|
EL
GAMBERRO DE LA ESCENA
Por
L. A. de Villena
Quizá debamos a Joe Orton -a nivel literario- el conocer una Inglaterra
que los ingleses (o su clase dominante) se preocuparon mucho tiempo en
ocultar.
Orton -hijo de obreros- demostró que Inglaterra no es sólo el
estilo Oxbridge y los refinamientos de Forster o de Virginia Woolf, sino
que posee, además, una importante clase baja o media (muy lejana a ese
estilo aristocrático) cervecera, ruda, populista, con otro modo de hablar
e incluso con cierta petulancia hortera, como han demostrado los hooligans
del fútbol.
Ligado al espíritu de los Jóvenes airados de los 50, pero más
gamberro (hooligan) y además homosexual practicante, cuando la rígida
Albión aún no había derogado la ley que castigaba esa conducta -con más o
menos tolerancia la ley sobrevivió hasta 1967- Joe Orton concluyó
representando, en literatura y vida, ese aire del Londres transgresor y
divertido de la época de los Beatles y de Mary Quant, él swinging London,
algo así como el Londres de la movida, o más exactamente, el Londres del
intercambio de parejas...
Su lenguaje ordinario, su gusto macarra, su afán de libertad omnímoda,
su afición por hacer excursiones clandestinas a los urinarios públicos
-manía muy inglesa- donde llegaba a montar orgías gays queridamente
cutres, su estancia de seis meses en prisión -en 1961- por ilustrar con
grafitti pornográficos cientos de libros de una Biblioteca Pública
prepararon la leyenda.
Al fin (tras no pocos rechazos y una conciencia
rebelde cada vez más acusada) Orton, en 1964, obtiene un enorme éxito con
su primera obra de teatro, Entertaining Mr. Sloane (llamada entre nosotros
El realquilado), una comedia negra -plena de dobles sentidos- en verdad
espléndida.
Por encima de Coward e incluso de Pinter, Orton (recuperando,
a su modo, la tradición de Wilde) crea el verdadero teatro inglés
contemporáneo.
El éxito, la frivolidad y el escándalo -ahora consentido,
en un ámbito social mucho más tolerante- no abandonaron ya a Joe, el Cheli
de Leicester. Acababa de cumplir 31 años. Vino después Loot en 1966 (El
botín, que estos días se estrena en España) cuando ya se hablaba del
fenómeno Orton, que antes había escrito novelas y guiones de radio. Orton
es invitado a cenas y lugares divertidos.
Le ofrecen hacer un guión para
una película de los Beatles y se fotografía con ellos. Ve algo de dinero
por primera vez en su vida. Al modo de Mishima -pero con menos estética-
Joe se fotografía en slip entre el morbo y el deseo de la masculinidad
exhibida. Liga más, se permite excesos nuevos. Sabe -comprueba- que
Inglaterra, en alas de lo moderno atrevido, está a punto de superar el
puritanismo y él explota así su descaro.
Su pareja
Pero esa súbita y fogosa fama dejó postergado a Kenneth
Halliwell, un
burgués letrado que se enamoró de Joe, le ayudó y colaboró con él en sus
inicios literarios, y con quien convivía -en un pequeño apartamento- desde
que Orton tenía 19 años y Halliwell 25.
Quienes compartieron casa, amor,
ropa y chicos (hicieron juntos turismo sexual en Tánger) concluyeron de
modo salvaje.
Celoso -del éxito literario y social de su amigo-,
deprimido, anulado, Kenneth asesinó a Orton a cuchilladas, el 9 de agosto
de 1967, y se suicidó después. (El asunto queda muy bien narrado en la
película de Stephen Frears Abrete de orejas -1985-, basada en la biografía
del mismo título de John Lahr, publicada en 1979).
Una muy prometedora carrera literaria de audacia y transgresión se
cierra en un crimen que nutrió inmensamente a la prensa sensacionalista de
la época. (En España Orton, entonces, era un total desconocido). En sus
Diarios -editados póstumamente en 1976- Orton había escrito días antes de
morir, entre la premonición y la juvenil vanidad: Tengo grandes esperanzas
de morir joven.
* * * * *
* *
|