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30 de julio de 1904 - 13 de enero de 1974 |
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Nació en 1904, en Ciudad de México y murió en la misma ciudad en 1974. Fundador, junto con Xavier Villaurrutia, de las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928), fue activo participante en la renovación de la literatura mejicana. Si
Novo puede ser el prosista más diestro de los "Contemporáneos", su poesía cuenta
entre las mejores de ese grupo. (Como autor de versos satíricos nadie se le
compara.) Espíritu afín al de Tablada en algunos aspectos, Novo "nacionaliza" el humor de vanguardia: sus poemas manifiestan la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el paisaje de la primera posguerra: urbano, industrial, publicitario. En las letras inglesas descubre su auténtica voz. Las breves, casi epigramáticas, composiciones de Espejo rescatan, fijan con distancia crítica, imágenes de la infancia perdida. En Nuevo amor el encuentro, la separación, la memoria de sal o de ceniza se expresan directa y libremente, con una tonalidad de íntima pesadumbre que no menguó nunca su novedad ni su frescura. Novo ganó el Premio Nacional de Literatura en 1967.* Salvador Novo fue el primer poeta mexicano del que se tradujo un libro completo en inglés en 1935 (para entonces ya había sido traducido al francés y al portugués). Hombre de gran cultura y con una amplia actividad en
la docencia, cultura y política de México.
Obtiene el Premio Nacional de Literatura en 1967. Fue profesor de
las escuelas Nacional Preparatoria, de Arte Dramático del
INBA y la del Conservatorio Nacional de Música, entre otras. Las memorias de Salvador Novo han sido publicadas bajo el título La estatua de sal (México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colección Memorias Mexicanas, 1998). Varios tomos de La vida en México..., con buena parte de su trabajo periodístico, han sido publicados en la misma colección. Sus ensayos también han sido publicados recientemente, editados por Sergio González Rodríguez, Viajes y ensayos (México, Fondo de Cultura Económica, 1986).
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Una de las primeras
motivaciones para leer La estatua de sal es el morbo. Famoso y temido por
la contundencia y elegancia de su pluma, por sus amaneramientos públicos, por
sus enfrentamientos con personajes de diversos calibres, por vivir sin ocultar
sus deseos, una autobiografía de Salvador Novo necesariamente llama la atención. Propenso a la autobiografía desde la adolescencia, Novo ha dejado testimonio de sus vivencias y opiniones políticas en numerosos artículos y ensayos. A los 16 años ya tiene una primera versión de sus memorias, que escandalizan a Xavier Villaurrutia por su crudeza, su sinceridad y la mención de nombres auténticos. Pero también parece que se escandaliza él mismo. Esa primera versión, ``largo y romántico mamotreto'', fue incinerada por el propio autor. Sin embargo, Novo no ceja en su empeño y en 1945 inicia, pese a saber que ``la biografía de un hombre como yo, heriría las buenas costumbres'', la que sería la versión definitiva de La estatua de sal. El texto abarca los primeros 20 años de Novo, pero debió abandonarlo porque ingresó a trabajar en el Instituto Nacional de Bellas Artes, según le confiesa a Emmanuel Carballo. Aun así no se decepciona. Escribe sus memorias no por lo que su vida tenga de ejemplar, sino para regozar sus andanzas y con el propósito expreso de escandalizar a sus eventuales lectores. Por ello, privilegia la narración de sus cuitas sexuales sobre los acontecimientos políticos y sociales que le tocó vivir, la ``brutalidad insensata de la revolución'', ni más ni menos. Aun cuando la considerada primera novela con temática gay mexicana, El vampiro de la colonia Roma, fue publicada 20 años antes que La estatua de sal, la autobiografía de Salvador Novo es un documento pionero en la picaresca homosexual de nuestro país. Al igual que el personaje de El vampiro..., Novo reivindica gozosamente su singularidad. Cuando tenía cinco o seis años, jugaba con un sirviente a ser madre e hijo, escribe: ``Y él entonces tenía que chupar mi seno derecho con sus labios duros y su lengua erecta''. Meses después, otro amigo de Novo informó a la madre de ambos que ``Salvador y yo somos los dos afeminados de Torreón.'' La orientación sexual del autor de Nuevo Amor, aún sin práctica consistente, ya estaba definida y asumida sin culpa. No es exagerado afirmar que Salvador Novo es el Oscar Wilde mexicano. Paralelismos hay muchos: el teatro, la literatura, el escándalo, el desafío a la moral imperante, el refinamiento, la atracción por los jóvenes de su mismo sexo y, sobre todo, la ironía convertida en arma contra los ataques a sus personas. Dice Emmanuel Carballo en Protagonistas de la literatura mexicana que Novo es un cínico, ``Un ser que llama a las cosas, por prohibidas que éstas sean, por su nombre de pila. Desde joven supo ser lo que algunos de sus contemporáneos se negaron a aceptar: un ser humano distinto.'' Esa honradez consigo mismo, continúa Carballo, le valió la incomprensión, el repudio y la hostilidad. En efecto, Pedro Henríquez Ureña, por ejemplo, lo desterró de su grupo al enterarse de su homosexualidad, y muchos otros escritores le restaron méritos literarios, a Novo y a otros miembros de Los Contemporáneos, por su preferencia sexual. Todo lo cual no parece importarle a Novo, quien exterioriza sin reparos sus gustos más íntimos: ``las piezas (penes) más descomunales'', la cocaína, el dinero. Afirma Guillermo Sheridan, en Los Contemporáneos ayer, que en 1932 a los 28 años de edad, Salvador Novo es un hombre rico. No hay sorpresa. En La estatua de sal el autor de En defensa de lo usado reconoce que ponía su fe ``en el milagro del enriquecimiento, no importaba cómo accedido''. También pensaba que le convendría aparejarse con un hombre maduro y rico que ``me sostuviera y eventualmente me legara su fortuna''. Con Carballo, se jacta de ser la única persona que ha cobrado 4 mil pesos por un soneto. Su afán por el dinero no es en ese entonces el lujo, sino la posiblidad de la independencia económica que le permitiera vivir su sexualidad. Antes de cumplir los 20 años, junto con Xavier Villaurrutia, de quien nunca menciona el apellido, y Gustavo Villa, la ``virgen de Estambul'', instala un ``estudio'' en la esquina de Donceles y Argentina, por lo que pronto serían conocidos como ``las chicas de Donceles''. Satisfecho el morbo, no queda sino reconocer que la publicación de La estatua de sal es todo un acontecimiento por varias razones: un escritor de la talla de Novo desnuda su alma como ningún otro (y al hacerlo milita a favor de la diversidad sexual); la reedición de 19 poemas eróticos y el prólogo de Carlos Monsiváis, que es una pieza literaria que se cuece aparte. Dice el autor de Días de guardar que Novo escribe para ser leído algún día, y para ser leído en ese instante por él mismo. Pareciera que escribe también para ser prologado por Monsiváis
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| Sus principales obras son: XX poemas (1925), Nuevo amor (1933), Espejo (1933), Seamen Rhymes (1934), Décimas en el mar (1934), Romance de Angelillo y Adela (1934), Poemas proletarios (1934), Never ever (1934), Un poema (1937), Poesías escogidas (1938), Dueño mío. Cuatro sonetos inéditos (1944), Decimos: "Nuestra tierra" (1944), Florido laude (1945), Dieciocho sonetos (1955), Poesía (1915-1955, incluye Poemas de infancia), Sátira (1955) y Poesía (l961). |
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