Violencias de la geografía: nación e ideología en Virgilio Piñera

por Enrique Del Risco (New York University)

 

 

"Virgilio Piñera" es entre otras cosas la respuesta a una pregunta tan poco relevante como la de ¿quién es el escritor más influyente en la literatura cubana de este fin de siglo? "¿Virgilio qué…?"  preguntará cualquiera, confirmando la vieja sospecha de que Piñera, pese a su unánime prestigio entre los escritores cubanos, es un perfecto desconocido en casi cualquier otra parte del mundo. 

El por qué de este contraste entre reconocimiento doméstico y anonimato internacional podría explicarse en razón de atractivos demasiado vernáculos y nada más lejos de ello que el caso de Virgilio Piñera.  Para quien haya leído cualquier relato o novela suya, reconocerá en él una economía de color local que deja sin sentido la explicación anterior.  

En cambio, si procediéramos a la inversa, esto es, si inferimos que es justamente esa falta de color local lo que ahuyenta al lector extranjero, ávido del exotismo y de la exuberancia caribeña y atrae a los escritores y lectores nacionales que verían esas marcas de identidad como puras redundancias, quizás estaríamos más cerca de la respuesta.  Podría hacerse, no obstante, una objeción difícil de eludir. ¿Acaso no se pueden encontrar mejores muestras de desapego por el repertorio turístico de lo cubano en cualquier escritor extranjero contando con el valor añadido de que tal desapego sería mucho más auténtico? 

Los apologistas de Piñera han agotado el expediente de recordarnos que este autor estrenó obras de teatro del absurdo antes que Ionesco, o que escribía cuentos muy cercanos en espíritu a los de Kafka cuando éste aún no era conocido en nuestro idioma.  Aunque no es difícil de entender la escasa repercusión de la primacía estrictamente cronológica del cubano, sí resulta algo oscuro el hecho de que Piñera no sea hoy una mera reliquia nacional, sino la referencia más importante en la renovación literaria llevada a cabo por las últimas generaciones de escritores cubanos. No haber sido incluido nunca en los programas generales de enseñanza de literatura, ni contar con concursos que lleven su nombre, o con instituciones que se dediquen a conservar su memoria son quizás requisitos que expliquen el interés que despierta.  

Sin embargo, el hecho de compartir esas condiciones con muchos otros autores invalida este argumento para explicar el hecho de que justo él sea el autor teatral más representado en Cuba y el narrador cuyo espíritu ronda buena parte de las creaciones de las últimas dos décadas.  Podría entonces empezar a insinuarse una respuesta que concilie el prestigio interno y la ignorancia externa, la marginación oficial y el culto extraoficial, y esa respuesta supondría a Virgilio Piñera como el más consistente productor de un discurso diferente de lo nacional, un discurso donde los iconos con los que se ha construido la idea de lo nacional (lo cubano en este caso) deberá ceder el paso a construcciones mucho menos fijables y rígidas pero, por la misma razón, mucho más complejas y representativas.  

Jorge Luis Borges en su conferencia "El escritor argentino y la tradición" nos recuerda que las poesías nacionales y todos los signos de identidad que recogen son tan artificiales como cualquier otra construcción literaria.  De ahí su afirmación de que "lo verdaderamente nativo suele y puede prescindir del color local", y su defensa del derecho de cualquier escritor argentino y, por extensión, americano, a servirse de toda la tradición occidental para escribir una literatura que de una u otra forma será fatalmente nacional.  Frente a esto, la acusación de "tantalismo" que hace Virgilio Piñera en su "Nota sobre la literatura argentina de hoy" en 1947 a los escritores argentinos contemporáneos y en especial a Borges puede parecer, cuando menos, conservadora. 

Aunque pudiéramos señalar conciliadoramente que tanto el ensayo de Borges como en el de Piñera dan cuenta de una preocupación idéntica, no sería honesto ocultar diferencias sustanciales entre éstos.  El "tantalismo", pecado compartido según Piñera por los escritores de su generación, es para éste el rechazo voluntario de un mundo "que les parece contradictoriamente pobre" y el reemplazamiento por "la búsqueda de una fórmula formal del mundo (sic) más que por la búsqueda de una forma en sí", con el resultado de que a escritores como Borges el "verdadero mundo de la realidad" (Piñera.1994) se les escape.  

Todo esto no parecería sino una reedición de la ya poco respetable oposición entre literatura fantástica y literatura realista con Piñera como campeón de la segunda.  Toda la obra de Piñera enmienda la torpeza aparente o real de estos planteamientos y complejizan una muy tensa relación que el autor sostuvo con "el verdadero mundo de la realidad".  Esa relación se tensa desde el propio instante en que viene a este mundo: 

"Juzgo ocioso declarar el año de mi nacimiento.  Se cita el año de la llegada al mundo cuando se pertenece a un país donde, en el momento en que se nace, algo ocurre – ya sea en el campo de lo militar, de lo económico, de lo cultural… En tal caso la fecha tendría sentido. Verbigracia: "Cuando nací mi patria invadía el Estado tal o era invadida por el Estado más cual; cuando vine al mundo las teorías económicas de mi compatriota X daban la pauta a muchas otras naciones; cuando vine al mundo nuestra literatura dejaba sentir su influencia. Pero no, ¡qué curioso! cuando en 1912 (ya ven, pongo la fecha para que no queden con la curiosidad) yo vine al mundo nada de esto ocurría en Cuba. Acabábamos, como quien dice, de salir del estado de colonia e iniciábamos ese triste recorrido del país condenado a ser el enanito irrisorio en el valle de los gigantes... Nosotros nada teníamos que ver con las cien tremendas realidades del momento"

De este modo inicia Virgilio Piñera unos apuntes autobiográficos aún inéditos en su totalidad.  La extensión de la cita es justificable, entre otras cosas, por la cantidad de direcciones que sugiere. Una de ellas, y no estoy seguro si la más visible, es la tensión entre su cronología personal y la cronología oficial del país.  En las relaciones entre individuo y nación pocas veces se ha llegado tan lejos como Piñera: a anular la historia nacional como indigno escenario de su nacimiento.  

El provincianismo que él recalca sirve entonces para darle a su triple (y declarada) condición de pobre, homosexual y artista un peso trágico que pasará a desinflar a continuación, pues la tragedia a secas se le hace extraña a Piñera.  No debe sorprender entonces el entusiasmo con que asume lo que ha definido como sus "fatalidades".  De los papeles a su disposición ha escogido uno y se apresta a desempeñarlo.  Es de esperar que se sitúe lejos de lo que en ese momento se consideraría el "espíritu nacional" y, por tanto, ajeno a lo que desde occidente se espere de él como escritor latinoamericano.  

Los defensores de este adelantado en tierra de nadie, conscientes de que una vez negada la gloria universal, la provinciana gloria nacional (muy pedagógica ella) exigirá pruebas de convicción para permitir la entrada de Piñera, han optado por borrar las sospechas de extranjería.  Antón Arrufat, uno de sus más destacados defensores nos explica que: "Con regularidad empleaba al hablar ciertos vocablos en francés. Algunos lo han acusado de afrancesado, apoyando la acusación en estas palabras, y en determinadas estructuras oracionales de su estilo".  

Luego de explicar por largo rato las relaciones de Piñera con la cultura francesa y en especial con Baudelaire, Arrufat concluye: "Baudelaire desciende del romanticismo europeo (…) y Piñera del modernismo latinoamericano (…). A los dos los define además otra limitación: si Baudelaire desciende del romanticismo europeo, es un poeta francés. Si Piñera desciende del modernismo latinoamericano, es un poeta cubano. Todo cuanto sabía y le interesaba en la vida, estaba situado – definitivamente – a partir de su cubanía esencial. 

Podría decir, si el verbo no estuviera tan viciado de superficialidad y esquemas impuestos, podría decir que él ‘cubanizaba' cuanto tocaba". (Arrufat.1994.21-23)  

Arrufat ha comprendido, perdida momentáneamente la esperanza de que Piñera acceda con todos los honores al canon internacional, cuál es el único modo de negociar la entrada de su amigo y maestro en la gloria nacional: subrayando su "cubanidad esencial".2  No es  mi caso.  

No pretendo negociar la cubanidad esencial de nadie. Pretendo, sí, tratar de hurgar en el modo en que se manifiesta en la obra de Virgilio Piñera una revolucionaria propuesta de articulación de lo cubano (y, por extensión, de lo nacional) con toda la tradición occidental a través de procedimientos que cuestionan y renuevan los ejes de esta articulación.  

Sería mucho más fácil para mí fijar esta propuesta en un texto como la obra teatral Electra Garrigó, donde sitúa un texto canónico de la tradición occidental como es la obra de Eurípides en un muy concreto contexto nacional.  Prefiero en cambio abordar esta propuesta a través de dos textos (el poema "La isla en peso" y el relato "El Album") donde, a mi entender, ésta se expresa en toda su radicalidad.  "La isla en peso", quizás uno de sus textos más conocidos y citados, desde el mismo inicio alude a "la maldita circunstancia del agua por todas partes" que obliga al autor a "sentarme en la mesa del café".  Y a continuación "si no pensara que el agua me rodea como un cáncer/ hubiera podido dormir a pierna suelta".  

Sentir el peso de las circunstancias nacionales (ya lo hemos visto en sus apuntes autobiográficos) será el mayor reto, o,  al menos, el mayor desasosiego que Piñera supone para sí, pero ese peso, lejos de esquivarlo, supondrá para él una de las materias fundamentales con las que construirá su escritura.  Esa "nada por defecto", esa fatalidad de lo leve, de lo provinciano, de lo marginal, será a un tiempo su mayor handicap y su alimento literario.  

Y aquí convendría hacer un aparte para poder situar a Piñera en su circunstancia literaria.  Recordemos que Piñera fue díscolo fundador del grupo Orígenes, que muy pronto se situó en las antípodas de la búsqueda de indecisos orígenes y de presagiadas posibilidades que proponía el grupo.  "La negra cabeza negadora", epíteto asignado a Piñera por Lezama, optó desde siempre por lo que llamó las "terribles realidades".  

Prefirió la recuperación conflictiva de toda la levedad que lo rodeaba a la gravedad con que sus compañeros de grupo definían lo cubano como "el interminable aplazamiento de su propio ser" y perseguían "la integración de todas las cosas verdaderamente nutritivas" con las exclusiones correspondientes.  

Sintió tanto como los otros esa aspiración a la pureza. "en otro tiempo yo vivía adánicamente", nos dice en su poema, para enseguida preguntar "¿Qué trajo la metamorfosis?"  La "maldita circunstancia" no le impide añorar y enuncia la posibilidad de renunciar a dicha circunstancia: "Si tu pudieras formar de nuevo aquellas combinaciones,/ devolviéndome el país sin el agua/ me la bebería toda para escupir al cielo".  "Pero", siempre hay un "pero" en Piñera: "Pero he visto la música detenida en las caderas,/ he visto a las negras bailando con vasos de ron en sus cabezas".  Piñera ha decidido entregarse a las circunstancias, pero reservándose la libertad de alterarlas, al menos poéticamente.  

Está jugando con las posibilidades de su doble marginalidad: la del poeta que renuncia a la búsqueda de una "imagen posible" sumergiéndose en sus circunstancias, y la marginalidad que comporta la inmersión en un mundo que siente ajeno y que en un inicio rechaza.  

Esta estrategia de marginalidades le permitirá que su entrega no suponga disolución sino que sea acompañada de una exigente lucidez y pueda exclamar: "¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!/ ¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!/ Como la luz o la infancia aún no tienes rostro". 

