1970
Sale El que vino a salvarme en Sudamericana. En el prólogo, escribe
José Bianco:
"Los personajes de estos cuentos pertenecen a la raza
inextinguible de los marginados sociales. Observan con malicia el mundo en
que viven —un escenario escueto, un poco desmantelado— y no se dejan
engañar por su apariencia tranquilizadora. Están sujetos a sus leyes,
acatan de buen grado sus convenciones, pero se mantienen fieles a su
íntimo sentir. Son una mezcla de civilidad y de independencia, de
irreductible independencia. Como al Charlie Chaplin de Armas al
hombro, no se les ocurre entrar directamente a una casa maltrecha, con
las paredes derruidas, en que aún subsiste el portón de la verja; abrirán
el portón, subirán con cuidado los escalones del porche. Pero en ese
respeto a las convenciones de un mundo que en una u otra forma los excluye
proyectan el respeto a sus propias singularidades por las que fueron
excluidos. (...)
Los actores de estos
cuentos traslucen las obsesiones de Piñera. Detrás de sus fábulas
irreverentes o lastimeras, percibimos el miedo, el asombro, la curiosidad,
la fascinación que le causan las desventuras
humanas.
"Yo diría que el barroco
–ha escrito Borges- es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere
agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura". Agrega:
"El barroquismo es intelectual y Bernard Shaw ha declarado que toda labor
intelectual es humorística". (...) Piñera, hombre barroco, siente el
consabido desengaño barroco ante el destino del hombre; escritor barroco,
lo manifiesta intelectualmente. Al absurdo del mundo responde con el
humorismo."
Cada semana, desde la
revista del ejército, Verde Olivo, un tal Leopoldo Avila firma
rabiosos ataques contra Lezama Lima, Padilla, Virgilio Piñera, Antón
Arrufat y otros, acusándolos de falta de talento, escapismo, enemistad con
la Revolución, parasitismo, y, como no, homosexualidad; un blanco
predilecto de este y otros escribas es Paradiso, la genial novela
de Lezama Lima que desde su publicación en 1966 ha conjurado los aplausos
de escritores y lectores del mundo entero a la vez que la hostilidad de
los Avilas y compañía. Pese al clima muy enrarecido, el Instituto del
Libro publica la Poesía Completa de Lezama, y el Centro de
Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, en su serie
Valoración Múltiple, una completísima recopilación de textos sobre él,
preparada por Pedro Simón. Allí Piñera publica su ensayo "Opciones de
Lezama": Lezama, dice, reunía en sí tres diablillos (el conversador más
brillante de Cuba, el poeta nobilísimo pero al que algo le faltaba, el
novelista que aún no era); tenía que elegir, y podía hacerlo, con cual de
esas caras quería pasar al futuro; podía elegir cualquiera, pues en todas
estaba maravillosamente dotado. Entonces...
"Con la publicación de Paradiso Lezama supo que los tres
diablillos eran un solo diablillo, supo que Paradiso es al mismo
tiempo que una gran novela un gran poema y la genial explosión verbal de
un conversador: y supo finalmente que la futuridad le estaba
asegurada."
1971
Culmina el Caso Padilla: en marzo, Heberto Padilla es arrestado durante
una semana, al cabo de la cual se difunde una "autocrítica" (mimeografiada
en un papel de estraza que ninguno de los que la vieron puede olvidar)
donde confiesa haber conspirado contra la Revolución; implica en la
supuesta conspiración a los que desde los controvertidos premios UNEAC del
68 eran blanco de periódicas acusaciones desde la revista del ejército, a
saber : Manuel Díaz Martínez (jurado de ese premio), Belkis Cuza Malé
(esposa de Padilla), César López, Norberto Fuentes, Pablo Armando
Fernández (que había secundado a Cabrera en Lunes de Revolución),
y, por supuesto, Arrufat, Lezama Lima y Piñera. Los implicados son
convocados, el 17 de abril a la UNEAC; cuando llegan, dos presencias son
notorias: la de numerosísimos agentes de la Seguridad del Estado y la de
varias cámaras de filmación. Primero habla Padilla, ampliando la confesión
publicada en el papel de estraza, y luego son llamados a confesar los
acusados por él. "La autocrítica de Padilla ha sido publicada, pero una
cosa es leerla y otra bien distinta haber estado allí esa noche", escribe
Manuel Díaz Martínez en "El caso Padilla: crimen y castigo", Revista
Encuentro Nº 4/5, Madrid, 1997.
