1899 - 1977

  Tres ideas sobre Carlos Pellicer

 por  Jorge Lamoyi

 


 
Se ha dado que los escritores, cuando además de su talento, asumen su tarea con responsabilidad frente a la sociedad que les tocó vivir, se tornan la conciencia de esa sociedad a la que no pocas veces hacen blanco de sus críticas. nada que lamentar por esa actitud, nada que sorprenda ya que el escritor va interpretando el mundo y al hacerlo desde su visión particular de la sociedad y de la historia nos abre nuevas puertas para el entendimiento de lo que somos y nos deja intuiciones y, a veces, certezas de los que podemos ser.

Nosotros ubicamos a Carlos Pellicer Cámara, Tabasqueño particular y mexicano universal, en esta línea de conducta; hecho que, finalmente, constituye una tradición dentro de la cultura mexicana, ya que han sido sus intelectuales los que primero, ante arbitrariedades, injusticias o desatinos, han alzado su voz en protesta.

Cuando Carlos Pellicer nace en 1897, en San Juan Bautista, la actual Villahermosa era una ciudad tropical, casi acuática, que constantemente veía derramarse sobre sus calles las aguas del grijalva y, se distinguía en su arquitectura por sus gruesas construcciones de muros anchos con las cuales se combatía el intenso calor tropical.

Sus casas con techos de tejas francesas le daban a la pequeña ciudad una identidad particular, cuyo ambiente llamó la atención, años después, a un importante escritor inglés que la describió magistralmente, me refiero a Graham Greene.

La familia de Pellicer de raigambre católica, era profundamente tabasqueña. Nació el poeta en la calle de Sáenz, en el centro de la Ciudad, a tan solo cuadra y media, de la casa donde nacieron, curiosamente, casi por la misma época, otros tres ilustres tabasqueños y destacados intelectuales mexicanos: José Gorostiza, el autor de “Muerte sin Fin”; así como Andrés Iduarte, ensayista y erudito en literatura hispanoamericana y profesor emérito de la Universidad de Columbia.

A Pellicer en su infancia lo marcaron tres hechos que él declaró fundamentales para su visión del mundo: dos de ellos se los debe a su madre, Deifilia Cámara: su acentuado catolicismo y su amor al mar. Fue junto al mar de Campeche en donde Pellicer comenzó a escribir sus primeros poemas. El otro hecho se lo debe a su padre, don Carlos, quien siendo técnico en farmacia, a la hora de la Revolución no vaciló en enrolarse en sus filas y al igual que miles de mexicanos tomó las armas para implantar un orden social más justo. La sensibilidad social de Pellicer se debe a ello.

En 1915 el joven Pellicer ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria. Fue allí que se relacionaría con personajes que más tarde serían sus compañeros de letras, como Samuel Ramos, Jorge Cuesta, Salvador Novo, Julio Torri, Roberto Montenegro, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, entre otros.

Esa es su generación: muchachos talentosos que combinan con entusiasmo la tarea intelectual con una participación política acorde a la exigencia de su tiempo. Con ellos mismos fundaría, más tarde, la revista Contemporáneos, que dará nombre a su generación.

En 1918, el gobierno de Venustiano Carranza, decide promover el acercamiento entre México y América Latina, como una de sus estrategias más importantes en materia de política exterior y como una manera de contrarrestar las presiones que su gobierno padecía de los Estados Unidos.

Para ello, se valió de los jóvenes que habían fundado la "Federación de Estudiantes de México" y, es así, que Pellicer viaja por América Latina en compañía de otros jóvenes, durante cuatro años, explicando y sensibilizando a nuestros hermanos latinoamericanos de los ideales del gran movimiento revolucionario mexicano y de la necesidad de la integración continental; a la vez que realizaba contactos e inicia amistad con los grandes intelectuales del Continente: Germán Arcieniegas, Germán Pardo García, Gabriela Mistral, Leopoldo Lugones, Pablo Neruda. En 1922, viaja a Brasil, Argentina y Chile, acompañando a José Vasconcelos, a quien Pellicer calificara como "el hombre de la genial impaciencia". El joven Pellicer reafirma con esta experiencia vital una de las que serán sus grandes pasiones: su vocación latinoamericana.

Carlos Pellicer, también es recordado como uno de los museógrafos más notables que ha tenido México. Desde 1952 ejerció como director de los Museos de Tabasco. Su amor e interés por las culturas olmeca e indígena lo llevó a recorrer una y otra vez el país enteró y a fundar ocho importantes museos.

Su personalidad es un caso singular en la cultura mexicana: oriundo de una provincia pequeña y aislada, terminaría siendo el más cosmopolita de su generación; un poeta católico en tierras de Tomas Garrido Canabal; un joven vasconcelista en el México bronco de los caudillos; un idealista con el sueño bolivariano de la integración de la América Española. Un luchador social profundamente antiimperialista, defensor siempre, hasta su muerte, de nuestra dignidad frente a los poderosos.

Más, la pasión de Pellicer por Tabasco en su raíz primigenia, la original, el espacio vital que le daba razón de ser a todos sus actos posteriores. Su idea de Tabasco lo fue nutriendo a lo largo de su vida de numerosas y variadas pasiones. No había dispersión en ello sino ánimo de aprehensión de la totalidad del mundo. No falta los motivos de la poesía que son los mismos del hombre: el amor a determinada persona, la angustia ante la temporalidad de la vida, el canto a la naturaleza y al paisaje tabasqueño y del Valle de México. Pellicer, "esa ceiba que camina" al decir de Elena Poniatowska, tenía otras pasiones que serán, si la palabra es válida, más concretas y dan clara idea del amor de Carlos Pellicer por los héroes de México y América Latina: el culto a su mundo le dedicará uno de sus textos más encendidos. Y es que al habitante original de América, el indígena, lo convertirá en uno de sus más hondos motivos de expresión: lo mismo hará con Simón Bolívar, el gran libertador.

Unirá ambas admiraciones en su poesía comprendiendo que el héroe indígena y el héroe criollo son uno mismo: el primero, vencido y dispersado; el segundo, vencido y exiliado, y que ambos linajes se unen no sólo en y para la historia sino también para la palabra



 



 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO