La ruta Proust comienza en París, en el número 96 de la rue
Fontaine, en Auteuil. Allí nació Marcel un 10 de julio de 1871, en una casa ya demolida,
aunque aún se conserva una placa conmemorativa. La familia Proust vivió allí dos
años, ya que el 1 de agosto de 1873 se trasladaron al segundo piso del número 9
del Boulevard Malesherbes.
Casi 30 años pasarían en esta última, manteniendo la casa de Auteuil como
residencia secundaria su jardín quedará reflejado en su primera obra, Por
el camino de Swan.
Desde el nuevo domicilio parisino el joven Proust acudía
al parque Monceau donde conocería al primer amor de su vida, Gilberta,
a los Campos Elíseos, al Bois de Boulogne donde sufriría su primer ataque
de asma, que le marcaría para toda la vida y finalmente al liceo Condorcet,
en la rue Caumartin, que se conserva como lo reflejó Jean Beraud en el famoso
cuadro La salida del liceo Condorcet, expuesto en el museo Carnavalet.
Cabourg e Illiers son nombres fundamentales en la génesis de En busca del
tiempo perdido. En la obra serán conocidas como Balbec, la primera, y Combray,
la segunda. Años después, el Gobierno francés dispuso que la pequeña localidad
se denominara oficialmente Illiers-Combray, y así reza en los rótulos de las
carreteras que conducen a la misma.
Muchos proustianos vienen a
Illiers-Combray en peregrinación, buscando el
recuerdo vivo de la primera publicación, Por el camino de Swan, tratando de
adivinar y localizar los lugares descritos por el autor.
Proust frecuentó con
sus padres este pueblecito en su niñez, hasta los 14 años, en la época estival.
Sin embargo, cuando volvió 30 años después, se llevó una enorme decepción al ver
aquel mundo tan maravillosamente descrito antaño. Si se viaja desde París a
Illiers en tren se puede divisar en la plaine, la gran llanura verde, la torre
de la Iglesia de Saint-Jacques. "Visto desde el ferrocarril", escribe Proust,
"cuando llegábamos allí, la semana anterior a Pascua, era tan sólo la iglesia
resumiendo y representando al pueblo entero".
La estación se conserva igual que en los tiempos de
Proust, convenientemente
remozada, al igual que la avenida, aunque los tilos descritos por el escritor se
han sustituido por plátanos. Desde la plaza del Mariscal Manour, una calle que
lleva su nombre conduce a la casa donde nació el padre de Marcel, el doctor
Adrien Proust. Una placa lo recuerda. Las auténticas magdalenas de Proust, las
que compraba la tía Léonie (tía Isabel en realidad), y mojaba con su sobrino en
el té o tila, se pueden encontrar en una tienda en la plaza del Mercado. Tienen
forma de concha de peregrino desde tiempo inmemorial, ya que este pueblo se
encuentra en una de las rutas jacobeas. De ahí que también la iglesia esté
dedicada a Saint-Jacques.
Balbec.
"¿Y usted, señora, tiene ya pensado lo que van a hacer estas vacaciones?",
pregunta Monsieur Norpois a la madre de Proust en la obra A la sombra de las
muchachas en flor. "No lo sé, quizás vaya con mi hijo a Balbec...". Por vez
primera Marcel Proust se refiere a Cabourg. Mejor dicho, a cierta Cabourg,
porque Balbec también es la Bretaña, Dieppe, Douville, Trouville, Treport... Y
existe en realidad, cerca de Rouen, un pueblecito llamado Balbec.
Proust marchó por primera vez a Cabourg con su abuela, en un tren que partió
de la estación de Saint-Lazare, "uno de esos inmensos talleres de cristal..."
triste porque su madre no les acompañaba. Se alojaron en el Grand Hotel, aunque
ocuparon las habitaciones más económicas, las del último piso.
El ascensor con vistas al exterior, que conoció la mortal angustia de Proust
en la interminable ascensión, desapareció hace 20 años. En la actualidad, en el
lujoso hotel no podía faltar la Sala Marcel Proust, de 450 metros cuadrados.
También hay un restaurante, Le Balbec, y en la terraza sobre el mar un bar
llamado Du coté de chez Swan. En el hotel no hubo una, sino muchas habitaciones
ocupadas por Proust, dependiendo del estado de sus finanzas. Entre 1907 y 1914
no faltó a la cita estival.
En el último piso está la buhardilla donde el escritor se refugiaba para
escribir A la sombra de las muchachas en flor. Por los ojos de buey vislumbraba
el paseo marítimo y sobre todo el mar, el maravilloso mar, y el cielo gris,
donde "se posaba con exquisito refinamiento un leve tono rosado...".
