1946
Piñera viaja a Buenos Aires, donde, con interrupciones, vivirá doce
años:
"Mi
primera permanencia en Buenos Aires duró de febrero de 1946 a diciembre de
1947; la segunda de abril de 1950 a mayo de 1954; la tercera de enero de
1955 a noviembre de 1958. Si doy tal precisión es por haber vivido
diferentemente las tres etapas.
En la primera fui
becario de la Comisión Nacional de Cultura de Buenos Aires; en la segunda
empleado administrativo del Consulado de mi país; la tercera corresponsal
de la revista Ciclón dirigida por José Rodríguez Feo. La economía
de la primera etapa fue saneada; la de la segunda irrisoria; la de la
tercera desahogada.
Llegué a Buenos Aires el
24 de febrero de 1946, día de elecciones presidenciales y día en que salió
electo Perón. Durante el trayecto del aeropuerto hacia la ciudad,
presencié el acarreo de las urnas electorales. Fue este mi primer contacto
con Buenos Aires. El segundo lo tuve en un "continuado" (cine de asuntos
cortos o documentales). Como no llevaba corbata, el boletero me dijo que
no podía entrar en el cine; me ofreció una de las tantas corbatas que para
uso del público tenía en el guardarropa. Ya frente a la pantalla no
conseguí fijar la atención. Una y otra vez me miraba la corbata. En
realidad lo que vi lo vi hacia adentro de mí y era un film que bien podría
titularse La corbata asombrosa."(Virgilio
Piñera, cit. por Carlos Espinosa Domínguez en su ensayo "El poder mágico de los
bifes - La estancia argentina de Virgilio Piñera", Cuadernos
Hispanoamericanos Nº471, 1989)
Muy pronto, se relaciona
con numerosos escritores argentinos, a muchos de los cuales les solicita
trabajos para publicar en Orígenes. Adolfo de Obieta le presenta a
su padre, Macedonio Fernández:
"Cuando Obieta me llevó a conocer a Macedonio vi, en pleno
verano, a un hombre enmitouflé, rodeado de cuatro braseros, con puertas y
ventanas herméticamente cerradas, que se quejaba del frío. No se ya por
qué salió Brahms a relucir en la conversación. Yo dije esta pavada;
"Brahms es la reducción musical de una partitura que se llama Beethoven",
y Macedonio, sonriendo levemente, dijo arrastrando las palabras: "Eso es,
Brahmstoven, casi nada ha faltado para que fuera directamente Beethoven".
(...) Yo encontré en Buenos Aires gente tan culta, tan informada y
brillante como la de Europa. Hombres como Borges, Mallea, Macedonio
Fernández, Martínez Estrada, Girondo, los dos Romero, Bioy Casares,
Fatone, Devoto, Sábato y muchos más pueden ofrecerse sin duda alguna como
típicos casos de hommes de lettres. Sin embargo, de tantas excelencias,
todos ellos padecían de un mal común. Ninguno lograba expresar realmente
su propio ser. ¿Qué pasaba con todos esos hombres que con la cultura
metida en el puño no podían expresarse?"(Piñera, "La vida
tal cual", op. cit. Esta idea de Piñera cristaliza en las "Notas sobre
Literatura Argentina de Hoy")..
 |
| Virgilio
Piñera en Buenos Aires |
Un poco más tarde, Obieta
le presenta al escritor polaco Witold Gombrowicz:
"Entonces, dirigiéndose a mí, con esa manera muy peculiar de
sostener el cigarrillo —lo agarraba al modo de los fumadores de pipa (...)
— me dijo:
—Así que usted viene de la
lejana Cuba... Todo muy tropical allá, ¿no es cierto? ¡Caramba, cuántas
palmeras!
Este diálogo no era otra
cosa que ese encuentro de dos perros oliendo sus traseros para
reconocerse. Es así como después de olernos y reconocernos como defensores
acérrimos de la madurez o inmadurez cultural, sellamos una eterna
amistad. (Virgilio Piñera,
"Mi primer encuentro con Gombrowicz", Cuadernos Nº45, París,
1960)
Piñera se integra al grupo
que traduce la novela Ferdydurke del polaco al español; casi
inmediatamente, Gombrowicz lo nombra presidente del "Comité de Traducción"
que sesiona en el café Rex de la avenida Corrientes.
"El
nombramiento de Piñera era un poco en broma. Era la persona que estaba más
libre. Los demás éramos criollos que trabajábamos y teníamos menos tiempo.
Piñera tenía todo su tiempo libre, y Rodríguez Tomeu, que llegó un poco
más tarde, también."
(Adolfo de Obieta,
declaraciones recogidas por Laura Isola para este dossier)
En mayo llega a Buenos
Aires Humberto Rodríguez Tomeu, escritor cubano amigo de Piñera que
colaborará también en la traducción de
Ferdydurke.
"Piñera llevaba en Buenos Aires desde febrero. Me había escrito
para que me reuniera con él, diciendo que el ambiente literario estaba muy
animado —era cierto en comparación con La Habana—, y que había conocido a
Gombrowicz, un hombre genial.(...) Gombrowicz ya había organizado su
traducción en el Rex. Piñera participaba de ella. Yo también fui. Al
principio todo el mundo trabajaba. A veces éramos hasta diez personas. Nos
divertíamos mucho. (...) En general cada uno pagaba lo suyo. Pero había
una rivalidad entre Piñera y Gombrowicz para no pagar. Si llegaba un café,
Witold insistía en que le invitara. Virgilio se defendía: "Ayer pagué yo".
Acababámos por ceder, pues teníamos más dinero que Gombrowicz. Era sobre
todo un juego psicológico para imponerse a Piñera. Su rivalidad llegaba
incluso a esas cosas sin importancia. (...) Después dejamos de ir
al Rex. El ruido, el billar, el ajedrez: imposible concentrarse. Entonces
Piñera y yo decidimos trabajar en casa con más seriedad. Witold llegaba
allí puntualmente, a las cinco de la tarde, y nos presentaba su
texto."(Humberto Rodríguez
Tomeu, testimonio recogido en el libro de Rita Gombrowicz Gombrowicz
íntimo, Madrid, Ediciones del Dragón, 1987)
"Inteligente como era, intelectual, Gombrowicz resultó un poco
remolón para el español. (...) Le proponíamos, y él juzgaba. Cuando el
matiz exacto no existía en castellano entonces empezaba la cosa: por
ejemplo, había un pasaje —no me acuerdo bien en qué parte del
libro—, en que se trataba de dar en español con una palabra que
significara "una cara". Pero "cara" no venía bien porque era demasiado
riguroso; "rostro" tampoco. Un neologismo de "cara". Podría haber sido
"caricatura", "careta", "figura". Finalmente nos decidimos por
"facha""(Adolfo de
Obieta,
reportaje cit)
En todo
caso, parece
evidente que "caricatura" o "careta" no son "neologismos" por cara, sino
algo así como desplazamientos, rodeos: como si "caricatura", puesta en el
lugar de "cara", pudiera forzarse hasta que llegara a ser lo no es, lo que
sólo muy remotamente es; en este sentido, es interesante la observación de
Piñera en su nota sobre la traducción de Ferdydurke, incluida en la
primera edición, cuando aclara, sobre la misma elección de "facha": "[ha
sido] tomada exclusivamente en su acepción latina de cara". ¿Pero como se
podría quitarle el sentido que ha ido tomando a través de siglos en
castellano como "aspecto en general" para volverla atrás a su acepción
latina? Seguramente pesaría más en favor de esa posibilidad el vulgar,
inmigratorio "faccia" (en italiano, cara) que el antiguo y noble latín;
pero también es como si se considerase que una lengua puede albergar en su
propio seno, latentes, alimentadas quizás por otras lenguas, las palabras
o acepciones que han de servir como nuevas palabras cuando el sentido de
las que ya existen se agote. La idea es a la vez muy piñeriana y muy
gombrowicziana; se puede seguirle la pista en la carta inédita de 1948 al
mismo de Obieta en que Virgilio se muestra encantado con el uso que
Gombrowicz hace de la palabra "sendas".
Paralelamente a este
trabajo de la traducción, se va dando la lucha para conseguir editor para
el libro y hacia junio Piñera obtiene un compromiso de edición de parte de
Luis Baudizzone, uno de los directores de Argos, editorial para la cual
Piñera había hecho varias traducciones. La fecha de edición queda fijada
para el primer semestre del año siguiente, pero la ansiedad de Gombrowicz,
reflejada en su correspondencia con Piñera, no cesa: mezclados con
pedidos, al no menos indigente Piñera, de cinco, diez o cincuenta pesos
("para cigarrillos") está el encargo de tramitar la salida de anticipos en
diversas revistas; también, la solicitud de que sean fraguadas cartas a
Baudizzone, firmadas por personas imaginarias que se manifiestan
interesadas en la inminente salida de Ferdydurke.
Dentro de esta
correspondencia hay una pieza particularmente deliciosa: el borrador de
una nota periodística que debería firmar Piñera u otro traductor cuando la
salida del libro fuera inminente; Gombrowicz pide que quien sea que firme
el artículo se pregunte: "¿Cómo explicar que un latinoamericano como
yo, saturado de Proust, Joyce, Kafka, reaccione ante el texto de este
polaco desconocido como ante una obra creadora e inspirada de la más alta
calidad espiritual y artística?". No contento con determinar los
textos relativos a la "propaganda previa a la salida del libro", así como
los de las solapas, Gombrowicz exige, además, que todo lo que se diga "sea
fruto de la más sincera convicción". Piñera advierte perfectamente la
ironía del asunto:
"De
paso observaré que Gombrowicz, campeón de la Inmadurez y su Apóstol, y él
mismo tomándose por inmaduro (aunque europeo inmaduro), estimaba que
nosotros, los latinoamericanos, éramos, por subdesarrollados, todavía más
inmaduros, motivo por el cual nos debía orientar en un asunto de tanta
importancia como la salida de su novela."(Virgilio
Piñera, "Gombrowicz por él mismo", revista Unión, año VI,
Nº1, La
Habana, marzo 1968)
En diciembre, Piñera
publica en La Nación un ensayo titulado "Los valores más jóvenes de
la literatura cubana"; cobra por él 80 dólares:
"La
literatura cubana está haciéndose. Tenemos la esperanza de que en breve
podremos llamar a todas las puertas para decir "¡La sopa está a punto!" No
creo que sea inútil apuntar que esta sopa se viene cociendo desde mediados
del siglo XVII. (...) Todo el mundo que está dentro de la maquinaria de la
cultura, todo aquel que se considera parte de su engranaje se interesa por
la palabra generación. Pero las generaciones devuelven el golpe. El
generacionista (permítaseme expresarme así), a medida que asesta sus
golpes a los filisteos (...) también se va quedando solo con su grupo.
Además, como todo lo ve sub especie literaria, se va cerrando a otras
realidades. Entonces, como todo es literatura, tú escribes un poema sobre
Felipe II y yo te dedico un cuento sobre Simón el Mago. Si hubo un robo de
gallinas o si la venta de la zafra ha sido onerosa, no nos importe, porque
en cualquier momento nos echaremos en brazos de la madre
literatura."
Virgilio describe luego,
con continuada ironía, las luchas de unas generaciones contra otras; y
aunque sigue dudando de la existencia de una poesía cubana, entre tanto
dice:
"Con todo, yo le propondría al lector argentino ciertos títulos
en donde la buena retórica, la ornamentación, el arabesco, el
intelectualismo, son de muy altos quilates. Por ejemplo, yo le propondría
un libro como Enemigo Rumor de José Lezama Lima. (...) Este poeta
es el jefe de la generación última. Echó por la borda el patetismo de
Emilio Ballagas y el marmoreísmo de Eugenio Florit. Y, como había
necesidad de ser obscuro, de no ser sencillo, de ganar en altura, implantó
el esoterismo. La poesía de los diez últimos años en Cuba es una de las
más refinadas, lujosas y crípticas de todo el continente. Yo espero que
algún día saldrán a flote las razones y sinrazones de este movimiento. "
(Virgilio Piñera,
en La Nación, Buenos Aires, 22 de diciembre de 1946, artículo no
reeditado desde entonces)
El trabajo termina
recomendando la paradojal y virgiliana empresa de leer con cuidado a
quienes no han escrito ni una letra "y merecen, por tanto, la mayor de las
simpatías". Ese mismo día, le escribe a Lezama Lima:
"Te
envío este artículo mío aparecido hoy en el suplemento literario de La
Nación. Te prevengo que ese título ridículo ("Los valores más jóvenes de
la literatura cubana") le fue puesto por intereses propios y conveniencias
del diario; mi título era: "Literatura cubana en un minuto para los
argentinos""(Carta recogida en
Fascinación de la memoria, op. cit)
1947
En
enero, viaja con Rodríguez Tomeu a Bariloche (Ver carta a Lezama Lima de
febrero de 1947)
Publica en Orígenes
Nº 16 el ensayo "El país del arte":
"Uno se levanta todas
las mañanas diciéndose que ya no puede más con esos artistas, con esas
pláticas, con esas exclamaciones, con uno mismo, que basta ya de Arte, de
Belleza, de Sacrificio, de Rigor, de Seriedad, que no hay tal
predestinación, tal éxtasis, tal destino... ; que somos francmasones del
arte, ¡qué horror!: yo te muestro y tú me muestras, y todos se muestran;
que la meta está próxima, que llegaremos, ¡cómo no!, ¡no faltaba más!(...)
