1871 - 1922

 


 

PROUST de Edmund White

por María Castro

 

Una vida breve de Proust, indicada especialmente para aquellos lectores que deseen adentrarse en la vida de uno de los grandes genios del siglo XX pero sin tener que buscar la iluminación entre innumerables detalles triviales.

 

Nos encontramos ante una biografía ideal para todas aquellas personas no demasiado aficionadas al género biográfico pero que al mismo tiempo no son capaces de leer en el vacío, es decir, de emprender la lectura de una obra sin tener algunos referentes mínimos acerca de su autor. Desde mi punto de vista, una de las nada desdeñables Portada de Proust de Edmund White ventajas de leer a un escritor muerto es la imposibilidad de encontrarte con una declaración suya en el periódico del día siguiente, por lo que la obsesión de la mayor parte de los biógrafos por descubrir detalles tan insignificantes que no te interesarían aunque tratasen de la vida de tu mejor amigo, de relacionarlo con cada acontecimiento social que se produjo a lo largo de su vida y sobre todo de descubrir las secretas obsesiones que le condujeron a utilizar el artículo indeterminado, en lugar del determinado en aquel párrafo tan significativo, suelen resultarme bastante pesadas.

Esto resulta especialmente válido en el caso de Marcel Proust que inició la redacción de su monumental obra precisamente como un alegato en forma de diálogo contra el método biográfico de Saint-Beuve, que consideraba que la obra de un escritor sólo podía ser juzgada a la luz de su vida, lo que contrariaba sobremanera a Proust, quizás porque externamente su vida era la de un diletante, obsesivamente interesado por las costumbres de la gran sociedad en una época en la que Europa se convulsionaba, en el que el sistema de clases imperante se tambaleaba y en el que una gran parte del mundo que conocía estaba llamado a sucumbir en la Primera Guerra Mundial (en el año 1918, mientras una parte de sus amigos morían en el frente Proust llegó a dar hasta tres cenas semanales en el Ritz, mientras cruzaba de punta a cabo París para obtener algún nimio detalle acerca de cualquier acontecimiento social acaecido dos décadas antes).

Sin embargo, dado que cualquiera que se proponga leer a Proust debe estar dispuesto a dedicar una gran parte de su tiempo a introducirse en su peculiar forma de ver el mundo y precisamente porque en su obra se juega constantemente con la supuestamente objetiva realidad, la percepción subjetiva de dicha realidad y su transformación individual a través de la memoria, resulta casi inevitable cierta curiosidad por la persona que estaba detrás de la asombrosa recreación social que desfila ante nuestros ojos.

Es evidente que Edmund White ha sentido la fascinación que emana de la obra Proustiana y ha querido trasladarnos esta fascinación, sin abrumarnos con todo el peso de los conocimientos e interpretaciones que sobre él se han ido acumulando con el paso de tiempo. Esta no es por tanto una exhaustiva biografía de Proust ( cuenta tan sólo con 159 páginas, esto es aproximadamente el 4% del espacio que el propio Proust utiliza en su obra para narrar los mismos acontecimientos) y todos aquellos que no compartan la opinión del primer párrafo de esta reseña probablemente la encuentren del todo insuficiente, ya que es claro que White no ha pretendido explicar nada, sino que se ha limitado a narrar someramente los acontecimientos vitales más importantes de la vida del escritor y a plantear ciertas curiosidades que no dejan de sorprender conociendo su obra.

Por ejemplo, el origen judío de su familia materna: Tanto su abuela materna, como su propia madre juegan un papel crucial en la vida del narrador de En busca del tiempo perdido y en la del propio Marcel por lo que resultan como mínimo chocantes las continuas alusiones (no precisamente favorecedoras) al judaísmo que se vierten en la obra.

Algo similar ocurre con la homosexualidad, otro de los temas claves de la obra proustiana, ya que una gran parte de los personajes que la pueblan o bien son claramente homosexuales o bien manifiestan dicha tendencia o al menos tienen alguna experiencia homosexual en el transcurso de su vida; una de las pocas excepciones la constituye precisamente el narrador de En busca del tiempo perdido. Marcel era, sin embargo y sin ningún género de dudas, homosexual él mismo y utilizó a hombres reales de los que estuvo enamorado para crear algunos de sus personajes femeninos, como en el caso de Albertine, o en la bandada de muchachas que inspiran las páginas de A la sombra de las muchachas en flor.

Precisamente, una de las cuestiones que más ha preocupado a los biógrafos de Proust es la búsqueda de los modelos reales en los que el escritor se inspiró para crear a sus diferentes personajes. Existen otros muchos temas, como su relación con la enfermedad, las conversaciones con su criada Celeste, inspiradora de la Francisca de Combray, su concepto de la amistad... Edmund White se complace en abrirnos muchas puertas que a nosotros corresponde cerrar, es nuestra elección hacerlo a través de los numerosos estudios y biografías publicadas o conformarnos con la información que el propio Proust quiso comunicarnos por medio de su obra. En todo caso el libro contiene un pequeño apéndice con una selección tanto de las mejores ediciones de En busca del tiempo perdido, como de las biografías y ensayos sobre su autor (en dicha selección figura por cierto la divertidísima "Cómo cambiar tu vida con Proust"  de Alain de Botton).

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ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO