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AGUAS AÉREAS
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Néstor
Perlongher, en Aguas aéreas, accede a la visión del
Amazonas desde el cielo de su ojo delicadísimo, punto de
calma en un sonambulismo atormentador. [...] La reverencia
orante donde la identidad está perdida - su aceptación del
borde que no termina, su pulsante expansión. La
minuciosidad de artificio que refina para desnudar, que
alude para convocar, que aletarga, letánica, a la mente
pero no a la conciencia, que despeja los ojos de tanta
mirada ajena. Aguas aéreas, corazón del follaje. El
pulsar continuo de la mata, del rapto. La llama viva del
cuerpo de carne y de vacío: en esa doble alegría, se
revela el acceso. Algo que aparece en las nubes, entre las
ramas titilantes, en los juegos cambiantes del lenguaje
escrito, del habla enmascarada, del balbuceo sin traducción
que es un recorrido siempre oblicuo y siempre central.
Reynaldo Jiménez
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In:
PERLONGHER, Néstor. Aguas aéreas.
Buenos Aires, Ultimo Reino, 1991
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I
RECIO EL EMBARQUE,
airado aedo
riza u ondula noctilucas
iridiscencias enhebrando
en el etéreo sulfilar:
un
trazo
(deleble
persistencia)
en
el enroque de los magmas
en
el cuadriculado del mantel
-mental,
la sala
de
entrecasa (arte kitsch)
compostelaba
medianías
en
el corset de voile, leve y violado.
Pero
los voladitos
de
los encajes del mantel urdían
más
que un texto una forma, una figura...
Boreal o suave, sus
caireles
no dejaban de iluminar los resbalosos
voleos del minué, por las baldosas: uña
desprendida y procaz, arañando sus pases
el inane, traslúcido volar.
Por espejismos de
piel viva
en el tirón de las mucosas
los rasgueos de la uña
elevaban las cántigas
al cielorraso hueco, sublunar.
*
Recio el cantor, bruñidas
las guedejas,
dejo de mambo inflige al modular
intensidades en el cieno,
plástica
porosidad de la materia espesa.
En el dejo un espasmo
contorsionaba los ligámenes
y transmitía a los encajes
la untuosidad del nylon
rayándolos
en una delicada precipitación.
II
TITILAR DE EBONITA,
las lilas de la cruz
liman del clavo la turgencia áspera
o paspan el derrame del rosario
por la puntilla del mantel.
Acaireladas
convulsiones, si la medusa pincha al pez, tremola
en el remolineo la flotación de un cántico, de un cántaro.
Cantarolan por darle
al óleo cenagoso
la consistencia de un velo de noche, por hurtarle
al dios de la floresta la niñez de un escándalo
u otorgarle a la red de iridiscencias pasajeras (tiemblan)
la levedad de un giro en el espacio.
Patrulla el
desternillar del álamo veloz la ceremonia
al tiempo que lo desboca con incrustes de strass o
lentejuela móvil
que rayan la película devenida traslúcida.
La huída de los
cormoranes
y en su lugar las mansas gaviotas del deseo,
el vértigo de los meollos
asombrillando el pajarear.
¿Adónde se sale
cuando no se está?
¿Adónde se está cuando se sale?
Al lado, o de
repente, la musiquilla se aproxima
y avisa que las huellas se hacen barro en la disolución del
filafil,
entonces de un tirón se restablece la rigidez de la rodilla
(trémula)
y el pico de la flor abre en el témpano la cicatriz de un pámpano
rajando
los valles de la
misa, los alvéolos
de eso que por ser misa hubo de echarle azogue al ánade,
una mano de espejo a la destreza.
X
DIAMANTE
Rascacielo almendror
cuyos cimientos
por caños cañerías ventanolas corpúsculos y baños
van a dar al gran Lago de los Seres,
los
Entes
ENTES
FIJOS
PREFIJOS
Prefijada su estela,
su cascada
si manes a la hiedra
zambullen, una luz
riza las torvas ondas
Erizos
Aguas vivas
Caperuzas
cartilaginosas
para los maquilleos de las orlas
Sirenas de celofán
en los agujeros de la red,
medio cuerpo de náyade
en el tecnicolor de espumas
cuyas salpicaduras esparcían
un arco de partículas de polvos
y burbujas, arco azul
al
compás
de tironeos de tendón y sincopadas catalepsias
caídas de la presión
vaho azulosos en el
rodar al vuelo
en el vaivén febril estos títeres rítmicos
o
mixtos
implantan su cabellera en el cristal
de nube, crepúsculo vacío
de temblorosa iridiscencia
volúmenes de brillo
deslizando sus aspas
por jardines de limo.
ERA EL CRISTAL
LAS MIL FACETAS DEL CRISTAL
LOS BRILLOS RITMICOS
LOS HIMNOS
CELEBRATORIOS
DE UNA
ANUNCIACIÓN
CALEDOSCOPIO
FRENESI
ESMALTADO
XXII
Este en selva inconstante pino alado
Conde de Villamediana
ASCESIS FORESTAL:
el
agua sólo como excusa o cauce para el entron- camiento del
tronco en el ramaje, sutileza fluvial, el fluir de la canoa
por el divertimiento de las ramas, haciéndole de concha al
sibilante
estuche, chispas de borravino nacían del encuentro amoroso
del codo
de la piragua con el nudo del árbol adamado, inclinado a
enguantar o
feminar sus redes, al otro lado del arroyo, envuelto,
vegetales que
entraban en el agua, un devenir ácueo del palo,
navegan
en el bosque.
XXIX
EL CIRCUITO DE OCELOS
el estanque encantado
conmueve tenuemente con la finura de una
anguila del aire
vermes de rosicler urdiendo bajo el césped
un laberinto de relámpagos.
XXXIV
ATRAIA EL PEZ HOMBRE a la dama amazónica que arrojábase rauda
a lo más hondo de sí de esos sonidos (olifán almizclado)
que envolvían
los pliegues de la falda y los tirabuzones de los aros y los
brazos sobre
todo los brazos desnudos de esos delfines lisos que la
halaban acari- ciantemente distraída traída por los
espiralados torbellinos echada sin
pensarlo a las mareas del légamo del río que contento por
devorarla
una orla multicolor alzaba en las orillas de la selva.
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