Carlos Pellicer Cámara, oriundo de San
Juan Bautista (actual
Villahermosa) capital del estado de Tabasco, nació en el año de 1897.
Fueron sus padres
Carlos Pellicer Marchena, de oficio farmacéutico, y Delfina
Cámara, a quién admiró por su gran carácter, su simpatía, pero
sobre todo por su gran amor al prójimo; influyendo en su vida
poética, le enseñó las primeras letras, a leer versos y a
ejercer una preocupación social.
Pellicer
inició sus estudios de primaria en la escuela "Daría González", su
dedicación a la poesía fue desde temprana edad. En 1909 por
situaciones políticas que vivía Villahermosa, su padre se enlistó
en el ejército constitucionalista, por lo que él y su madre se
trasladaron a vivir a la ciudad de Campeche, por lo precario de su
economía tuvo que trabajar y vender dulces que elaboraba su madre,
allí empezó a escribir sus primeros sonetos.
Poeta por meritos propios perteneció a una generación de intelectuales
mexicanos que adoptaron el nombre de “Los contemporáneos” . Le corresponde
a estos haber aportado, desde Latinoamérica, un estilo literario de
vanguardia. Hecho nada desdeñable si consideramos que esta área geográfica
se ha caracterizado por adoptar con facilidad las corrientes extranjeras.
Por tanto Pellicer no era solo un gran poeta sino un innovador.
Esto se
debe, tal vez, al hecho de haber vivido su infancia y juventud en los
inicios del vertiginoso siglo XX. La revolución mexicana lo contagia de su
ímpetu. Los aviones lo hacen soñar con ser piloto civil. Quizá por esto su
poesía pretende ser moderna como un aeroplano. Desde muy temprana edad
descubre su vena poética y la convicción de llegar a ser alguien
importante.
Carlos Pellicer es el primer poeta
realmente moderno que se da en México. No insurge contra el Modernismo: lo
incorpora a la vanguardia, toma de esta y otras corrientes aquello útil para
decir lo que quiere decir. Cuando muchos de los "Contemporáneos" exploraban los
desiertos de la conciencia, Pellicer redescubrió la hermosura del mundo: el sol
que arde sobre los ríos vegetales del trópico, el mar que a cada instante llega
por vez primera a la playa. Sus palabras quieren reordenar la creación. Y en ese
"trópico entrañable" los elementos se concilian: la tierra, el aire, el agua, el
fuego le permiten mirar "en carne viva la belleza de Dios". Mágica y en continua
metamorfosis, su poesía no es razonamiento ni prédica: es canto. Gran poeta,
Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la
poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se
resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo:
Pellicer es el mismo de principio a fin.
Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en
Colombia, a donde fue enviado por el gobierno de Venustiano Carranza.
Cofundador de la revista San-Ev-Ank (1918) y de un nuevo ateneo de
la juventud (1919).
Cuando ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria se relaciona
con intelectuales de primera línea y es nombrado agregado estudiantil para
representar a México en Colombia y Venezuela. Se desempeña con éxito y
regresa la patria pasmado por la dictadura Venezolana. Al rendir el
informe de sus actividades, ante la Federación de Estudiantes, pronuncia
un airado discurso en contra del dictador Juan Vicente Gómez, que causa un
gran tumulto.
Días después de este acontecimiento el azar hizo que se
encontrara con el maestro Caso frente a la Librería Robredo. No solo se
encontró con él sino con su destino. Le dijo: "Carlos, José Vasconcelos
quiere conocerlo a usted, la impresionado mucho las palabras suyas en
contra el dictador de Venezuela". De esta manera sería presentado con el
rector de la Universidad Nacional. El trato con el rector fue desde el
principio cordial y se siente en libertad para confiarle la precaria
situación económica en que se encuentra su casa y su imposibilidad para
continuar sus estudios. Le manifiesta su necesidad de conseguir un empleo.
De esta forma Vasconcelos le da trabajo en la Universidad, primero como
Escribiente y después asciende a oficial tercero de oficina del
Departamento Universitario y de Bellas Artes. Simultáneamente ejerce como
profesor de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria. Meses
después, cuando el rector es nombrado Secretario de Educación Publica,
ocupa un puesto en esta institución. Vasconcelos convoca a los jóvenes a
participar apasionadamente en su proyecto educativo. El cual pretendía
emular la hazaña de primeros evangelizadores, quienes consiguieron llevar
la religión católica a los mas apartados lugares. Estos nuevos misioneros
tenían la tarea de erradicar el analfabetismo de las más recónditas
rancherías y de los barrios de la capital. Para este propósito formó
grupos de voluntarios, que se lanzaron a las vecindades a dar clases.
En agosto
de 1921, junto con Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera, José Clemente
Orozco y Xavier Guerrero entre otros, fundó el Grupo Solidario del
Movimiento Obrero. Colaboró en las revistas Falange (1922-23),
Ulises (1927-28) y Contemporáneos (1928-31).
Carlos Pellicer y Daniel Cosío Villegas emplearon los sábados y domingos
para llevar a cabo la tarea de "Evangelizar" en materia de letras a los
moradores de una vecindad de Peralvillo. Una mañana, muy temprano, -cuenta
Cosío Villegas- entraron a un patio silencioso y desierto donde no parecía
existir gente alguna. El carácter tozudo del poeta lo hizo vociferar: "¡Y
bien! ¿ Que nadie vive aquí? Entonces, ¿quien riega las macetas, quien
lava los corredores, quien barre el patio?. Cuando lo primeros curiosos se
asomaron por las ventanas y algunos otros se acercaron desconcertados al
joven que vociferaba; Pellicer se transformaba de pregonero de feria en
“misionero”, les instaba a bajar para darles la “buena nueva” Les contaba
que él era poeta, recitaba sus versos, o alguno de Díaz Mirón y cuando
captaba la atención del publico, les explicaba que todo esto era gracias a
las letras.
Sacaba su pizarrón y comenzaba a explicarles los rudimentos de
la palabra escrita: les contaba de la melodía que formaban las vocales y
las consonantes para crear palabras y que a su vez estas sé unían para
crear oraciones. Cuando terminaba su explicación acordaban el día y la
hora se verían para continuar las clases. Atrajo mucha gente; las cuales
se dividieron en dos grupos uno de los cuales atendía Daniel Cosío
Villegas.
La transformación educativa iniciada por Vasconcelos
tuvo
frutos. En 1921 cuando había tomado a su cargo la Secretaría de Educación
Publica solo había 8 mil 171 escuelas, 17 mil 206 maestros y 679 mil 897
alumnos, con un presupuesto de 2 millones 218 mil pesos. En 1924 deja un
presupuesto de 52 millones 363 mil pesos y también 13.487 escuelas, 26.065 maestros y
1.049.539 alumnos. Efectivamente, como el
lector puede percibir, logró un éxito inusitado en un país de analfabetas
y fanáticos religiosos.
MAESTRO DE LA ESCUELA SECUNDARIA NUMERO 4
Años después debido a una invitación que le hiciera el poeta
argentino José Ingenieros para visitar París y con la ayuda de una beca
para estudiar museografía en la Sorbona, Pellicer vive en Europa durante
poco mas de tres años.
Terminado su “sueño europeo” retorna a México tan
solo para unirse a la campaña presidencial de Lic. José Vasconcelos. Al
igual que a su llegada de Sudamérica, se encontró con una juventud pujante
e irreverente. Regresó para formar parte de la efervescencia llamada
Vasconcelismo. Los hechos se dieron simultáneamente, por una parte su beca
no se postergó por mas tiempo, mientras tanto en el mes de Marzo de 1929
José Vasconcelos era nombrado en Celaya, Guanajuato, candidato oficial por
el Partido Antireeleccionista.
El 17 noviembre de 1929 día de las
elecciones, las calles y los campos de México se llenan de sangre se habla
de 9 muertos y de 17 heridos. Las balas encuentran refugio en los cuerpos
de manifestantes en Tampico, Córdova Veracruz, en Guaymas y en Tuxpan. Los
soldados corren con las urnas. Los camiones del gobierno llegan repletos
de acarreados, ese día un periódico de los Estados Unidos dice que ha
triunfado el candidato oficial por un margen de un millón de votos.
Vasconcelos va a Guaymas perseguido por el ejercito y la policía. Lo
persigue también un enviado del gobierno de los Estados Unidos para
ofrecerle, a cambio de reconocerse derrotado, la rectoría de la UNAM. No
acepta y hace llegar la noticia a todos sus seguidores de que se escondan.
Al día siguiente son apresados miles de Vasconcelistas. Pellicer no
escucha recomendaciones y pretende continuar su vida normal. Su desatino
propicia que lo detengan, una tarde, cuando se disponía a salir de casa,
para dar su paseo acostumbrado de las Lomas a los Remedios.
Las gestiones de su familia y amigos consiguen su libertad en breve
tiempo. No fue fácil reiniciar la vida, abandonó la prisión para sumirse
en una cárcel de libertad: "Que se cierre esa puerta que no me deja estar
a solas con tus besos." Así, escribiendo versos, comenzaba su exilio en su
propia patria, pero no era la única puerta que rondaba en sus soledades,
todas las entradas estaban cerradas. Era un poeta marcado por causa de su
militancia Vasconcelista. Después de abandonar la crujía siguió sufriendo.
La pobreza lo había seguido silenciosa toda la vida y sin embargo hasta
ese momento no le había hecho un poema a la miseria, nunca se quejó, solo
ahora, lamentaba que sus padres tuvieran que sufragarle dinero para el
tranvía.
A principios de 1931 el maleficio de la prisión y el desempleo se
disipan, publica: "5 POEMAS" y consigue ingresar como profesor de Historia
de México, Historia Universal y Literatura Castellana en la Escuela
Secundaria Número Cuatro. Que aves migratorias regían sus pasos que tenían
la costumbre de desandar. Un soplo misterioso hinchó las velas de su barco
imaginario y amaneció de nuevo en la misma rivera. La Rivera de San Cosme
de Santa María la Rivera. Por un extraño sortilegio retorno a la "Casa de
los Mascarones" donde había estudiado a principios de siglo. No le era
desconocido el oficio de maestro; pertenecía a la generación que forjó el
Lic. José Vasconcelos.
Lejos quedaban ya los días en que impartía clases
en las vecindades como parte del programa educativo que pretendía llevar
el "evangelio" de la alfabetización hasta los más remotos rincones del
país. Distante también fenecía en sus recuerdos las clases de Literatura
en la Escuela nacional Preparatoria a su regreso de Sudamérica. Ahora la
cuestión era diferente ejercería el magisterio durante veinte años. El
poeta Octavio Paz nos da la primera referencia para hablar del maestro
Pellicer:
“Al primero que traté fue a Carlos Pellicer. Era nuestro profesor
de literatura hispanoamericana en 1931. A él le debo haber leído con
devoción a Leopoldo Lugones y a otros poetas sudamericanos...Los relatos
exaltados y pintorescos de sus viajes por América del Sur, Europa y
Cercano Oriente, me abrieron los ojos y la sensibilidad. El mundo natural
y el del arte, ríos y valles, templos y estatuas, volcanes y catedrales,
desiertos y ruinas entraron por mis ojos y mis orejas con un rumor que no
es exagerado llamar luminoso” Caminaba junto a sus alumnos por las calles
de la ciudad; portaba traje y corbata. (En aquel entonces aun era muy
vanidoso y le gustaba vestir elegante. Hacía el final de su vida se
despojo de cierta frivolidad.) Ocultaba su calvicie con un sombrero y sus
ojos con lentes oscuros. Ahora eran los jóvenes quienes podían decir que
eran alumnos de Carlos Pellicer. Los estantes que resguardan los objetos
inútiles, que no sirven para engalanar las salas, se llenaron con la nieve
de los guises que desgastó en los pizarrones. Las cajas amontonadas se
desbordaron con los cabellos que nunca recobró. Y al igual que su “amigo”
Leonardo da Vinci buena parte de su obra es efímera. El primero derrochó
su talento en decorar foros teatrales u organizar carnavales. Pellicer,
por su parte, cubre un gran vacío de sus horas con sus intrincados
nacimientos. Muchos de estos son deslumbrantes: juega con los puertos del
mundo y los pueblos de todos los tiempos. Busca en sus viajes al interior
de la república no solo "cosillas" para el nacimiento sino también arte
prehispánico olvidado.
Intentando recuperar lo que se perdió con la conquista recopila
figuras e idolillos que inundan el desván y la recamara. En 1932, durante
el primer ciclo, de la primera temporada del Teatro Orientación Pellicer
prueba suerte en las “tablas” y debuta como actor dramático. Actuó en la
obra “George Dandin” con el papel protagónico. Su participación fue
desastrosa pues marco su debut y despedida. Uno de sus mejores pasatiempos
era visitar a los libreros que se apostaban en las banquetas de las calles
de Tacuba. Los hijos de uno de estos comerciantes habían sido sus
condiscípulos en la Escuela Nacional Preparatoria y ahora eran activos
proveedores de su antiguo compañero de escuela. Por otra parte continuaba
impartiendo clases a los alumnos del tercer grado. Cuando comenzaban los
cursos les indicaba cual era el programa a desarrollar y lo cumplía con
puntualidad. Aun que no era un maestro autoritario hacía guardar el orden.
Al igual que en los años anteriores comenzó el primer día de clases del
año 1934 hablándole a sus alumnos de la cultura Griega. Les hacía notar su
influencia en nuestra cultura y la forma en que el periodo Renacentista
tuvo que volver sus ojos a los conocimientos de los intelectuales Jónicos
como la única base para derruir el moho de la escolástica. Sus comentarios
causaron una profunda huella en su alumno Pedro Ramírez Vázquez quien se
mostró muy interesado en el tema.
En una entrevista realizada en la ciudad
de México comentó: "No hablaba de Grecia como una sucesión de fechas y
héroes si no se refería a la vida cotidiana de las personas". También les
preguntó si alguien había leído la Iliada y Pedro levantó la mano.
Pellicer un tanto incrédulo le pidió que le dijera de que se trataba esta
obra literaria. El joven estudiante le refirió el pasaje del Caballo de
Troya. En realidad su alumno le mintió a medias, había leído la Iliada
pero no el texto de Homero si no una versión resumida impresa en España,
que se podía adquirir en la calle de Tacuba. Así mismo se enteró que su
joven discípulo era hijo de su amigo librero. El aspecto relevante de sus
clases era la combinación que hacia entre los sucesos trascendentales y la
"pequeña historia", refiriéndose a los diferentes estratos sociales y sus
formas de vida.
El Alarde de Pedro le valió convertirse en el "amanuense"
del maestro: encargado de la lista y borrar el pizarrón. A manera de
moraleja Pellicer concluía su clase recitando un fragmento de algún versos
referente al tema que exponía. Después sus alumnos emigraban a otro salón
para tomar otras asignaturas. El aula se extendía cuando llevaba a su
alumnos a visitar inmuebles del centro de la ciudad, principalmente
iglesias. Esta practica le servia de base para contar anécdotas históricas
al rededor de obras arquitectónicas, era consciente de que eran documentos
del tiempo que paso y que cumplían con su cometido de comunicar y de
contarnos la historia. 
Sus platicas frecuentemente versaban sobre el
Vasconcelismo y la huella indeleble que había dejado en la cultura
mexicana. Solía decir "Sí los muralistas tenían una personalidad tan
imponente como sería Vasconcelos que había podido reunir a su alrededor
intelectuales de primera línea." También organizaba excursiones
principalmente a zonas arqueológicas. Visitaban Tenayuca, en Santa
Cecilia, para observar los restos de una pirámide y el templo católico
adyacente. En otras ocasiones iban a Teothiucan y Acolman. Su sobrino
Carlos Pellicer López evoca que en las visitas a Tezcutzingo, donde se
encuentran los restos del jardín de Nezahulcoyotl, les pedía a su alumnos
que hicieran dibujos.
Por su parte Pedro Ramírez Vázquez recuerda aquellos tiempos de la
siguiente manera: .... No era consciente del maestro que tenia, nunca me
percate si cultivaba amistad con otros profesores, ni recuerdo los versos
que recitaba al final de su exposición, pero no olvido el ultimo día de
cursos que fue muy importante en mi formación. De igual manera que el
primer día de clases nos volvió a hablar de los griegos particularmente de
la Acrópolis y el Partenón. Hablo de la urbanización de la ciudad como un
concepto dirigido a la convivencia de la gente. Los griegos concebían la
arquitectura para crear sitios en los que pudieran habitar los diferentes
estratos sociales. Contaban con el Ágora donde concurrían los artistas y
con anfiteatros donde se llevaban a cabo asambleas. Cuando concluyo la
clase me acerque y le hice saber que había puesto frente a mi un mundo que
no imaginaba. Entonces me invitó a su casa de las Lomas. Lo vi en el
despacho que era la habitación mas grande. Estaba repleta de libros en
desorden, muchos adquiridos seguramente en la calle de los libreros. Ahí
me habló de la arquitectura francesa refiriéndose especialmente a la
catedral de Notredame. De igual manera externo sus conocimientos referentes
al arte alemán y a la arquitectura gótica. Me reveló que las Iglesias
góticas basaban sus arquitectura en sus grandes arcos oblicuos soportados
por los arcos pequeños a sus costados. Me hizo notar el uso de la
tecnología a través de los tiempos y de la importancia de los vitrales
como un medio de comunicación. Entonces le dije que mi familia era de
abogados pero que después de aquellas platicas yo quería ser arquitecto...
La forma de impartir los conocimientos de manera integral hacía despertar
las inquietudes de sus alumnos. Al Joven Pedro Ramírez Vázquez lo condujo
a la arquitectura; disciplina que no le atraía al ingresar a la
secundaria. Seguramente muchos otros de sus pupilos encontraron en la
conversación erudita del Poeta de América su vocación. El maestro Pellicer
continuo dando clases durante los siguientes años. Y desde su salón vio
llegar la década de los cuarentas. Para muchos de los que vivieron en
aquellos tiempos serán siempre los años de la guerra.
En el año lectivo de
1940 ingresa a su cátedra el joven Manuel Fierro quien a la postre seria
su medico de cabecera. En una entrevista que le realicé en la ciudad de
México rememoró así los tiempos de estudiante: Sus clases eran un
verdadero poema de la historia. Era una clase maravillosa. No creo que
haya habido en México alguien capaz de enseñar la historia sin fechas. El
primer día de clases se bajo del estrado agarró un gis y nos dijo; si
ustedes quieren aprender historia tienen que sujetarse a este esquema;
entonces puso la siguiente ecuación: Materia + Memoria + voluntad de deseo
= HISTORIA. Fue lo único que escribió en el pizarrón durante todo el año.
El se limitaba a narrarnos, nos habló de Alfred Deneguer, el que separó
los continentes y de Osvald Espengler quien realizó estudios sobre la
historia de oriente y occidente. Todos los historiadores de la época
fueron mencionados por el maestro Pellicer, estaba muy actualizado. Fueron
tan vividas sus elocuciones que, años después, cuando fui a Europa por
primera vez le hable por teléfono y le dije que nada de lo que vi se me
hizo desconocido, todo nos lo había descrito perfectamente. El muy modesto
me respondió “no seas hablador”. Él me dejó de enseñanza la apertura de
nuestro espíritu y nuestra razón para conocer la historia del mundo y de
México. Nos habló del mundo pero México era su referencia.
Tenía muy buen
sentido del humor, baste para esto dos anécdotas, en cierta ocasión nos
dejó hacer un mapa de Grecia, yo por fastidiar le pregunte “de que tamaño”
y el respondió “de tamaño natural...idiota”. Nos dimos cuenta desde el
primer día de clases que era de gesto adusto, nos quería hacer creer que
era muy enérgico pero aceptaba bromas. En otra ocasión un compañero de
apellido Esquível, al que no volví a ver después de la secundaría, era un
tipo brillantísimo para dibujar y durante la clase se puso a hacer una
caricatura del maestro Pellicer. Lo dibujó desnudo, con los brazos
levantados en “U”, una hoja de parra en “noble sea la parte” y una
aureola. Claro como sabía dibujar quedo muy bien. Lo hicimos circular de
escritorio en escritorio hasta que llegó a manos del maestro. Lo vio; puso
la cara adusta y comenzó a reírse teatralmente. Admiró el dibujo y le dijo
“Lárgate tienes diez”. Después lo guardó, se quedó con él“.
EL MUSEÓGRAFO.
Pellicer abandonó el oficio de maestro por una poderosa razón:
organizar museos. Pero la huella que dejo en sus alumnos fue indeleble.
Siguió siendo frecuentando por sus pupilos y muchos de ellos alcanzaron
lugares prominentes dentro de la sociedad. Ángel Fernández, por ejemplo,
se destacó como cronista deportivo. Y aun que se refiere a él como un
maestro muy mal hablado no disimula su admiración. Interpretar el lenguaje
de las cosas, descifrar el código arcaico de los paisajes y aprender de
los surcos milenarios de las piedras fueron tareas cotidianas del
museógrafo Carlos Pellicer. Invento y reinvento a su manera el guión
museográfico. Como pionero de esta disciplina muchos se han asomado a su
estudio y han tenido que poner en practica su mas significativa enseñanza:
“Las cosas por si mismas manejan su propia retórica y su elocuencia es su
patrimonio intrínseco.”
Es miembro de la
Academia Mexicana de la Lengua desde 1953
Pellicer opinaba de su actividad museográfica lo
siguiente: “cuando hago un museo y los he hecho siempre solo; todos los
errores son míos, y si hay aciertos también son míos. Estoy más cerca de
la lógica y el orden a través del tacto moviendo o movilizando objetos,
que manejando las palabras. Para mí hombre confundido con la tierra, las
palabras son demasiado volátiles: se me escapan de las manos. En la
organización de museos es donde me encuentro con menos obstáculos, con
mayor posibilidad de ejercer, de establecer el orden”. 
Desvinculado de su
actividad docente y huyendo de los recuerdos de la madre fallecida; inicia
con pasión su obra museográfica. Para este efecto entabla platicas con el
gobernador de Tabasco con el fin de organizar la reestructuración del
Museo de Tabasco. Comienza a trabajar hasta el año siguiente. Trasformar
el anticuado museo le lleva todo el año y el siguiente. Tiempo durante el
cual organiza doce salas de exhibición. La sala que alberga los códices
mayas la dedica a Lord Kingborough, que muere en prisión y en la miseria,
por los compromisos contraídos para publicar en su patria, códices
indígenas mexicanos. (anécdota referida por el Dr. Fierro) Proyecta
también un auditorio, una oficina, una biblioteca y una sala de
exhibiciones temporales. Para poder realizar este proyecto tuvo que viajar
constantemente a Villahermosa. Como no tenia donde vivir colocó en el vano
de la escalera, del propio museo, una cama y una caja de madera que hacia
las veces de guarda ropa. El vano de la escalera era preservado de la
mirada de los visitantes al museo por un triplay de madera. En este lugar
paso largas horas el pionero de la museografía mexicana.
