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BUENO,
DIGAMOS
Bueno, digamos que hemos vivido, no
ciertamente -aunque sería elegante- como los griegos de la polis
radiante, sino parecidos a estatuas kriselefantinas, y con un
asomo de esteatopigia. Hemos vivido en una isla, quizá no como
quisimos, pero como pudimos. Aun así derribamos algunos templos,
y levantamos otros que tal vez perduren o sean a su tiempo
derribados. Hemos escrito infatigablemente, soñado lo suficiente
para penetrar la realidad. Alzamos diques contra la
idolatría y lo crepuscular. Hemos rendido culto al sol y, algo
aún más esplendoroso, luchamos para ser esplendentes. Ahora,
callados por un rato, oímos ciudades deshechas en polvo, arder
en pavesas insignes manuscritos, y el lento, cotidiano gotear del
odio. Mas, es sólo una pausa en nuestro devenir. Pronto nos
pondremos a conversar. No encima de las ruinas, sino del recuerdo,
porque fíjate: son ingrávidos y nosotros ahora empezamos
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