“...Joven, no causes a
mi corazón un
dolor cruel y que el amor que te tengo no me arrastre a la morada de Perséfora;
teme la ira de los dioses y el juicio de los hombres y ten para mí sentimientos
favorables...”
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Amargo
y dulce, amable y cruel es el amor para los jóvenes, oh Cirno, hasta
que es satisfecho; porque si se logra satisfacerlo, se convierte en
dulce, mientras que si no se logra a pesar de intentarlo, es esta la
desgracia mas dolorosa de todas.
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Sobre
el cuello de los que hacen el amor a los muchachos hay siempre un yugo
de infortunio, doloroso testimonio de su hospitalidad excesiva; pues el
que busca afanosamente el amor de un joven, debe poner sobre él su mano
igual que sobre una hoguera de sarmientos.
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Para
ti el dar es todavía honorable y para mi que te amo no es deshonroso
pedir; pues bien, te lo suplico por mis padres, ten piedad de mí, oh
bello joven, concediéndome tus favores, si es que algún día has de
tener el don de la diosa nacida en Chipre y coronada de violetas y de ir
lleno de deseo en busca de otro: que la diosa te haga entonces
encontrarte con tus mismas palabras.
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Jamás
te haré mal ni aun estando ausente y nadie me persuadirá a no ser tu
amigo
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¡Ay! amo a un joven
de piel delicada que me expone a las miradas de todos mis amigos aun
contra mi gusto, Aguantaré muchas violencias que no deseo sin hacer secreto
de ellas; pues no es un joven indigno aquel bajo cuyo yugo se
me ha visto caer.
* * * *
La Esperanza es la única diosa que habita entre humanos,
las demás se marcharon, dejándola atrás, al Olimpo. Se fue la
Confianza, gran diosa, se fue de los hombres la Cordura, y las Gracias,
amigo, dejaron la Tierra.
Ya no hay juramentos de fiar entre humanos ni
justos, ni nadie demuestra respeto a los dioses eternos; se ha
extinguido el linaje de hombres piadosos; ahora ni normas legales
conocen ni aún la Piedad. Mas en tanto uno vive y ve el brillo del sol,
conserve piadoso su fe en la divina Esperanza, rece a los dioses y, al ofrecerles los grasientos muslos, en sus
sacrificios invoque al comienzo y al fin, la Esperanza. Guárdese
siempre del torvo discurso de hombres injustos que, sin recelo ninguno
del ser de los dioses eternos, de continuo a los bienes ajenos su vista
dirigen, y establecen infames apaños con ruines propósitos
* * * * *
De todas las cosas la mejor
es no haber nacido ni ver como humano los
rayos fugaces del sol, y, una vez nacido, cruzar
cuanto antes las puertas del Hades y yacer bajo una espesa
capa de tierra tumbado. (425-439)
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"Ningún hombre,
Cirno, es responsable de su propia ruina o de su propio éxito:
estas dos cosas son don de los dioses. Ningún hombre puede llevar a cabo una
acción y saber si su resultado será bueno o malo... La humanidad, completamente
ciega, sigue sus fútiles costumbres; pero los dioses lo encaminan todo al
cumplimiento que ellos han proyectado."
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¡Ah,
Cirno, esta es aún nuestra ciudad, pero es otra su
gente!
los que antes no sabían de leyes ni derechos,
los que cubrían sus flancos con pieles de cabras,
y fuera de esta ciudad, como gamos, pastaban,
ahora son gente de bien,
Polipaides; y los nobles de antes
ahora son pobres gentes. ¿Quién pude soportar ver esto?
Unos a otros se engañan burlándose entre sí,
y desconocen las normas de lo bueno y lo malo.
No te hagas amigo de ninguna de estas personas,
Polipaides,
de corazón, por grande que sea tu apuro.
Pero de palabra aparenta ser amigo de todos,
y no colabores con nadie en cosas de importancia.
Porque te darás cuenta del talante de estos miserables,
cómo no puede haber confianza ninguna en sus hechos,
si no que aman las trampas, engaños y enredos
tal como los hombres que no tienen remedio alguno.
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No puedes conocer la mentalidad de un
hombre o de una mujer antes de ponerlos a prueba como a una bestia
de carga. El tiempo revela al amigo, y la desgracia pone de
manifiesto quiénes no son realmente amigos.
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