El 17 de septiembre de 1964 (el año en que le fue otorgado el
Premio Nacional de Literatura) su antiguo pupilo de la secundaria Nº 4
el ahora Arq. Pedro Ramírez Vázquez inauguraba el Museo Nacional de
Antropología e Historia en la ciudad de México. En una entrevista
realizada con motivo de esta biografía declaró: "Para elaborar el guión
museográfico tuvimos que remitirnos a la historia de los museógrafos
mexicanos y por su puesto seguimos las huellas del maestro Pellicer. De
manera personal nos ayudo bastante como experto en piezas arqueológicas.
El día de la inauguración estuvo presente, sentado a mi lado, me comentó
que lo que más le había gustado eran las maquetas que recreaban la vida
cotidiana".
El Doctor Manuel Fierro recuerda al respecto: “El y yo
visitamos casi un año seguido el Museo de Antropología en construcción. El
día anterior a la inauguración, que era un tiradero, estábamos caminando
entre piedras y tablas. No estaba realizando ninguna tarea especifica lo
hacía por gusto y lo consultaban para algunas cosas”. Pedro Ramírez
Vázquez por su parte tuvo la oportunidad de colaborar con su maestro en
etapas posteriores del museo regional de Tabasco a orillas del río
Grijalva. "El maestro vivía en el vano de escalera del museo, cuando lo
visitaba hablábamos esencialmente de trabajo".
Su sobrino Carlos Pellicer
López recuerda el sitio insólito: "Cuando viajaba a Tabasco vivía en el
museo del estado que él mismo diseñó. Habitaba en el vano de la escalera,
para disimular el canto posterior de los escalones puso un cielo raso y
escribió un poema de Rubén Darío. El lugar media 3 metros de largo y 1.30
de anchura. En él había una cama y una caja de madera con bisagras que
servia de cómoda. Por lo tanto para sus necesidades fisiológicas usaba el
baño del museo". Su espíritu franciscano es parte de la respuesta a la
actitud estoica que lo llevaba a aquel rincón. La otra es la estrechez
económica que nunca lo abandono. 
En la casa museo Carlos Pellicer hay una
reproducción de esta escalera y en el ambiente flota uno de sus versos:
"Esta barca sin remos es la mía". Ese mismo año el Dr. Manuel Fierro
coordina el Congreso Mundial de Cardiología he invita a su antiguo
profesor de historia a escribir unas líneas a cerca del significado del
corazón en la cosmovisión prehispánica. Su disertación aparece publicada
en el diario del congreso y es profundamente pellicereana. A continuación
presento el siguiente texto inédito en cualquier antología del poeta:
El CORAZÓN, ALIMENTO DEL SOL
Alimentar al sol, fuente de vida, origen de inmensidad, imagen
misma de la luz, foco de energía cósmica. El sol sin el cual la vida
terrestre es imposible, alimentar al sol fue obligación sagrada de los
antiguos mexicanos. Si él nos da la vida por que no dársela también a él?
Si en nuestra sangre hay elementos solares, alimentemos con nuestra sangre
al sol. Lo del agua al agua. Lo del sol al sol. En un disco hallado en el
pozo mayor de CHI-CHEN-ITZA y en un bajo relieve de Tajin miramos con
precisión la escena del sacrificio humano: Abriendo el pecho con el
cuchillo de obsidiana o pedernal, el sacerdote extraía el corazón de la
victima y lo colocaba en un recipiente para eso. En un rayo de sol, la
sangre humana, hija de luz viajara imperceptiblemente a las entrañas
mismas del sol. Esta tremenda cardiología tuvo así un hondo sentido. Y
esto que a nosotros nos resulta intolerable, fue un acto de suprema
gratitud para un pueblo que adoró la flor como nadie la a adorado. (ay!
pero Hiroshima y Nagazaki). El corazón distribuidor perfecto, tuvo para
los antiguos mexicanos el sagrado objeto que acabamos de anotar y
Cuatlicue, Diosa de la tierra y devoradora de hombres aparece, en la
estupenda escultura Azteca del museo nacional adornada con un collar
insertado de manos, corazones y en el centro la calavera. Entre las manos
que trabajan esta el corazón que les da vida.
Su amistad con sus ex alumnos lo siguió durante toda su vida por
ejemplo: en 1972 realiza uno de sus últimos viajes. El pretexto se lo
proporcionó su amigo el Dr. Fierro que en aquel entonces organizaba
conferencias medicas promovidas por un laboratorio farmacéutico. El objeto
era estrechar lazos entre las comunidades medicas del territorio nacional.
En esa ocasión se decidió viajar a la península de Baja California con un
grupo de médicos destacados, entre ellos el Alergólogo Mario Salazar
Mallen e invitados especiales de otras disciplinas. De esta forma invita
al poeta tabasqueño para que imparta conferencias de historia de México en
general y a Miguel León Portilla para que hable de la historia de la Baja
California. Durante el viaje Miguel León Portilla demostró tener amplios
conocimientos sobre el tema al grado que el Dr. Fierro le otorgó el
“grado” de “Virrey de la Baja California”.
Visitaron a la Sociedad Medica
de Tijuana y la Sociedad Medica de la Paz lo que los obligo a recorrer de
punta a punta la península. Viajaron en una camioneta en la que
recorrieron la ortografía zigzagueante de la recién inaugurada carretera
transpeninsular. Esta serpenteante arquitectura les permitía el lujo de
comer un día frente al océano Pacifico y otro de cara al golfo de Cortes.
Cuando cruzaron el paralelo 18 iban a la posada de San Javier ubicada
cerca del cañón del mismo nombre. La surte quiso que la camioneta se
averiara y esto los colocó frente al paisaje subyugante del desierto. A
unos cuantos pasos se encontraba un “bosque” de cactáceas y piedras
milenarias. Pellicer aprovecho para hacer los apuntes que a la postre se
convertirían en su poema “Dulce canto del desierto” .
En
1976 fue elegido senador de la República por el PRI.
LAS PALABRAS QUE NO MUEREN
Carlos
Pellicer Cámara falleció a la edad de 80 años en la ciudad de México
el 16 de febrero de 1977, y sus restos descansan en la Rotonda de
los Hombres Ilustres.
La mejor enseñaza que dejo Pellicer fue su voluntad por trascender,
el cariño y el respeto que le profesaron sus alumnos y las coordenadas que
muchos buscan en sus versos para entender la realidad. Durante el 1er.
informe de gobierno del Presidente fox. La senadora Beatriz Paredes citó
al poeta durante su elocución.
La oportunidad existe; también, el riesgo. dependerá de
imaginación, consistencia y valor. Dependerá en fin, de nuestro amor a
México. Creo, con Carlos Pellicer:
La patria necesita de aquellos hombres que le hagan ver la tarde
sin tristeza. Hay tanto y lo que hay es para pocos. Se olvida que la
patria es para todos. Si el genio y la belleza entre nosotros fue tanto y
natural, que el recuerdo del hombre de otros días nos comprometa para ser
mejores. La patria debe ser nuestra alegría y no nuestra vergüenza por
culpa de nosotros. Es difícil ser buenos. Hay que ser héroes de nosotros
mismos.
Sirvan estas palabras para concluir este articulo y como homenaje
al poeta de América en el 104 aniversario de su nacimiento.
L. C. JESÚS BELTRÁN PAZ / México D.F. 8 de Febrero del año 2002.
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