Saikaku nació
en Osaka en 1642, de la familia Hirayama, que era una
familia de comerciantes acomodados. Saikaku recibió al nacer
el nombre de Toogo, por lo que su verdadero nombre era Toogo
Hirayama. Saikaku Ihara es el mas universal de los varios
seudónimos que adoptó en su vida literaria.
La educación de Saikaku
fue amplia y variada, pues dada la capacidad económica de su
familia, pudo disponer de tiempo y medios para costear unos
buenos estudios, en una época en que la enseñanza de las
letras era absolutamente minoritaria.
Saikaku estudió
"haikai" (o "haiku", poesía popular encadenada con poemas
intuitivos, con una métrica perfectamente establecida) con
el poeta Isshoo contemporáneo suyo. Desde su juventud el
escritor destacó como maestro de este estilo poético,
adhiriéndose a la denominada escuela Danrin cuyo credo
consistía básicamente en afirmar la libertad del poeta para
alterar el numero de sílabas de haiku (17).
Pronto fue
conocido en los circuitos del haikai no renga –versos
cómicos encadenados–, en los que se había iniciado desde la
escuela Danrin del maestro Nishiyama Sôin a partir de 1673.
Esta
práctica lo había convertido en un hábil maestro en los
juegos poéticos, en las técnicas de enlace, con una
entrenada libertad de expresión, dotes que ejercía en
concursos donde se improvisaba oralmente.
Así, en su
anecdotario se registra su participación en una competencia
en 1684, en la cual hila 23.500 versos sin interrupción, sin
dar tiempo a los copistas a tomar nota de sus composiciones.
Tan suelto era en su expresión, y tan heterodoxo, que lo
llamaban “el Holandés”, pues resultaba tan excéntrico como
lo eran esos residentes extranjeros de Nagasaki por su habla
y vestimenta.
En 1677, a la edad
de treinta y cinco años, Saikaku recibe la tonsura propia de
los monjes budistas. A esa edad ya había perdido a su mujer
y a una hija ciega que había tenido con ella. Como era
habitual en la clase comerciante, pertenecía al una rama o
secta del budismo llamada de la "tierra pura". Con todo, la
tonsura de Saikaku no tenia un significada estrictamente
religioso sino que marcaba una dedicación al cultivo de la
poesía y al mundo de las letras.
Testigo de
la vida de una ciudad paralela, a partir de sus 40 años
Saikaku comienza a volcar en narraciones sus experiencias en
teatros y burdeles, con partners tanto femeninos como
masculinos.
Era en ese
“mundo flotante” donde el orden establecido de la sociedad
era rechazado y revertido. Allí los comerciantes se
encontraban por encima de los samurai; y los descastados
actores kabuki, los libertinos y las cortesanas eran
árbitros de la moral y las formas. Las exhortaciones
confucionistas a la frugalidad, el orden y la rectitud eran
allí objeto de burla y escarnio y, por supuesto, las
regulaciones suntuarias del Bakufu (la administración del
shogunato) puestas en ridículo.
En 1682
Saikaku publicó su primer libro en prosa, "Amores de un
vividor", cuyo éxito lo convirtió en un autor muy
solicitado, al extremo de tener que trabajar a partir de
1688 con un equipo de ayudantes para poder responder a la
demanda de su público.
Con los
diez libros que producirá en los diez últimos años de su
vida, renueva el panorama de la ficción como maestro del
género de narraciones populares, más tarde denominadas ukiyo-zôshi,
del que es inventor. Su prosa refleja magistralmente y con
compasivo humanismo los vaivenes y la impermanencia que el
budismo explicaba. De acuerdo con la categorización de la
época, su narrativa comprendía tres tipos de géneros: libros
dedicados al amor romántico, libros sobre samurai y libros
sobre comerciantes.
En la
redacción, como resabios del fraseo de la poesía haikai, no
había párrafos ni marcas de puntuación que señalaran las
frases, sino sólo círculos para marcar el cambio de asunto.
En su estilo caleidoscópico, irreverente y paródico,
sobresalen técnicas haikai como la de kyôzame (despertar del
espíritu de diversión), o la yuxtaposición de situaciones
irreconciliables.
Escribe las
Biografías de cortesanas ejemplares (1684). También sobre
amores entre samurai: Tradiciones sobre el camino del
guerrero (1687) e Historias del honor guerrero (1688); o
sobre costumbres y la vida de los comerciantes: Historias de
Saikaku sobre las provincias (1685), El almacén de la
familia japonesa (1688) y Mundanos cálculos mentales (1692).
Al igual
que el protagonista de su novela y muchas figuras de la
cultura de Edo, como el poeta Bashô, libertinos como Hiraga
Gennai y Ota Nampo, o estudiosos como Kinjo, el propio
Saikaku se relacionó amorosamente tanto con hombres como con
mujeres.
En 1713 se
publica en Osaka el Wakan Sannai Zue, una enciclopedia de la
época Ming que se convirtió en un venero de datos para los
cultores del nanshoku. Allí se lo define como ese toque,
concepto del gusto, expresión de la sofisticación de la
cultura, algo que depende del contexto, hábito que va y
viene según las etapas de la vida, tal cual lo vivían estos
artistas para quienes la sexualidad era una actividad y no
una identidad fija. A los 30 años Bashô perdió interés por
las relaciones con hombres, que hasta entonces había
practicado; pero veinte años más tarde volvió a ellas. La
historia del daimyo de Echigo, Nihatta Kaiko, también es
conocida: se enamoró del actor Segawa Kikunojô, pero como el
romance no prosperó se volcó al amor por las mujeres.
Nanshoku
Okagami, considerada la obra maestra de la literatura shudô,
se edita primero en Kioto y Osaka, y en segunda edición en
Edo, dirigida a un público de hombres. El término Okagami
(Gran Espejo) aparecía ya en una recopilación de textos del
siglo XII sobre el clan Fujiwara, centrada en la figura de
Fujiwara no Michinaga (966-1027), con retratos y anécdotas
en un lenguaje casi coloquial, y también había sido
utilizado por Fujimoto Kizan (1626-1704) en su El Gran
Espejo del camino del amor.
El
subtítulo que Saikaku dio a su libro es Honchô Waka Fûzoku
(La Costumbre del amor por los muchachos en nuestras
tierras), con una división en ocho secciones, de cinco
historias cada una.
Algunas
extreman el tomo misógino, y el conjunto es un muestrario de
la más amplia variedad de amores. Las cuatro primeras
secciones están dedicadas al amor romántico de los samurai,
visto con nostalgia idealizante; y las cuatro últimas a los
amores donde interviene el pago, en el mundo de los actores
y su etiqueta. Allí, con el paso a un primer plano del
dinero, cuya falta socavaba el rol de los samurai,
endeudados y desempeñando funciones burocráticas, se adueñan
de la escena los travestidos actores onnagata, quienes se
movían en una frontera que había estilizado el erotismo
feminizándolo y había obligado a implantar nuevas
legislaciones para mantener el decoro y el orden social.