Poéticamente Pascoaes es el último eslabón del mundo
simbolista, despojado ya de cualquier resabio
parnasiano.
Supongo que hoy en España (y hasta de muy otro modo en
Portugal) Teixeira de Pascoaes, poeta y escritor muy famoso en la primera
década del siglo que acaba, es un ilustre olvidado. Un clásico poco leído.
Teixeira (1877-1952) fue un hombre de posibles, que tras estudiar en
Coimbra y ejercer un tiempo la abogacía en Oporto, se retiró a su finca de
Gatero, en el Amarante, donde murió viejo, respetado y olvidado ya por
casi todos los jóvenes...
En España lo quisieron Antonio Machado -por su lírica- y más
Unamuno, que se carteó con él, por sus ideas sobre la relación
Portugal-España. Pues además de poeta, Pascoaes escribió sobre el futuro
de Portugal y sobre la peculiaridad del lusismo o de la Historia
portuguesa. Uno de sus libros en esa línea se llama Arte de ser portugués (1915), pero
el principal lo editó un par de años antes: El genio portugués en su expresión poética,
filosófica y religiosa. Este nacionalismo algo místico es lo
que atrajo al primer Pessoa a la revista “A Águia”, de la que Pascoaes era
director. La fama lírica y teórica de Pascoaes se debe al saudosismo, que
él definía así: “un sentimiento que nació del casamiento del paganismo
grecorromano con el cristianismo judaico y que en nuestra lengua tomó una
forma verbal que no tiene equivalente en otras lenguas: la
saudade”.
Poéticamente Pascoaes es el último eslabón del mundo
simbolista, despojado ya de cualquier resabio parnasiano. Aunque distante
a Eugénio de Castro (tan amigo de los modernistas españoles) y aun al gran
Camilo Pessanha, Teixeira de Pascoaes no se mueve de ese orbe estético: el
simbolismo teñido de melancolía y con frecuentes usos alegóricos. Vida etérea (1906) y Las Sombras
(1907) son dos de los títulos del Pascoaes poeta. Señora de la noche es un
poema largo, con un poema introductorio (“A mi Musa”) y una “Canción
final” que se publicó originalmente en 1909. El poeta se enfrenta a la
medianoche que luego se vuelve aurora y otra vez, al fin, noche, encarnada
en un alegórica doncella que significa la dualidad del paganismo solar o
diurno y del mundo nocturno, fuente de misterio, y por tanto, más
explícitamente, reino de la saudade. Las tres partes del poema en sí
explican la concepción lírica de Pascoaes, donde el misterio, la vibración
de lo desconocido fundamentan una poesía de la emoción y de la continua y
metafísica añoranza. El poeta es visto como “príncipe de la sombra y del
misterio”, mientras que la medianoche nos acerca, positivamente, a “los
abismos de la divina Irrealidad”. Es la Noche el reino del poeta, aunque
trasmite ocasionalmente horas de luz, con toda la mitología de los
sentidos. Curiosamente muchas imágenes de Señora ... nos recuerdan algunos
suspirillos germánicos de Bécquer aunque en Pascoaes la entrega al
simbolismo y a la melancolía fue total.
Ángel Guinda ha traducido su versión de una edición
portuguesa moderna prologada (quizá pudo traducirse también ese prólogo)
por el poeta Eugénio de Andrade, que conoció a Pascoaes en los años 40,
homosexual y olvidado. La traducción de Guinda es buena y suena bien. Ha
respetado la rima cuando esta coincide -y no es raro- en portugués y en
español) (serra, terra
–sierra, tierra– ) y ha dejado sin rima el verso en que ésta no
coincide. El método puede ser criticable, pero en lenguas vecinas, el
resultado no es malo. Señora de la noche se lee, en español también, como
un hermoso y lejano poema simbolista, amor de la
saudade.
FUENTE:
Suplemento El Cultural de
El Mundo (28 de marzo de
2001)
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