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Déjame,
oh amor
Déjame,
oh amor que
se
prolonga aun quitando las cenizas;
Y tu, mi mente, aspira a las cosas más altas ;
Crece rico en eso que nunca llega a oxidarse,
A pesar de las evanescencias que destiñen el placer.
Dibuja en mis suportes, y humilla todo mi poderío
Ese yugo melodioso donde están
las
ultimas libertades;
Que estropea las nubes y se saca fuera la luz,
Que resplandece y brilla y dar la vista para vernos.
Oh, tómalo rápido; deja que esa luz sea tu guía
En este curso pequeño cuyo nacimiento esboza a la muerte,
Y piensa cómo el mal se desliza a su lado
Quien busca duramente, y duramente alienta.
Entonces la despedida, mundo; veo tu máximo esfuerzo;
Amor eterno, mantén tu vida en mí.
Razón,
bien servida estás...
RAZÓN, bien servida estás en fidelidad, que aun
disputarías contra el sentido y el amor en mí;
ojalá subieras a la colina de las Musas,
o alcanzaras el más selecto fruto del árbol de Natura,
o buscaras la senda del cielo, o el interior del cielo vieras;
¿por qué habrías de esforzarte en labrar nuestro pedregal?
Abandona al sentido, y a los que objeto de sentido son;
entrégate al poder del pensamiento, deja el amor a su placer.
Mas por fuerza querrías luchar contra amor y contra sentido,
con la espada del ingenio, con desprecio hiriendo,
hasta que unos golpes directos tu hábil esgrima frustraran;
pues tan pronto te tocaran con los rayos de Stella,
tú te postrarías, Razón, y enseguida te ofrecerías a probar
con buenas razones, razones buenas para amarla a ella.
Natura bien me inclina a ver
Bellezas, aupadas en brillantes carros
Destellando kilates y encendiendo
Mi espíritu a inclinarse pronto a ellas.
Y Amor, creí que lleno estaba de ti,
Mas no encontrando llamas incansables,
Inclineme hacia otras, olvidando
La estrella que debía guiar mi paso.
Ahora sí que Amor con desamor he comprendido.
Y probando el veneno he sido envenenado.
Vuelvo, perezoso, a su amor,
Mas ella huye y de sus ojos salen volando flechas a mis ojos.
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