"Virgilio estaba apoyado contra una columna, y a medida que iba
escuchando la confesión de Padilla, iba deslizándose muy despacio, hasta
quedar completamente acostado en el piso. No lo llamaron al micrófono: yo
creo que era demasiado conocido, que sabían que él podía llegar a decir
cualquier cosa. Yo mismo, no sé por qué me salvé: Padilla me había avisado
momentos antes de empezar a hablar que iba a tener que decir mi nombre
pero parece que se le olvidó, y no lo dijo."(Antón
Arrufat,
especial para este dossier. Véase también: Lourdes Casal (comp.), El
Caso Padilla: Literatura y Revolución en Cuba, Ed. Universal &
Nueva Atlántida, Miami, sin fecha; y Heberto Padilla, La mala
memoria, Plaza & Janés, Barcelona, 1989)
A partir de ese momento la
obra de Piñera es completamente censurada en Cuba. Se le prohibe también
la publicación en el exterior y la salida del país, que había rechazado en
1965 pero que a esa altura deseaba. De pronto, para él y para tantos
otros, se tornaba realidad la amarga profecía de "La isla en
peso":
"¡Nadie puede salir, nadie puede salir!/ La vida del embudo y encima la
nata de la rabia./ Nadie puede salir: el tiburón más diminuto rehusaría
transportar un cuerpo intacto".
1972
Lezama Lima, en cuya correspondencia con su hermana Eloísa (cf. José
Lezama Lima, Cartas 1939-1976, ed. Orígenes, Madrid, 1979) también
se ve crecer el desencanto y la furia por la constante denegación de sus
pedidos de permiso para viajar al exterior, dedica a Piñera su poema
"Virgilio Piñera cumple 60 años".
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Virgilio Piñera cumple 60 años
Como un pistoletazo en el violáceo azufre los ángeles
pactan con los demonios, buscando el gran ojo
primigenio. Vuelven los demonios a pactar con los
ángeles, buscando la sabiduría de las ondas del pífano al
penetrar en la ciudad. Un ruidillo en la nada, innato o con
prestaciones vergonzantes precipita el coro de los
diablillos que van a sostener el manto del niño de
Praga. Llega entonces el inalcanzable paraje de la
nieve, la pequeña luna caída en la profundidad infantil del
tazón o en el ballenato tedioso de los mares, allí la silla
destrozada, la del obispo encadenado, allí se vuelven a ver los
demonios y los ángeles correr hacia un punto, volcarse en la
laguna, peinarse más las plumas que los cabellos. Sus pequeños
rostros sonríen con dientes de leche. Sabemos, qué carcajada, que
lo lúdico es lo agónico. Como sólo existen el bien y la
ausencia, los demonios y los ángeles se esconden sonriendo. Su
mano madura, como decimos las uvas maduras, han dado un fuerte
manotón sobre el tablero. El ángel avanza rápido como el
alfil. El demonio salta como el caballo oblicuo. Sus manos
cruzadas golpean los sesenta golpes de la cábala, el
hierofante y la emperatriz duermen ya en la cámara de la
reina. El ojo y el mar se abren en círculos
concéntricos. Sobre un tablón, jugando lo terrible, el bien
y la ausencia.
14 de Julio y 1972 (incluido en
Fragmentos a su imán
(1977)
José Lezama Lima
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"Al
final, estos dos hombres [Lezama y Piñera] se fueron uniendo, quizá
motivados por la persecución, la discriminación y la censura que ambos
sufrían. Virgilio visitaba todas las semanas a Lezama, que se había casado
con María Luisa Bautista, una amiga de la familia a quien la madre de
Lezama, un momento antes de morir, le rogó a éste que aceptara por esposa.
(...) María Luisa, por el misterio de la amistad, de la devoción de uno a
otro, de la supervivencia en tiempos terribles, salía con una vieja
cartera de nylon blanco a hacer colas por toda La Habana para conseguirle
algo de comer a Lezama. Lezama decía: "Ahí va la venada desmelenada". Ella
siempre regresaba con algún queso crema, algún yogur, algo para satisfacer
el voraz apetito de aquel hombre. A las nueve de la noche, María Luisa
preparaba el té. Si el té se atrasaba un minuto, Virgilio le recordaba:
"María Luisa, se te ha olvidado el té". La reunión de aquellos tres
personajes en aquella casa ya un poco destartalada, que a veces se
inundaba, tenía un carácter simbólico: era el fin de una época, de un
estilo de vida, de una manera de ver la realidad y superarla mediante la
creación artística y una fidelidad a la obra de arte por encima de
cualquier circunstancia. Y, además, era como una suerte de conspiración
secreta el juntarse y brindarse un apoyo que para ambos era
imprescindible.
Cuando María Luisa daba la
espalda para hacer el té en la cocina, Virgilio y Lezama se despachaban
sobre sus aventuras más o menos eróticas, que ya eran, en realidad, más
bien platónicas."(Reinaldo Arenas,
Antes que anochezca, Tusquets, Barcelona, 1992)
Nunca habían sido
semejantes los gustos sexuales de Lezama y Virgilio. Una historia popular
reúne a Piñera y a Lezama, el segundo saliendo y el primero entrando a un
burdel masculino. "¿Qué, Virgilio, a la caza del jabalí escondido en la
espesura?", dice Lezama, a modo de saludo. "No, vengo a singar con un
negro", responde Piñera.
"Lezama era adicto a los efebos demorados, lánguidos,
intelectuales. Era amante de la forma. Virgilio prefería a los hombres
raudos, rudos del pueblo —guagüeros, porteros, serenos, varios vagabundos
y tal vez un soldado con licencia— a los que pagaba religiosamente a pesar
de su pobreza. No había amores para Virgilio: sólo la acción sexual,
sodomía súbita y su costo. (...) Virgilio detestaba la idea de tener
comercio carnal con cualquiera siquiera levemente en contacto con la
cultura y así el día que un amante inminente le confesó in passim
que le gustaba leer libros, Virgilio abandonó airado el cuarto, todavía a
medio vestir y desapareció ante el asombro de su amante por venir. "Los
hombres de verdad no leen libros" explicaba Virgilio. "La literatura es
mariconería y para maricón, yo""(Guillermo Cabrera
Infante, op. cit)
Dedica a María Luisa
Bautista el poema "Si ya tan sólo esperamos", "escrito en una tarde
particularmente triste":
"Como decían los románticos menores,/ el sol se va a poner:/ la
tarde muere lentamente, los pájaros cantan sus postreros trinos./.../ La
tarde y las tardes parecidas/ como cendales nos envuelven y tratan/ de
llevarnos a otra orilla. ¿Cuál, María Luisa?/ La tarde y las tardes nos
observan/ con la mirada acariciadora de los justos."(Virgilio
Piñera, Una
broma colosal, Letras Cubanas, La Habana, 1988)
1973
Se
sanciona la ley 1249 —reformada en 1979— que castiga con tres a nueve años
de prisión "la ostentación pública de homosexualidad".
1974
Tertulias en la casa de Abelardo Estorino y Olga
Andreu.
1975 Se
publican en Cuba dos antologías de cuentos cubanos. Piñera no aparece en
ninguna.
"Tuve la suerte de conocerlo cuando no se le editaba, cuando no
se hablaba de él y cuando muchos de los que en la actualidad saludan su
resurrección volvían la cara si lo veían acercarse. Tuve la suerte de
conocerlo cuando el silencio era un muro a su alrededor. (...) Y si digo
suerte es porque tengo múltiples razones para sospechar que el hombre que
yo conocí, es decir, el que había comenzado el último lustro de su vida,
fue el más verdadero. En todo caso, como se había trasformado en sombra,
en fantasma, como no era público y sobre él estaban únicamente las miradas
de unos cuantos fieles, ya no se propuso gustar o disgustar, ser
maravilloso o desagradable. Se trataba de un solitario que luchaba por
dominar sus obsesiones. Solo en su apartamento desnudo, en pleno corazón
de La Habana, despierto desde temprano, escribía incansablemente. (...)
"Escribir es lo único que me mantiene vivo", afirmaba."(Abilio Estévez,
"El secreto de Virgilio Piñera", en revista Unión Nº 10, 1990,
cit.)
1976 El
9 de agosto muere Lezama Lima. Según el testimonio de Heberto Padilla,
Piñera, llorando, abraza a Luisa Lezama y le dice: "Se nos fue el gordo".
Ese mismo día escribe el soneto "El hechizado". En una carta inédita
relata a Humberto Rodríguez Tomeu la muerte del amigo, y le
dice:
"Pronto nos iremos todos ad penates. No soy larmoyant sino
realista. Y me espantaría alcanzar edades venerables. Pour quoi
faire...?"
|
El hechizado
a
Lezama, en su muerte
Por un plazo que no puedo señalar me llevas la ventaja de
tu muerte: lo mismo que en la vida, fue tu suerte llegar
primero. Yo, en segundo lugar.
Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar encrespada y terrible
que es la vida. A ti primero te cerró la herida: mortal
combate del ser y del estar.
Es tu inmortalidad haber matado a ese que te hacía
respirar para que el otro respire
eternamente.
Lo hiciste con el arma
Paradiso. —Golpe maestro, jaque
mate al hado—. Ahora respira en paz. Vive tu
hechizo.
Virgilio
Piñera
9 de agosto de 1976
/(incluido en Una broma colosal
(1988)
|
1979 En
mayo, una amiga francesa es requisada en el aeropuerto y se le encuentran
textos de Virgilio Piñera que estaba intentando sacar de Cuba. El escritor
recibe en la casa una amenazante visita de la Seguridad del Estado, que le
advierte que no debe reincidir. La advertencia lo deja
aterrorizado.
El jueves 19 de octubre
muere de un ataque cardíaco. Horas antes de morir había estado en casa de
Abilio Estévez:
"La
noche antes de su muerte (el miércoles) la pasó con nosotros. Conversamos
como de costumbre hasta las 10 y después pasamos a "nuestro divino
dominó", como él decía. Pues bien, esa noche nos dijo algo que a la luz de
los hechos posteriores cobró una dimensión extraña, mágica. Dijo que ya
necesitaba morirse, que lo único que lo animaba un poco era escribir...
"Mi gran problema –dijo– es mi salud. Me siento tan bien que creo que soy
inmortal"" (Carta del 16 de
noviembre de 1979, de Abilio Estévez, en La Habana, a Humberto Rodríguez
Tomeu, en Buenos Aires; inédita, cortesía de Julia Rodríguez
Tomeu)
Durante el velorio, un
director de cine que tenía relaciones con la seguridad le avisa al hermano
de Virgilio, Juan Enrique, que la casa de aquel va a ser violada en busca
de papeles comprometedores; cuando llegan, la casa ya ha sido requisada,
aunque no con demasiado cuidado: la mayor parte de los papeles, que
estaban en un armario, quedan sin secuestrar; los restantes, son devueltos
por la policía un tiempo después, a excepción de cinco cuentos que no han
vuelto a aparecer (aunque probablemente existan copias de los mismos fuera
de Cuba).
"La
expresión de Virgilio en el ataúd era muy impresionante: parecía sonreír
con cierta sorna. Fue enterrado como riéndose de la situación y de la
gente." (Juan Enrique
Piñera, testimonio inédito, recogido por Teresa Cristófani Barreto. Ver
también Reinaldo Arenas, "La isla en peso con todas sus cucarachas", en
Necesidad de libertad, Kosmos Editorial, México,
1986)
Piñera deja a Antón
Arrufat, a Estévez y a su familia dieciocho cajas con manuscritos,
apuntes, recortes; hay en ellas un libro de poemas completo, que deberá
esperar aún nueve años más para ser publicado. Se trata de Una broma
colosal (Ediciones Unión, La Habana, 1988), que recoge poemas escritos
entre 1970 y 1979; las diversas versiones fueron cotejadas minuciosamente
por Arrufat y el libro organizado en secciones cuyos títulos fueron
escogidos por él mismo y Luis Marré a partir de versos de Piñera; el
título general había sido ya escogido por el poeta:
"Lezama quería viajar a recibir el premio
Formentor; le fue
prometido que podría ir, pero el tiempo pasó y el permiso de salida no
llegaba; aún cuando ya era evidente que no habría tal permiso, seguían
diciéndole que se lo iban a dar. "Me parece —le dijo a Piñera— que estoy
siendo objeto de una broma colosal". A Virgilio le gustó mucho aquello, lo
puso como título a un poema, luego quiso que fuera el de su
libro."(Antón
Arrufat,
para este dossier)
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Pido la canonización de Virgilio Piñera
Poco interés presentan estas cosas para un Concilio, que
otras más urgentes —la talla de los ángeles, las fuentes del
Edén—, y sin duda, más valiosas apremian sin cesar. Insisto
empero para que tenga sitio en los altares este mártir de
arenas insulares. Por textual, su milagro verdadero dio presa
fácil a los cabecillas y a los sarcasmos que, de tanto en
tanto, interrumpen las furias amarillas, las madres del exilio
y el espanto. Es por eso que a Roma, y de rodillas, iré a
exigir que lo proclamen santo.
Severo Sarduy
Incluido en
el homenaje "40 años de Ciclón", revista Unión Nº25,
octubre-diciembre de 1996
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Este excelente
trabajo de investigación - Cronologia desde la obra de Piñera
- es fruto de la labor de los académicos Teresa Cristófani
Barreto, Pablo Gianera y Daniel Samoilovich (Recogido en diferentes fuentes de Internet)
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