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En amores, en odios, en violencia,/ en
paisajes, en libros y en mujeres,/ moriste antes que aquí; pero prefieres/
creer que mueres hoy, por indolencia , escribió en 1949 el poeta Jaime
Torres Bodet. Todo lo vivido hasta entonces cabía en un paréntesis
inerte/ entre dos estertores sin sentido. En medio de los signos
semicirculares habitaba el escritor precoz, el poeta lúcido, el ensayista
agudo, el funcionario eficaz, el educador, el orador enfático, el promotor
artístico, el crítico cinematográfico, el hombre público y el íntimo. En
el paréntesis se desdoblaba su personalidad multifacética a la que una
bala puso fin el lunes 13 de mayo de 1974.
Su imagen burocrática de alguna manera sigue eclipsando su labor como
humanista. A pesar de que existen selecciones de su obra, los
especialistas aseguran que todavía falta estudiar con énfasis su poesía y
su correspondencia al igual que sus relatos y novelas.
Así el escritor Fernando Curiel señala que urge una antología que
comprenda las distintas facetas de Torres Bodet, sin excluir el
epistolario. Un buen trabajo colectivo de 250 o 300 páginas bien
seleccionadas. Este 17 de abril don Jaime llegaría a los cien años de
edad; sólo a partir de la distancia se puede medir la magnitud de su obra
ya que, como escribió José Luis Martínez, "sólo un espíritu de tan
disciplinada laboriosidad como Torres Bodet, en quien la vocación de
servidor de los negocios de México encuentra un equilibrio en la vocación
literaria, pudo realizar, además de las absorbentes tareas públicas, una
obra literaria de calidad siempre ascendente".
Un grupo de soledades
Jaime Torres Bodet nació
en la casa ubicada en la contraesquina de la antigua Cámara de Diputados,
en la esquina de Donceles y Allende en el Centro Histórico. Datos
consignados por José Emilio Pacheco en su ensayo Torres Bodet,
Contemporáneo , precisan que a los 12 años asiste a las clases de
literatura impartidas por Enrique Fernández Granados en la Escuela
Nacional Preparatoria, a los 14 publica cinco sonetos y a los 16 su primer
libro: Fervor , con prólogo de Enrique González Martínez. Miguel
Capistrán recuerda que en una parte de sus Memorias. Tiempo de
arena cuenta que desde la infancia tuvo muy clara su trayectoria:
"convertirse en el hombre más inteligente, por lo menos de México. Para
este propósito se propuso aprender el diccionario, aunque nunca pasó de la
letra A. Esta voluntad de llegar hasta donde llegó le hizo sacrificar
mucha de su vida cotidiana".
Estudia en la preparatoria de San Ildefonso donde forma parte de un
escuadrón comandado por Alfonso Caso y en el que también estaban Carlos
Chávez y Narciso Bassols. Posteriormente ingresa a la Escuela de Leyes y a
la de Altos Estudios de la Universidad Nacional. En 1921 fue secretario de
José Vasconcelos, quien ocupaba la rectoría de la universidad. En 1922,
junto con Bernardo Ortiz de Montellano, dirige la revista literaria La
Falange y en 1928 es codirector de una de las revistas más importantes
en la vida cultural mexicana del siglo pasado: Contemporáneos .
Ya en la preparatoria Torres Bodet había conocido a Carlos Pellicer,
José Gorostiza, Enrique González Rojo y Bernardo Ortiz de Montellano.
Posteriormente conocería a Salvador
Novo y Xavier
Villaurrutia y luego a Gilberto Owen y
Jorge Cuesta. Según Torres Bodet el nombre del grupo obedecía a una
coincidencia en el tiempo: "Nos sabíamos diferentes; nos sentíamos
desiguales. Leíamos los mismos libros; pero las notas que inscribíamos en
sus márgenes rara vez señalaban los mismos párrafos. Éramos, como
Villaurrutia lo declaró, un grupo sin grupo. O según dije, no sé ya dónde,
un grupo de soledades."
Capistrán añade: "Como ocurre con todos los Contemporáneos, cuando
hablamos de ellos pensamos exclusivamente en los poetas de la Antología
de poesía mexicana moderna que publicaron en 1928 con el sello de
Contemporáneos y de la cual se responsabilizó Cuesta. Aparte de poetas,
fueron ensayistas, novelistas y críticos de artes plásticas, pero sobre
todo nos insertan dentro de la cultura moderna del siglo XX... No hay que
olvidar que a don Jaime Torres Bodet se le debe el nombre de
Contemporáneos, no sólo por su libro, sino porque desde 1925 tenía el
propósito de sacar esta revista, proyecto que se ve interrumpido por
cuestiones financieras y antes aparece Ulises . En este lapso,
gracias al apoyo de Antonieta Rivas Mercado, pueden llevar a cabo una
serie de actividades por las que los recordamos fundamentalmente."
Por su parte, Antonio Castro Leal señala, en su ensayo "El escritor",
contenido en el libro Jaime Torres Bodet en quince semblanzas , que
tanto Torres Bodet como Novo y Villaurrutia demuestran en el grupo un
dominio del verso y la prosa debido a dos causas fundamentales: la
influencia de un ambiente en que el escritor se dividía entre la actividad
creadora y la reflexión crítica, y el modelo que tomaron de escritores
franceses como André Gide, Jean Cocteau, Paul Valery, Paul Claudel y Henri
de Regnier.
La imaginación despeinada
Castro Leal
asegura que, como escritor de prosa, Torres Bodet es superior a
Vasconcelos y es más declarado y explícito que Alfonso Reyes, así como más
elocuente y más explicativo que Martín Luis Guzmán. Respecto a la gran
variedad de temas y géneros que abordó en su obra, el ensayista lo compara
con Ignacio Manuel Altamirano y Justo Sierra.
Para José Emilio Pacheco las siete novelas de Torres Bodet innovan
"procedimientos que sustituyen a las técnicas naturalistas: disolución del
personaje, ruptura del tiempo lineal y las barreras entre prosa y poesía,
monólogo interior, imágenes sinestésicas. Estos libros son experimentos,
en el verdadero sentido del término, que no aspiran a consolidarse en
obras definitivas, pero que dan una nueva dignidad formal a la novelística
mexicana y ponen al día su repertorio técnico".
Como poeta vivió a la sombra de dos cimas de su generación: Gorostiza y
Villaurrutia. Rafael Solana destaca una cualidad en los primeros libros de
Torres Bodet: se convirtieron en material del dominio público como lo
fueron en su tiempo los versos de González Martínez, Nervo y Díaz Mirón.
"Los estudiantes de los primeros años 30 los sabíamos de memoria(...) Una
generación entera utilizó los versos de Torres Bodet como acompañamiento
de su vida sentimental".
Para Enrique Anderson
Imbert, citado por Octavio Paz en la introducción
a Poesía en movimiento , los mejores momentos poéticos de Torres
Bodet "fueron aquellos en que se despeinaba la imaginación, sólo que lo
hacía con la misma elegancia que otros ponen en peinársela". Después, Paz
recuerda que Torres Bodet regresó a las formas tradicionales "y escribió
dos libros que contienen sus poemas más personales y logrados:
Cripta (1937) y Sonetos (1940). En su tercera época hay un
cambio brusco: sus temas son ahora la sociedad y la historia, un humanismo
a la UNESCO".
El educador y el canciller
Torres Bodet fue el
continuador de la política cultural de Vasconcelos. En 1922, como jefe del
Departamento de Bibliotecas organiza la revista El Libro y el
Pueblo ; en 1925 participa en la elaboración del libro Lecturas
clásicas para niños . De 1943 a 1946 es secretario de Educación
Pública en el gabinete de Manuel Ávila Camacho, impulsando construcciones
escolares, campañas alfabetizadoras y organizando la comisión revisora de
planes y programas. Editó la Biblioteca Enciclopédica Popular que se
vendía en los puestos de periódicos en 25 centavos y cuyo primer título
fue una selección de Ensayo Americano a cargo de José Luis Martínez,
además dirigió la publicación de la obra México y la cultura.
Posteriormente ocuparía de nuevo el puesto, pero ahora bajo el mandato de
Adolfo López Mateos, a quien le hace los discursos. En esta segunda
administración creó los libros de texto gratuitos, los centros de
capacitación para el trabajo industrial e impulsó la creación de la
galería la lucha del pueblo mexicano por su libertad, el Museo Nacional de
Antropología, el de Historia Natural, el Nacional de Historia, el de las
Culturas y el de Arte Moderno. Además fue miembro del Colegio Nacional y
de la Academia Mexicana de la Lengua, y director de la UNESCO de 1948 a
1952, puesto al que llegó por invitación.
Su labor como canciller se inició en 1929 cuando ingresa al servicio
exterior y es enviado como secretario de Legación a Madrid y
posteriormente a París. En 1934 es encargado de negocios en Buenos Aires.
Será primer secretario en París, jefe del Departamento Diplomático de la
Secretaría de Relaciones Exteriores, encargado de negocios en Bélgica,
subsecretario de Relaciones Exteriores y embajador en Francia. Carballo
señala que Torres Bodet realizó como canciller lo que Castañeda no ha
hecho en dos años: resolver magistralmente y sin que se note las
relaciones internacionales de México. Por su parte Capistrán añade:
"Debemos tener en cuenta que lo que es el gran cuerpo de la diplomacia
mexicana, el gran orgullo del que fuimos la admiración en todo el mundo,
se debe a gente que es del grupo de los Contemporáneos, incluido Genaro
Estrada, el protector, el creador de la doctrina en cuya redacción
participaron algunos de los jóvenes y de la cual nos enorgullecíamos hasta
antes de la llegada de estos nuevos salvajes en el mundo diplomático. No
hay que olvidar tampoco que gracias a José Gorostiza fue posible evitar la
ruptura con Cuba en la reunión de Punta del Este. Son Gorostiza y don
Jaime los grandes diplomáticos dentro del grupo."
La vida y la biografía
Siempre fue formal, era
un extraordinario contador de anécdotas y dueño de una voz modulada, sólo
superada por la de Pellicer. Recuerda Carballo: "Comencé a trabajar con él
para las entrevistas de mi libro Los protagonistas de la literatura
mexicana . No hicimos mucha amistad, era un tipo que cuidaba mucho sus
distancias, no se abría totalmente. Para hacer el libro dedicado
exclusivamente a su obra fui a su casa unas 20 o 30 ocasiones. Nunca me
ofreció un café ni una galletita. No era una persona amable con sus
invitados. Sin embargo me facilitó todo lo que le pedí.
"Me acuerdo que Salvador Novo me dijo: `Jaime nunca tuvo vida, desde
pequeño tuvo biografía.` "Recuerdo que en 1968 –continúa Carballo– en
pleno movimiento estudiantil, Díaz Ordaz le hablaba para pedirle que lo
apoyara. El único de los contemporáneos que no apoyó a este hombre fue don
Jaime. En cambio Salvador Novo celebró la toma de la universidad por el
ejército. Yáñez también apoyó a Díaz Ordaz. Torres Bodet nunca estuvo a
favor de los estudiantes, pero tampoco a favor del presidente."
A Novo se le atribuye otra anécdota que recuerda
Capistrán: "Don Jaime
tenía un ojo de vidrio debido a que yendo en un viaje a Oaxaca se le
ocurrió asomarse por la ventanilla y con el viento una de las cenizas del
tren se le incrustó en el ojo y lo perdió. Novo me contaba que en una de
las recepciones que la SRE dio a diversas delegaciones con motivo de la
fundación de la OEA, fueron invitados algunos de los contemporáneos. Un
amigo de ellos, don Pepe Delgado de momento le preguntó a Novo: `¿Qué te
parece, Salvador, que ahora don Jaime es secretario de Estado?` y Novo
contestó: `No tiene nada de raro, en tierra de ciegos el tuerto es rey.`"
Una de las partes más brumosas en la vida de don Jaime fue la relativa
a su sexualidad. Si bien nunca se asumió, a diferencia de muchos de sus
compañeros de generación, como homosexual y de que llevaba una vida
matrimonial estable, hay versiones que apuntan a su condición bisexual.
Carballo señala que fue un hombre que nunca se atrevió a salir del closet.
"Si Torres Bodet hubiera sido homosexual como sus compañeros quizá nos
habría dado una mejor obra. Hay que buscar ese vacío. A su mujer la veía
como de su propiedad, nunca tuvo vida propia. Torres Bodet hubiera sido
bisexual, pero quizá sus acuestes más sabrosos pudieron ser homosexuales."
Por su parte, Capistrán acota: "Tal como apareció publicada La
estatua de sal , de Novo, se puede observar que nunca aparece don
Jaime. Tuve la oportunidad de trabajar con Novo los últimos seis años de
su vida y me contó muchas cosas de contemporáneos y privadas. Me decía que
después de que muriera su madre iba a publicar las memorias en donde
denunciaba la relación privada que tenían Ortiz de Montellano y Torres
Bodet."
"Novo contaba –agrega Carballo– de cómo se había acostado con
muchachitos que eran conscriptos y que a la postre llegaron a generales.
