1899 - 1962

 

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS  

 


 

Nació en Málaga en 1899. 

En 1914 se traslada a Madrid para ingresar en el Grupo de Niños de la Residencia de Estudiantes, donde conoce a Juan Ramón Jiménez, quien determinará su pronta orientación hacia la poesía. Más tarde en el grupo universitario de la Residencia forma parte del círculo de Moreno Villa, García Lorca, Dalí, Buñuel, Bello y Vicéns.

Estudió en la Institución Libre de Enseñanza y vivió en la Residencia de Estudiantes. En 1926 fundó, con su compañero Manuel Altolaguirre, la revista Litoral, que fue uno de los más importantes órganos del grupo del 27. 

Afectado por una grave enfermedad pulmonar, pasa una larga temporada en el sanatorio de Davosplatz (Suiza). Cursó estudios en las universidades alemanas de Friburgo y Berlín. De ordinario vivió en Málaga y en Madrid hasta 1936. Aunque no militó en partido alguno, se sumó durante la República a las tareas de los intelectuales revolucionarios. 

Al terminar la guerra se exilió en México, donde vivió pobremente hasta su muerte en 1962. 

Obra poética 

Malagueño, como Altolaguirre, con quien le unió estrecha amistad y en compañía del cual fundó y dirigió la revista y ediciones de «Litoral». Prados sólo recibe un influjo epidérmico de las escuelas de vanguardia: el aire de juego, el uso de las metáforas. 

Su obra, de refinado tono menor, es una estilización culta del folklore andaluz. Esta poesía se relaciona con la del primer Alberti en sus motivos marineros, donde, como escribe Valbuena Prat, «hay más orden que inmensidad, más nave que brisa, más puerto que espuma»; y con la de García Lorca, tanto por el gusto del arabesco y la miniatura como por la presencia de más hondos temas: el llanto, el sueño, la muerte: Mínima muerte. Los acontecimientos de la vida española —la guerra, el destierro— ponen en Prados, sobre la gracia infantil y juvenil de sus primitivas canciones, un acento de humanidad y de dolor. Manuel Altolaguirre y Emilio Prados a poco de fundar la Revista Litoral

Dotado de una naturaleza enfermiza. Prados se define –salvo en etapa de acción política- por una fuerte tendencia a recluirse en su interior y a ahondar en los problemas de la vida y de la muerte. De ahí las notas dominantes de su obra. El mar malagueño y el sentimiento de la muerte preparan las bases de la primera poesía de Prados, editada a través de tres libros: Tiempo (1925), Canciones del farero (1926) y Vuelta (1927). Tiene una actitud quietista y contemplativa ante el paisaje, que le lleva a la clarividencia de que la Naturaleza es un incesante y equilibrado movimiento de vida en el Tiempo. Aprenderá a mirar en profundidad el Cuerpo de la Naturaleza, siendo este el ejercicio propuesto y resuelto en su primera etapa poética. Blanco Aguinaga (en "Vida y obra de Emilio Prados", 1960) considera que en estos libros sonEmilio Prados con los trabajadores de la Imprenta Sur. en fotografia de 1925 visibles las huellas de la poesía arábigo-andaluza y de la corriente francesa, desde Baudelaire hasta el surrealismo, que busca las “correspondencias” de la Naturaleza y de la otredad del ser. Los contrarios que se manifiestan en ese concierto de amor de todo lo natural (día/ noche, cielo/ mar, luz/ sombra) tratan de fusionarse unos en otros. Influido, por el pensamiento de Heráclito y Parménides, 

Prados contempla un mundo en el que todo vive siempre en leve tránsito. Pero esta afirmación no está exenta de duda, que se acentuará notablemente a partir del libro Cuerpo perseguido. Poco a poco vamos descubriendo cuáles son las notas que enmarcan este primer paso de Prados: una realidad no sometida a un tiempo destructor donde no existe una muerte absoluta y en donde todo es trasunto y transformación, que permanece. Un universo personal que alcanza su más decantada y exacta expresión en el largo poema (1926-27) El Misterio del Agua, que Prados no publicó hasta 1954, en su famosa Antología

 

Primera Etapa

Cuerpo perseguido (escrito entre 1927-28, pero publicado en 1946) supone una inflexión importante en esta primera etapa de la poesía de Prados. Se rompe (con la aparición del amor humano) la perfecta armonía vislumbrada en el Cuerpo de la Naturaleza. Momento de crisis interior que parece encontrar solución. 

 

Segunda etapa 

Supone la entrega a una poesía social y política en la que irrumpe un lenguaje surrealista: La voz cautiva y Andando, andando por el mundo (ambos escritos entre 1932-35) Son libros violentos y pesimistas A un compromiso activo obedecen Llanto en la sangre (1933-37), así como las secciones Romancero y Cancionero menor para los combatientes, incluidas en Destino fiel 

Tercera Etapa 

Con el exilio comienza su tercera etapa, jalonada de largos e importantes libros, que ahondan en un proceso de misticismo y panteísmo, perfecto ejemplo de la síntesis que el espíritu de este hombre solitario necesitaba experimentar. En estos años de nostalgia y lamentos, encontramos, como primera muestra importante de la nueva andadura, el libro Mínima muerte (1944), que “arranca de lo muerto y avanza hacia un voluntario recogimiento interior que será germen positivo de más vida hacia fuera de sí mismo” (Blanco Aguinaga), y que formalmente supone la vuelta al esquema de canción de los primeros libros de Prados. Se acusan los símbolos como el de la rosa, y el conceptismo expresivo de la mística. Busca un camino para resolver el antagonismo vida-muerte, que obsesiona a Prados desde su profundo sentimiento de desarraigo. La muerte es la forma mínima de una verdad interior, que es vida, heredera continua de sí misma. 

Muy importante es Jardín cerrado (1940-46), voluminoso libro rigurosamente estructurado y de un lenguaje condensado y hermético, en el que Prados expresa su lucha interior por conseguir un equilibrio, roto el cordón umbilical con el cosmos (desde el microcosmos que es Málaga, paisaje mínimo e íntimo) por la profunda hendidura de la guerra. En cierto modo Jardín cerrado nos explica, junto con Mínima muerte, el tránsito, el doloroso camino que va de la nostalgia obsesiva hasta el justo sentido del Tiempo del hombre, en su pasado, su presente y su futuro. Para explicar esta transfiguración, Prados acomoda su poe­sía al sistema de símbolos y de conceptos aprendidos en la literatura mística del XVI. Tras la cima que supone Jardín cerrado, la recta final de la trayectoria poética de Prados está surcada por una serie de libros cada vez más densos y filosóficos, lista que empieza con Río natural (1957) y acaba con Cita sin límite, (1965).

 Otras obras suyas son: Tiempo (1925), Vuelta (1927) y Tres cantos (1937).

 

 


 

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO