CRONOLOGÍA DESDE LA OBRA DE PIÑERA

1946 - 1958: Buenos Aires/ La Habana

 

   1946 Piñera viaja a Buenos Aires, donde, con interrupciones, vivirá doce años:

     "Mi primera permanencia en Buenos Aires duró de febrero de 1946 a diciembre de 1947; la segunda de abril de 1950 a mayo de 1954; la tercera de enero de 1955 a noviembre de 1958. Si doy tal precisión es por haber vivido diferentemente las tres etapas.

     En la primera fui becario de la Comisión Nacional de Cultura de Buenos Aires; en la segunda empleado administrativo del Consulado de mi país; la tercera corresponsal de la revista Ciclón dirigida por José Rodríguez Feo. La economía de la primera etapa fue saneada; la de la segunda irrisoria; la de la tercera desahogada.

     Llegué a Buenos Aires el 24 de febrero de 1946, día de elecciones presidenciales y día en que salió electo Perón. Durante el trayecto del aeropuerto hacia la ciudad, presencié el acarreo de las urnas electorales. Fue este mi primer contacto con Buenos Aires. El segundo lo tuve en un "continuado" (cine de asuntos cortos o documentales). Como no llevaba corbata, el boletero me dijo que no podía entrar en el cine; me ofreció una de las tantas corbatas que para uso del público tenía en el guardarropa. Ya frente a la pantalla no conseguí fijar la atención. Una y otra vez me miraba la corbata. En realidad lo que vi lo vi hacia adentro de mí y era un film que bien podría titularse La corbata asombrosa."(Virgilio Piñera, cit. por Carlos Espinosa Domínguez en su ensayo "El poder mágico de los bifes - La estancia argentina de Virgilio Piñera", Cuadernos Hispanoamericanos Nº471, 1989)

     Muy pronto, se relaciona con numerosos escritores argentinos, a muchos de los cuales les solicita trabajos para publicar en Orígenes. Adolfo de Obieta le presenta a su padre, Macedonio Fernández:

     "Cuando Obieta me llevó a conocer a Macedonio vi, en pleno verano, a un hombre enmitouflé, rodeado de cuatro braseros, con puertas y ventanas herméticamente cerradas, que se quejaba del frío. No se ya por qué salió Brahms a relucir en la conversación. Yo dije esta pavada; "Brahms es la reducción musical de una partitura que se llama Beethoven", y Macedonio, sonriendo levemente, dijo arrastrando las palabras: "Eso es, Brahmstoven, casi nada ha faltado para que fuera directamente Beethoven". (...) Yo encontré en Buenos Aires gente tan culta, tan informada y brillante como la de Europa. Hombres como Borges, Mallea, Macedonio Fernández, Martínez Estrada, Girondo, los dos Romero, Bioy Casares, Fatone, Devoto, Sábato y muchos más pueden ofrecerse sin duda alguna como típicos casos de hommes de lettres. Sin embargo, de tantas excelencias, todos ellos padecían de un mal común. Ninguno lograba expresar realmente su propio ser. ¿Qué pasaba con todos esos hombres que con la cultura metida en el puño no podían expresarse?"(Piñera, "La vida tal cual", op. cit. Esta idea de Piñera cristaliza en las "Notas sobre Literatura Argentina de Hoy")..

Virgilio Piñera en Buenos Aires

     Un poco más tarde, Obieta le presenta al escritor polaco Witold Gombrowicz:

     "Entonces, dirigiéndose a mí, con esa manera muy peculiar de sostener el cigarrillo —lo agarraba al modo de los fumadores de pipa (...) — me dijo:

     —Así que usted viene de la lejana Cuba... Todo muy tropical allá, ¿no es cierto? ¡Caramba, cuántas palmeras!

     Este diálogo no era otra cosa que ese encuentro de dos perros oliendo sus traseros para reconocerse. Es así como después de olernos y reconocernos como defensores acérrimos de la madurez o inmadurez cultural, sellamos una eterna amistad. (Virgilio Piñera, "Mi primer encuentro con Gombrowicz", Cuadernos Nº45, París, 1960)

     Piñera se integra al grupo que traduce la novela Ferdydurke del polaco al español; casi inmediatamente, Gombrowicz lo nombra presidente del "Comité de Traducción" que sesiona en el café Rex de la avenida Corrientes.

     "El nombramiento de Piñera era un poco en broma. Era la persona que estaba más libre. Los demás éramos criollos que trabajábamos y teníamos menos tiempo. Piñera tenía todo su tiempo libre, y Rodríguez Tomeu, que llegó un poco más tarde, también." (Adolfo de Obieta, declaraciones recogidas por Laura Isola para este dossier)

     En mayo llega a Buenos Aires Humberto Rodríguez Tomeu, escritor cubano amigo de Piñera que colaborará también en la traducción de Ferdydurke.

     "Piñera llevaba en Buenos Aires desde febrero. Me había escrito para que me reuniera con él, diciendo que el ambiente literario estaba muy animado —era cierto en comparación con La Habana—, y que había conocido a Gombrowicz, un hombre genial.(...) Gombrowicz ya había organizado su traducción en el Rex. Piñera participaba de ella. Yo también fui. Al principio todo el mundo trabajaba. A veces éramos hasta diez personas. Nos divertíamos mucho. (...) En general cada uno pagaba lo suyo. Pero había una rivalidad entre Piñera y Gombrowicz para no pagar. Si llegaba un café, Witold insistía en que le invitara. Virgilio se defendía: "Ayer pagué yo". Acababámos por ceder, pues teníamos más dinero que Gombrowicz. Era sobre todo un juego psicológico para imponerse a Piñera. Su rivalidad llegaba incluso a esas cosas sin importancia. (...) Después dejamos de ir al Rex. El ruido, el billar, el ajedrez: imposible concentrarse. Entonces Piñera y yo decidimos trabajar en casa con más seriedad. Witold llegaba allí puntualmente, a las cinco de la tarde, y nos presentaba su texto."(Humberto Rodríguez Tomeu, testimonio recogido en el libro de Rita Gombrowicz Gombrowicz íntimo, Madrid, Ediciones del Dragón, 1987)

     "Inteligente como era, intelectual, Gombrowicz resultó un poco remolón para el español. (...) Le proponíamos, y él juzgaba. Cuando el matiz exacto no existía en castellano entonces empezaba la cosa: por ejemplo, había un pasaje —no me acuerdo bien en qué parte del libro—, en que se trataba de dar en español con una palabra que significara "una cara". Pero "cara" no venía bien porque era demasiado riguroso; "rostro" tampoco. Un neologismo de "cara". Podría haber sido "caricatura", "careta", "figura". Finalmente nos decidimos por "facha""(Adolfo de Obieta, reportaje cit)

     En todo caso, parece evidente que "caricatura" o "careta" no son "neologismos" por cara, sino algo así como desplazamientos, rodeos: como si "caricatura", puesta en el lugar de "cara", pudiera forzarse hasta que llegara a ser lo no es, lo que sólo muy remotamente es; en este sentido, es interesante la observación de Piñera en su nota sobre la traducción de Ferdydurke, incluida en la primera edición, cuando aclara, sobre la misma elección de "facha": "[ha sido] tomada exclusivamente en su acepción latina de cara". ¿Pero como se podría quitarle el sentido que ha ido tomando a través de siglos en castellano como "aspecto en general" para volverla atrás a su acepción latina? Seguramente pesaría más en favor de esa posibilidad el vulgar, inmigratorio "faccia" (en italiano, cara) que el antiguo y noble latín; pero también es como si se considerase que una lengua puede albergar en su propio seno, latentes, alimentadas quizás por otras lenguas, las palabras o acepciones que han de servir como nuevas palabras cuando el sentido de las que ya existen se agote. La idea es a la vez muy piñeriana y muy gombrowicziana; se puede seguirle la pista en la carta inédita de 1948 al mismo de Obieta en que Virgilio se muestra encantado con el uso que Gombrowicz hace de la palabra "sendas".

     Paralelamente a este trabajo de la traducción, se va dando la lucha para conseguir editor para el libro y hacia junio Piñera obtiene un compromiso de edición de parte de Luis Baudizzone, uno de los directores de Argos, editorial para la cual Piñera había hecho varias traducciones. La fecha de edición queda fijada para el primer semestre del año siguiente, pero la ansiedad de Gombrowicz, reflejada en su correspondencia con Piñera, no cesa: mezclados con pedidos, al no menos indigente Piñera, de cinco, diez o cincuenta pesos ("para cigarrillos") está el encargo de tramitar la salida de anticipos en diversas revistas; también, la solicitud de que sean fraguadas cartas a Baudizzone, firmadas por personas imaginarias que se manifiestan interesadas en la inminente salida de Ferdydurke.

     Dentro de esta correspondencia hay una pieza particularmente deliciosa: el borrador de una nota periodística que debería firmar Piñera u otro traductor cuando la salida del libro fuera inminente; Gombrowicz pide que quien sea que firme el artículo se pregunte: "¿Cómo explicar que un latinoamericano como yo, saturado de Proust, Joyce, Kafka, reaccione ante el texto de este polaco desconocido como ante una obra creadora e inspirada de la más alta calidad espiritual y artística?". No contento con determinar los textos relativos a la "propaganda previa a la salida del libro", así como los de las solapas, Gombrowicz exige, además, que todo lo que se diga "sea fruto de la más sincera convicción". Piñera advierte perfectamente la ironía del asunto:

     "De paso observaré que Gombrowicz, campeón de la Inmadurez y su Apóstol, y él mismo tomándose por inmaduro (aunque europeo inmaduro), estimaba que nosotros, los latinoamericanos, éramos, por subdesarrollados, todavía más inmaduros, motivo por el cual nos debía orientar en un asunto de tanta importancia como la salida de su novela."(Virgilio Piñera, "Gombrowicz por él mismo", revista Unión, año VI, Nº1, La Habana, marzo 1968)

     En diciembre, Piñera publica en La Nación un ensayo titulado "Los valores más jóvenes de la literatura cubana"; cobra por él 80 dólares:

     "La literatura cubana está haciéndose. Tenemos la esperanza de que en breve podremos llamar a todas las puertas para decir "¡La sopa está a punto!" No creo que sea inútil apuntar que esta sopa se viene cociendo desde mediados del siglo XVII. (...) Todo el mundo que está dentro de la maquinaria de la cultura, todo aquel que se considera parte de su engranaje se interesa por la palabra generación. Pero las generaciones devuelven el golpe. El generacionista (permítaseme expresarme así), a medida que asesta sus golpes a los filisteos (...) también se va quedando solo con su grupo. Además, como todo lo ve sub especie literaria, se va cerrando a otras realidades. Entonces, como todo es literatura, tú escribes un poema sobre Felipe II y yo te dedico un cuento sobre Simón el Mago. Si hubo un robo de gallinas o si la venta de la zafra ha sido onerosa, no nos importe, porque en cualquier momento nos echaremos en brazos de la madre literatura."

     Virgilio describe luego, con continuada ironía, las luchas de unas generaciones contra otras; y aunque sigue dudando de la existencia de una poesía cubana, entre tanto dice:

     "Con todo, yo le propondría al lector argentino ciertos títulos en donde la buena retórica, la ornamentación, el arabesco, el intelectualismo, son de muy altos quilates. Por ejemplo, yo le propondría un libro como Enemigo Rumor de José Lezama Lima. (...) Este poeta es el jefe de la generación última. Echó por la borda el patetismo de Emilio Ballagas y el marmoreísmo de Eugenio Florit. Y, como había necesidad de ser obscuro, de no ser sencillo, de ganar en altura, implantó el esoterismo. La poesía de los diez últimos años en Cuba es una de las más refinadas, lujosas y crípticas de todo el continente. Yo espero que algún día saldrán a flote las razones y sinrazones de este movimiento. " (Virgilio Piñera, en La Nación, Buenos Aires, 22 de diciembre de 1946, artículo no reeditado desde entonces)

     El trabajo termina recomendando la paradojal y virgiliana empresa de leer con cuidado a quienes no han escrito ni una letra "y merecen, por tanto, la mayor de las simpatías". Ese mismo día, le escribe a Lezama Lima:

     "Te envío este artículo mío aparecido hoy en el suplemento literario de La Nación. Te prevengo que ese título ridículo ("Los valores más jóvenes de la literatura cubana") le fue puesto por intereses propios y conveniencias del diario; mi título era: "Literatura cubana en un minuto para los argentinos""(Carta recogida en Fascinación de la memoria, op. cit)

     1947 En enero, viaja con Rodríguez Tomeu a Bariloche (Ver carta a Lezama Lima de febrero de 1947)

     Publica en Orígenes Nº 16 el ensayo "El país del arte":

     "Uno se levanta todas las mañanas diciéndose que ya no puede más con esos artistas, con esas pláticas, con esas exclamaciones, con uno mismo, que basta ya de Arte, de Belleza, de Sacrificio, de Rigor, de Seriedad, que no hay tal predestinación, tal éxtasis, tal destino... ; que somos francmasones del arte, ¡qué horror!: yo te muestro y tú me muestras, y todos se muestran; que la meta está próxima, que llegaremos, ¡cómo no!, ¡no faltaba más!(...) Cuando los artistas se preocupan demasiado del arte, cuando le imploran y a él se abandonan, hablan constantemente del mismo y de su importancia, en fin, cuando se convierten en súbditos suyos —súbditos del País del Arte— es que han perdido la facultad de actuar por sí mismos; el problema a resolver ya no está en sus manos y tienen que implorar al arte que se los resuelva. Pero contrariamente a la religión, no está en ese Arte la posibilidad de resolver tales problemas, siendo, como es, un movimiento engendrado por la facultad creadora del hombre. Entonces, ¿a qué imploran estos adoradores? Al fantasma del arte, al antimito que ellos han engendrado con sus convenciones, sus señales, sus códigos, sus genuflexiones y malentendidos."

     El ensayo, que lleva al pie la indicación "Buenos Aires, 1947", tiene mucho de Gombrowicz, en particular del célebre "Prefacio a Filifor forrado de niño"; pero (y este es un asunto que aguarda aún un análisis detallado) también el "Prefacio a Filifor..." en su versión argentina tiene mucho —modos de adjetivar, cierto fraseo, expresiones textuales— del Piñera de, por ejemplo, el artículo "De la contemplación" de 1942 (cf. supra). En cualquier caso, en mayo se publica por fin la primera edición de Ferdydurke.

     "En una tarde del mes de mayo de 1947 Gombrowicz, Humberto Rodríguez Tomeu y yo nos dimos cita en el café El Querandí. De allí iríamos a la editorial Argos (situada a pocos metros de dicho café) para retirar diez ejemplares de Ferdydurke. Gombrowicz ocultaba su emoción haciendo chistes. Nos contó por milésima vez el derecho al taburete que tenía su abuela en la corte española (sic) y cómo él mismo, en su calidad de Grande de España, podía permanecer cubierto ante el rey; por millonésima vez hizo el relato de su desembarco en Buenos Aires en 1939, imprimiéndole tales acentos épicos que nos parecía estar oyendo la relación del desembarco de Colón en la isla de San Salvador... Finalmente, mirando la hora en el reloj del café, me dijo: "Vamos, Piñera, llegó el momento... Empieza la batalla del ferdydurkismo en Sudamérica". Eran las seis de la tarde." (Virgilio Piñera, "Gombrowicz por él mismo", op. cit.)

     "Esta traducción fue efectuada por mí y sólo de lejos se parece al texto originario. El lenguaje de Ferdydurke ofrece dificultades muy grandes para el traductor. Yo no domino bastante el castellano. Ni siquiera existe un vocabulario castellano-polaco. En esas condiciones la tarea resultó, tan ardua, como, digamos, oscura y fue llevada a cabo a ciegas —sólo gracias a la noble y eficaz ayuda de varios hijos de este continente, conmovidos por la parálisis idiomática de un pobre extanjero.

     (...) Bajo la presidencia de Virgilio Piñera, distinguido representante de las letras de la lejana Cuba, de visita en este país, se formó el Comité de Traducción compuesto por el poeta y pintor Luis Centurión, el escritor Adolfo de Obieta, director de la revista literaria Papeles de Buenos Aires, y Humberto Rodríguez Tomeu, otro hijo intelectual de la lejana Cuba. Delante de todos esos caballeros y gauchos me inclino profundamente."(Witold Gombrowicz, prólogo a la primera edición castellana de Ferdydurke, Ed. Argos, Buenos Aires, 1947) El texto menciona a continuación otros dieciséis colaboradores, y remata mencionando a un "simpatiquísimo señor, muy aficionado al billar, que en un momento de feliz inspiración me procuró la palabra 'remover', de la cual me había olvidado por completo"

     "El lector español no avisado de estas peculiaridades estilísticas [las de Ferdydurke en su versión original] creería que el libro ha sido incorrectamente vertido; podría estimar que en algunos pasajes cierta dureza propia a la frase, cierto sabor arcaico, se deben a incompetencia por parte de los colaboradores en la labor de traducción. Se trata por el contrario de un nuevo y distinto enfoque del lenguaje; enfoque que va, en consecuencia, a proponer al lector una nueva y distinta forma de lectura."(Virgilio Piñera, nota sobre la traducción en la primera edición de Ferdydurke, op. cit.)

     Gombrowicz le dedica a Piñera el primer ejemplar que sale de imprenta:

     "Virgilio, en este momento solemne declaro: tú me has descubierto en la Argentina. Tú me has tratado sin mezquindad, ni reserva, ni recelos, con amistad fraternal. A tu inteligencia e intransigencia se debe este nacimiento de Ferdydurke. Te otorgo, pues, la dignidad de Jefe del Ferdydurkismo Sudamericano y ordeno que todos los ferdydurkistas te veneren como a mí mismo. ¡Sonó la hora! ¡Al combate! - Witoldo."

