1899 - 1962

 

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS  

 


Posesión luminosa

Igual que este viento, quiero
figura de mi calor
ser y, despacio, entrar
donde descanse tu cuerpo
del verano; irme acercando
hasta él sin que me vea;
llegar,, como un pulso abierto
latiendo en el aire: ser
figura del pensamiento
mío de ti, en su presencia;
abierta carne del viento,
estancia de amor en alma.

Tú -blando marfil de sueño,
nieve de carne, quietud
de palma, luna en silencio-,
sentada, dormida en medio
de tu cuarto. Y yo ir entrando
igual que un agua serena,
inundarte todo el cuerpo
hasta cubrirte y, entero
quedarme ya así por dentro,
como el aire en un farol,
viéndose temblar, luciendo,
brillar en medio de mí,
encendiéndose en mi cuerpo,
iluminando mi carne
toda ya carne de viento.


Aparente quietud

Aparente quietud ante tus ojos,
aquí, esta herida —no hay ajenos límites—,
hoy es el fiel de tu equilibrio estable.
La herida es tuya, el cuerpo en que está abierta
es tuyo, aun yerto y lívido. Ven, toca,
baja, más cerca. ¿Acaso ves tu origen
entrando por tus ojos a esta parte
contraria de la vida? ¿Qué has hallado?
¿Algo que no sea tuyo en permanencia?
Tira tu daga. Tira tus sentidos.
Dentro de ti te engendra lo que has dado,
fue tuyo y siempre es acción continua.
Esta herida es testigo: nadie ha muerto.

( De Signos del ser.)


Vega en Calma

          (Cártama, 3 de agosto)

 

Cielo gris.

Suelo rojo...

De un olivo a otro

vuela el tordo.

 

(En la tarde hay un sapo

de ceniza y de oro.)

 

Suelo gris.

Cielo rojo...

 

Quedó la luna enredada

en el olivar.

 

¡Quedó la luna olvidada! 

               ( De Tiempo)

       


 

Alba rápida

¡Pronto, de prisa, mi reino,

que seme escapa, que huye,

que se me va por las fuentes!

¡Qué luces, qué cuchilladas

sobre sus torres enciende!

Los brazos de mi corona,

¡qué ramas al cielo tienden!

¡Qué silencios tumba el alma!

¡Qué puertas cruza la Muerte!

¡Pronto, que el reino se escapa!

¡Que se derrumban mis sienes!

¡Qué remolino en mis ojos!

¡Qué galopar en mi frente!

¡Qué caballos de blancura

mi sangre en el cielo vierte!

Ya van por el viento, suben,

saltan por la luz, se pierden

sobre las aguas...

                          Ya vuelven

redondos, limpios, desnudos...

¡Qué primavera de nieve!

 

Sujetadme el cuerpo, ¡pronto!

¡que se me va, ¡que se pierde

su reino entre mis caballos!

¡que lo arrastran!, ¡que lo hieren!

¡que lo hacen pedazos, vivo,

bajo sus cascos celestes!

¡Pronto, que el reino acaba!

¡Ya se le tronchan las fuentes!

¡Ay, limpias yeguas del aire!

¡Ay, banderas de mi frente!

¡Qué galopar en mis ojos!

Ligero, el mundo amanece...

                (De Cuerpo perseguido.)

        


 

 

Canción.

 

No es lo que está roto, no,

el agua que el vaso tiene:

lo que está roto es el vaso

y, el agua, al suelo se vierte.

 

No es lo que está roto, no,

la luz que sujeta al día:

lo que está roto es el tiempo

y en la sombra se desliza.

 

No es lo que está roto, no,

la sangre que te levanta:

lo que está roto es tu cuerpo

y en el sueño te derramas.

 

No es lo que está roto, no,

la caja del pensamiento:

lo que está roto es la idea

que la lleva a lo soberbio.

 

No es lo que está roto dios,

ni el campo que Él ha creado:

lo que está roto es el hombre

que no ve a Dios en su campo.

             ( De Llanto en la sangre.)

       


 

Dormido en la hierba.

 

Todos vienen a darme consejo.

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Todos se acercan y me dicen:

- La vida se te va,

y tú te tiendes en la hierba,

bajo la luz más tenue del crepúsculo,

atento solamente

a mirar cómo nace

el temblor del lucero

o el pequeño rumor

del agua, entre los árboles.

 

Y tú te tiendes sobre la hierba:

cuando ya tus cabellos

comienzan a sentir

más cerca y fríos que nunca,

la caricia y el beso

de la mano constante

y sueño de la luna.

 

Y tú tiendes sobre la hierba:

cuando apenas si puedes

sentir en tu costado

el húmedo calor

del grano que germina

y el amargo crujir

de la rosa ya muerta.

 

Y tú te tiendes sobre la hierba:

cuando apenas si el viento

contiene su rigor,

al mirar en ruina

los muros de tu espalda,

y, el sol, ni se detiene

a levantar tu sangre del silencio.

 

Todos se acercan y me dicen:

- La vida se te va,

Tú, vienes de la orilla

donde crece el romero y la alhucema

entre la nieve y el jazmín, eternos,

y, es un mar todo espumas

lo que aquí te ha traído

por que nos hables...

Y tú te duermes sobre la hierba.

 

Todos se acercan para decirme:

- Tú duermes en la tierra

y tu corazón sangra

y sangra, gota a gota

ya sin dolor, encima de tu sueño,

como en lo más oculto

del jardín, en la noche,

ya sin olor, se muere la violeta.