Cuando los artistas se preocupan demasiado del arte, cuando le imploran y
a él se abandonan, hablan constantemente del mismo y de su importancia, en
fin, cuando se convierten en súbditos suyos —súbditos del País del Arte—
es que han perdido la facultad de actuar por sí mismos; el problema a
resolver ya no está en sus manos y tienen que implorar al arte que se los
resuelva. Pero contrariamente a la religión, no está en ese Arte la
posibilidad de resolver tales problemas, siendo, como es, un movimiento
engendrado por la facultad creadora del hombre. Entonces, ¿a qué imploran
estos adoradores? Al fantasma del arte, al antimito que ellos han
engendrado con sus convenciones, sus señales, sus códigos, sus
genuflexiones y malentendidos."
El ensayo, que lleva al pie
la indicación "Buenos Aires, 1947", tiene mucho de Gombrowicz, en
particular del célebre "Prefacio a Filifor forrado de niño"; pero (y este
es un asunto que aguarda aún un análisis detallado) también el "Prefacio a
Filifor..." en su versión argentina tiene mucho —modos de adjetivar,
cierto fraseo, expresiones textuales— del Piñera de, por ejemplo, el
artículo "De la contemplación" de 1942 (cf. supra). En cualquier caso, en
mayo se publica por fin la primera edición de
Ferdydurke.
"En
una tarde del mes de mayo de 1947 Gombrowicz, Humberto Rodríguez Tomeu y
yo nos dimos cita en el café El Querandí. De allí iríamos a la editorial
Argos (situada a pocos metros de dicho café) para retirar diez ejemplares
de Ferdydurke. Gombrowicz ocultaba su emoción haciendo chistes. Nos
contó por milésima vez el derecho al taburete que tenía su abuela en la
corte española (sic) y cómo él mismo, en su calidad de Grande de España,
podía permanecer cubierto ante el rey; por millonésima vez hizo el relato
de su desembarco en Buenos Aires en 1939, imprimiéndole tales acentos
épicos que nos parecía estar oyendo la relación del desembarco de Colón en
la isla de San Salvador... Finalmente, mirando la hora en el reloj del
café, me dijo: "Vamos, Piñera, llegó el momento... Empieza la batalla del
ferdydurkismo en Sudamérica". Eran las seis de la tarde." (Virgilio
Piñera, "Gombrowicz por él mismo", op. cit.)
"Esta traducción fue efectuada por mí y sólo de lejos se parece
al texto originario. El lenguaje de Ferdydurke ofrece dificultades
muy grandes para el traductor. Yo no domino bastante el castellano. Ni
siquiera existe un vocabulario castellano-polaco. En esas condiciones la
tarea resultó, tan ardua, como, digamos, oscura y fue llevada a cabo a
ciegas —sólo gracias a la noble y eficaz ayuda de varios hijos de este
continente, conmovidos por la parálisis idiomática de un pobre extanjero.
(...) Bajo la presidencia
de Virgilio Piñera, distinguido representante de las letras de la lejana
Cuba, de visita en este país, se formó el Comité de Traducción compuesto
por el poeta y pintor Luis Centurión, el escritor Adolfo de Obieta,
director de la revista literaria Papeles de Buenos Aires, y Humberto
Rodríguez Tomeu, otro hijo intelectual de la lejana Cuba. Delante de todos
esos caballeros y gauchos me inclino profundamente."(Witold
Gombrowicz,
prólogo a la primera edición castellana de Ferdydurke, Ed. Argos, Buenos
Aires, 1947) El texto menciona a continuación otros dieciséis
colaboradores, y remata mencionando a un "simpatiquísimo señor, muy
aficionado al billar, que en un momento de feliz inspiración me procuró la
palabra 'remover', de la cual me había olvidado por
completo"
"El
lector español no avisado de estas peculiaridades estilísticas [las de
Ferdydurke en su versión original] creería que el libro ha sido
incorrectamente vertido; podría estimar que en algunos pasajes cierta
dureza propia a la frase, cierto sabor arcaico, se deben a incompetencia
por parte de los colaboradores en la labor de traducción. Se trata por el
contrario de un nuevo y distinto enfoque del lenguaje; enfoque que va, en
consecuencia, a proponer al lector una nueva y distinta forma de
lectura."(Virgilio
Piñera,
nota sobre la traducción en la primera edición de Ferdydurke, op. cit.)
Gombrowicz le dedica a
Piñera el primer ejemplar que sale de imprenta:
"Virgilio, en este momento solemne declaro: tú me has
descubierto en la Argentina. Tú me has tratado sin mezquindad, ni reserva,
ni recelos, con amistad fraternal. A tu inteligencia e intransigencia se
debe este nacimiento de Ferdydurke. Te otorgo, pues, la dignidad de
Jefe del Ferdydurkismo Sudamericano y ordeno que todos los ferdydurkistas
te veneren como a mí mismo. ¡Sonó la hora! ¡Al combate! - Witoldo."
A la larga el combate iba a
resultar en victoria para Ferdydurke, pero en derrota para algunos
de sus generales. Apenas salido el libro, según cuenta Virgilio, cayó
sobre la traducción "el fuego graneado de los gramáticos"; la traducción
fue juzgada "absolutamente mala" por Raimundo Lida, Ernesto Sábato y
Arturo Capdevila, entre otros. En la segunda edición (el "nuevo
Ferdydurke" publicado por Sudamericana en 1964) ya no figurará ni el
prólogo de Gombrowicz donde se mencionaba al Comité de Traducción ni la
nota de los traductores redactada por Piñera, y sí, en cambio, un prefacio
del propio Sábato, que en su momento había planteado tan serias objeciones
a la versión castellana. Sábato alude de pasada a los traductores como "un
grupo de creyentes" (cuyos nombres son omitidos) para pasar de inmediato a
otros asuntos que le interesan más: "el arte", la "angustiosa lucha entre
extremos opuestos", la "esencial antagonía del espíritu humano", etc. A la
pregunta acerca de las objeciones a la traducción, Adolfo de Obieta
responde:
"Son completamente razonables. Por eso será que en el nuevo
Ferdydurke se borra la mención de los traductores y es reemplazada
por un prólogo de Sábato. Se me ocurre a mí que, literariamente, la
traducción hecha como se hizo era tentativa. Traducíamos del polaco un
equipo de gente que no sabíamos polaco, y el autor, que era el que
corregía las traducciones, no sabía español."(Adolfo de
Obieta, cit.)
Gombrowicz difícilmente
pudo estar ajeno a los cambios introducidos en la edición de 1964:
diversos documentos atestiguan que le preocupaban —y mucho— las objeciones
que se le hacían a la traducción, como si temiera haber ido demasiado
lejos o como si de pronto cayera en la cuenta de que en el ambiente
desaforado de la confitería Rex y en Virgilio Piñera, con su propio gusto
por la desmesura, no había hallado un contrapeso, sino una multiplicación
de sus caprichos. (Cf. el ensayo "Gombrowicz, o de la ingratitud - La
traducción de Ferdydurke", trabajo presentado por Alessandra Riccio
en el coloquio "40 años de Ciclón", La Habana, junio de 1996, y recogido
en revista Crítica Nº 64, Puebla, enero de 1997.)
En cualquier caso, los
errores que se imputan a la traducción y que Gombrowicz mismo teme, son
leídos en una clave completamente diferente por Ricardo Piglia:
"Conozco pocas experiencias literarias tan extravagantes y tan
significativas como la traducción argentina de Ferdydurke.
Gombrowicz escribía un primer borrador trasladando la novela a un español
inesperado y casi onírico, que apenas conocía. (... ) La tendencia de
Gombrowicz, según cuentan, era a inventar una lengua nueva: no crear
neologismos (aunque los hay en la novela, como el inolvidable de los
culeítos) sino a forzar el sentido de las palabras, trasladarlas de un
contexto a otro, y obligarlas a aceptar significados nuevos. Sobre este
material primario comenzaba el trabajo de un equipo heterogéneo y
delirante "bajo la presidencia de Virgilio Piñera, distinguido
representante de las letras de la lejana Cuba", según recuerda Gombrowicz
en el prólogo a la primera edición. Gombrowicz y Piñera estaban rodeados
por una serie móvil de ayudantes, entre los que se contaban, por supuesto,
los parroquianos y los jugadores de ajedrez y de codillo que frecuentaban
la confitería Rex y que aportaban sus opiniones lingüísticas cuando las
discusiones subían demasiado de tono. Este equipo no conocía el polaco y
los debates se trasladaban a menudo al francés, lengua a la que Gombrowicz
y Piñera se cruzaban cuando el español ya no admitía nuevas torsiones
(...) Hay que comparar esta versión argentina con las traducciones en
inglés o en francés para notar enseguida que se trata de un texto único.
Conocemos hasta dónde fue capaz de llegar Joyce cuando tradujo al italiano
el fragmento de "Anna Livia Plurabelle" de Finnegan; conocemos las
versiones al inglés de sus novelas que nos ha dejado Beckett, pero es
difícil imaginar una experiencia parecida a la de Gombrowicz con
Ferdydurke, en Buenos Aires, en los altos del café Rex de la calle
Corrientes, a mediados de los años 40 (...) El Ferdydurke
"argentino" de Gombrowicz es uno de los textos más singulares de nuestra
literatura (...); el español está forzado casi hasta la ruptura: crispado
y artificial, parece una lengua futura. Suena en realidad como una
combinación (una cruza) de los estilos de Roberto Arlt y de Macedonio
Fernández."(Ricardo
Piglia,
"La traducción de Ferdydurke", en revista Espacios Nº6, Buenos
Aires, 1987)
Y así como Piglia adscribe
la traducción de Ferdydurke —y al propio Gombrowicz, en virtud de
esa traducción— a la literatura argentina, Severo Sarduy no veía
inconveniente en extender el pasaporte argentino a Virgilio Piñera:
"Piñera es un autor cubano y a la vez argentino, por la
influencia que recibió de ese otro autor argentino, Gombrowicz, y por su
larga estadía en Buenos Aires"(Severo
Sarduy,
entrevistado por Jorge Fondebrider, en Diario de Poesía Nº18,
Buenos Aires-Rosario, otoño de 1991)
En diciembre, Piñera
retorna a Cuba.
1948
Se
estrena en La Habana Electra Garrigó. Lezama le escribe a Rodríguez
Feo, a la sazón en Princeton:
"Un
detalle simpático: el coro griego está reemplazado por una guajira
[campesina. N. de la R.] en bata blanca que va glosando las
peripecias del drama en décimas que buscan un sabor. La crítica, idiota y
burguesa, le ha sido extremadamente hostil, cosa que a él le habrá
agradado y hecho soñar en las protestas y chiflidos y zanahorias lanzados
a los románticos, a los existencialistas y a todos los que desean un
pequeño y sabroso escandalito."(Carta de 1-11-48,
en J. Rodríguez Feo, Mi correspondencia con José Lezama Lima, Ed.
Unión, Habana, 1989)
Más allá de la ligera
malevolencia de Lezama, presente para con todos y con todo a lo largo de
este sabroso epistolario de ocho años con Rodríguez Feo, lo cierto es que
los críticos no reciben bien la obra y que Piñera efectivamente, parece
encantado de enredarse en una ácida polémica acerca de las limitaciones de
la crítica cubana, a la que acusa de estar integrada, entre otros, por una
caterva de artistas fracasados. La Asociación de Redactores Teatrales y
Cinematográficos decide boicotear la pieza no reseñándola, y extender la
medida a todo estreno futuro de Piñera, a menos que este se retracte; la
respuesta:
"No, no puedo retractarme porque sería negar verdades tan
axiomáticas como la existencia del crítico inculto, del filisteo y del
autor teatral fracasado como tal y puesto a crítico. ¿Ustedes se
atreverían a negar que tal fauna existe? ¿Y por qué sentirse aludidos
cuando no creen pertenecer a ella? ¿No les parece que están rozando el
ridículo?"
1950 En
abril regresa a Buenos Aires donde se desempeña como empleado
administrativo del Consulado de Cuba, con un salario de quince dólares
mensuales.
Borges, a la sazón
presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, organiza en mayo una
conferencia de Piñera en la sede de la Sociedad; Virgilio habla sobre
"Cuba y la literatura"; en la línea del artículo que había escrito en
La Nación cuatro años antes (cf. supra), afirma:
"X
es uno de esos escritores que al pasar junto a usted causan el mismo
efecto de una tremenda corriente de aire en el rostro, a tal punto le
brotan las citas por todos los poros... Ante su obra, uno se pregunta:
¿para quién escribe X? Pues escribe para un grupo de amigos que, en justa
reciprocidad, escriben para X. (...) En rigor, no existe por el momento la
literatura cubana. Bueno, sí, existe la literatura cubana pero... sólo en
los manuales".(Virgilio
Piñera, cit. por Jorge Fornet en "Lecturas cubanas de Borges", texto inédito leído
en el congreso "Borges, diálogo con las letras americanas", Buenos Aires,
junio de 1999)
1952
Siglo Veinte publica en Buenos Aires la novela La carne de
René.
|
Un anónimo enigmático
Una mínima nota,
fechada el 25 de octubre de 1952, sin firma, reseña en el
rotograbado de La Nación la salida de La carne de
René; sin embargo, lo pequeño del formato no debe llamar a
engaño: la notícula se separa mucho de la copia de una solapa, es
inteligente, inspirada, y está escrita por alguien que ha pensado
mucho y bien sobre la novela; pero sobre todo, no cede a ninguna
tentación de periodismo vulgar, ni parece creer que lo limitado del
espacio o la función de "comunicar" le veden el ejercicio de un
estilo. Con Antón Arrufat hemos especulado bastante sobre su autor:
Antón dice que "zurrapa" es un término común en Cuba para
nombrar los restos o posos de la elaboración de la caña, y esa
pista
cubana lleva a "los cubanos", como los llamaban todos los que
interrvinieron en la traducción de Ferdydurke ¿Humberto Rodríguez
Tomeu, quizás? ¿O, como parece indicarlo el estilo leve, gracioso,
el propio Virgilio, siguiendo el ejemplo de Gombrowicz, que había
redactado las que quería que fueran las reseñas de su obra? Lea cada
uno la notita que sigue, y saque sus conclusiones: una fuerte
zurrapa de sospecha queda planteada en torno al anónimo
recensionista.
D.S.
"LA CARNE DE
RENÉ", por Virgilio Piñera. (Siglo Veinte). — Es difícil
sustraerse a la tremenda sugestión de esta peregrina novela de
Virgilio Piñera, joven escritor cubano que actúa entre nosotros en
funciones consulares. "La carne de René", cuyo título pareciera
alentar escabrosas incursiones por el campo de la erótica, es ni más
ni menos que una antítesis y en cierto modo el equivalente del "Alma
de René". Entre el triunfo de la carne y la mediatización del alma
media un período temporal donde esta última perdió todo su valor de
quintaesencia. Desconocemos el proceso de esa suplantación, pero se
sobreentiende si echamos una mirada al materialismo predominante en
el mundo actual. René es tan sólo una rémora, un juvenil retoño del
pasado, superviviente endeble de una civilización extinguida. Su
carne, naturalmente, contradice el brutal cometido a que se la
somete en nuestra edad. La misión de esa masa carnal es tan delicada
que está destinada a heredar una jefatura ecuménica. En vano se la
conjura y atormenta para rendir el servicio que de ella se espera.
René es un retrógrado irremediable y su carne magnífica, de primera
categoría, no responde a las severas excitaciones del placer ni del
dolor. Es una carne estática, más bien histórica, hecha para vivir
dulce y apaciblemente y no para ser trucidada ni sofocada con las
experiencias de la hora. Una fuerte zurrapa humorística alumbra el
desarrollo, a veces lento, otras penoso y arriscado, de esta
desconcertante creación
novelística |
"Estoy cansado, enfermo, asqueado. He escrito este libro con
hilos de mi propia carne: días enteros, meses, en fin, dos años, de manos
a la obra, careciendo de lo más elemental, sumergido en la deletérea
indiferencia de mis compatriotas, arrastrándome hasta Buenos Aires,
viviendo en una pieza y en promiscuidad estremecedora... suplicando,
abatiéndome, posternándome, clamando, disimulando, sofocándome, aquí
sonrisas, allá sonrisas, acullá sonrisas, diez metros más lejos sonrisas,
siempre sonrisas, haciéndome el tonto con los tontos, el imbécil con los
imbéciles."(Virgilio Piñera,
citado por Carlos E. Domínguez, op. cit.)
"Virgilio Piñera describe [en La carne de René] un
mundo entre cómico y tiránico, donde los individuos actúan guiados por
ideas enloquecidas que, al mismo tiempo, se presentan como garantes de la
existencia del lazo social. Esto es, principios de racionalidad
organizativa, los cuales permiten que la gente realice sus tareas con
tranquilidad. Así adquiere visos de sensatez una realidad que, más que
meramente simbólica se nos aparece como un delirio, aunque como todo
delirio tenga su faceta restitutiva."(Alejandro Sosa
Dias, "Virgilio Piñera: la sustracción la carne", en Tokonoma
Nº4,
Buenos Aires, octubre de 1996). En el mismo número se incluye el relato de
Piñera "La rebelión de los enfermos"; el conjunto del ensayo de Sosa Dias
y el relato constituye uno de los poquísimos, tal vez el único, llamado de
atención sobre la obra de Piñera en los últimos años en
Argentina.
1954
Regresa a Cuba. La publicación en Orígenes de un texto de Juan
Ramón Jiménez —en el que se atacaba entre otros a Vicente Aleixandre—
precipita la ruptura entre Rodríguez Feo y Lezama Lima. Durante unos meses
salen varios números de Orígenes en paralelo —una serie
dirigida por uno, otra por el otro. Finalmente, Lezama, abogado, plantea
el caso en los Tribunales y queda con los derechos legales de la
publicación. Piñera y Rodríguez Feo acuerdan entonces la fundación de
Ciclón.
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de 1954 |
"Cuando decido hacer Ciclón a mediados de 1954 voy a ver
a Virgilio Piñera que acababa de volver de la Argentina y le propongo que
me ayude a obtener colaboraciones de los escritores que conocía en Buenos
Aires, a donde él regresaría a finales de enero de 1955. La primera
colaboración que me envía es la traducción de Las 120 jornadas de
Sodoma del Marqués de Sade, que tanto enojaría a los mojigatos del
patio."(José Rodríguez
Feo, testimonio recogido por Pérez León, en op.cit.)
Piñera escribe una
presentación para la traducción de Sade hecha por Humberto Rodríguez
Tomeu:
"Se
ha dicho: Sade es un desmesurado, deja pequeños en punto a pornografía a
contemporáneos suyos como Restif de la Bretonne, Crebillon hijo o Paradis
de Moncrif. Es precisamente con esta desmesura, con este furor erótico que
Sade descubre el complejo mecanismo del sexo, dejando muy atrás la pura
ganga de la pornografía. Todos esos escritores, a diferencia de Sade, se
limitaron a describir la vida galante del siglo XVIII en Francia. En
ninguno de ellos vamos a encontrar lo que en Sade: una problemática
sexual, una teoría de la conducta sexual del hombre y más aún, una
metafísica del Eros".(Virgilio
Piñera,
"Textos futuros", Ciclón Nº 1, La Habana, enero de 1955, no
recogido en libro)
1955
Financiada y dirigida por Rodríguez Feo, en enero aparece el primer número
de Ciclón. El editorial del Nº1, titulado "Borrón y cuenta
nueva" y escrito en unas páginas amarillas ("la rabia amarilla")
insertas en el centro de la revista dice:
"Quede sentado de entrada que Ciclón borra a
Orígenes de un golpe. (...) Hace tiempo que Orígenes, al
igual que los hijos de Saturno, fue devorada por su propio
autor."
Algunos dan por sentado que
el texto era de Piñera; Rodríguez Feo siempre afirmó que lo había escrito
él mismo: en cualquier caso, el carácter festivo y provocador estaba bien
en la línea de los editoriales de Poeta (cf. supra, año 1945). El
pintor Mariano Rodríguez, asiduo colaborador de Orígenes y
diseñador del logo de Ciclón, explica con frescura la distancia que
separa a las dos revistas:
"Ciclón representa lo que en espíritu era Virgilio: surrealismo,
los demonios del sexo. En cambio Orígenes es el espíritu clásico,
lo sosegado, lo que era Lezama en definitiva, aunque también tenía sus
demonios. Había algo entre ellos dos que los emparentaba a pesar de todo,
era algo como misterioso, además de la cultura descomunal de ambos; aunque
Virgilio pareciera más mundano y hasta vulgar en comparación. Yo que
participé de las dos revistas puedo decirte que en Ciclón uno se
sentía más cómodo. Hasta desde el punto de vista del diseño uno podía
hacer más cosas. El propio equilibrio de Orígenes impedía cualquier
tipo de cambio. En Ciclón estábamos más libres, porque así era
Virgilio, hacía lo que le daba la gana cuando le daba la gana, y el que
escribía en Ciclón escribía lo que quería, aunque fuera un
disparate, siempre que estuviera bien escrito. Ciclón de pronto se
convirtió en una revista hot today, lo contrario de
Orígenes. "(Mariano Rodríguez,
en Pérez León, op. cit.)
Lo de la cultura descomunal
de Piñera y Lezama Lima, que Mariano da por sentado, es un asunto que
tiene tela para cortar. Virgilio había convencido a muchos de sus jóvenes
seguidores (algunos parecen creerlo aún hoy) de que cuando cometía un
error lo hacía a propósito, para poner a prueba la cultura de sus
interlocutores. En cuanto a Lezama, Severo Sarduy ha
dicho:
"Lezama, demás está decirlo, no era santo de la devoción de
Ciclón. Orígenes había terminado con un escandalete que
dividió a La Habana en dos. Sus descuidos culturales, o la desidia de los
tipógrafos cubanos, que por supuesto era peor, fueron objeto de sorna.
Lezama hablaba en un artículo de la "Fontana de Travers". Imagínate lo que
fue aquello. De modo que, afiliado a Ciclón, conocí tarde a Lezama
y compartí poco con él. Hasta cometí una nota un tanto "objetiva" sobre
uno de sus libros, creo que La expresión americana. Sus devotos de
entonces me abominaron. Que Dios me perdone."(Severo
Sarduy,
"Una autobiografía pulverizada", en Quimera 102, Barcelona,
1991)
Más allá de la militante —y
en parte cómica, teatral— postura anti-origenista de Ciclón, un
balance hecho con la perspectiva de los años muestra cómo persisten en
ella algunas continuidades impensadas:
"Varios de los poemas publicados en Ciclón están en la
órbita de los poetas origenistas. Demasiado Valéry todavía. Poemas con
ángeles. Muchos autores desconocidos hoy."(Antonio José
Ponte, en un diálogo con Antón Arrufat, en el marco de un dossier Ciclón
en La Gaceta de Cuba, La Habana, nov. de
1995)
Ponte piensa que incluso
muchos poemas de Arrufat y de Sarduy de esa época no están logrados, que
son altamente retóricos. Sin embargo, para quienes hicieron sus primeras
armas literarias en Ciclón el paso por la revista parece haber sido
una suerte de verdadera iniciación, con sus rituales de flagelación
incluidos; la misma solía estar a cargo de Virgilio, en quien se mezclaban
el gusto zen por la paradoja, el gusto teatral por el golpe de efecto y el
gusto porteño por la "cargada" —le gustaba esa palabra, adquirida durante
su estadía en Buenos Aires—:
"En
el budismo, nunca se dice "adoptó la religión" o "se refugió en un
monasterio", sino "entró en la corriente", como si un gran río, inmaterial
e irreversible, arrastrara al adepto desde su iniciación, o su conversión,
hasta un improbable nirvana.
Así entré en la
corriente literaria, una noche de los años cincuenta, cuando Joaquín
Enrique Piedra se apareció en mi casa de Camagüey arborando un ejemplar de
Ciclón.
