1908  -  1993

 

 

 

Miguel de Molina, tan grande, tan andaluz

Vivió en la Argentina más tiempo que en España y tuvo aquí tanto éxito como allá. Miguel de Molina, cantante, bailarín, recitador, llegó a Buenos Aires perseguido por el franquismo y ensanchó fama y renombre. Cine, teatros, televisión, radio, varietés: a lo largo de varios años decenas de escenarios lo mostraron frente al público porteño. Pancho Guerrero, productor de espectáculos, fue su amigo durante muchos anos y recuerda el paso del artista por las tierras que vieran brillar y también morir a quien fue considerado "el mejor intérprete de la más gloriosa generación de la canción española!".

A Miguel de Molina se lo conocía en Buenos Aires por sus discos y sus películas, y por eso el día que debutó en el Teatro Cómico de la Avenida Corrientes la sala estaba llena. Era noviembre de 1942 y él tenía 35 años. En esa época no era costumbre que las estrellas de los espectáculos aparecieran primero, pero él estaba ahí apenas se corrió el telón y entonces recibió la primera ovación a este lado del Atlántico.

"El éxito de Miguel de Molina fue realmente impresionante, y no solamente en la Avenida de Mayo, donde trabajaban los artistas españoles: él triunfó en todo el país. No se conoce éxito como el de Miguel de Molina. Sus actuaciones eran muy cotizadas. Y no sólo actuó encabezando sus compañías, también estaba al frente de espectáculos con figuras locales como Pepe Arias, Mario Fortuna, Nélida Roca ... Fue un hombre realmente importantísimo en el espectáculo musical porteño."

Eso lo dice Pancho Guerrero, un hombre ligado con el espectáculo local desde hace más de cincuenta años, pionero de la televisión vernácula y uno de los amigos argentinos de Miguel de Molina, de los pocos que lo siguieron frecuentando hasta el final, cuando era grande la brecha del tiempo que separaba de escenarios y públicos fervorosos a quien fue considerado el mejor intérprete de la más gloriosa generación de la canción española.

Ida y vuelta

Su primera estadía en la Argentina no fue demasiado extensa, porque no había transcurrido un año de éxito en el país cuando la policía lo fue a buscar a su casa. Le comunicaron que había orden de deportarlo por malas costumbres y lo llevaron al puerto. Hacia poco que el general Pedro Pablo Ramírez había dado el golpe de Estado que clausurara la llamada Década Infame.

“Miguel iba en un barco que pasaría primero por Brasil, y entonces sus amigos, que eran gente de fuerte posición económica, le dicen que cuando, el barco pase por Montevideo lo van a rescatar, y salieron a buscarlo en sus yates -cuenta Guerrero-. Y mientras él estaba en la borda, con un salvavidas puesto y con un abrigo, un oficial de a bordo se acercó y le dijo: Señor Molina, no siga tomando frío: hay orden de pasar muy lejos del puerto de Montevideo."

Fracasado el rescate, Miguel de Molina fue a México, pero allí eran tiempos de fortaleza en el sindicato de actores y Jorge Negrete y Cantinflas le contaron de las reglas de proporcionalidad de mexicanos en escena.

-Miguel se opuso –cuenta Guerrero-, y el día que debutó, a sala llena, cuando salió al escenario sonó un balazo al aire y una orden: "Abajo el telón". Y se terminó Miguel de Molina en México. Luego, en el 46, llega el momento en el que tiene que decidir, porque Juan Domingo Perón lo invita a volver a la Argentina y a su vez un empresario lo quiere llevar a Broadway. Y él, aunque se había llevado de aquí un sabor amargo y le habían rematado las cosas que tenía en un departamento de la calle Charcas, decide volver.

-¿Él conoció a Evita?

-Sí, pero en esos años en que todos se metían en política, él trató de mantenerse lo más al margen posible. Cuando lo llamaban iba, agradecido porque lo habían traído, pero nunca hizo campaña proselitista. A lo sumo lo usaron a él, pero él no usó a la política. Una vez que fue con Evita al Teatro Colón la gente se abalanzó sobre él a pedirle autógrafos, y ella quedó a un costado... Miguel observó que había una competitividad que no le era conveniente, así que trató de mantenerse al margen.

España

En abril de 1907 nació en Málaga. A los diez años se fue de su casa. Con un grupo de gitanos, de los que aprendió artes de baile, y canto, recorrió Andalucía. En el año 30 comenzó a actuar en locales de Madrid y a vincularse con figuras de prestigio artístico. Se hizo amigo de Federico García Lorca, de Jacinto Benavente, de Rafael de León, y compartió escenarios con Imperio Argentina, Estrellita Castro y Pastora Imperio. En el 34 protagonizó El amor brujo, de Manuel de Falla. Sus versiones de Ojos verdes y de La bien pagá mantienen con los años un consenso de reconocimiento de maestría. Los críticos fueron generosos con él y lo calificaban como "estrella capital de la canción española", "artista de raza y hombre sensible" o "sinónimo de alegría, colorido y emoción telúrica". García Lorca dijo que era "un duende flotando en el aire". Salía al escenario con sus pantalones ajustados, sus blusas de mangas anchas plagadas de lunares y su talento para cantar, bailar y recitar, y del, otro lado crecían la admiración y el fervor del público español.

Cuando en 1936 empezó la Guerra Civil Española estaba del lado republicano, en la filmación de Alhambra, en Barcelona: allí se enteró del asesinato de García Lorca. Permaneció en territorios de la República hasta que el franquismo ganó la guerra y fue obligado a realizar varias giras por todo el país. Tras un anuncio suyo por abrirse de los mandatos del régimen, tres agentes franquistas lo subieron a un auto, lo golpearon, le cortaron el pelo, le dieron a beber ricino y lo abandonaron en las afueras de Madrid. Decidió irse. Se embarcó rumbo a Buenos Aires con la compañía de Lola Membrives. Sólo volvería a España en 1958, para liquidar una casa que había sido de su madre. Y aunque no lo persiguieron y le hicieron muchas ofertas para trabajar, se había aquerenciado de la Argentina.

El éxito de este lado

Cuando se instaló definitivamente en Buenos Aires, desde 1946, el éxito lo acompañó durante muchos años. Trabajó en los teatros porteños más importan-tes: el Nacional, el Maipo, el Avenida, el Odeón, el viejo Teatro del Mar (hoy Blanca Podestá), el Casino, el Cómico. Y en salas de varieté como Goyesca y Tronio. Y en muchas ciudades del interior, como Rosario y Mar del Plata. Y en Montevideo y Punta del Este.

"El se ganó al público argentino, y de distintas clases sociales -subraya Pancho Guerrero-. Las grandes fortunas le tenían una admiración total. En Punta del Este hizo temporadas fabulosas. Y en Montevideo tuvo un éxito apabullante actuando con Imperio Argentina y con Ángel Pericet."

Miguel de Molina era sumamente puntilloso con la puesta de los espectáculos y maniático de los mínimos detalles. En el relato de Guerrero surgen algunos rasgos de divo.

"Tenía un carácter muy duro, bravísimo, un hombre tan cabeza dura como exigente consigo mismo. Una vez le dijo a un empresario que le pintara un camarín de blanco, a la cal. Y este empresario se olvidó, o no habrá querido gastar en pintura. Miguel llegaba siempre temprano al teatro, y en una vermouth totalmente vendida no aparecía. Entonces lo llamaron por teléfono y él dijo que no iría a trabajar. Después de discutir lo convencieron, pero él puso una condición: Quiero que me pongan una alfombra desde el cordón de la vereda hasta el camerino, para no pisar ese cochino teatro. Cuando llegó, miró y preguntó: ¿Y la alfombra? Trataron de convencerlo y no hubo caso: tuvieron que ir a los sótanos a buscar una alfombra y ponerla. Eso ocurrió en el viejo Teatro Avenida."

Era un hombre de terciopelos, alhajas y obras de arte. Su auto era otra excentricidad: un Cadillac con asientos tapizados en piel de tigre. Y chofer japonés.

Cuenta Guerrero que en el Chantecler, una sala de lujo del Buenos Aires de los 40 que tenía hasta pileta para ballet acuático, durante una actuación un tipo le gritó maricón.

"Él tenía una definición muy clara respecto a la homosexualidad. No le gustaba el hombre que iba por la calle mariconeando: él en la calle era un señor, un caballero. Así que cuando el tipo le gritó, él bajó del escenario y le dio una trompada que casi lo mata. Eso fue famoso, en el Chantecler. Y le dijo: Usted está equivocado. Yo entre cuatro paredes hago mi vida, pero afuera soy un señor, eh. Soy un hombre."

Televisión, radio, cine

En los comienzos de la televisión argentina era difícil que las estrellas del teatro se arriesgaran a un nuevo medio. Miguel de Molina aceptó hacer un par de shows en LR3 TV, el canal de Jaime Yankelevich. Guerrero era camarógrafo.

-Sería el año 53 o 54 -cuenta-. Miguel le profetizó a don Jaime que la televisión sería grande e importante cuando hubiera tantos decorados apilados en los pasillos que no se pudiera caminar. Y así pasó: a los tres años no se podía caminar por los pasillos de los estudios de Ayacucho y Posadas. Miguel es el inventor del “piso brillante” porque cuando, vio que el suelo era de parquet dijo que eso no podía ser, y mandó a pedir dos camiones de tierra; hizo un piso de tierra, y puso un carromato gitano, con burros y mulas de verdad. Y en el segundo show que hizo puso arañas francesas auténticas, porque decía que había que darle lujo. El día del debut, cuando llega la hora de salir al aire, Miguel no estaba listo. Y entonces pidió que le mandaran la cámara al camerino, y apareció maquillándose y arreglándose, y contándole a la gente que no había llegado, pero que se estaba arreglando y ya iba a empezar, una cosa de lo más amena, mostrando un poco de entre casa en la televisión.

-¿Trabajó en radio?

-Sí, cómo no. Acá debutó en Radio Belgrano, en los tiempos en que había auditorio. Y en el Uruguay también trabajó en radio.

En Buenos Aires protagonizó Esta es mi vida, una película con referencias autobiográficas, dirigida por Román Viñoly Barreto. Palabras finales de Miguel de Molina: "Y es verdad, esta es mi vida, porque llevo en mi alma el teatro como en los labios una canción". El filme es de 1952 y tuvo éxito en toda Sudamérica.

Cuarenta años después, cuando se estrenó Las cosas del querer, una película que la crítica -por lo menos- asumió como basada en parte, en su vida, Miguel de Molina se enojó y rechazó las comparaciones. Guerrero fue con él al cine y cuenta que el viejo cantante gritaba en la sala a oscuras, enfurecido.

Retiro

En el 60, en Rosario, se puso un pantalón y no podía abrocharlo. Se dijo que no podía seguir y que al terminar la temporada se retiraría. El público había aflojado un poco.

Algunos gestos de figuras reconocidas contribuyen a dimensionar la figura de Miguel de Molina. Cuenta Guerrero:

"Un día estábamos comiendo en la Costanera y en otra mesa estaba Mercedes Sosa, y él quería conocerla. Yo me acerqué a Mercedes y le dije. Y ella, con esa humildad que tiene, de los grandes, fue, lo abrazó, lo besó... No sé cómo agradecer esta sorpresa, le decía, porque sabía muy bien quién era él.

"Era muy amigo del gordo Aníbal Troilo, eran como hermanos... A veces se encontraban en los baños turcos del Hotel Castelar. A él le gustaba mucho el tango. No hay que olvidarse que en sus años de éxito el tango estaba en apogeo.

"Cuando debutó Naty Mistral y lo vio a Miguel en el palco paró todo y dijo ¿Cómo voy a recitar yo, estando Miguel de Molina en el palco. Después recitó, con toda la seriedad del caso.

"Él fue quien le dio el espaldarazo a Lola Flores cuando debutó en el teatro Casino. Le dijo: Tú tienes que vestirte así, y hacer esto y esto...”

"Con el Negro Alberto 0lmedo eran muy amigos. Iban a cenar y se quedaban charlando hasta cualquier hora... Miguel se volvía a su casa en remise, y como era muy cabeza dura se enojaba mucho si se lo pagaban... Una vez Olmedo se lo pago y se armó un lío bárbaro: ¡ Pero tú, Negro, qué te crees...!

"Siempre estaba en primera fila cuando debutaban en Buenos Aires Paco de Lucía, o Joan Manuel Serrat... Y cuando vino Pepe Sacristán y lo conoció se quedó enloquecido..."

Los Últimos años

Vivió en una casona de Echeverría y 0 Higgins, Belgrano, Buenos Aires, y dio pocos reportajes desde su retiro. El círculo de amistades se fue achicando y al final era poca la gente que entraba allí. En su apogeo, la casa estaba colmada de obras de arte -incluso tuvo un negocio de antigüedades- pero los robos de algunas visitas (le afanaron, por ejemplo, un manuscrito de García Lorca) y algunas crisis económicas que provocaron ventas y empeños mermaron las reliquias. En los últimos tiempos frecuentaba a Guerrero y a su esposa, a un sobrino, al actor Jorge Barreiro y a pocos más.

En diciembre de 1992 lo condecoró el gobierno español y fue su última aparición pública. Se puso un traje de terciopelo negro, una camisa roja con botones de zafiro, un moño y un sombrero de ala ancha. Cantó emocionado un tramo de Ojos verdes. Al mes siguiente le aflojó la salud y estuvo internado en el Hospital Israelita.

En marzo de 1993 llegó el final. El viernes 6, como no contestaba el teléfono, Guerrero y Barreiro saltaron la verja de su casona y entraron: lo encontraron muerto de un infarto. Los funerales fueron al día siguiente, en el Cementerio de la Chacarita.

Él solía decir que la Argentina era su segunda patria.

 

Diciembre de 1997. ÁNGEL BERLANGA

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO