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DEVENIR MARTA
A lacios oropeles enyedrada la
toga que flaneando las ligas, las ampula para que flote en el
deambuleo la ceniza, impregnando de lanas la atmósfera cerrada y fría
del boudoir.
A través de los años, esa lívida
mujereidad enroscándose, bizca, en laberintos de maquillaje, el
velador de los aduares incendiaba al volcarse la arena, vacilar
en un trazo que sutil cubriese
las hendiduras del revoque y, más abajo, ligas, lilas, revuelo
de la mampostería por la presión ceñida y fina que al ajustar
los valles microscópicos del tul
sofocase las riendas del calambre, irguiendo levemente el pezcuello que tornando mujer se echa al diván
FUENTE:
"Hule", 1989 |