1933  -  1967

 

 

 

APUNTES  BIOGRÁFICOS

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Muerte y suicidio bajo la niebla  del delirio

 

«Llamaron del Daily Press y me dijeron: "¿Te has enterado de lo de Joe Orton?" -dice Peter WiIles, recordando cómo se enteró de la muerte de Joe-. Supuse que a Joe le había ido mal en las casetas de King's Cross. Lo primero que se me ocurrió fue llamar a su casa. Lo hice.

Contestó la policía. Así me enteré de que Halliwelle había matado.» Orton era un sibarita del fiasco; y su muerte parecía una imitación macabra de sus propias obras de teatro.

(Hasta Peggy Ramsay, aterrorizada por la idea de tener que identificar los cadáveres, hizo una entrada absurda: entró en la habitación caminando de espaldas.) Nadie suponía a Halliwell capaz (y Orton no, desde luego) de semejante acto de voluntad.

Orton desdeñaba hacía mucho las amenazas de Halliwell simplemente como un indicio más de su fanfarronería impotente. «"Cuando volvamos a Londres se acabó -le grita Halliwell a Orton en su amarga pelea del 27 de junio, unos días antes de marcharse de Tánger-.

Halliwell en primer plano, y Orton tumbado el fondo, en una playa de TángerER

¡Éste es el final!" Lo había oído tantas veces...» «Me extraña que no digas: "Me voy con mi mamá"... y sigui6 dale que te pego hasta que apague la luz Dio un portazo y se fue a la cama"

  Cuando no escribía Jon siempre encontraba la forma de no estar en casa. Pero Kenneth Williams y también Peter Willes estaban convencidos de que nunca dejaría a Halliwell.

Dice el último: «Kenneth creía que estaba perdiendo a Joe, pero eso nunca sucedería». En cierto sentido, según demuestran los diarios, Orton ya se había separado imaginariamente de Halliwell. Era evidente que no podía seguir mucho tiempo viviendo en aquella agobiante atmósfera de desesperación y envidia que Halliwell había creado en torno suyo.

Pero Halliwell constituía también todo el entorno creativo de la vida adulta de Orton. Como tantos famosos del mundo de la literatura con compañeros silenciosos y desdichados, Orton había persistido tanto tiempo en la relación no sólo por lealtad al compañero sino también porque la relación beneficiaba su obra. Halliwell no sólo era el redactor de Orton y su caja de resonancia. Era también su tema. De sus torturadas y melodramáticas discusiones, Orton sacaría What the Butler Saw. Orton estaba dispuesto a sobornar a Halliwell con una casa. Le animaba a interesarse por otras personas y otras cosas. La única forma de cambiar a Halliwell era conseguir que su situación cambiara. Pero lo único que quería Halliwell era recuperar a Orton y su viejo. Y eso era imposible.

«Los acontecimientos siguen un curso y son acumulativos», escribieron ambos en The Boy Hairdresser. De su agenda de mediados de agosto se deduce fácilmente el curso que seguirían sus destinos.

El día de su muerte, un ch6fer debía llevar a Orton a los Twickenham Studios para hablar con Richard Lester sobre Up Against Your Ears. Y Halliwell tenía hora, al día siguiente, para visitar a un psiquiatra, un verdadero psiquiatra, del St. Bernard's Hospital. Cuando el doctor Ismay llamó al psiquiatra, Halliwell le dijo que estaba tomándose el asunto demasiado en serio.

Pero a primera hora del 9 de agosto, la perspectiva de la existencia que le aguardaba enloqueció a Halliwell. Y destrozó el cerebro que tan ferozmente se había burlado del mundo; y acto seguido, se quitó la vida. Halliwell imitó el arte de ambos en el asesinato. <iDetrás, el mal; nada delante; y en el presente, dolor.» La muerte les igualaba de nuevo, unió a Halliwell y a Orton definitivamente para siempre. En la anarquía de sus farsas, Orton se vengó por la amargura de su desengaño y sus deseos. Halliwell hacía ahora otro tanto.

Al mundo le queda la risa siempre viva de Orton y el último legado del triste reino feroz del yo del que procede: sus diarios.

 

 

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ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO