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NATACIÓN
He aprendido a nadar en seco. Resulta más ventajoso que hacerlo
en el agua. No hay temor a hundirse pues uno ya está en el fondo, y por
la misma razón se está ahogando de antemano. También se evita que tengan
que pescarnos a la luz de un farol o en la claridad deslumbrante de un
hermoso día. Por último, la ausencia de agua evitará que nos
hinchemos. No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. A
primera vista se pensaría en los estertores de la muerte. Sin embargo,
eso tiene de distinto con ella: que al par que se agoniza uno está bien
vivo, bien alerta, escuchando la música que entra por la ventana y
mirando el gusano que se arrastra por el suelo. Al principio mis
amigos censuraron esta decisión. Se hurtaban a mis miradas y sollozaban
en los rincones. Felizmente, ya pasó la crisis. Ahora saben que me
siento cómodo nadando en seco. De vez en cuando hundo mis manos en las
lozas de mármol y les entrego un pececillo que atrapo en las
profundidades submarinas.
Virgilio Piñera |