Todos vienen a darme consejo,

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Sólo, si algún amigo

se acerca, y, sin pregunta

me da un abrazo entre las sombras:

lo llevo hasta asomarnos

al borde, juntos, del abismo,

y, en sus profundas aguas,

ver llorar a la luna y su reflejo,

que más tarde ha de hundirse

como piedra de oro,

bajo el otoño frío de la muerte.

           ( De Jardín secreto.)

       

 


 

 

... Un acorde de nubes,

suspende sobre el cielo

al rumor intocado

de la voz que termina.

Todo el azul, presenta

su belleza, ante el fuego

que va a nacer...

                     (¿Contemplo

a Dios?..

                ¡Vuelvo a mi alma!

            ( De Río natural.)

      


 

 

Me asomé

 

   Me asomé, lejos, a un abismo...

(Sobre el espejo que perdí he nacido.)

 

   Clavé mis manos en mis ojos...

(Manando estoy en mí desde mi rostro.)

 

   Tiré mi cuerpo, hueco, al aire...

(Abren su voz los ojos de mi sangre.)

 

   Se coaguló mi llanto en sombra...

(Carne es la luz y el nácar de mi boca.)

 

   Dentro de mí se hundió mi lengua...

(siembro en mi cielo el cuerpo de una estrella.)

 

   Se pudrió el tiempo en que habitaba...

(Brota en mi espejo un cielo de dos caras.)

 

   Huyó mi cuerpo por mi cuerpo...

(Bebo en el agua limpia de mi espejo.)

 

   ¡A mi existencia uno mi vida!

(Espejo sin cristal es mi alegría.)

            (De Circuncisión del sueño.)

     

 


 

 

- Ay, tierra, tierra: ¿quieto y en mí me pierdo?

¿en ti no quedo?..

                             - Cállate, amor:

desnudo te hundes, te alzas, y eres centro

de historia, y luz que un pájaro en mí bebe.

 

- ¡Tente, vida!

                  (De La piedra escrita.)

       


 

 

El cuerpo en el alba 

Ahora sí que ya os miro
cielo, tierra, sol, piedra,
como si viera mi propia carne.

Ya sólo me faltabais en ella
para verme completo,
hombre entero en el mundo
y padre sin semilla
de la presencia hermosa del futuro.

Antes, el alma vi nacer
y acudí a salvarla,
fiel tutor perseguido y doloroso,
pero siempre seguro
de mi mano y su aviso.

Ayudé a la hermosura
y a su felicidad,
aunque nunca dudé que traicionaba
al maestro, al discípulo,
más, si aquel daba forma
en su libertad
al pensamiento de lo bello.

Y así vistió su ropa
mi hueso madurado,
tan lleno de dolor y de negrura
como noche nublada
sin perfume de flor,
sin lluvia y sin silencio...

Solo el cumplir mi paso,
aunque por suelo tan arisco,
me daba luz y fuerza en el vivir.

Mas hoy me abrís los brazos,
cielo, tierra, sol, piedra,
igual que presentí de niño
que iba a ser la verdad bajo lo eterno.

Hoy siento que mi lengua
confunde su saliva
con la gota más tierna del rocío
y prolonga sus tactos
fuera de mí, en la hierba
o en la obscura raíz secreta y húmeda.

Miro mi pensamiento
llegarme lento como un agua,
no sé desde qué lluvia o lago
o profundas arenas
de fuentes que palpitan
bajo mi corazón ya sostenido por la roca del monte.

Hoy sí, mi piel existe,
mas no ya como límite
que antes me perseguía,
sino también como vosotros mismos,
cielo hermoso y azul,
tierra tendida...

Ya soy Todo: Unidad
de un cuerpo verdadero.
De ese cuerpo que Dios llamo su cuerpo
y hoy empieza a asentirse
a, sin muerte ni vida, como rosa en presencia constante
De su verbo acabado y en olvido
De lo que antes pensó aun sin llamarlo
Y temió ser: Demonio de la Nada.  

 


 

Invitación a la muerte 

Ven, méteme mano
por la honda vena oscura de mi carne.
Dentro, se cuajará tu brazo
con mi sombra;
se hará piedra de noche,
seca raíz de sangre...

Coagulada la fuente de mi pecho,
para pedir ayuda
subirá a mi garganta.

¡Niégasela si es vida!
¡Clávame más tu brazo!...
¡Crúzamelo!
¡Atraviésame!

Aunque me cueste el árbol de mi cuerpo,
condúceme a ti, muerte

(De Memoria de poesía)

 


 

Media noche

(Málaga, 6 de enero)

Duerme la calma en el puerto
bajo su colcha de laca,
mientras la luna en el cielo
clava sus anclas doradas.

¡Corazón,
rema!

 


 

Rincón de la sangre

Tan chico el almoraduj
y... ¡cómo huele!
Tan chico.

De noche, bajo el lucero,
tan chico el almoraduj
y, ¡cómo huele!

Y... cuando en la tarde llueve,
¡cómo huele!

Y cuando levanta el sol,
tan chico el almoraduj
¡cómo huele!

Y, ahora, que del sueño vivo
¡cómo huele,
tan chico, el almoraduj!
¡Cómo duele!...
tan chico el almoraduj
Tan chico.

 


Sueño

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Alzáronse en el cielo
los nombres confundidos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Nuestros cuerpos quedaron
frente a frente, vacíos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Entre nuestros dos cuerpos,
¡qué inolvidable abismo!

 


 

 

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO