518  -  438 a.C.

 

 

APUNTES BIOGRÁFICOS

 

Poeta lírico griego nacido en Cinoscéfalos, lugar cercano a Tebas (Beocia), en agosto del 518 a.C. 

Era de familia noble; hijo de Pagondas o Pagónidas y de Cleódice; hermano de Erotión o Eritimo; esposo de Megaclea y padre de Daifanto, Protómaca y Éumetis. 

Cuenta la leyenda que, como presagio de las futuras aptitudes del niño, una abeja hizo el panal en su boca mientras él dormía. 

Aprendió a tocar la flauta con su tío Escopelino y fue alumno en Atenas de los músicos Agatocles y Apolodoro. Con tales conocimientos descolló pronto en la composición de odas triunfales para los vencedores en los juegos griegos. 

En el 498 a. C. escribió la primera, X Pítica, para el tesalio Hipócleas. En el 490 a. C. se relacionó con Jenócrates, hermano de Terón de Acragante, para quien compuso la VI Pítica en celebración de su triunfo con carro en los juegos de Delfos, y dedicó la XII Pítica al flautista Midas de Acragante, vencedor en el concurso musical délfico. 

A los años 490-480 corresponden la VII Pítica, las II, V y VII Nemeas (en ésta se dan excusas a los eginetas, molestos por el relato de la muerte de Neoptólemo en el VI Peán) y la XIV Olímpica; al 484 a. C., la VI ístmica; a los años inmediatamente posteriores a la segunda Guerra médica, las III-V y VIII ístmicas.

En el 476 a. C., Pindaro asiste a las fiestas olímpicas; allí escribe la XI Olímpica para Hagesidamo de Locros, vencedor del pugilato infantil; envía luego a Terón la II Olímpica, destinada a celebrar su triunfo en los carros; y se traslada más tarde a Siracusa, donde, huésped de los tiranos, asiste a la ejecución de la 1 Olímpica para Hierón, vencedor en las carreras de caballos, y la III Olímpica para Terón. 

Dedica a éste también un encomio (frs. 118-119) y otro a Trasibulo, hijo de Jenócrates (fr. 124), y compone la I Nemeas para Cromio, cuñado de Hierón. Entre el 475 y el 471 a. C. escribe la IX Nemeas, también para Cromio; hacia el 475 a. C., la III Nemeas; en el 474 a. C. regresa a Grecia. 

Envía la X Olímpica al mencionado Hagesidamo y compone las IX (magnífica) y XI Pítica, un ditirambo para Atenas (fr. 76) y la 111 Pítica, que intenta consolar a Hierón en la enfermedad que padece. En el 473 a. C. produce la IV Nemeas; en el 472 a. C., la 11 ístmica; en el 471 a. C., la II Pítica, dedicada también a Hierón; en el 470 a. C., la extraordinaria I Pítica, para el triunfo de éste en las carreras olímpicas de carros, y la XII Olímpica; en el 468 a. C., la VI Olímpica, muy bella; en el 466 a. C., la IX Olímpica; en el 464 a. C., las VII y XIII Olímpicas, y un encomio a Jenofonte de Corinto (fr. 122); en el 463 a. C., el IX Peán, motivado por un eclipse de sol, y las VI y X Nemeas, y tal vez también el II Peán; en el 462 a. C., las IV (muy larga y hermosa) y V Píticas para Arcesilao, rey de Cirene; en el 460 a. C., la VIII Olímpica, y poco más tarde la VIII Nemeas; en el 458 a. C., la I ístmica y el IV Peán; en el 456 a. C., probablemente la VII ístmica; en el 456 y 452 a. C., las V (posiblemente no auténtica) y IV Olímpicas, ambas para Psaumis de Camarina; la XI Nemeas y la VIII Pítica son las últimas odas pindáricas que conocemos.

Se cuenta que Pindaro murió a los 80 a. en Argos y fue sepultado en el hipódromo de Tebas. 

Píndaro ha sido con razón considerado siempre como el más insigne de los poetas griegos; muy utilizado por la tragedia, lírica posterior y escritores alejandrinos, fue luego calificado de incomparable por Horacio, quien, no obstante, como otros autores latinos, se inspiró en él como fuente y modelo. Desde el Renacimiento, su gran fama le ha mantenido invariablemente en primer plano de alabanzas e imitaciones.

Carlos Fuentes, en 1994 al recibir el Premio Príncipe de Asturias se expresó así: “Pindaro, el gran poeta helénico del siglo VI antes de Cristo, nos dejó un canto coral a los vencedores olímpicos en el que se premiaba, conjuntamente, a los deportistas, a los músicos, a los poetas y a los estadistas. Virtud, valentía, fuerza y justicia, el uso moderado del poder y la gloria que todo ello otorga, son los laureles que Píndaro atribuye a los vencedores de las primeras olimpiadas...”.

Julio Valle Castillo en su excelente y documentado estudio, "Las humanidades en la poesía nicaragüense",  enseña como los mejores poetas nicaraguenses, desde Darío hasta la generación de los que nacieron hace cincuenta o sesenta años, se nutrieron de los clásicos. Dice Julio de Salomón: “ el nicaragüense se funde con Píndaro, experimentando una asociación que llega hasta lo fisonómico” -y cita de la Evocación de Píndaro:

Estaba entonces Píndaro
de corta barba rubia, bien cerrada,
y de mirada azul y gruesos labios pálidos,
y de ancha espalda)
en madurez de juventud, ya cerca
de los treinta años, los mejores de la época
para soldado.

 

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