Tanto la crítica como el elogio son ambiguos.  Las carencias que se acusan bien podrían entenderse como virtudes.  La "espantosa confusión" podría ser preferible a las "máscaras de la civilización" y la marginalidad respecto a los modelos europeos puede ser una bendición aunque sin mucha esperanza en que pueda ser conservada: "Afortunadamente  desconocemos la voluptuosidad y la caricia francesa, Desconocemos el perfecto gozador y la mujer pulpo, Desconocemos los espejos estratégicos No sabemos llevar la sífilis con la reposada elegancia de un cisne, Desconocemos que muy pronto vamos a practicar estas mortales elegancias". (Piñera.1969.41)  

Por otra parte, Piñera en este poema reúne buena parte del catálogo que alimenta la pedagogía de lo nacional cubano (El ron, las frutas e instrumentos musicales típicos, los "negros fálicos", las negras, los ñañigos, la "virgen bárbara", la fatítidica condición insular, muestras de una cubanidad turística) con el que fija las referencias nacionales del poema aunque sin perder oportunidad de contrariarlas, ya sea haciendo caso omiso a la acuñada alegría del cubano llamándolo "pueblo tan triste", o esbozando un procedimiento que quedará fijado en su narrativa: el de un desnudamiento de lo concreto, el de reducir aquellas marcas de identidad nacional a su expresión más sobria y aparentemente neutra: "Me detengo en ciertas palabras tradicionales:/ El aguacero, la siesta, el cañaveral, el tabaco,/ Con simple ademán, apenas si onomatopéyicamente,/ Titánicamente paso por encima de su música,/ Y digo: el agua, el mediodía, el azúcar, el humo."  

Pero para que la operación complete su ciclo faltará crear un nuevo juego de posibilidades para lo concreto desnudo que dará paso a una dinámica distinta y a la vez familiar.  Eso es lo que Piñera hace a continuación: "Yo combino:/ El aguacero pega en el lomo de los caballos/ La siesta atada a la cola de un caballo/ El cañaveral devorando a los caballos/ Los caballos perdiéndose sigilosamente/en la tenebrosa emanación del tabaco…".(Ibid.31)  

La preocupación de Piñera por arrancar la "máscaras de la civilización", por escapar al "tantalismo", no disminuye su preocupación por otras máscaras, las de lo exótico, tan eficaces en cerrar el camino hacia el "verdadero mundo de la realidad" expresión poco feliz, es cierto, pero que se encargaría de delinear y mejorar en toda su ficción.  

Por otro lado, sin embargo, intentar leer "El Álbum" o cualquier otro relato de sus Cuentos Fríos como un cuento cubano no deja muchas opciones.  Allí no contaremos con el auxilio de frutas tropicales, músicas, paisajes o cualquier otro símbolo de la heráldica nacional.  Allí Piñera ofrece una neutralidad casi europea, valga la redundancia, pues, parece imposible hallar un tono neutro sin ser tildado de europeizante.3  

Es, sin embargo, pese a lo (que ya irremediablemente llamaremos) "kafkiano" de la situación, a la asepsia en las descripciones y a la selección de un léxico especialmente neutro, un cuento irremediablemente cubano. Pero ¿dónde podríamos fijar lo cubano? Y sobre todo, ¿qué importancia tendría hacerlo? 

Un documental dirigido por el actor cubano-americano Andy García sobre la vida y la música de Cachao, importantísimo compositor y músico popular cubano, recoge dentro de una serie de testimonios que da éste sobre diferentes músicos con los que le tocó compartir, el siguiente diálogo entre García y el músico:AG: ¿Y Yeyito? C: Yeyito ya murió … la historia de Yeyito es triste porque… Resulta que el hijo se fue primero. AG: Masa Limpia. Así le decían…C: (Imitando a Masa Limpia) "¡Masa limpia y de primera…!"  Ése era él… entonces el hijo… resulta que … tú sabes como son los músicos… no todos … tienen un hijo por aquí , otro por allá…Paquito D'Rivera (otro músico cubano): ¿Por qué no cuentas lo tuyo?C: No, que va , yo no puedo hablar, la jefa (la esposa) está mirando…AG: (actitud responsable) Todos los músicos no son así.  Él es un músico serio, una excepción.  Él no hace esas locuras de ponerse un vestido y bailar el can- can. Esposa de Cachao: No, yo me voy pa' en casa de mi mamá. (Corte) (García.1993)  

Así, sin más explicación, concluye la escena, y nunca sabremos la triste historia de Yeyito y su hijo Masa Limpia.  Lo que quiero notar no es el hecho de que tal conversación sin rumbo ni sentido se produzca, ni que éste sería el arquetipo de las conversaciones cubanas y no de las de ninguna otra nacionalidad.  

Quiero notar la naturalidad con que ésta transcurre, naturalidad tal que le permitió ser incluida en el documental sin que nadie echara en falta su carencia total de sentido en cuanto a la historia que inicialmente se pretendía narrar.  

Traigo este ejemplo a colación como una evidencia "al natural" del amoroso reproche que Virgilio Piñera echa en cara a su pueblo en "La isla en peso".  Esta no es la única razón.  "El Álbum" incluye tres conversaciones regidas por la misma dinámica que seguramente cualquiera achacaría a una influencia kafkiana, pero contrastado con el ejemplo anterior parecería hiperrealismo.  Estas "conversaciones" junto al asunto central del relato -la propia exhibición del álbum- contienen una serie de elementos que encajan perfectamente con un especial discurso pedagógico que tiene una larga tradición dentro de Cuba, discurso basado en modos de comportamiento cubano que debían erradicarse.  

La regeneración cubana, tema central de un discurso con una fuerte carga teleológica, pasaba por cambios sustantivos en el carácter del cubano.4  Piñera, sobre todo en algunos ensayos, reproduciría observaciones de este tipo; por ejemplo, en su análisis de la poesía cubana del siglo XIX, a la que achaca como principales defectos la falta de autonomía estética y sobre todo de concentración poética, la falta de un plan poético; o en el ya mencionado análisis de la narrativa argentina.  

Sin embargo lo que pudiera tomarse como una simple crítica sociológica se convierte en "El Álbum" en el relato de un pacto, en la descripción de la paulatina aceptación por parte del narrador de las bases de un juego.  La ridiculez o la falta de sentido de ese juego es lo que menos nos importa destacar ahora (y al final no parece importarle tampoco al narrador).  Nos interesa ante todo subrayar la aparición de unas bases de convivencia (las cuales pueden identificarse como bases ideológicas en su sentido más amplio de socialidad) en pos de un objetivo común del que no todos están conscientes -como es el caso del propio narrador- en un espacio común: la casa de huéspedes.  No pretendo, insisto, en convertir este espacio común en una alegoría del espacio nacional.  

Me interesa hacer visible cómo el texto alude lo concreto nacional no a través de marcas de identidad "exóticas", sino mediante la recreación de un modo  específico de socialidad, una ideología de lo nacional pudiéramos decir, si entendemos "ideología" no como un conjunto rígido y coherente de ideas políticas, sino justamente como modo de socialidad, en este caso nacional.  Neutralizando el color local de la circunstancia que se describe, Piñera intentará reclamar la inserción de lo concreto en lo universal sin por ello renunciar a la especificidad de lo concreto que describe y potencia.  

En el caso de "El Album" quien se verá atrapado por esta socialidad específica es un sujeto singular.  No sabemos nada de él, incluido su físico, excepto que es un recién llegado que tiene un objetivo concreto: comenzar ese día a trabajar como lector de un ciego rico.  Son estos detalles suficientes para que se constituya en el sujeto fronterizo (ajeno a la dinámica de la casa de huéspedes y al proyecto colectivo de la contemplación del álbum) que según Homi Bhabha es el llamado a "hacer visible, en su proceso de integración a la comunidad, la ambivalencia narrativa de tiempos y significados divergentes". (Bhabha. 1993.297)  

Este sujeto, que es y no es marginal, que pertenece de modo teórico a la comunidad en virtud de su nacionalidad,  carece de lazos concretos con esta, de modo que está en condiciones idóneas para expresar su perplejidad ante un mundo que le es familiar y ajeno al mismo tiempo.  Justamente, el vehículo que desencadena la inmersión del narrador en un proyecto que le es ajeno y absurdo, frustrando sus propios proyectos, es la repentina familiaridad con que sucesivamente lo abordan seres hasta entonces desconocidos para él, familiaridad de la que pronto se sentirá contagiado.  

Esa familiaridad repentina, aunque parezca un recurso kafkiano similar a la irrupción de los dos desconocidos en el apartamento de Joseph K. en El proceso, había sido ya definitivamente fijada en un texto clásico de la pedagogía de lo cubano.  Nos referimos a la Indagación del choteo: "A mí no hay nada que me desasosiegue más que entrar en un despacho donde todo está en orden; en cambio, allí donde las cosas andan manga por hombro, experimento siempre un sentimiento de familiaridad. 

 Este deseo de familiaridad con las cosas es algo a lo que el cubano es sobremanera adicto. Ya veremos que una de las causas determinantes del choteo es la tendencia niveladora que nos caracteriza a los cubanos, eso que llamamos "parejería" y que nos incita a decirle "viejo" y "chico" al hombre más encumbrado o venerable". (Mañach.1969.33)  Lo que llamaría Althusser, "mecanismo de interpelación", cuya función es precisamente convertir a los individuos en sujetos, cobra la forma de una familiaridad constitutiva de lo nacional.  La complicidad sobreviene en instantes. 

La familiaridad misma muestra la ambigüedad existente entre lo público y lo privado.  Lo familiar ya no alude a lazos sanguíneos personales, sino a lazos públicos nacionales.  Una vez que lo ajeno se convierte en familiar, el proceso de conversión de lo privado en público se hace indetenible: mostrar un álbum de fotos y defecar se hacen actos igualmente públicos y simultáneos.  Lo familiar por el mismo motivo, como se trasluce en la cita de Mañach, se opone al orden de jerarquías entre lo respetable y lo que no lo es y entre lo público y lo privado.  Frente a esto, el narrador se intenta defender de la irrupción de lo ajeno tratando de imponer orden ante lo que amenaza con disolver lo poco que sabemos de él (su condición de desconocido, su empleo), pero en cuanto trata de establecer una racionalidad que le permita darle sentido, fracasa.  

De ahí que el único recurso que le quede sea su integración en la dinámica que en un principio trataba de esquivar.  La exhibición del álbum, comentada por nuestro narrador, es el momento culminante del "contrato social" que ha tenido lugar en la casa de huéspedes.  En virtud de evitar la suspensión de la exhibición del álbum, dentro de la casa de huépedes todo se autorregula, se evitan las discusiones por los puestos en torno al álbum, la especulación del portero con los puestos para presenciar el espectáculo no es denunciada.  

Por encima de todas las diferencias sociales, (y el narrador nos las hace notar todo el tiempo), todos están tácitamente de acuerdo en que la exhibición del álbum siga adelante.  No importa lo ridículo del hecho en sí, (ridículo que de algún modo nos está haciendo notar el narrador hasta sumergirse de lleno en él), todos se irán conformando con el puesto que les toca con el fin de no perturbar la presentación a la que en definitiva la mayoría tendrá acceso sólo parcial.  Quien concluye el relato es un convencido de la grandiosidad del espectáculo ("Aquello sí constituía un espectáculo magnífico y no esas insípidas sesiones de cine con su insoportable cámara oscura y sus inevitables masturbaciones") que debe esperar que la dama abandone el escenario con su esposo y su álbum para comprender que "la sesión había terminado".  

En este universo en que todos hacen lo indecible porque la exhibición del álbum marche bien ¿no existen tensiones? Existen por supuesto y justamente la que me interesa destacar es la existente entre el discurso central, la propia exhibición del álbum y el discurso marginal que intenta desarrollar la mulata Minerva.  Nótese que es la única que no da cuenta de su interés por el álbum, la única que se resiste al discurso totalizador que éste supone, y cuando se la interroga sobre éste, su respuesta hace ver un resentimiento mal oculto frente a un discurso que las tiene todas consigo para imponerse. 

Mientras el espectáculo del álbum tiene toda una maquinaria de legitimación detrás (la económica, que el portero se encarga de poner en marcha; la retórica, que extrae de las crónicas sociales que todo el tiempo apuntala el discurso de la propietaria del álbum; y, finalmente, el propio álbum, origen material de un discurso que va a poblar el imaginario de todos los habitantes de la casa de huéspedes, imaginario que dicho sea de paso, todos parecen necesitar), Minerva apenas cuenta con su ímpetu y con su propio hijo para inmovilizar a los oyentes y hacer que escuchen su propia e incoherente historia.  Su  historia a su vez está ya fijada, eso sí, alrededor de ciertos puntos a los que ella concede la mayor importancia.  

Su discurso, como vemos, no es menos legítimo, pero mientras ella apenas puede transmitírselo a aquél a quien consiga atrapar, el discurso de la dueña del álbum, siendo más ajeno a la mayoría de los que asisten a su presentación, consigue que la felicidad de éstos sea tan absoluta que "ni la más categórica reparación social los habría satisfecho tanto como los satisfacía las explicaciones de la dama".(Piñera.1990b.82)  "La maldita circunstancia del agua por todas partes", el provincianismo, el ansia ávida de "lo otro", la "nada por defecto" y, por supuesto, el ser la dueña de la casa de huéspedes, es lo que le permite a la propietaria del álbum asumir el papel central del que disfruta. 

 Nada de esto se dice, pues todo forma parte de "lo obvio" nacional y "lo obvio" es, nos recuerda James Kavanagh, la definición más abarcadora y encubierta de lo ideológico.(Kavanagh.1995.306)  Así, finalmente, lo nacional nos entrega su obviedad, lo indecible, su naturaleza ideológica, de la que este texto da cuenta por medio de una recreación performativa del lado oscuro de lo nacional, aquel que los discursos pedagógicos pretenden excluir.  De este modo se generan, más allá de una limitada crítica de costumbres, nuevos significados de lo nacional.  

El "yo combino" de "La isla en peso" deviene entonces, a un tiempo, en una declaración de principios y una patente de corso de lo que definimos como lo performativo.  La fatalidad de ser latinoamericano (es decir, la difusa fatalidad de ser y no ser occidental) es asumida por Piñera no sólo como destino sino como tema.  Su sistemática poda de las marcas pedagógicas de lo nacional cuestiona, no sólo la endeble contrucción de lo nacional, sino que problematiza también los límites de lo nacional con lo universal, y la no menos endeble construcción de este último. 

 De esta manera (y de muchas otras) Piñera parece decirnos que el único modo de sentir suya la ajena tierra en que ha nacido no es imaginando para ella un telos, un paraíso, o poblando un vacío con nuevas construcciones, sino recreando ese "vacío", poniendo a prueba la realidad de ese mundo, zarandeando sus signos, dándoles nueva forma, permanencia, a su absurdo cotidiano, de modo que el único mundo que cree posible esté a la altura de su propia realidad.  La falta de sentido de ese mundo (y "sentido" aquí adquiere el doble significado de dirección e inteligibilidad) será para Piñera el único sentido que él le puede otorgar.  

Y en su construcción no pretenderá como Cintio Vitier "la integración de todas las cosas verdaderamente nutritivas", sino la tensa inclusión de todo, sea cual sea su signo.  Para Piñera lo nacional no es "la fiesta innombrable" de Lezama sino más bien (haciendo honor a su nombre) un infierno que no puede, no quiere evitar, pues, como nos dice en un relato titulado justamente "El infierno", "¿quién renuncia a tan querida costumbre?". 

Notas

1. Tengo a mano el texto oficial de noveno grado por el que yo mismo estudié, (Literatura Cubana.  La Habana: Ministerio de Educación, 1980) el cual ignora, entre otros a autores como Piñera, Lezama, Mañach, Lidya Cabrera, Labrador Ruiz, Montenegro, Novás Calvo y un largo etcétera. Piñera y Lezama Lima siguen excluidos de los programas del sistema educativo cubano con excepción de algunos programas especializados.  Para más ironía aun, el corrector de este libro fue Abilio Estévez, uno de los pricipales dramaturgos de su generación y uno de los amigos más cercanos a Piñera en sus últimos años, entonces en las galeras del reino… editorial . 
2.  El escritor argentino José Bianco, con la misma intención que Arrufat, intentó "salvar" la condición cubana y latinoamericana de Piñera atribuyéndole un barroquismo que durante mucho tiempo ha sido acuñada como marca distintiva de ambos gentilicios (parece que bastan un par de ejemplos, Lezama y Carpentier en este caso, para crear una generalidad).  Cierto que aclara que "su barroquismo no viene de su estilo, simple, despojado (…) ni del ambiente que ese estilo refleja, sino de la acción misma de sus cuentos…" Bianco, José, "Piñera, narrador."  En: El que vino a salvarme. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1970. 
3  Europa ocupa un lugar incómodo en el imaginario de nuestro escritor.  Amenaza, con su orden racional, el orden natural de la isla, pero eso no le impide ser ejemplo, pongamos por caso, de como tratar la sexualidad de un escritor: "Si los franceses escriben sobre Guide tomando como punto de partida la homosexualidad de este escritor, si los ingleses hacen lo mismo con Wilde, yo no veo por qué los cubanos no podamos hablar de Ballagas en tanto homosexual. ¿Es que los franceses y los ingleses tienen la exclusiva de tal tema? No, por cierto, no hay temas exclusivos ni ellos lo pretenderían, sino que los franceses e ingleses nunca estarán dispuestos a hacer de sus escritores ese lechero de la Inmortalidad que tanto seduce a nuestros críticos." Piñera, Virgilio, "Ballagas en persona". En: Poesía y Crítica. México:Consejo Nacional para las Artes y las Letras, 1994. 
4.  Muestras centrales de este discurso son algunos de los escritos de Félix Varela en la segunda década del XIX , continuando con textos como el de José Antonio Saco, Memoria sobre la vagancia en Cuba y medio de extirparla, en la década siguiente, y con los de Francisco Figueras (Cuba y su evolución colonial), Fernando Ortiz (Entre cubanos) y Jorge Mañach (Indagación del choteo) en este siglo. 
 

Bibliografía

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Arrufat, Anton, Virgilio Piñera, entre él y yo. Ediciones Unión. La Habana, 1994. 
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Díaz Quiñones, Arcadio, Cintio Vitier: La memoria integradora. San Juan: Editorial Sin Nombre, 1987. 
García, Andy, Cachao: como su ritmo no hay dos (video). Miami: Cineson, 1993. 
Guerra, Ramiro, Historia elemental de Cuba. La Habana: Editorial Cultural, SA., s/f. 
Kavanagh, James H., "Ideology". En: Critical Terms for Literary Studies. Ed. F. Letricchia. Chicago: The University of Chicago Press, 1995. Pp. 306- 320. 
Mañach, Jorge. Indagación del choteo. Miami: Mnemosyne Publishing, 1969. 
Parker, Andrew et al, Nationalisms & Sexualities. New York: Rouletge, 1992. 
Piñera, Virgilio. Cuentos. Alfaguara. Madrid, 1990.  El que vino a salvarme. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1970., La vida entera. La Habana:UNEAC, 1969. "La vida tal cual". En: Unión. No 10, La Habana, 1990.  Poesía y Crítica. México:Consejo Nacional para las Artes y las Letras, 1994. 
Rivero Casteleiro, Delia et al, Literatura Cubana. La Habana: Ministerio de Educación, 1980 

 

 

 

 

 

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