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A
riesgo de la vida
por
Giovanni Testori (1975)
Giovanni
Testori comenta a Pasolini
Sobre la
atroz muerte de Pasolini se ha escrito todo; pero sobre las razones por
los que él iba a esos encuentros creo que casi nada. ¿Que le empujaba,
en la tarde o la noche, a querer y buscar aquellos encuentros?. La
respuesta es compleja, pero puede agruparse, creo, en un solo nudo y en
un solo nombre: la conciencia y la angustia de estar dividido, de ser
solamente una parte de una unidad que, desde el momento de la
concepción jamás existe; entonces la conciencia y la angustia del ser
incompleto, nacidas de la soledad que deriva fatalmente. La soledad, esa
perra horrorosa y famélica que llevamos encima en cuanto nos
convertimos en célula individual y viviente y que parece privilegiar a
los que, con un adjetivo torpe y racista, se ha tomado el habito de
llamar "diferentes"
Ahora,
cuando el trabajo ha terminado (y a lo mejor parece habernos amenazado
con no dejarnos mas espacio que para el sueño y a lo mejor tampoco ese
espacio); cuando se levanta de la mesa de las cenas porque los amigos no
son suficiente; cuando no es suficiente tampoco la figura de la madre
(con la cual se ha establecido, consciente o inconscientemente, una
silenciosa lucha o dialéctica de odio y amor) y se encuentra allí,
solo, prisionero sin salvación, dentro de la noche que es negra como el
útero de donde venimos y como la oquedad hacia la que vamos, empieza a
crecer en nosotros una necesidad infinita y desesperante de encontrar un
apoyo, un cotejo; de encontrar a "alguien", aquel
"alguien" que nos ilusione, aunque sea incluso un momento, un
instante, de poder destruir y alejar aquella soledad; de poder
recomponer aquella unidad lacerada y perdida.
Los ojos, aquellos ojos; la boca, aquella boca; el
cabello, aquellos cabellos; el cuerpo, aquel cuerpo; y el indecible ardor que cada ser joven emana de si, como si
en él la conciencia de aquella división no hubiera ocurrido todavía, como si él, justo él,
fuese la otra parte que desde siempre nos ha faltado y nos falta. Poner
frente a estas posibilidades desesperadas y a estas esperanzas desesperadas
el peligro, incluso el de la muerte, no tiene sentido. Yo pienso que
no se llega a dedicar el mínimo tiempo para hacer estos pobres cálculos;
tan violenta es la necesidad de llenar aquel vacío y de cicatrizar o al menos
vendar aquella herida.
¿Del resto, quién podría señalarnos que dentro de aquellos ojos, dentro de aquella boca, aquellos
cabellos y aquel cuerpo, se esconde un asesino? En la mudez del cosmos estas señales no llegan; y aunque llegaran, vuelvo a repetir que la necesidad de vencer aquella angustia aún
resultaría más fuerte y nos prohibiría entenderlas. Se parte; y no se sabe dónde se llega. Por tardes y tardes, una vez ocurrido el encuentro, la ilusión
se precipita en él mismo. Pero en la liberación física se ha conseguido un tipo de momentánea paz; o pausa; o descanso. La tarde siguiente todo retoma; justo como retoma la oscuridad de la noche. Y así los
pasan años.
La distancia del punto en que la unidad perdida se ha convertido en conciencia siempre se hace mayor, mientras siempre se convierte en
menor la que nos separa del reingreso final en el "limbo" de la muerte; y de sus implacables
interrogantes. Las sombras, entonces, se alargan; se hace más difícil
a posibilidad que aquel encuentro infinito se vuelva en el tan buscado, se averigua por
fin más difícil, pero febricitante y devorante.
La vecindad de la muerte aún
llama a más vida; y este "más" o "demasiado" de vida que
buscamos fuera de nosotros, en aquellos encuentros, en aquellos ojos, en
aquellos labios, no hacen otra cosa que acercar ulteriormente el fin.
Así quién ha querido
real y totalmente la vida puede encontrarse más pronto que otros dentro de las manos mismas de la muerte que hará suplicio de ello y ludibrio. Al menos que el dolor nos enseñe el "vía crucis" de la paciencia. ¿Pero es una cosa que nuestro tiempo concede? Es
a costa de cuales y cuantos sacrificios, de cuáles esperanzas o de
cuál terribles y sangrantes transformación o asunción de aquellos ojos y aquellos labios?
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