1906  -  1977

 

  APUNTES  BIOGRÁFICOS

Sandro Penna nació en Perugia el 12 de junio de 1906, de familia burguesa, (el padre fue comerciante) y su currículo educativo concluye con un diploma de contable. En la ciudad natal vivió hasta  los veintitrés años, cuando se estableció en Roma, meta de sus frecuentes fugas desde la edad de dieciséis años. 

De carácter desconfiado, mantuvo durante toda su vida una existencia apartada, prefiriendo la compañía de sus "jóvenes" a participar en grandes actos mundanas, viviendo de trabajos dispares, (del "mercado negro" durante la guerra hasta el comercio de arte).

Frecuentó no obstante, con cierta asiduidad, a escritores y poetas homosexuales como Pier Paolo Pasolini , Elio Pecora, Darío Bellezza y otros.

Las primeras poesías que escribió fueron leídas por Humberto Saba (1883-1957), a quien el joven Penna  se las envió, sin conocerlo personalmente. Fue precisamente el interés del gran poeta triestino gracias a cuyo apoyo logró publicar durante el período fascista. Su primera colección recopilatoria apareció en 1939, con el título de "Poesía", publicada por Parienti.

El amor por los jóvenes es omnipresente en las delicadas, líricas poesías de Pena. A los críticos que, incluso encontrando de gran valor artístico su obra, juzgaron, y juzgan, "desventajoso" su insistencia sobre el tema del amor homosexual, Pena respondió con versos socarrones:  "El problema sexual / toma toda mi vida./ Será un bien o será un mal / me aporta cada salida."

"Poeta de amor" se definió polémicamente, y poeta  orgulloso de su Eros paidikòs, en sus composiciones, generalmente breves, de cuatro versos o algo más Pena bosqueja con pocos rasgos una situación, un pensamiento, un retrato. 

Manantial de su inspiración son los "muchachos": adolescentes o aprendices;  su deseo, también físico, es delineado con extraordinaria delicadeza y pudor. Hasta las poesías que no quiso hacer nunca públicas porque las suponía "pornográficas", se han revelado, después de la publicación póstuma, absolutamente castas.

Sandro Pena es considerado entre los máximos poetas italianos que han cantado el amor homosexual, y sobre todo uno de los más grandes poetas italianos del siglo XX. Su obra y su figura han conocido en los últimos años un incesante proceso de reevaluación crítica,  iniciado ya antes de su muerte.

A pesar de su reconocimiento como gran  poeta la discusión de su homosexualidad sigue suscitando considerable fastidio entre los críticos literarios italianos.

La influencia de Pena sobre los jóvenes poetas homosexuales italianos es en todo caso hoy perceptible de forma nítida, al punto que no es excesivo hablar de un influjo suyo "formador" sobre la poesía gay italiana contemporánea.

Un camino sin hitos, mas que si mismo y la poesía

La biografía de Sandro Penna no presenta elementos característicos, o momentos notoriamente destacables. Incluso en los años de mayor notoriedad, cuando la consideración de los críticos se fue consolidando alrededor de su nombre, siempre vivió rechazando las costumbres y los rituales de la sociedad literaria, respecto a la cual, en todo caso, siempre se sintió ajeno.

Sucesivamente su vida fue desarrollándose de modo bastante desordenado, pero anónimo, sin el preciso punto de referencia de un trabajo estable, excepto quizás un período en Milán como vendedor de librería. Colaboró ocasionalmente, en periódicos y  revistas como "L'Ambrosiano" y "Il Giornale d'Italia", "Oggi", "Corrente", "Il Mondo", donde aparecieron en los años 40 algunas de las prosas recopiladas en el volumen "Un poco de fiebre" (Un po' di febbre)

Su segundo libro de versos salió en el 1950, en las ediciones milanesas "Meridiana" con el título de "Apuntes" (Appunti). En 1955, publicó el cuento "Llego al mar" (Arrivo al mare) y en los dos años siguientes dos recopilaciones esenciales para una definición de su personalidad, ya a aquella época, más precisa: "Una extraña alegría de vivir" (Una strana gioia di vivere), publicado de Scheiwiller aparecido en 1956 y, posteriormente, la colección completa de sus Poesías editada por "Garzanti", que le valieron en 1957 el Premio Viareggio. Luego, en 1958, "Cruz y delicia " (Croce e delizia).

Por doce años Penna no publicó otros volúmenes de versos: hasta el 1970, cuando en la editorial Garzanti aparece su libro más denso y  sinóptico, con el título de "Todas las poesías". El volumen comprendió las colecciones anteriores y un selecto grupo de trabajos inéditos. A Penna le fue concedido en aquel año el Premio Fiuggi. 

Mientras tanto, alrededor de su personaje, de sus extrañas condiciones de vida, fue creciendo el interés de muchos intelectuales, tanto que en 1974 apareció en el periódico "Paese Sera" un anuncio en el que se hablaba de Penna y de la necesidad de ocuparse de él, citándole como "enfermo y en condiciones de extrema indigencia." 

El año anterior, además, aparecía su único volumen de prosas, "Un po' de feblre". Ya en  1976, un grupo de sus poesías fue publicado como  "Almanacco dello Specchio"  y, al final del mismo año, el volumen "Stranezze" (1957-1976), al cual, pocos días antes de la muerte del poeta, en enero de1977, le fue otorgado el Premio Bagutta.

Uno de los motivos esenciales de la singularidad de la obra poética de Sandro Penna probablemente reside en el hecho que es bien difícil intentar reconstruir desde ella una historia interior, que iluminar la evolución o los eventuales desarrollos de su poesía. Ya los mismos libros de Penna constituyen, en el sentido real de la palabra, colecciones de versos.

Sandro Penna retrato de Vittoriano Rastelli  1974.

Cesare Garboli, en el preciso prefacio de "Extrañezas" los ha comparado con las exhibiciones de los pintores, los que, periódicamente, recogen el fruto de su trabajo y lo exponen a un público. Penna, en fin, siempre ha sido él mismo, con pocas oscilaciones de tono desde las primeras cosas a las obras de los últimos años, cuya curvatura ha resultado de  mínima. Como si a Sandro Penna desde sus comienzos le poseyera el "secreto" de la misma poesía, ajustándose a ello espontáneamente, los términos, los recursos; lejano, como siempre se ha demostrado, de cada tentativa de formulación y justificación teórica. 

La voz de Sandro Penna se ha presentado desde la absoluta pureza del timbre, en la clásica sencillez del canto. En eso radica, una de su precisa caracterización, una fisonomía poética reconocible como en pocos. La brevedad de sus estrofas, el lírica de rasgos provocadores y siempre dulce de sus versos, el plantearse continuo del tema erótico que ha hecho sus poesías el cancionero de amor probablemente más intenso y original del Novecientos, se han opuesto de modo bastante decidido a los términos corrientes de la poesía de su tiempo, complicada, a sus exordios, en la experiencia hermética, con respecto del que la distancia de Penna siempre ha aparecido nítida. 

Una de las calidades absolutas, por así decir, de la poesía de Penna, emerge desde la indiferencia por él demostrada, respecto a los muchas problemáticas formales planteadas por muchas corrientes o escuelas poéticas en el curso de las décadas, frente a las que él siempre tiene y solamente apuesta por la absoluta espontaneidad de la inspiración, la originalidad sin soportes de su voz

En la primavera del 1973 apareció un libro insólito y por Sandro Penna, un libro de prosas y cuentos titulados "Un poco de fiebre". Como él mismo precisa, en una advertencia que concluye el volumen, el trabajo comprende cuentos y apuntes variados que los amigos le conminaran desde hace tiempo, inútilmente, para recopilar y publicar. Prosas escritas entre el 39 y el 41, aparecidas en periódicos y revistas, y otras, la mayoría, completamente inéditas. 

Después de la aparición de "Todas las poesías", en 1970, los consensos críticos positivos alrededor de su obra se han  acrecentado notablemente. Prueba de ello es la cantidad de estudios y ensayos que han ido viendo la luz desde entonces a la actualidad.

 

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