Bajo el eolo furioso de
Mariano [el mencionado logo de la revista, diseñado por Mariano
Rodríguez, N. de la R.], lanzando sus flechazos, aparecían cinco
jóvenes poetas cubanos. Yo entraba así, para asombro de mi familia, de los
castizos poetas del patio y de mí mismo en el gran río de la escritura, en
el código de papel, me insertaba en ese tejido, ese texto infinito que se
urde al revés y no se abandona jamás. (...) Poco tiempo después me
trasladaba a La Habana y José Rodríguez Feo me recibía en su casa. (...)
Un empleado seseante, moreno y ostensiblemente versallesco, me había
conducido hasta el salón. Por la puerta de enfrente salió enseguida, con
la majestad desdeñosa de quien tiene acceso, una vez más, al proscenio de
la Comédie Française para declamar un monólogo de Fedra, recién llegado de
Buenos Aires y aún con un deje del café Rex, de Witold y de Humberto,
Virgilio Piñera.
—Sus poemas, joven —me
dijo enseguida, con un ligero nerviosismo, discreto pero burlón— no
están nada mal. Pero mire —añadió perentorio, como quien constata una
fatalidad—, en español cualquiera, más o menos, puede hilvanar —fue
la palabra que empleó— un poema. Mire —concluyó sigiloso— ¿por
qué no escribe en prosa? ¿Por qué no cuenta, por ejemplo, lo que le ocurre
por el día —hizo una pausa desmesurada— y por la noche?. Debo a
esa pregunta lo poco que he podido ir haciendo hasta hoy."(Severo
Sarduy, en
Revista Iberoamericana Nº 154, Pittsburg, 1991)
Otro joven poeta, César
López, que asiste a la casa de Rodríguez Feo para la misma época que
Sarduy, cuenta una entrevista en dos tiempos: un día lo recibe, enfundado
en una impecable filipina, el mismo criado negro que a Sarduy le había
parecido versallesco (nadie deja de mencionarlo: algunos lo recuerdan con
una cicatriz que le cruzaba la cara de arriba a abajo; otros, la han
tornado horizontal; a López lo que le llama la atención es su negrura:
"Parecía que le habían pasado betún. Nadie puede ser tan negro"). En
cualquier caso, el joven poeta es llevado a presencia de Rodríguez Feo,
quien le anuncia que sus poemas van a ser publicados porque, a pesar de
que son muy malos, a Virgilio le han gustado y él no lo puede impedir; dos
días después, López es recibido en la misma casa por Virgilio, que le
dice: "Vamos a publicarte porque Rodríguez Feo, que es millonario y paga
esta revista, tiene muy mal gusto y ha querido que te
publiquemos".
Otro desconcertante primer
encuentro con Piñera, ocurrido el mismo año, es el de Antón Arrufat.
Rodríguez Feo lo pasa a buscar con un Cadillac rojo a la salida de una
exposición de Wifredo Lam; dentro del auto está Virgilio Piñera, que no
mira al joven desconocido ni se vuelve al ser
presentado:
"Ninguno de los tres hablamos por segundos interminables. Piñera
comenzó a alisarse el pelo de detrás de la cabeza con dos dedos
solitarios. Era un gesto minuciosamente delicado, un tanto maniático.
(...) El silencio crecía dentro del auto rojo, produciendo una quietud
anómala. Y de repente, apenas mirándome, Piñera me preguntó a quemarropa:
"¿Te gusta hacer cosas con la mierda?" Creí no haber oído bien. Yo tenía
veinte años y había sido educado en provincias, en un colegio de jesuitas
(...) Piñera inició la enumeración detallada de las posiciones sexuales en
que los excrementos podían intervenir. A esto unió anécdotas históricas.
Pasaron duquesas corrompidas, libidinosos cardenales y el marqués de Sade
cerró el desfile escatológico."(Antón
Arrufat,
Virgilio Piñera: entre él y yo, Ed. Unión, La Habana,
1994)
En febrero Piñera viaja a
Buenos Aires en el "Reina del Pacífico"; según le escribe a Rodríguez Feo,
las damas presentes a bordo organizan periódicamente concursos de vómitos:
"they did her best", remata lacónicamente la noticia. Ya instalado en
Buenos Aires, Virgilio actúa como corresponsal de Ciclón y se
esfuerza por conseguir colaboraciones para la revista, ampliando bastante
el espectro de las que en su momento había obtenido para Orígenes.
Entre los escritores que contacta para colaborar se encuentran Vicente
Barbieri, Murena, Mallea, Carlos Mastronardi, Manuel Peyrou, Vicente
Fatone, José Luis y Francisco Romero, Borges, Sábato, Silvina Ocampo,
Bioy; además, envía el ensayo de Gombrowicz "Contra los poetas" y
fragmentos de su luego célebre diario, hasta entonces sólo publicado en
parte en la revista Kultura de los emigrados polacos en París. La
edición de los fragmentos sólo se concreta tras varias postergaciones
debido a que tanto Piñera como Rodríguez Feo temen que irrite a Victoria
Ocampo, que está colaborando con Ciclón muy activamente. (Ver
correspondencia con Rodríguez Feo.)
Mientras tanto, conoce a
José Bianco y empieza a colaborar en Sur; Borges y Bioy Casares
incluyen "En el insomnio" en Cuentos breves y
extraordinarios.
"Una tarde de abril (...) Piñera se presentó en la redacción de
Sur donde yo trabajaba por entonces. Al verlo entrar con un
sobretodo de pelo de camello, bufanda, guantes y anteojos de cristales
oscuros, lo creí recién llegado de Cuba, preparado a desafiar el otoño
apacible de Buenos Aires con una indumentaria propia de Shackleton. Luego
de cambiar con él unas pocas palabras me enteré de que vivía en Buenos
Aires, con algunas interrupciones, desde 1946; tampoco me visitaba para
traerme una colaboración, sino para anunciarme la inminente llegada de
Rodríguez Feo, con quien yo estaba ligado por una vieja amistad epistolar.
Como le insinuara algún reproche por acercarse a Sur al cabo de
tanto tiempo, y con ese exclusivo propósito, se limitó a quitarse los
anteojos y a sonreír, enarcando las cejas, fijando en mí la mirada clara y
bondadosa, abstraída de sus ojos de miope."(José Bianco,
fragmentos del prólogo a El que vino a salvarme de Virgilio
Piñera,
Sudamericana, Buenos Aires, 1970; Bianco ubica esta escena en abril de
1956, pero un cotejo con la correspondencia de Piñera y la colección de
Sur muestran que tuvo que ser en 1955)
En el número de septiembre
de Ciclón, Piñera publica "Ballagas en persona", artículo que va a
levantar un escándalo al reclamar el derecho de hablar con franqueza
acerca de la homosexualidad de Emilio Ballagas, poeta cubano muerto el año
anterior:
"Si los franceses escriben sobre Gide
tomando como punto de partida el homosexualismo; si los ingleses hacen lo
mismo con Wilde, yo no veo por qué los cubanos no podemos hablar de
Ballagas en tanto que homosexual. ¿Es que los franceses y los ingleses
tienen la exclusiva de tal tema? No por cierto, no hay temas exclusivos ni
ellos lo pretenderían. Franceses e ingleses no parecen estar ya dispuestos
a hacer de sus escritores ese tren lechero de la Inmortalidad que tanto
seduce todavía a nuestros críticos."
El presidente argentino
Juan D. Perón es derrocado por un levantamiento militar.
1956
Fidel Castro, proveniente de México, desembarca en Cuba al mando de un
grupo guerrillero que se hace fuerte en la Sierra
Maestra.
Losada publica Cuentos
fríos con la financiación de Rodríguez Feo. Gombrowicz le
escribe:
"Ya
estoy estructurando una linda notita de unas cuantas páginas que le va a
hacer mucho bien tanto espiritualmente cuanto desde el punto de vista
social, me cuesta mucho trabajo pero sé que lo debo a la amistad y no
ahorro esfuerzo ninguno. Sépalo Piñeiro [sic] que le voy a
introducir en las letras con mucha seriedad y el alto vuelo que me
caracteriza."(Carta inédita del
25 de octubre de 1957, consultada por Alessandra Riccio en el Archivo
Piñera, en poder de su familia; cf. Alessandra Riccio, op. cit.)
"Piñera quiere hacer palpable la locura cósmica del hombre que
se devora a sí mismo mientras rinde tributo a una lógica insensata. Su
rica imaginación le permite mostrarnos el contraste sangriento entre el
hombre y su ley. (...) Es un moralista que se estrella contra dos grandes
ausencias: la ausencia del alma y la del Ser trascendente. "(Witold
Gombrowicz,
1956. Cit. en Virgilio Piñera, Cuentos de la risa del horror,
Norma, Bogotá, 1994)
Carlos
Mastronardi, a cargo
de la sección de crítica de libros en El Hogar, le encarga algunas
reseñas.
Desaparece
Orígenes.
1957
Ciclón deja de publicarse regularmente. En 1959, cuando vuelva a
circular un número último, el director alegará que le parecía una falta de
pudor editar una revista que ofrecía sólo literatura en un momento en que
se luchaba contra Batista y se moría por esa causa.
En el Lyceum de La Habana,
Cintio Vitier da una serie de conferencias que titula "Lo cubano en la
poesía", que van a ser importantes en la conformación del campo poético
cubano de la segunda mitad del siglo; (
algunos resumenes de estas conferencias recogidas al año siguiente en un libro
homónimo aparecen en
los diversos ensayos de esta area)
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de 1957 |
En su edición de octubre,
la revista Les temps modernes publica tres cuentos de Piñera bajo
el título de "Goyesques".
1958
Virgilio publica reseñas en Sur. Por ejemplo, esta de una obra
teatral de Silvina Ocampo:
"Durante la representación de No sólo el perro es mágico
hice estas consideraciones: el alma infantil no es tanto fantástica
como lógica. El niño no es soñador, es analítico. Si nos sentimos
desconcertados con sus preguntas y respuestas es porque nosotros, los
adultos, frente a un mundo ya hecho no tenemos necesidad de analizarlo. Me
contaba hace días la autora de esta pieza que estando de visita en casa de
una amiga se apagaron las luces. Los mayores —tan campantes— buscaron
enseguida en su diccionario mental de fenómenos comprobados. Allí rezaba:
Luces apagadas: Se atribuirán a cortocircuito, fusibles quemados, o acaso
a rotura de turbina en la central eléctrica. En cambio, la hija de la
dueña de casa (una niña de seis años) se vio obligada a buscar una
explicación eminentemente lógica. Fue así que dijo: "Claro, no tenemos luz
porque se ha ido toda para aquella fogata que está en el patio. "
(...)
En su pieza, Silvina
Ocampo ha tenido bien presente que a los niños no se les puede dar gato
por liebre. (...) En este Perro Mágico dos muñecos argumentan:
—Sospecho que esa violenta esfera es la luna. —Es el sol. —¿Cómo lo
reconoces? —Porque tiene mucho pelo. La luna es calva. Los chicos,
jueces implacables, ante esa lógica aplastante emiten su veredicto de
no-culpabilidad. (...) Pero como Silvina Ocampo no es feminista, como no
es visitadora social, maestra de escuela o pedagoga recibida, puede
ocurrir que ella y su perro no sean aprobados por el jurado encargado de
premiar a las mujeres cumbre de nuestra América." (Sur
Nº253,
Buenos Aires, julio 1958. Reseña no recogida en
libro.)
En septiembre, regresa a La
Habana. El reencuentro con su casa le sugiere la composición de la pieza
teatral Aire Frío que ha de estrenarse en 1962.
"Había regresado de Buenos Aires a finales de septiembre de
1958. Volvía a mi casa de Ayestarán, cita en Panchito Gómez Nº257. Allí
vivíamos desde 1947, pero antes habíamos vivido en el Hotel Andino y antes
en Gervasio 121 (altos), y si prosigo con la enumeración llegaré a la casa
que me vio nacer. Pero si cito estas tres casas es a causa de los muebles
que mis ojos seguían viendo desde veinte años atrás. Pues habiendo vuelto
a mi casa en Panchito Gómez, me encontré con los mismos muebles. Si a esto
añado que mi vuelta en septiembre era la quinta vuelta, se comprenderá que
estaba bien maduro para escribir una pieza teatral con el asunto de mi
casa. (...) " (Programa de sala
de Aire frío, 1962, cit.)
Este excelente
trabajo de investigación - Cronologia desde la obra de Piñera
- es fruto de la labor de los académicos Teresa Cristófani
Barreto, Pablo Gianera y Daniel Samoilovich (Recogido en diferentes fuentes de Internet)
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