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En un minúsculo sótano
de Argel, un hombre escribe a la luz de una vela; escribe así
todas las noches, « después de haber superado las basuras, las ratas,
los insultos y las humedades tenebrosas » que soporta en su miserable habitáculo.
Este hombre que escribe
en la noche, atado por todos sus sentidos a esta Argelia de noviembre,
es golpeado por varias maledicencias: niño ilegitimo, homosexual y
poeta. Se llama Jean Sénac y reclama a ese país que anuncie su
abandono de los odios por las diferencias de identidad o sexuales, así como su fobia hacia los poetas, que pueden romper una apariencia de
consensos construidos a golpes de censura y de mentiras.
Cuantas taras para
el chaval enclenque de Beni Saf. !Que importa! Diez años después de la
independencia de su país, el hombre, censurado para vivir en medio de
su pueblo, continúa esperando. Por ello, en la humedad de una noche de
verano de 1972, aun escribió : « Todo se retoma por el comienzo y por
el principio de ensayo de novela que languidece en una maleta y de la
que no movería una coma. »
El 30 de agosto de
1973, casi un año después de la redacción de esas líneas, es encontrado
asesinado en su vivienda, en ese sótano con el pestazo de sus humedades
que era su residencia.
Su muerte, abriendo el ciclo
de los poetas asesinados, dejaría inacabada su única obra en
prosa, ese esbozo de novela que llegaría posteriormente al lector
con el titulo "Boceto de padre: para terminar con la infancia"
en la que el prologuista, Rabah Belami, constata que puede considerarse
como la primera etapa de una obra mas vasta.
Escrito
entre 1959 y 1962, esta novela, que no es realmente eso, no tiene la
estructura ordenada y cerrada del género.
Sénac dice haberla escrito para él a fin de no manchar la
poesía "escrita para otros", para mantenerla limpia y
para dejar le el espacio necesario para que la poseía estalle.
Sin embargo, rastreando el texto en prosa, es posible encontrar, como escapado de su pluma,
rastros de ese lenguaje particular de Sènac, esta poesía que él desea
de la locura: "A pesar
de lo agitado/ yo soy la basura de ese pueblo/el pie extranjero de levadura pobre
/el fermento de la discordia y de la subversión"
La
marca del padre se remonta a las raíces de la vida de su autor para decir su primer
"boutade": la que
debe a su padre desconocido que "huyó con su
esperma todavía húmedo" y que le ha dejado "sin realizar", un
padre con identidad improbable que es su "sed" y su
"nada" y que le hace necesario ponerse en marcha para una investigación.
¿Pero quien era el progenitor, el que falta? ¿Gitano
sin ataduras o un emigrante andaluz pobre desarraigado por la
miseria? ¿Violador sin escrúpulos
o
un seductor de mirada ardiente? Adiestrador de perros o peluquero?
Y
porqué esta exploración: ¿para encontrar los rastros o para rechazarlos?
Nada
es menos importante que la identidad verdadera de este
"desertor" para cuál prefiere el autor también sustituir transfiguradas las creaciones que, con la imagen de los hombres que
cruzaron su universo de niño - el abuelo minero,
Alexandre Lassassin el legionario temeroso, Sénac el padre adoptivo -,
terminan, ellos también, abandonándole.
Los
fundamentos de la niñez son los de la edad adulta, así como los
sucedidos influyen necesariamente en ella, entreverándose unas
con las otras, se ensambla juntas en un grito
interminable. Un grito que
uno puede oír en ese libro, poesía y prosa, erotismo y política, historia y
anécdotas, arrasando (como en la vida) pasada y presente, heridas de ayer y hoy.
Los meandros del curso perdido hacia un ser que tuerce nuestras
ideas así como los caminos interiores, las maneras
secretas del poeta. Aquí,
la cuestión del padre surge y se confunde con la búsqueda del ser; así, sucede la ascensión a las fuentes de la atracción sensual
ocurre que harán de Sénac, tanto como su nacimiento, un paria, y se
libera el canto que celebra la belleza del cuerpo (del padre, del
amante futuro), el deseo, las fiebres de la carne.
Estos
poemas eróticos se insertan en las páginas autobiográficas de memorias
en el corazón de las cuales se elabora sí mismo, en relación a varones
nómadas, un ser sedentario: una
mujer, la primera y última de su vida, Jeanne Comma, su madre.
¿Mujer castradora?
Con
seguridad, pero paralelamente abierta al mundo, a los demás, aunque mujer excesivamente piadosa, casi
beata. Ella es la única
que jamás le abandono, fue como una fiera presta a sacar sus garras
en defensa de su pequeño, y que deja partir a todos sus hombres.
Esta Jeanne aureolada con flores del papel, imágenes santas, de
trapos, reinando en una casa repleta de telas oscuras y grandes jarrones
de cristal azul.
Esta madre obstinada en acampar sobre los restos
de la vivienda destruida por un deslizamiento de tierras, cerca
del mar, porque la casa verdadera de Sénac, él era el mar:
Cueva del Agua, cerca de Orán, la cabaña sobre las rocas a un
lado del acantilado, con sus olores de pimienta, del anisete y de los
dulces caseros.
Y
sobre todo esta Argelia reivindicada con palabras duras de amor y de
desesperanza: ¡"Soy
este país! ¡Este
nacimiento! Cruza como un
nebulosa el zodiaco de mi amor y me deja desnudo, interrogación,
entregada a la rabia de los hombres ", retamizada como un
encantamiento que quisiera hacer caer las barreras elaboradas delante de
la patria prohibida y borrar la humillación hecha al poeta:
¡"Yo soy nacido argelino (). Eso me ha hecho girar en todo
sentido por los siglos del devenir argelino y no tener que rendirle
cuentas a los que me hablan sobre otros
cielos". Identidad que el rechazó: "Oh, locura.
Digo que soy argelino y me ríen en la nariz" A pesar de todas
las filiaciones que le reclaman:
Jugurtha, Kahena, El Kader, Ben M' hidi o Mokrani de Abd,
rechazado por los príncipes de la época, ayer sus hermanos en el combate
anticolonial, y quienes hará de él un clandestino en su propio país.
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