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Introducimos
aquí en nuestro vocabulario los siguientes términos:
ARETÉ:
Expresión del más alto ideal viril y caballeresco, unido a una conducta
cortesana, selecta, unido también a un heroísmo guerrero y a un estado
virtuoso.
ARISTOCRÁTICO:
Superlativo de distinguido y selecto.
Teognis de
Megara es un testimonio que hoy se conserva de la aplicación de estos dos
términos en un sentido amplio y altamente educativo, utilizados por un
homosexual y dirigidos hacia otro.
Teognis amó
a Cirno y lo amó bajo la perspectiva de estas dos palabras: aretéica y
aristocráticamente. Ya Homero, con toda su fuerza educadora, usaba
frecuentemente el concepto de areté para indicar sobretodo una nobleza de
espíritu, una nobleza de lo que hoy llamamos "alma". Como nos
indica Jaeger, "En el concepto de la areté se concentra el ideal
educador de este periodo en su forma más
pura", concepto del que se desprende una ética que designa a un
hombre de CALIDAD, para el cual lo mismo en la vida privada que en la pública,
rigen determinadas normas de conducta que implican un sentido del deber
ser en lo positivo en relación con el individuo, no con la
sociedad. 
Así se constituye un ideal ético aristocrático
que nada tiene que ver con las tonterías históricas posteriores, en
particular posteriores al renacimiento. Hay una preeminencia en el hombre
que solo puede ser conservada mediante las virtudes por las cuáles ha
sido conquistada: un siempre hacerme el óptimo y ser superior a los otros
en un ser virtuoso, que es, por lo tanto varonil, propio del hombre para
el cual, al lado de la acción, estaba la nobleza del espíritu. Homero
nos dice que, en un momento dado, Fénix, el educador de Aquiles, el mismo
Aquiles amante de Patroclo, le recuerda el fin para el cual ha sido
educado: "Para ambas cosas, para pronunciar palabras y para realizar
acciones", porque en el dominio de la palabra está la soberanía del
espíritu. Y la areté procrea el honor. Quien posee y padece la areté,
es un hombre poseído por el honor, inseparable de la habilidad y del mérito.
Todo hombre de mérito es un hombre de honor. ya nos recuerda Aristóteles
en su Ética a Nicómaco [ A 3 1095b 26 ] que "Es notorio que
los hombres aspiren al honor para asegurar su propio valor, su areté".
Por eso para los antiguos griegos, la mayor tragedia de un hombre era la
negación de su honor y por lo tanto, de su areté.
Ser un hombre aristocrático implicaba ser elogiado, poseedor de areté,
de respeto y de honra, en un afán de distinguirse aspirando hacia lo
superior. Por eso en la antigüedad, el mundo de los dioses era una
sociedad de nobles, poseedores de nobleza en este sentido aristocrático,
lo cual permite el desarrollo de hombres magnánimos en el pleno sentido
del término. Este hombre ideal es el único que puede llegar a un análisis
de lo que es su conciencia moral, puesto que es poseedor de una ética
aretéica y de un alma grande y selecta: este hombre posee entonces la más
alta expresión de una personalidad espiritual y ética. Y
este hombre que nos ocupa es homosexual ... y debemos procurar que lo siga
siendo...
Este es el único homosexual que puede aspirar a la belleza y no a la
pseudobelleza que únicamente se queda en el nivel de lo físico y que
resulta propia de los aprendices a homosexuales: a la libre formación
ética y al enriquecimiento espiritual de la propia personalidad que
genera acciones del más alto heroísmo moral.

Pensaban los griegos homosexuales de
ésta época que: "Quien se estima a sí mismo debe ser
infatigable en la defensa de sus amigos, sacrificarse en honor de su ser,
abandonar gustoso dinero, bienes y honores para 'apropiarse de la belleza'
" "Quien se sienta impregnado de la propia estimación
preferiría vivir brevemente en el más alto goce que una larga existencia
en indoliente reposo; preferiría vivir un año sólo por un fin noble,
que una larga vida por nada; preferiría cumplir una sola acción
grande y magnífica, a una serie de pequeñeces insignificantes".
Necesitamos entonces rescatar a este ser homosexual paideíco.
En toda esta visión, apropiarse de la belleza significa subordinar lo físico
a lo no físico, para seguir un poderoso impulso, anhelante del hombre
mortal hacia la propia inmortalidad: en eso se basa el fundamento metafísico
de las paradojas de la ambición humana y el afán de honor ya descrito en
el Simposión, de Platón.
"Ni debes pavonearte ante el mundo como vencedor ni hundirte y
lamentarte como vencido: alégrate con lo que es digno de alegría, no te
rindas con exceso ante la desventura, conoce el ritmo que mantiene a los
hombres en sus límites" [Fragmentos de Arquíloco, frg 67, v 18]
"Algunos dicen que lo más bello en la tierra es un escuadrón de
caballeros, otros, una banda de guerreros a pie, otros, una escuadra de
navíos; lo más bello es el ser querido que el corazón anhela" [Safo,
odas]
Toda acción humana va acompañada de riesgos. Y el riesgo del homosexual
de hoy, es perderse en sus acciones meramente físicas, a un nivel
instintivamente animal.
La doctrina de la sofrosyne griega, consistía en el elemental "conócete
a ti mismo" que implicaba que mejor que la fuerza era la sabiduría,
y que mejor que el mundo de lo físico, era el de lo metafísico... el de
lo que estaba más allá de lo físico, para poder desarrollar uno mismo
valor, prudencia, justicia y sabiduría.
"Por muy lejos que vayas, no hallarás los límites del alma: tan
profundo es su logos" [Heráclito, fragmentos]
Por eso, la naturaleza y la vida son un enigma. Como un oráculo délfico,
como una sentencia de profeta. En este enigma, el mundo entero es un
trueque en donde la muerte de uno es la vida de otro: mientras conquisto
la felicidad con un hombre, se la arrebato a otro que se queda sin ella
... y sin ese hombre que disfruto..
Por eso Teognis le
reclama a Cirno:
"Te he dado alas con que puedas volar sobre tierras y mares. En todas
las fiestas y banquetes te verás en la boca de la gente. Encantadores jóvenes
cantarán tu nombre a la música de las flautas. y aun después de tu
descenso al Hades seguirás caminando por Hellas y por las islas, y
atravesarás el mar para ser cantado por los hombres futuros en
tanto que permanezcan en la tierra y el sol. Yo no valdré nada para ti y,
como a un niño, me engañarás con palabras."
Y prosigue:
"La ciudad es, en efecto, la misma, pero la gente se ha convertido en
otra. Hombres que no tienen ninguna idea de lo que es la justicia y
la ley, que cubrían sus muslos con burdos vestidos de piel de cabra y que
vivían como salvajes fuera de la ciudad, son ahora, Cirno, las gentes
preeminentes, y los que lo eran antes, son ahora pobres diablos. Es un
espectáculo insoportable. Se burlan secretamente los unos de los otros y
se engañan, y no conocen norma alguna de la tradición. Cirno, bajo ningún
pretexto conviertas a alguno de estos hombres en amigo tuyo. Sé amable
cuando hables con ellos, pero no te asocies a ellos para ningún propósito
serio. Es preciso que conozcas la idiosincracia de esos pícaros
miserables y sepas que no es posible confiar en ellos. Esta sociedad
sin salvación sólo ama el fraude, la perfidia y la impostura"
[Fragmentos de Teognis -544 a 490 ac, aprox- a Cirno, versos 39-52 y
53-68]
No en balde se refieren a Teognis con este epígrafe:
"Dondequiera que hubo un noble luchando por su existencia y por su
idiosincracia, halló en la sabiduría pedagógica de Teognis de Megara su
espejo" [Jaeger, Paideia,196]

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