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Clifton y el amor de un muchacho
I
Era tan hermoso: tan mágico
Como el verano en los árboles silenciosos;
Tan brillante como el sol en los prados;
Tan gentil como el aire de tarde.
Su voz eras mas delicada que la alondra;
Más suave que el algodón de cardo su mejilla;
Sus ojos eran estrellas que asoman tímidamente
en la puesta de sol cuando los cielo son oscuros.
Lo encontré en un lugar humilde:
Cantó canciones de cristal que me hicieron llorar:
Largas Noches largas gobernó mi alma en sueños:
Largos días en que su rostro llenaba mis pensamientos.
II
"Solitario: ¿como puede esto ser cierto?
¿Por qué caminas solitario?" Lloró.
Respondí con una sonrisa, para esconder
el trasfondo de mi congoja.
Pero ella que había conocido querido amigo, que tu
Arte aun vivía, habría dicho:
"Debes olvidar, aunque arrope muertos;
¡Vete, envuelve ahora los brazos a su alrededor!"
Entonces en mis labios murió
la sonrisa: "Y me hundí en la mas profunda de las profundidades
marinas; Ellos me ordenaron arrojarle por la borda, y ahora, en los golfos
infernales nuestros caminos se separan".
III
Este es el tiempo en que los
sueños no se mueven Las antiguas fiebres de mi cerebro: Los pulsos
quemantes laten nuevamente, La sed que no puedo saciar se repite.
En vano cuento la paliza de
mi corazón Que pobre e inútil era el premio: El deseo sofocado muere en
mi interior, Pero deja una elegancia inextinguible.
No es para el amor de Dios Que
tengo mi alma tan equivocada; 'Esto no atiende razones poderosas ni al
control de las corrientes de mi sangre.
Pero la pereza, el miedo a
los hombres, la vergüenza Imponga su límite sobre mi dicha: Más había
colocado mis labios en los suyos, y lo llamo por el nombre más apreciado del
amor.
VI
Las majestuosas embarcaciones
pasan libres, Donde la luz tenue impresiona sus huellas; El lánguido invierno
marca los campos y las maderas: Oh, quien traerá a mi amor?
Blancas gaviotas vuelan gritando
al mar; El amargo viento del este recorre el cielo; Las franjas blancas
de la nieve están tendidas: Oh, quien traerá a mi amor?
Las ramas del espino están desnudas
y secas; Los acebos esperan con afecto; Se escuchan los quiebres roncos: Oh,
quien traerá a mi amor?
El brillante cielo azul es fácil
de mirar; La helada tierra permanece yaciente; Tan fría es la
esperanza, tan duro es el cuidado: Oh, quien traerá a mi amor?
VII
He visto una imagen de
profundos ojos En el sueño matutino, cuando los sueños son verdaderos: Amplios
ojos húmedos de un azul de niebla, Como los mares que besan el cielo del
horizonte.
Entonces, cuando miré
fijamente, sentí una lluvia De suaves rizos tibios alrededor de mi mejilla, Y
escuché un susurro suave y sumiso: "Yo amo, y quiero que ames
nuevamente?"
Un joven gentil inclinado a
mi vera; Sus frescos labios húmedos se posaron en los míos, Vibraba y
ardía con el descontento del amor: Cuando los poderes del sueño se
acabaron;
Y silencioso sobre alas
levitando Eso sigue después de la indiferencia de la noche, El hermoso
muchacho se había extinguido para ell Fue tema de vagas figuraciones.
Todavía no puedo descansar
otra vez: La multitud de los sueños matutinos son verdaderas; y hasta
que encuentre los ojos del color azul y los dorados rizos, camino en el
dolor.
VIII
La primavera vuelve nuevamente: la tierra se ha ruborizado
Para adornarse a si misma con ramos de novia:
Las aves entre las frondosas enramadas
Despiertan los leños del invierno durmiente con regocijo.
Pero nunca lo encontraré, nunca:
Aunque la nieve del invierno se disuelva en rocío,
Y los jacintos se adornen con estrellas azules
Los juncos se doblan y tiemblan con las brisas.
El campo latirá con el himno de matrimonio,
Y la riqueza del verano adornará la arboleda,
En donde mis pies vagaban en soledad,
Buscándole a él desconsoladamente.
Lo busqué, lo busqué, hasta
la muerte del otoño
De la misma manera que la puesta de sol en la noche del invierno;
Lo busqué vivamente , lo busqué, para deleitar,
Un sueño de espejismo, aunque no sea real.
XIII
Tres veranos se han ido: y ahora otra vez
El burdo otoño llega para arrancar la hoja;
Sobre cada colina atan la gavilla;
Los troncos de roble se enrojecen como antaño.
Los troncos se hacen de bronce; los oídos dorados
Puede alegrarse toda la nación con cereales;
Pero nunca sentiré otra vez
La alegría de esos años pasados.
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(De
In the Key of Blue, 1893; Symonds denominó a estos
poemas "unas curiosas creaciones de mi juventud", escritas en 1862,
pero posiblemente trabajadas en 1885 cuando se las mostró a Horatio Forbes
Brown. Celebran su amor por Alfred Brooke, corista de la Catedral de Bristol)
EUDIADES
Era un lugar tranquilo y
solitario, donde se erguía Una estatua, forjada en madera vieja de cedro, Del
joven dios del Amor, y el hermoso Anteros, el conjunto asentado en un dosel
de mármol. El brillo dorado en una rama de palma, que el joven sostenía
en su mano derecha; y el brillante juguete cambio de lugar el deseo veloz
de Anteros, que intentaron apartarlo del fuerte señor del Amor.. Pero
Eros les mostró su sonrisa, y la pareja, mano cogida a la mano y el
cabello con el cabello dorado se entrelazaron en un laberinto de
luminosidad, resistiendo el conflicto perenne que nunca puede ser reprimido Hasta
que del santuario esas formas encantadoras fueron empujadas donde el
trabajo del enemigo se había convertido en polvo. Aquí
estaba Eudiades,
en la oscuridad, solitario; Para que sus amigos y camaradas todos Se
reunieran para competir, probando Nuevas luchas, hazañas o boxeo,
el amplio jardín a su alrededor coreando. Entonces vienen. Quien
hizo que la brillante luz del sol parezca una llama Si, el árbol se
desliza, dobla, encoge para dar sombra y proteger al joven amante Antes
de que sus ojos encandilados, Melanthias, Blancos y difusos,
puliendo la delicada hierba. Junta a la estatua permaneció de pie
con los brazos extendidos. Y labios en movimiento que murmuran;
entonces logró la presa De un suspiro del hondo del pecho, pero no
del pesar Y con una espina de rosa sobre la hoja ancha de la
palmera. Las palabras agudas señalan: "Eudiades el justo!" Y
debajo otra vez: "Tres veces honesto, el mas honesto!" Como
si no pudiese cansarse de escribir "honesto"
Sobre el pedestal de Amor que colocó La rama votiva; entonces lentamente
giró su mirada Eudiades, antes invisible, que atendía cercano
el árbol, mientras en su pecho se hundía El hermoso peso de una
cabeza ruborizada, y tenía El palpitante corazón que apenas
concebía la sobrecarga de la dicha excesiva. Melanthias se
detuvo, y tomó una mano con la suya, Y acariciaba los sedosos
cabellos murmurando suavemente las pequeñas palabras que únicamente
conocen los amantes No es necesario que mi relato las
pronuncia: entonces lo besó Los dedos rosados, y acarició su
torso Finalmente el muchacho, que ahora, más audaz, disipó el
desafío Rápidas miradas furtivas, que aun cambiarían, tan duro, si
así pudiera ser, las fuertes delicias que influían en él. Cuando
se movió, las cintas blancas y escarlata cayeron: Melanthias
sonrió; Ni siquiera Eudiades podría rechazar tal sonrisa: Cuanta
de esa necesidad era arte y cuanta era maña? Por tanto, en el
santuario del dios, el Amor, se coló entre los árboles Fragante
con el verano, musical con las abejas, Mientras la cigarra cantaba
entre las ramas, Y a través del campo tocado por la
feliz risa juvenil, Estos amantes que juraron los votos tácitos e
inocentes El logro de las almas. latiendo enamoradas al compás Todo
estaba tan calmo, tan perfecto, que era casi imposible concebirlo Excepto
lo que esa alborada había traído al borde de un torrente
global en donde saciaron su sed a voluntad La extraña y
melodiosa sed que los quemó y complació tiernamente Pero —
aun sin ser fingido — los años anteriores sucedieron Algún
tedioso prologo para una escena dichosa, A través del cual su
alegría pudo haber sido movida Y les dijo que la vida era para
amar y ser amado — Lo demás es simple muerte y monotonía lejana
por la luz de su felicidad. Suficiente!
La alegría no requiere palabras. No se puede contar — A
través de las delicias del Amor, Yo bien conozco Lo que la tensión
de la dicha entre los amantes cae, Que flor de besos, Que nutre
los suspiros del alma, Que es lo que mira atentamente de una
forma indescriptible, Que silencios como estrellas en el cielo
azul Temblorosos los éxtasis mudos y elocuentes! Hay de mi!
Fallan las palabras. Inclino mi cabeza y asiento Para alcanzar
el canto de un sueño dorado. No puedo saltar nuevamente a los
lejanos días de Grecia, o alcanzar la vida cuando el amor de
Eudiades: No puedo hacer que Melanthias crezca rectamente En
la gloria de su edad viril aquí indicada, o brillante Antes
sus ojos dolientes; o enséñame cómo hacerlo No hay vergüenza
o miedo que obscurezcan su lucida apostura, No había pecado
alguno en su espíritu, no había angustias que estropeasen su
hermosura, ni luces extrañas aun del sol: Pero en su sentido
de ternura el pecho es como un remanso, Y su fuerte corazón
estaba armado por la energía del amor Para hacer y desafiar
todas las cosas que no podrían deshonrarle El muchacho a quien
amó sin corromper su magnifico nombre.
Haciendo lo que aun
creen — aburridas generaciones, muertos En el fango frío de
la ignorancia y el temor — Haciendo que crean en el amor puro
y elevando Eso conmovía a estos muchachos de las semillas de
Juvenal? Oh! Eso es decir la verdad y la reconstrucción de las
escrituras Esos amplios santuarios, ahora estropeados, que se
ocultan — Estatuas magulladas, muros en ruina, formas que rápidamente
se desvanecen, Oscurecidas en noches frías y húmedas que
empapan las tormentas! En vano. Me desmayo. Escuchen ahora, y
que perdure: Los hombres de los que hablo eran fuertes y puros. Ninguna
vergüenza les oprimió: podían luchar y caer; Y el agujero en
la tierra lloró sus funerales.
[De
Tales of
Ancient Greece, No. 1, Eudiades and a Cretan Idyll, 1878. Pasaje breve de un largo relato poético escrito en 1868, poco después de que Symonds
conociera a un árabe moro normando. Constituía parte de un ciclo de poemas celebrando el amor
gay (de Uranian) en todos períodos de la civilización, escrito durante un período de diez o doce años, hasta 1878, que algunos amigos trataron de convencerlo de que
quemase.]
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