Era esa "armonía gris y rosa", al modo de las pinturas de
Whistler, la que
Proust amaba. En el gran salón almorzaba con su abuela, en este salón que ahora
llenan congresistas y ejecutivos, y donde resuenan palabras que hablan de
marketing y estrategias de ventas, Marcel evocaba los dorados rayos de sol, "muy
diferentes a los de por la tarde, sencillos y superficiales como doradas flechas
temblorosas...".
Boda y funerales.
En 1890 la familia Proust decide cambiar de domicilio, trasladándose a la rue
de Corcelles, número 45. En la actualidad es un magnífico edificio, aunque todas
las plantas están ocupadas por oficinas comerciales. Penetrando en el gran
portal, a la derecha, el visitante se topa con una gran escalera y una bóveda
sonora, tal como lo describiera el mismo Proust.
Aquí trabajaba, en el salón comedor, por las noches, alumbrándose con una
lámpara de aceite, recibiendo a sus amistades, con nombres tan ilustres como
León Daudet, Anatole France, Madame de Noailles, Robert de Montesquieu...
ignorantes de que estaban sirviendo de modelos, de arquetipos, a unos personajes
literarios que habrían de pasar a la posteridad.
La boda de su hermano, el 2 de febrero de 1903, y la posterior muerte de su
padre, de una hemorragia cerebral, el 26 de noviembre de ese mismo año, le sumen
en profunda tristeza, que se concentra en una terrible crisis cuando su adorada
madre fallece, el 26 de septiembre de 1905. Años más tarde asegurará: "Muriendo
mamá se llevó consigo al pequeño Marcel". Y es que creyó que no podría seguir,
que no podría superar la pérdida de su madre, sin imaginar lo que después sería
capaz de conseguir en el mundo de la literatura. El 27 de diciembre de 1906, el
escritor se traslada al 102 del Boulevard Haussman. Por fuera se puede observar
que la fachada conserva la huella de una supuesta placa conmemorativa.
En cualquier caso ya no existe, y es que entre bancos, hoteles y oficinas, en
la capital francesa está desapareciendo toda traza de la existencia de Proust.
Marcel vuelve a la escritura con textos que anuncian ya su obra magistral.
Aseguran algunos críticos que el fallecimiento de su madre resultará
fundamental en el desarrollo de su obra, permitiéndole afrontar algo que con
ella hubiera sido imposible: su homosexualidad, una homosexualidad que él jamás
aceptó ni reconoció en sociedad, y que fue el gran reproche de André Gide.
Seguirán aquí, en este piso, varios años de trabajo y de crisis asmática.
El 28 de enero de 1910 el Sena inunda París y alcanza la morada que Proust
habita en un primer piso. Los trabajos de restauración le sumen en la
desesperación, y decide refugiarse en Cabourg. En 1919 afrontará el último drama
inmobiliario de su existencia: su tía vende el edificio de su piso a la Banca
Varin-Bernier, que proyecta derruirlo y construir uno nuevo. Provisionalmente se
instala en el 8 bis de la rue Laurent Pichet, situada entre la rue Pergolesi y
la famosa avenida Foch.
En este apartamento permanecerá entre los meses de junio a septiembre de
1919, y allí sí hay una placa conmemorativa que recuerda su estancia. El 1 de
octubre de ese mismo año Proust se instala en el número 44 de la rue Hamelin, en
la cuarta planta.
El 10 de diciembre le conceden el Premio Goncourt por su novela A la sombra
de las muchachas en flor, y será el inicio de su consagración, siendo invitado a
escribir en diarios y revistas de gran prestigio. Proust inicia una dramática
carrera contra el tiempo. Tiene trazado el esquema de su obra y teme que no
llegue a culminarla. El séptimo y último tomo es fundamental, porque en él, con
El tiempo recobrado, se cierra el inmenso arco de una visión personal de la
condición humana a través de una sociedad que tras la Gran Guerra se hunde y
desaparece irremisiblemente.
Ultima morada.
Marcel Proust murió el 18 de noviembre de 1922, de un absceso en los
pulmones, acompañado de su fiel sirvienta, Celeste Albaret. Más tarde ella y su
marido adquirieron un hotel en París al que bautizaron con el nombre de Hotel
d'Alsace et Lorraine, en el número 14 de la rue de Cannettes, que desemboca en
la plaza de Saint Sulpice. Ahora se llama La Perle y, desgraciadamente, no
conserva ningún recuerdo de sus antiguos dueños.
También es un hotel, el
Etoile, el que ocupa la última morada de Proust. Solamente una placa en la fachada lo recuerda.
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