que no aspiran a consolidarse en obras definitivas, pero que dan una nueva dignidad formal a la novelística mexicana y ponen al día su repertorio técnico".

Como poeta vivió a la sombra de dos cimas de su generación: Gorostiza y Villaurrutia. Rafael Solana destaca una cualidad en los primeros libros de Torres Bodet: se convirtieron en material del dominio público como lo fueron en su tiempo los versos de González Martínez, Nervo y Díaz Mirón. "Los estudiantes de los primeros años 30 los sabíamos de memoria(...) Una generación entera utilizó los versos de Torres Bodet como acompañamiento de su vida sentimental".

Para Enrique Anderson Imbert, citado por Octavio Paz en la introducción a Poesía en movimiento , los mejores momentos poéticos de Torres Bodet "fueron aquellos en que se despeinaba la imaginación, sólo que lo hacía con la misma elegancia que otros ponen en peinársela". Después, Paz recuerda que Torres Bodet regresó a las formas tradicionales "y escribió dos libros que contienen sus poemas más personales y logrados: Cripta (1937) y Sonetos (1940). En su tercera época hay un cambio brusco: sus temas son ahora la sociedad y la historia, un humanismo a la UNESCO".



El educador y el canciller

Torres Bodet fue el continuador de la política cultural de Vasconcelos. En 1922, como jefe del Departamento de Bibliotecas organiza la revista El Libro y el Pueblo ; en 1925 participa en la elaboración del libro Lecturas clásicas para niños . De 1943 a 1946 es secretario de Educación Pública en el gabinete de Manuel Ávila Camacho, impulsando construcciones escolares, campañas alfabetizadoras y organizando la comisión revisora de planes y programas. Editó la Biblioteca Enciclopédica Popular que se vendía en los puestos de periódicos en 25 centavos y cuyo primer título fue una selección de Ensayo Americano a cargo de José Luis Martínez, además dirigió la publicación de la obra México y la cultura. Posteriormente ocuparía de nuevo el puesto, pero ahora bajo el mandato de Adolfo López Mateos, a quien le hace los discursos. En esta segunda administración creó los libros de texto gratuitos, los centros de capacitación para el trabajo industrial e impulsó la creación de la galería la lucha del pueblo mexicano por su libertad, el Museo Nacional de Antropología, el de Historia Natural, el Nacional de Historia, el de las Culturas y el de Arte Moderno. Además fue miembro del Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua, y director de la UNESCO de 1948 a 1952, puesto al que llegó por invitación.

Su labor como canciller se inició en 1929 cuando ingresa al servicio exterior y es enviado como secretario de Legación a Madrid y posteriormente a París. En 1934 es encargado de negocios en Buenos Aires. Será primer secretario en París, jefe del Departamento Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, encargado de negocios en Bélgica, subsecretario de Relaciones Exteriores y embajador en Francia. Carballo señala que Torres Bodet realizó como canciller lo que Castañeda no ha hecho en dos años: resolver magistralmente y sin que se note las relaciones internacionales de México. Por su parte Capistrán añade: "Debemos tener en cuenta que lo que es el gran cuerpo de la diplomacia mexicana, el gran orgullo del que fuimos la admiración en todo el mundo, se debe a gente que es del grupo de los Contemporáneos, incluido Genaro Estrada, el protector, el creador de la doctrina en cuya redacción participaron algunos de los jóvenes y de la cual nos enorgullecíamos hasta antes de la llegada de estos nuevos salvajes en el mundo diplomático. No hay que olvidar tampoco que gracias a José Gorostiza fue posible evitar la ruptura con Cuba en la reunión de Punta del Este. Son Gorostiza y don Jaime los grandes diplomáticos dentro del grupo."



La vida y la biografía

Siempre fue formal, era un extraordinario contador de anécdotas y dueño de una voz modulada, sólo superada por la de Pellicer. Recuerda Carballo: "Comencé a trabajar con él para las entrevistas de mi libro Los protagonistas de la literatura mexicana . No hicimos mucha amistad, era un tipo que cuidaba mucho sus distancias, no se abría totalmente. Para hacer el libro dedicado exclusivamente a su obra fui a su casa unas 20 o 30 ocasiones. Nunca me ofreció un café ni una galletita. No era una persona amable con sus invitados. Sin embargo me facilitó todo lo que le pedí.

"Me acuerdo que Salvador Novo me dijo: `Jaime nunca tuvo vida, desde pequeño tuvo biografía.` "Recuerdo que en 1968 –continúa Carballo– en pleno movimiento estudiantil, Díaz Ordaz le hablaba para pedirle que lo apoyara. El único de los contemporáneos que no apoyó a este hombre fue don Jaime. En cambio Salvador Novo celebró la toma de la universidad por el ejército. Yáñez también apoyó a Díaz Ordaz. Torres Bodet nunca estuvo a favor de los estudiantes, pero tampoco a favor del presidente."

A Novo se le atribuye otra anécdota que recuerda Capistrán: "Don Jaime tenía un ojo de vidrio debido a que yendo en un viaje a Oaxaca se le ocurrió asomarse por la ventanilla y con el viento una de las cenizas del tren se le incrustó en el ojo y lo perdió. Novo me contaba que en una de las recepciones que la SRE dio a diversas delegaciones con motivo de la fundación de la OEA, fueron invitados algunos de los contemporáneos. Un amigo de ellos, don Pepe Delgado de momento le preguntó a Novo: `¿Qué te parece, Salvador, que ahora don Jaime es secretario de Estado?` y Novo contestó: `No tiene nada de raro, en tierra de ciegos el tuerto es rey.`"

Una de las partes más brumosas en la vida de don Jaime fue la relativa a su sexualidad. Si bien nunca se asumió, a diferencia de muchos de sus compañeros de generación, como homosexual y de que llevaba una vida matrimonial estable, hay versiones que apuntan a su condición bisexual. Carballo señala que fue un hombre que nunca se atrevió a salir del closet. "Si Torres Bodet hubiera sido homosexual como sus compañeros quizá nos habría dado una mejor obra. Hay que buscar ese vacío. A su mujer la veía como de su propiedad, nunca tuvo vida propia. Torres Bodet hubiera sido bisexual, pero quizá sus acuestes más sabrosos pudieron ser homosexuales."Imagen de Torres Bodet tomada en el año 1971

Por su parte, Capistrán acota: "Tal como apareció publicada La estatua de sal , de Novo, se puede observar que nunca aparece don Jaime. Tuve la oportunidad de trabajar con Novo los últimos seis años de su vida y me contó muchas cosas de contemporáneos y privadas. Me decía que después de que muriera su madre iba a publicar las memorias en donde denunciaba la relación privada que tenían Ortiz de Montellano y Torres Bodet."

"Novo contaba –agrega Carballo– de cómo se había acostado con muchachitos que eran conscriptos y que a la postre llegaron a generales. Era horrible poder contar esas cosas. Recuerdo que cuando Torres Bodet llegó a la embajada de México en Madrid, un dístico malhecho corría por los cafés: Si ves a Torres Bodet, arrímate a la pared."



Un roce de hojas muertas en el viento

Hay quien apunta, como Rafael Solana, que todo fue obra del tedio. La versión oficial fue que una caída le produjo una fractura en la pelvis a la que siguieron intensos dolores. Los doctores diagnosticaron cáncer. En algún lugar de la mente del poeta –quizás por miedo al sufrimiento– ya germinaba la decisión. Pellicer contaría después que, en el sepelio de Novo, Torres Bodet le había dicho, mientras miraban el féretro, que ya solamente quedaban dos.

Su vida parecía normal. El jueves anterior había entregado a la editorial Porrúa la última parte de sus memorias titulada Equinoccio en la que trabajaba. Sin embargo ya antes le había dicho a Solana: "Si algo me sucede, quiero que usted revise mis papeles; Orpha ya sabe dónde están."

El lunes 13 de mayo de 1974 en la casa ubicada en el 326 de la calle Vicente de Güemes, en Lomas de los Virreyes, se oyó una detonación. La señora Josefina Juárez de Torres Bodet corrió a la biblioteca. Encontró a don Jaime recostado en su sillón, con la cabeza inclinada a la derecha y el revólver calibre 38 en la mano derecha. Según las crónicas periodísticas el cuerpo estaba junto a un cuadro del Dr. Atl que mostraba al Paricutín en erupción. La bala había ingresado por el paladar. La muerte fue instantánea. Sobre una mesa había una nota: He llegado a un instante en que no puedo, a fuerza de enfermedades, seguir fingiendo que vivo./ A esperar día a día la muerte, prefiero convocarla y hacerlo a tiempo./ No quiero dar molestias ni inspirar lástima a nadie. Habré cumplido hasta la última hora con mi deber.

Su cadáver fue velado en la capilla 7 de la agencia Gayosso. Su féretro fue cubierto por una bandera tricolor. Antes de reposar en la Rotonda de los Hombres Ilustres, sus restos fueron homenajeados en Bellas Artes y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Don Jaime, al igual que Cuesta y Rivas Mercado, inventó su muerte, como bien lo dicen los seis últimos endecasílabos del fragmento IV de su "Nocturno": Pero si nada di, nada he pedido/ y, si de nada soy, a nada intento:/ espectador, no más de lo que he sido./ Como inventé el nacer, la muerte invento/ y sin otro epitafio que el olvido/ a la muerte me erijo en monumento.

 

La obra de Torres Bodet comprende:


1. Poesía: 

"Fervor" (1918, con prólogo de Enrique González Martínez ), "El corazón delirante" (1922, con prólogo de Arturo Torres Rioseco), "Canciones" (1922) y "Nuevas canciones" (1923, con sendos poemas-prólogo de Gabriela Mistral), "La casa" (1923), "Poemas" (1924), "Biombo" (1925), "Poesías" (selección de los mejores poemas publicados antes, 1926), "Destierro" (1930), "Cripta" (1937), "Sonetos" (1949), una selección de poemas preparada por Xavier Villaurrutia (1950), "Poesías escogidas" (1957), "Fronteras" (1954), "Sin tregua" (1957), "Trébol de cuatro hojas" (tercetos endecasílabos; contiene: “Elegía a Bernardo Ortiz de Montellano”, “Epístola a Carlos Pellicer”, “Epístola a José Gorostiza” y “Evocación de Xavier Villaurrutia”; 1958; 2a. ed., 1960), Selected poems (edición bilingüe, con prólogo del autor y poema epilogal inédito, 1965) y Obra poética (prólogo de Rafael Solana, 1967).


2. Ensayos y estudios literarios: 

"Contemporáneos" (1928); "Perspectiva de la literatura mexicana actual 1915-1928" (separata de Contemporáneos, 1928); “Paisaje de Garcilaso”, en Tres ensayos de amistad para Garcilaso (colaboración de Taller poético en el IV Centenario de la muerte del poeta; 1936); "Educación mexicana. Discursos, documentos y entrevistas" (1944); "Discursos, entrevistas, mensajes" (1944); "Mensaje a la juventud" (1944); "Introducción de México y la cultura" (1946); "La obra educativa en el sexenio 1940-1946" (1946); "Educación y concordia nacional. Discursos y mensajes" (1941-1947) (1948); "La misión de la UNESCO" (1949); "Discursos" (los de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua y de contestación de Alfonso Reyes, 1953); "El escritor en su libertad" (1953); "Tiempo de arena" (primer volumen de memorias, 1955); "Tres inventores de realidad" (Stendhal, Dostoievski y Pérez Galdós; 1955); "Balzac" (1959); "Maestros venecianos" (1961); "Obras escogidas" (contiene: Poesía, Tiempo de arena, Inventores de realidad, Balzac, “Diez noches célebres”, “Algunas reflexiones sobre la angustia de nuestro tiempo”, “Notas de viaje y de lectura” y Discursos, 1961); "Patria y cultura" (12 discursos, 1964); "León Tolstoi, su vida y su obra" (1965); "Discursos" (1941-1964) (1965); "Rubén Darío. Abismo y cima" (1966), y "Tiempo y memoria en la obra de Proust" (1967).

3. Novelas y relatos: 

"Margarita de niebla" (1927), "La educación sentimental" (1929), "Proserpina rescatada" (1931), "Estrella de día" (1933), "Primero de enero" (1934), "Sombras" (1937) y "Nacimiento de Venus y otros relatos" (1941).


4. Prólogos y traducciones:

 "Los límites del arte" (algunas reflexiones de moral y literatura; páginas escogidas de André Gide, traducción y prólogo; 1920); Gabriel García Maroto: "Veinte dibujos mexicanos" (comentario, 1928); Emilio Uranga: "Obra educativa en el sexenio" 1958-1964 (prólogo, 1964), y otros muchos.

 

Al igual que sus compañeros de generación —escribió Octavio Paz— “Jaime Torres Bodet abandonó la influencia de González Martínez pero, a diferencia de ellos, retuvo la sensibilidad mesurada que la animaba, meditabunda a ratos y en otros moralizante. Sin embargo, durante algunos años coincide con las tendencias que, a falta de palabra mejor, llamamos renovadoras”. Y continúa: “Animado por el ejemplo de su generación, publica "Biombo" (1925); más tarde, aprovecha con inteligencia las lecciones de la poesía francesa, española e hispanoamericana de esa época y escribe "Destierro" (1930)”. En opinión de Enrique Anderson Imbert, es su periodo más feliz: “sus mejores momentos fueron aquellos en que se despeinaba la imaginación, sólo que lo hacía con la misma elegancia que otros ponen en peinársela”. Después, regresó a las formas tradicionales y escribió dos libros que contienen sus poemas más personales y logrados: "Cripta" (1937) y "Sonetos" (1940).

En su tercera época hay un cambio brusco: sus temas son ahora la sociedad y la historia, un humanismo a lo UNESCO. José Joaquín Blanco considera (Crónica de la poesía mexicana) que la celebridad de Torres Bodet proviene de su pertenencia “a ese astuto grupo de poetas mexicanos que se hicieron célebres por sus buenos sentimientos”. Acerca de uno de los aspectos menos frecuentados de Torres Bodet, José Luis Martínez escribió: “En sus ensayos y estudios de crítica literaria —publicados en su mayoría inicialmente en la revista Contemporáneos, y reunidos luego algunos de ellos en un volumen con el mismo nombre (1928)— tenía Torres Bodet un conocimiento pleno y siempre renovado de letras antiguas y modernas, un espíritu alerta y un estilo dúctil y de transparente riqueza. Su crítica rectificó, en su tiempo, el valor de muchos falsos brillos y contribuyó singularmente a la formación de la educación literaria en las nuevas generaciones”.

Gabriel Zaid, en un artículo en el que levantó el inventario de “Tres muertes nobles” (Salvador Novo, Jaime Torres Bodet y Rosario Castellanos), comenta que “Jaime Torres Bodet se pegó un tiro en la boca, dejándose llevar, con exceso poético, de su sentido del deber”, y enseguida: “lo ejemplar de estos poetas radica menos en la realización de un paradigma, que en el hecho de haber realizado, y padecido, una necesidad de dar ejemplo”.

 

 


 

FUENTE: Juan Solís / El Universal / Martes 16 de abril de 2002, y otras páginas de Internet

 

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