Era horrible poder contar esas cosas. Recuerdo que cuando Torres Bodet
llegó a la embajada de México en Madrid, un dístico malhecho corría por
los cafés: Si ves a Torres Bodet, arrímate a la pared."
Un roce de hojas muertas en el viento
Hay quien
apunta, como Rafael Solana, que todo fue obra del tedio. La versión
oficial fue que una caída le produjo una fractura en la pelvis a la que
siguieron intensos dolores. Los doctores diagnosticaron cáncer. En algún
lugar de la mente del poeta –quizás por miedo al sufrimiento– ya germinaba
la decisión. Pellicer contaría después que, en el sepelio de Novo, Torres
Bodet le había dicho, mientras miraban el féretro, que ya solamente
quedaban dos.
Su vida parecía normal. El jueves anterior había entregado a la
editorial Porrúa la última parte de sus memorias titulada
Equinoccio en la que trabajaba. Sin embargo ya antes le había dicho
a Solana: "Si algo me sucede, quiero que usted revise mis papeles; Orpha
ya sabe dónde están."
El lunes 13 de mayo de 1974 en la casa ubicada en el 326 de la calle
Vicente de Güemes, en Lomas de los Virreyes, se oyó una detonación. La
señora Josefina Juárez de Torres Bodet corrió a la biblioteca. Encontró a
don Jaime recostado en su sillón, con la cabeza inclinada a la derecha y
el revólver calibre 38 en la mano derecha. Según las crónicas
periodísticas el cuerpo estaba junto a un cuadro del Dr. Atl que mostraba
al Paricutín en erupción. La bala había ingresado por el paladar. La
muerte fue instantánea. Sobre una mesa había una nota: He llegado a un
instante en que no puedo, a fuerza de enfermedades, seguir fingiendo que
vivo./ A esperar día a día la muerte, prefiero convocarla y hacerlo a
tiempo./ No quiero dar molestias ni inspirar lástima a nadie. Habré
cumplido hasta la última hora con mi deber.
Su cadáver fue velado en la capilla 7 de la agencia
Gayosso. Su féretro
fue cubierto por una bandera tricolor. Antes de reposar en la Rotonda de
los Hombres Ilustres, sus restos fueron homenajeados en Bellas Artes y la
Secretaría de Relaciones Exteriores. Don Jaime, al igual que Cuesta y
Rivas Mercado, inventó su muerte, como bien lo dicen los seis últimos
endecasílabos del fragmento IV de su "Nocturno": Pero si nada di, nada
he pedido/ y, si de nada soy, a nada intento:/ espectador, no más de lo
que he sido./ Como inventé el nacer, la muerte invento/ y sin otro
epitafio que el olvido/ a la muerte me erijo en monumento.
La obra de Torres Bodet comprende:
1.
Poesía:
"Fervor" (1918, con prólogo de Enrique González
Martínez ), "El corazón delirante" (1922, con prólogo de
Arturo Torres Rioseco), "Canciones" (1922) y "Nuevas
canciones" (1923, con sendos poemas-prólogo de Gabriela
Mistral), "La casa" (1923), "Poemas" (1924), "Biombo"
(1925), "Poesías" (selección de los mejores poemas
publicados antes, 1926), "Destierro" (1930), "Cripta"
(1937), "Sonetos" (1949), una selección de poemas
preparada por Xavier Villaurrutia (1950), "Poesías
escogidas" (1957), "Fronteras" (1954), "Sin tregua"
(1957), "Trébol de cuatro hojas" (tercetos
endecasílabos; contiene: “Elegía a Bernardo Ortiz de
Montellano”, “Epístola a Carlos Pellicer”, “Epístola a
José Gorostiza” y “Evocación de Xavier Villaurrutia”;
1958; 2a. ed., 1960), Selected poems (edición bilingüe,
con prólogo del autor y poema epilogal inédito, 1965) y
Obra poética (prólogo de Rafael Solana, 1967).
2.
Ensayos y estudios literarios:
"Contemporáneos" (1928);
"Perspectiva de la literatura mexicana actual 1915-1928"
(separata de Contemporáneos, 1928); “Paisaje de
Garcilaso”, en Tres ensayos de amistad para Garcilaso
(colaboración de Taller poético en el IV Centenario de
la muerte del poeta; 1936); "Educación mexicana.
Discursos, documentos y entrevistas" (1944); "Discursos,
entrevistas, mensajes" (1944); "Mensaje a la juventud"
(1944); "Introducción de México y la cultura" (1946);
"La obra educativa en el sexenio 1940-1946" (1946);
"Educación y concordia nacional. Discursos y mensajes"
(1941-1947) (1948); "La misión de la UNESCO" (1949);
"Discursos" (los de ingreso a la Academia Mexicana de la
Lengua y de contestación de Alfonso Reyes, 1953); "El
escritor en su libertad" (1953); "Tiempo de arena"
(primer volumen de memorias, 1955); "Tres inventores de
realidad" (Stendhal, Dostoievski y Pérez Galdós; 1955);
"Balzac" (1959); "Maestros venecianos" (1961); "Obras
escogidas" (contiene: Poesía, Tiempo de arena,
Inventores de realidad, Balzac, “Diez noches célebres”,
“Algunas reflexiones sobre la angustia de nuestro
tiempo”, “Notas de viaje y de lectura” y Discursos,
1961); "Patria y cultura" (12 discursos, 1964); "León
Tolstoi, su vida y su obra" (1965); "Discursos"
(1941-1964) (1965); "Rubén Darío. Abismo y cima" (1966),
y "Tiempo y memoria en la obra de Proust" (1967).
3.
Novelas y relatos:
"Margarita de niebla" (1927), "La
educación sentimental" (1929), "Proserpina rescatada"
(1931), "Estrella de día" (1933), "Primero de enero"
(1934), "Sombras" (1937) y "Nacimiento de Venus y otros
relatos" (1941).
4. Prólogos y traducciones:
"Los
límites del arte" (algunas reflexiones de moral y
literatura; páginas escogidas de André Gide, traducción
y prólogo; 1920); Gabriel García Maroto: "Veinte dibujos
mexicanos" (comentario, 1928); Emilio Uranga: "Obra
educativa en el sexenio" 1958-1964 (prólogo, 1964), y
otros muchos.
Al igual que sus compañeros de generación
—escribió Octavio Paz— “Jaime Torres Bodet abandonó la
influencia de González Martínez pero, a diferencia de
ellos, retuvo la sensibilidad mesurada que la animaba,
meditabunda a ratos y en otros moralizante. Sin embargo,
durante algunos años coincide con las tendencias que, a
falta de palabra mejor, llamamos renovadoras”. Y
continúa: “Animado por el ejemplo de su generación,
publica "Biombo" (1925); más tarde, aprovecha con
inteligencia las lecciones de la poesía francesa,
española e hispanoamericana de esa época y escribe
"Destierro" (1930)”. En opinión de Enrique Anderson
Imbert, es su periodo más feliz: “sus mejores momentos
fueron aquellos en que se despeinaba la imaginación,
sólo que lo hacía con la misma elegancia que otros ponen
en peinársela”. Después, regresó a las formas
tradicionales y escribió dos libros que contienen sus
poemas más personales y logrados: "Cripta" (1937) y
"Sonetos" (1940).
En su tercera época hay un cambio brusco:
sus temas son ahora la sociedad y la historia, un
humanismo a lo UNESCO. José Joaquín Blanco considera
(Crónica de la poesía mexicana) que la celebridad de
Torres Bodet proviene de su pertenencia “a ese astuto
grupo de poetas mexicanos que se hicieron célebres por
sus buenos sentimientos”. Acerca de uno de los aspectos
menos frecuentados de Torres Bodet, José Luis Martínez
escribió: “En sus ensayos y estudios de crítica
literaria —publicados en su mayoría inicialmente en la
revista Contemporáneos, y reunidos luego algunos de
ellos en un volumen con el mismo nombre (1928)— tenía
Torres Bodet un conocimiento pleno y siempre renovado de
letras antiguas y modernas, un espíritu alerta y un
estilo dúctil y de transparente riqueza. Su crítica
rectificó, en su tiempo, el valor de muchos falsos
brillos y contribuyó singularmente a la formación de la
educación literaria en las nuevas generaciones”.
Gabriel
Zaid, en un artículo en el que
levantó el inventario de “Tres muertes nobles” (Salvador
Novo, Jaime Torres Bodet y Rosario Castellanos), comenta
que “Jaime Torres Bodet se pegó un tiro en la boca,
dejándose llevar, con exceso poético, de su sentido del
deber”, y enseguida: “lo ejemplar de estos poetas radica
menos en la realización de un paradigma, que en el hecho
de haber realizado, y padecido, una necesidad de dar
ejemplo”.
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