     A la larga el combate iba a resultar en victoria para Ferdydurke, pero en derrota para algunos de sus generales. Apenas salido el libro, según cuenta Virgilio, cayó sobre la traducción "el fuego graneado de los gramáticos"; la traducción fue juzgada "absolutamente mala" por Raimundo Lida, Ernesto Sábato y Arturo Capdevila, entre otros. En la segunda edición (el "nuevo Ferdydurke" publicado por Sudamericana en 1964) ya no figurará ni el prólogo de Gombrowicz donde se mencionaba al Comité de Traducción ni la nota de los traductores redactada por Piñera, y sí, en cambio, un prefacio del propio Sábato, que en su momento había planteado tan serias objeciones a la versión castellana. Sábato alude de pasada a los traductores como "un grupo de creyentes" (cuyos nombres son omitidos) para pasar de inmediato a otros asuntos que le interesan más: "el arte", la "angustiosa lucha entre extremos opuestos", la "esencial antagonía del espíritu humano", etc. A la pregunta acerca de las objeciones a la traducción, Adolfo de Obieta responde:

     "Son completamente razonables. Por eso será que en el nuevo Ferdydurke se borra la mención de los traductores y es reemplazada por un prólogo de Sábato. Se me ocurre a mí que, literariamente, la traducción hecha como se hizo era tentativa. Traducíamos del polaco un equipo de gente que no sabíamos polaco, y el autor, que era el que corregía las traducciones, no sabía español."(Adolfo de Obieta, cit.)

     Gombrowicz difícilmente pudo estar ajeno a los cambios introducidos en la edición de 1964: diversos documentos atestiguan que le preocupaban —y mucho— las objeciones que se le hacían a la traducción, como si temiera haber ido demasiado lejos o como si de pronto cayera en la cuenta de que en el ambiente desaforado de la confitería Rex y en Virgilio Piñera, con su propio gusto por la desmesura, no había hallado un contrapeso, sino una multiplicación de sus caprichos. (Cf. el ensayo "Gombrowicz, o de la ingratitud - La traducción de Ferdydurke", trabajo presentado por Alessandra Riccio en el coloquio "40 años de Ciclón", La Habana, junio de 1996, y recogido en revista Crítica Nº 64, Puebla, enero de 1997.)

     En cualquier caso, los errores que se imputan a la traducción y que Gombrowicz mismo teme, son leídos en una clave completamente diferente por Ricardo Piglia:

     "Conozco pocas experiencias literarias tan extravagantes y tan significativas como la traducción argentina de Ferdydurke. Gombrowicz escribía un primer borrador trasladando la novela a un español inesperado y casi onírico, que apenas conocía. (... ) La tendencia de Gombrowicz, según cuentan, era a inventar una lengua nueva: no crear neologismos (aunque los hay en la novela, como el inolvidable de los culeítos) sino a forzar el sentido de las palabras, trasladarlas de un contexto a otro, y obligarlas a aceptar significados nuevos. Sobre este material primario comenzaba el trabajo de un equipo heterogéneo y delirante "bajo la presidencia de Virgilio Piñera, distinguido representante de las letras de la lejana Cuba", según recuerda Gombrowicz en el prólogo a la primera edición. Gombrowicz y Piñera estaban rodeados por una serie móvil de ayudantes, entre los que se contaban, por supuesto, los parroquianos y los jugadores de ajedrez y de codillo que frecuentaban la confitería Rex y que aportaban sus opiniones lingüísticas cuando las discusiones subían demasiado de tono. Este equipo no conocía el polaco y los debates se trasladaban a menudo al francés, lengua a la que Gombrowicz y Piñera se cruzaban cuando el español ya no admitía nuevas torsiones (...) Hay que comparar esta versión argentina con las traducciones en inglés o en francés para notar enseguida que se trata de un texto único. Conocemos hasta dónde fue capaz de llegar Joyce cuando tradujo al italiano el fragmento de "Anna Livia Plurabelle" de Finnegan; conocemos las versiones al inglés de sus novelas que nos ha dejado Beckett, pero es difícil imaginar una experiencia parecida a la de Gombrowicz con Ferdydurke, en Buenos Aires, en los altos del café Rex de la calle Corrientes, a mediados de los años 40 (...) El Ferdydurke "argentino" de Gombrowicz es uno de los textos más singulares de nuestra literatura (...); el español está forzado casi hasta la ruptura: crispado y artificial, parece una lengua futura. Suena en realidad como una combinación (una cruza) de los estilos de Roberto Arlt y de Macedonio Fernández."(Ricardo Piglia, "La traducción de Ferdydurke", en revista Espacios Nº6, Buenos Aires, 1987)

     Y así como Piglia adscribe la traducción de Ferdydurke —y al propio Gombrowicz, en virtud de esa traducción— a la literatura argentina, Severo Sarduy no veía inconveniente en extender el pasaporte argentino a Virgilio Piñera:

     "Piñera es un autor cubano y a la vez argentino, por la influencia que recibió de ese otro autor argentino, Gombrowicz, y por su larga estadía en Buenos Aires"(Severo Sarduy, entrevistado por Jorge Fondebrider, en Diario de Poesía Nº18, Buenos Aires-Rosario, otoño de 1991)

     En diciembre, Piñera retorna a Cuba.

     1948 Se estrena en La Habana Electra Garrigó. Lezama le escribe a Rodríguez Feo, a la sazón en Princeton:

     "Un detalle simpático: el coro griego está reemplazado por una guajira [campesina. N. de la R.] en bata blanca que va glosando las peripecias del drama en décimas que buscan un sabor. La crítica, idiota y burguesa, le ha sido extremadamente hostil, cosa que a él le habrá agradado y hecho soñar en las protestas y chiflidos y zanahorias lanzados a los románticos, a los existencialistas y a todos los que desean un pequeño y sabroso escandalito."(Carta de 1-11-48, en J. Rodríguez Feo, Mi correspondencia con José Lezama Lima, Ed. Unión, Habana, 1989)

     Más allá de la ligera malevolencia de Lezama, presente para con todos y con todo a lo largo de este sabroso epistolario de ocho años con Rodríguez Feo, lo cierto es que los críticos no reciben bien la obra y que Piñera efectivamente, parece encantado de enredarse en una ácida polémica acerca de las limitaciones de la crítica cubana, a la que acusa de estar integrada, entre otros, por una caterva de artistas fracasados. La Asociación de Redactores Teatrales y Cinematográficos decide boicotear la pieza no reseñándola, y extender la medida a todo estreno futuro de Piñera, a menos que este se retracte; la respuesta:

     "No, no puedo retractarme porque sería negar verdades tan axiomáticas como la existencia del crítico inculto, del filisteo y del autor teatral fracasado como tal y puesto a crítico. ¿Ustedes se atreverían a negar que tal fauna existe? ¿Y por qué sentirse aludidos cuando no creen pertenecer a ella? ¿No les parece que están rozando el ridículo?"

     1950 En abril regresa a Buenos Aires donde se desempeña como empleado administrativo del Consulado de Cuba, con un salario de quince dólares mensuales.

     Borges, a la sazón presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, organiza en mayo una conferencia de Piñera en la sede de la Sociedad; Virgilio habla sobre "Cuba y la literatura"; en la línea del artículo que había escrito en La Nación cuatro años antes (cf. supra), afirma:

     "X es uno de esos escritores que al pasar junto a usted causan el mismo efecto de una tremenda corriente de aire en el rostro, a tal punto le brotan las citas por todos los poros... Ante su obra, uno se pregunta: ¿para quién escribe X? Pues escribe para un grupo de amigos que, en justa reciprocidad, escriben para X. (...) En rigor, no existe por el momento la literatura cubana. Bueno, sí, existe la literatura cubana pero... sólo en los manuales".(Virgilio Piñera, cit. por Jorge Fornet en "Lecturas cubanas de Borges", texto inédito leído en el congreso "Borges, diálogo con las letras americanas", Buenos Aires, junio de 1999)

     1952 Siglo Veinte publica en Buenos Aires la novela La carne de René.

Un anónimo enigmático

     Una mínima nota, fechada el 25 de octubre de 1952, sin firma, reseña en el rotograbado de La Nación la salida de La carne de René; sin embargo, lo pequeño del formato no debe llamar a engaño: la notícula se separa mucho de la copia de una solapa, es inteligente, inspirada, y está escrita por alguien que ha pensado mucho y bien sobre la novela; pero sobre todo, no cede a ninguna tentación de periodismo vulgar, ni parece creer que lo limitado del espacio o la función de "comunicar" le veden el ejercicio de un estilo. Con Antón Arrufat hemos especulado bastante sobre su autor: Antón dice que "zurrapa" es un término común en Cuba para nombrar los restos o posos de la elaboración de la caña, y esa pista cubana lleva a "los cubanos", como los llamaban todos los que interrvinieron en la traducción de Ferdydurke ¿Humberto Rodríguez Tomeu, quizás? ¿O, como parece indicarlo el estilo leve, gracioso, el propio Virgilio, siguiendo el ejemplo de Gombrowicz, que había redactado las que quería que fueran las reseñas de su obra? Lea cada uno la notita que sigue, y saque sus conclusiones: una fuerte zurrapa de sospecha queda planteada en torno al anónimo recensionista.

D.S.


    
 "LA CARNE DE RENÉ", por Virgilio Piñera. (Siglo Veinte). — Es difícil sustraerse a la tremenda sugestión de esta peregrina novela de Virgilio Piñera, joven escritor cubano que actúa entre nosotros en funciones consulares. "La carne de René", cuyo título pareciera alentar escabrosas incursiones por el campo de la erótica, es ni más ni menos que una antítesis y en cierto modo el equivalente del "Alma de René". Entre el triunfo de la carne y la mediatización del alma media un período temporal donde esta última perdió todo su valor de quintaesencia. Desconocemos el proceso de esa suplantación, pero se sobreentiende si echamos una mirada al materialismo predominante en el mundo actual. René es tan sólo una rémora, un juvenil retoño del pasado, superviviente endeble de una civilización extinguida. Su carne, naturalmente, contradice el brutal cometido a que se la somete en nuestra edad. La misión de esa masa carnal es tan delicada que está destinada a heredar una jefatura ecuménica. En vano se la conjura y atormenta para rendir el servicio que de ella se espera. René es un retrógrado irremediable y su carne magnífica, de primera categoría, no responde a las severas excitaciones del placer ni del dolor. Es una carne estática, más bien histórica, hecha para vivir dulce y apaciblemente y no para ser trucidada ni sofocada con las experiencias de la hora. Una fuerte zurrapa humorística alumbra el desarrollo, a veces lento, otras penoso y arriscado, de esta desconcertante creación novelística

     "Estoy cansado, enfermo, asqueado. He escrito este libro con hilos de mi propia carne: días enteros, meses, en fin, dos años, de manos a la obra, careciendo de lo más elemental, sumergido en la deletérea indiferencia de mis compatriotas, arrastrándome hasta Buenos Aires, viviendo en una pieza y en promiscuidad estremecedora... suplicando, abatiéndome, posternándome, clamando, disimulando, sofocándome, aquí sonrisas, allá sonrisas, acullá sonrisas, diez metros más lejos sonrisas, siempre sonrisas, haciéndome el tonto con los tontos, el imbécil con los imbéciles."(Virgilio Piñera, citado por Carlos E. Domínguez, op. cit.)

     "Virgilio Piñera describe [en La carne de René] un mundo entre cómico y tiránico, donde los individuos actúan guiados por ideas enloquecidas que, al mismo tiempo, se presentan como garantes de la existencia del lazo social. Esto es, principios de racionalidad organizativa, los cuales permiten que la gente realice sus tareas con tranquilidad. Así adquiere visos de sensatez una realidad que, más que meramente simbólica se nos aparece como un delirio, aunque como todo delirio tenga su faceta restitutiva."(Alejandro Sosa Dias, "Virgilio Piñera: la sustracción la carne", en Tokonoma Nº4, Buenos Aires, octubre de 1996). En el mismo número se incluye el relato de Piñera "La rebelión de los enfermos"; el conjunto del ensayo de Sosa Dias y el relato constituye uno de los poquísimos, tal vez el único, llamado de atención sobre la obra de Piñera en los últimos años en Argentina.

     1954 Regresa a Cuba. La publicación en Orígenes de un texto de Juan Ramón Jiménez —en el que se atacaba entre otros a Vicente Aleixandre— precipita la ruptura entre Rodríguez Feo y Lezama Lima. Durante unos meses salen varios números de Orígenes en paralelo —una serie dirigida por uno, otra por el otro. Finalmente, Lezama, abogado, plantea el caso en los Tribunales y queda con los derechos legales de la publicación. Piñera y Rodríguez Feo acuerdan entonces la fundación de Ciclón.

Imagen de 1954

     "Cuando decido hacer Ciclón a mediados de 1954 voy a ver a Virgilio Piñera que acababa de volver de la Argentina y le propongo que me ayude a obtener colaboraciones de los escritores que conocía en Buenos Aires, a donde él regresaría a finales de enero de 1955. La primera colaboración que me envía es la traducción de Las 120 jornadas de Sodoma del Marqués de Sade, que tanto enojaría a los mojigatos del patio."(José Rodríguez Feo, testimonio recogido por Pérez León, en op.cit.)

     Piñera escribe una presentación para la traducción de Sade hecha por Humberto Rodríguez Tomeu:

     "Se ha dicho: Sade es un desmesurado, deja pequeños en punto a pornografía a contemporáneos suyos como Restif de la Bretonne, Crebillon hijo o Paradis de Moncrif. Es precisamente con esta desmesura, con este furor erótico que Sade descubre el complejo mecanismo del sexo, dejando muy atrás la pura ganga de la pornografía. Todos esos escritores, a diferencia de Sade, se limitaron a describir la vida galante del siglo XVIII en Francia. En ninguno de ellos vamos a encontrar lo que en Sade: una problemática sexual, una teoría de la conducta sexual del hombre y más aún, una metafísica del Eros".(Virgilio Piñera, "Textos futuros", Ciclón Nº 1, La Habana, enero de 1955, no recogido en libro)

     1955 Financiada y dirigida por Rodríguez Feo, en enero aparece el primer número de Ciclón. El editorial del Nº1, titulado "Borrón y cuenta nueva" y escrito en unas páginas amarillas ("la rabia amarilla") insertas en el centro de la revista dice:

     "Quede sentado de entrada que Ciclón borra a Orígenes de un golpe. (...) Hace tiempo que Orígenes, al igual que los hijos de Saturno, fue devorada por su propio autor."

     Algunos dan por sentado que el texto era de Piñera; Rodríguez Feo siempre afirmó que lo había escrito él mismo: en cualquier caso, el carácter festivo y provocador estaba bien en la línea de los editoriales de Poeta (cf. supra, año 1945). El pintor Mariano Rodríguez, asiduo colaborador de Orígenes y diseñador del logo de Ciclón, explica con frescura la distancia que separa a las dos revistas:

     "Ciclón representa lo que en espíritu era Virgilio: surrealismo, los demonios del sexo. En cambio Orígenes es el espíritu clásico, lo sosegado, lo que era Lezama en definitiva, aunque también tenía sus demonios. Había algo entre ellos dos que los emparentaba a pesar de todo, era algo como misterioso, además de la cultura descomunal de ambos; aunque Virgilio pareciera más mundano y hasta vulgar en comparación. Yo que participé de las dos revistas puedo decirte que en Ciclón uno se sentía más cómodo. Hasta desde el punto de vista del diseño uno podía hacer más cosas. El propio equilibrio de Orígenes impedía cualquier tipo de cambio. En Ciclón estábamos más libres, porque así era Virgilio, hacía lo que le daba la gana cuando le daba la gana, y el que escribía en Ciclón escribía lo que quería, aunque fuera un disparate, siempre que estuviera bien escrito. Ciclón de pronto se convirtió en una revista hot today, lo contrario de Orígenes. "(Mariano Rodríguez, en Pérez León, op. cit.)

     Lo de la cultura descomunal de Piñera y Lezama Lima, que Mariano da por sentado, es un asunto que tiene tela para cortar. Virgilio había convencido a muchos de sus jóvenes seguidores (algunos parecen creerlo aún hoy) de que cuando cometía un error lo hacía a propósito, para poner a prueba la cultura de sus interlocutores. En cuanto a Lezama, Severo Sarduy ha dicho:

     "Lezama, demás está decirlo, no era santo de la devoción de Ciclón. Orígenes había terminado con un escandalete que dividió a La Habana en dos. Sus descuidos culturales, o la desidia de los tipógrafos cubanos, que por supuesto era peor, fueron objeto de sorna. Lezama hablaba en un artículo de la "Fontana de Travers". Imagínate lo que fue aquello. De modo que, afiliado a Ciclón, conocí tarde a Lezama y compartí poco con él. Hasta cometí una nota un tanto "objetiva" sobre uno de sus libros, creo que La expresión americana. Sus devotos de entonces me abominaron. Que Dios me perdone."(Severo Sarduy, "Una autobiografía pulverizada", en Quimera 102, Barcelona, 1991)

     Más allá de la militante —y en parte cómica, teatral— postura anti-origenista de Ciclón, un balance hecho con la perspectiva de los años muestra cómo persisten en ella algunas continuidades impensadas:

     "Varios de los poemas publicados en Ciclón están en la órbita de los poetas origenistas. Demasiado Valéry todavía. Poemas con ángeles. Muchos autores desconocidos hoy."(Antonio José Ponte, en un diálogo con Antón Arrufat, en el marco de un dossier Ciclón en La Gaceta de Cuba, La Habana, nov. de 1995)

     Ponte piensa que incluso muchos poemas de Arrufat y de Sarduy de esa época no están logrados, que son altamente retóricos. Sin embargo, para quienes hicieron sus primeras armas literarias en Ciclón el paso por la revista parece haber sido una suerte de verdadera iniciación, con sus rituales de flagelación incluidos; la misma solía estar a cargo de Virgilio, en quien se mezclaban el gusto zen por la paradoja, el gusto teatral por el golpe de efecto y el gusto porteño por la "cargada" —le gustaba esa palabra, adquirida durante su estadía en Buenos Aires—:

     "En el budismo, nunca se dice "adoptó la religión" o "se refugió en un monasterio", sino "entró en la corriente", como si un gran río, inmaterial e irreversible, arrastrara al adepto desde su iniciación, o su conversión, hasta un improbable nirvana.

     Así entré en la corriente literaria, una noche de los años cincuenta, cuando Joaquín Enrique Piedra se apareció en mi casa de Camagüey arborando un ejemplar de Ciclón.

     Bajo el eolo furioso de Mariano [el mencionado logo de la revista, diseñado por Mariano Rodríguez, N. de la R.], lanzando sus flechazos, aparecían cinco jóvenes poetas cubanos. Yo entraba así, para asombro de mi familia, de los castizos poetas del patio y de mí mismo en el gran río de la escritura, en el código de papel, me insertaba en ese tejido, ese texto infinito que se urde al revés y no se abandona jamás. (...) Poco tiempo después me trasladaba a La Habana y José Rodríguez Feo me recibía en su casa. (...) Un empleado seseante, moreno y ostensiblemente versallesco, me había conducido hasta el salón. Por la puerta de enfrente salió enseguida, con la majestad desdeñosa de quien tiene acceso, una vez más, al proscenio de la Comédie Française para declamar un monólogo de Fedra, recién llegado de Buenos Aires y aún con un deje del café Rex, de Witold y de Humberto, Virgilio Piñera.

     —Sus poemas, joven —me dijo enseguida, con un ligero nerviosismo, discreto pero burlón— no están nada mal. Pero mire —añadió perentorio, como quien constata una fatalidad—, en español cualquiera, más o menos, puede hilvanar —fue la palabra que empleó— un poema. Mire —concluyó sigiloso— ¿por qué no escribe en prosa? ¿Por qué no cuenta, por ejemplo, lo que le ocurre por el día —hizo una pausa desmesurada— y por la noche?. Debo a esa pregunta lo poco que he podido ir haciendo hasta hoy."(Severo Sarduy, en Revista Iberoamericana Nº 154, Pittsburg, 1991)

     Otro joven poeta, César López, que asiste a la casa de Rodríguez Feo para la misma época que Sarduy, cuenta una entrevista en dos tiempos: un día lo recibe, enfundado en una impecable filipina, el mismo criado negro que a Sarduy le había parecido versallesco (nadie deja de mencionarlo: algunos lo recuerdan con una cicatriz que le cruzaba la cara de arriba a abajo; otros, la han tornado horizontal; a López lo que le llama la atención es su negrura: "Parecía que le habían pasado betún. Nadie puede ser tan negro"). En cualquier caso, el joven poeta es llevado a presencia de Rodríguez Feo, quien le anuncia que sus poemas van a ser publicados porque, a pesar de que son muy malos, a Virgilio le han gustado y él no lo puede impedir; dos días después, López es recibido en la misma casa por Virgilio, que le dice: "Vamos a publicarte porque Rodríguez Feo, que es millonario y paga esta revista, tiene muy mal gusto y ha querido que te publiquemos".

     Otro desconcertante primer encuentro con Piñera, ocurrido el mismo año, es el de Antón Arrufat. Rodríguez Feo lo pasa a buscar con un Cadillac rojo a la salida de una exposición de Wifredo Lam; dentro del auto está Virgilio Piñera, que no mira al joven desconocido ni se vuelve al ser presentado:

     "Ninguno de los tres hablamos por segundos interminables. Piñera comenzó a alisarse el pelo de detrás de la cabeza con dos dedos solitarios. Era un gesto minuciosamente delicado, un tanto maniático. (...) El silencio crecía dentro del auto rojo, produciendo una quietud anómala. Y de repente, apenas mirándome, Piñera me preguntó a quemarropa: "¿Te gusta hacer cosas con la mierda?" Creí no haber oído bien. Yo tenía veinte años y había sido educado en provincias, en un colegio de jesuitas (...) Piñera inició la enumeración detallada de las posiciones sexuales en que los excrementos podían intervenir. A esto unió anécdotas históricas. Pasaron duquesas corrompidas, libidinosos cardenales y el marqués de Sade cerró el desfile escatológico."(Antón Arrufat, Virgilio Piñera: entre él y yo, Ed. Unión, La Habana, 1994)

     En febrero Piñera viaja a Buenos Aires en el "Reina del Pacífico"; según le escribe a Rodríguez Feo, las damas presentes a bordo organizan periódicamente concursos de vómitos: "they did her best", remata lacónicamente la noticia. Ya instalado en Buenos Aires, Virgilio actúa como corresponsal de Ciclón y se esfuerza por conseguir colaboraciones para la revista, ampliando bastante el espectro de las que en su momento había obtenido para Orígenes. Entre los escritores que contacta para colaborar se encuentran Vicente Barbieri, Murena, Mallea, Carlos Mastronardi, Manuel Peyrou, Vicente Fatone, José Luis y Francisco Romero, Borges, Sábato, Silvina Ocampo, Bioy; además, envía el ensayo de Gombrowicz "Contra los poetas" y fragmentos de su luego célebre diario, hasta entonces sólo publicado en parte en la revista Kultura de los emigrados polacos en París. La edición de los fragmentos sólo se concreta tras varias postergaciones debido a que tanto Piñera como Rodríguez Feo temen que irrite a Victoria Ocampo, que está colaborando con Ciclón muy activamente. (Ver correspondencia con Rodríguez Feo.)

     Mientras tanto, conoce a José Bianco y empieza a colaborar en Sur; Borges y Bioy Casares incluyen "En el insomnio" en Cuentos breves y extraordinarios.

     "Una tarde de abril (...) Piñera se presentó en la redacción de Sur donde yo trabajaba por entonces. Al verlo entrar con un sobretodo de pelo de camello, bufanda, guantes y anteojos de cristales oscuros, lo creí recién llegado de Cuba, preparado a desafiar el otoño apacible de Buenos Aires con una indumentaria propia de Shackleton. Luego de cambiar con él unas pocas palabras me enteré de que vivía en Buenos Aires, con algunas interrupciones, desde 1946; tampoco me visitaba para traerme una colaboración, sino para anunciarme la inminente llegada de Rodríguez Feo, con quien yo estaba ligado por una vieja amistad epistolar. Como le insinuara algún reproche por acercarse a Sur al cabo de tanto tiempo, y con ese exclusivo propósito, se limitó a quitarse los anteojos y a sonreír, enarcando las cejas, fijando en mí la mirada clara y bondadosa, abstraída de sus ojos de miope."(José Bianco, fragmentos del prólogo a El que vino a salvarme de Virgilio Piñera, Sudamericana, Buenos Aires, 1970; Bianco ubica esta escena en abril de 1956, pero un cotejo con la correspondencia de Piñera y la colección de Sur muestran que tuvo que ser en 1955)

     En el número de septiembre de Ciclón, Piñera publica "Ballagas en persona", artículo que va a levantar un escándalo al reclamar el derecho de hablar con franqueza acerca de la homosexualidad de Emilio Ballagas, poeta cubano muerto el año anterior:

"Si los franceses escriben sobre Gide tomando como punto de partida el homosexualismo; si los ingleses hacen lo mismo con Wilde, yo no veo por qué los cubanos no podemos hablar de Ballagas en tanto que homosexual. ¿Es que los franceses y los ingleses tienen la exclusiva de tal tema? No por cierto, no hay temas exclusivos ni ellos lo pretenderían. Franceses e ingleses no parecen estar ya dispuestos a hacer de sus escritores ese tren lechero de la Inmortalidad que tanto seduce todavía a nuestros críticos."

     El presidente argentino Juan D. Perón es derrocado por un levantamiento militar.

     1956 Fidel Castro, proveniente de México, desembarca en Cuba al mando de un grupo guerrillero que se hace fuerte en la Sierra Maestra.

     Losada publica Cuentos fríos con la financiación de Rodríguez Feo. Gombrowicz le escribe:

     "Ya estoy estructurando una linda notita de unas cuantas páginas que le va a hacer mucho bien tanto espiritualmente cuanto desde el punto de vista social, me cuesta mucho trabajo pero sé que lo debo a la amistad y no ahorro esfuerzo ninguno. Sépalo Piñeiro [sic] que le voy a introducir en las letras con mucha seriedad y el alto vuelo que me caracteriza."(Carta inédita del 25 de octubre de 1957, consultada por Alessandra Riccio en el Archivo Piñera, en poder de su familia; cf. Alessandra Riccio, op. cit.)

     "Piñera quiere hacer palpable la locura cósmica del hombre que se devora a sí mismo mientras rinde tributo a una lógica insensata. Su rica imaginación le permite mostrarnos el contraste sangriento entre el hombre y su ley. (...) Es un moralista que se estrella contra dos grandes ausencias: la ausencia del alma y la del Ser trascendente. "(Witold Gombrowicz, 1956. Cit. en Virgilio Piñera, Cuentos de la risa del horror, Norma, Bogotá, 1994)

     Carlos Mastronardi, a cargo de la sección de crítica de libros en El Hogar, le encarga algunas reseñas.

     Desaparece Orígenes.

     1957 Ciclón deja de publicarse regularmente. En 1959, cuando vuelva a circular un número último, el director alegará que le parecía una falta de pudor editar una revista que ofrecía sólo literatura en un momento en que se luchaba contra Batista y se moría por esa causa.

     En el Lyceum de La Habana, Cintio Vitier da una serie de conferencias que titula "Lo cubano en la poesía", que van a ser importantes en la conformación del campo poético cubano de la segunda mitad del siglo; ( algunos resumenes de estas conferencias recogidas al año siguiente en un libro homónimo aparecen en los diversos ensayos de esta area)

Imagen de 1957

     En su edición de octubre, la revista Les temps modernes publica tres cuentos de Piñera bajo el título de "Goyesques".

     1958 Virgilio publica reseñas en Sur. Por ejemplo, esta de una obra teatral de Silvina Ocampo:

     "Durante la representación de No sólo el perro es mágico hice estas consideraciones: el alma infantil no es tanto fantástica como lógica. El niño no es soñador, es analítico. Si nos sentimos desconcertados con sus preguntas y respuestas es porque nosotros, los adultos, frente a un mundo ya hecho no tenemos necesidad de analizarlo. Me contaba hace días la autora de esta pieza que estando de visita en casa de una amiga se apagaron las luces. Los mayores —tan campantes— buscaron enseguida en su diccionario mental de fenómenos comprobados. Allí rezaba: Luces apagadas: Se atribuirán a cortocircuito, fusibles quemados, o acaso a rotura de turbina en la central eléctrica. En cambio, la hija de la dueña de casa (una niña de seis años) se vio obligada a buscar una explicación eminentemente lógica. Fue así que dijo: "Claro, no tenemos luz porque se ha ido toda para aquella fogata que está en el patio. " (...)

     En su pieza, Silvina Ocampo ha tenido bien presente que a los niños no se les puede dar gato por liebre. (...) En este Perro Mágico dos muñecos argumentan: —Sospecho que esa violenta esfera es la luna. —Es el sol. —¿Cómo lo reconoces? —Porque tiene mucho pelo. La luna es calva. Los chicos, jueces implacables, ante esa lógica aplastante emiten su veredicto de no-culpabilidad. (...) Pero como Silvina Ocampo no es feminista, como no es visitadora social, maestra de escuela o pedagoga recibida, puede ocurrir que ella y su perro no sean aprobados por el jurado encargado de premiar a las mujeres cumbre de nuestra América." (Sur Nº253, Buenos Aires, julio 1958. Reseña no recogida en libro.)

     En septiembre, regresa a La Habana. El reencuentro con su casa le sugiere la composición de la pieza teatral Aire Frío que ha de estrenarse en 1962.

     "Había regresado de Buenos Aires a finales de septiembre de 1958. Volvía a mi casa de Ayestarán, cita en Panchito Gómez Nº257. Allí vivíamos desde 1947, pero antes habíamos vivido en el Hotel Andino y antes en Gervasio 121 (altos), y si prosigo con la enumeración llegaré a la casa que me vio nacer. Pero si cito estas tres casas es a causa de los muebles que mis ojos seguían viendo desde veinte años atrás. Pues habiendo vuelto a mi casa en Panchito Gómez, me encontré con los mismos muebles. Si a esto añado que mi vuelta en septiembre era la quinta vuelta, se comprenderá que estaba bien maduro para escribir una pieza teatral con el asunto de mi casa. (...) " (Programa de sala de Aire frío, 1962, cit.)

 


Este excelente trabajo de investigación - Cronologia desde la obra de Piñera - es fruto de la labor de los académicos Teresa Cristófani Barreto, Pablo Gianera y Daniel Samoilovich   (Recogido en diferentes fuentes de Internet)

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO